domingo, 22 de enero de 2017

Milton Glaser / El arte que enseña a prestar atención

Milton Glaser

Milton Glaser y el arte que enseña a prestar atención

Un libro recoge 40 años de conversaciones entre el diseñador del logotipo ‘I love NY’ y el antiguo editor de Penguin Peter Mayer














Milton Glaser en su estudio en Nueva York.  CORBIS VIA GETTY IMAGES

El diseñador Milton Glaser (1929) está convencido de que las cosas bien hechas tienen un impacto social beneficioso. Por eso el autor del legendario logo I love NY (1977) se resiste a creer “que nuestra especie pueda ignorar que existen otras cosas en la vida además del dinero”. A pesar de haber dedicado toda su vida a realizar trabajos gráficos y publicitarios “que no le hicieran avergonzarse”, o precisamente por eso, decidió muy temprano que “como diseñador no tenía por qué casarme con el diseño”.
Se lo cuenta a su amigo íntimo, el editor Peter Mayer, durante varias conversaciones sucedidas en Nueva York, la ciudad en la que ambos son vecinos en el barrio de Chelsea, y a lo largo de grandes intervalos de tiempo (cuatro décadas). Esos diálogos han sido ahora reunidos en el libro Milton Glaser. Conversaciones con Peter Mayer (Gustavo Gili). El antiguo editor de Penguin —empresa para la que el diseñador realizó muchas portadas— ha revelado que hace décadas que los Glaser —el ilustrador y su mujer Shirley— lo acompañan y lo reconfortan tras sus fracasos sentimentales. “Lo que hayas visto en tu vida es potencialmente integrable en tu trabajo”, defiende Glaser. Naturalmente, hay que saber aprovecharlo.
Emma Watson


















“DI LA VERDAD”

El logotipo 'I love NY'.

Más allá de diseños, posters, portadas, algunas tipografías y clases magistrales, Milton Glaseres autor del libro Diseñador/Ciudadano. Su ideario es casi un decálogo que comienza advirtiendo que sólo se puede trabajar para gente que te gusta, aconseja evitar a las personas tóxicas y desmitifica ideas cliché: “menos no es necesariamente más”.
Cuenta que su obra maestra, el logo de I love NY se le ocurrió en un taxi por casualidad. Y, aunque la servilleta en la que lo dibujó pertenezca al MoMA, contó a EL PAÍS que nunca ha entendido el éxito del lema porque mezcla símbolos, letras y palabras que lo convierten en un jeroglífico que exige un esfuerzo de interpretación. Como recomienda hacer a sus estudiantes, cuando escribió que amaba su ciudad estaba diciendo la verdad.

Él ha sabido. Siempre ha utilizado su trabajo y su vocación como un motor de desarrollo personal: “tiendo a estar cada vez menos dispuesto a repetir lo que ya se ha hecho”. Sin embargo, se muestra convencido de que los hitos de su carrera — el célebre logo en el que expresaba su amor por su ciudad o la famosa carátula del disco de grandes éxitos de Bob Dylan (1967)— fueron involuntarios. Puede que por eso, el diseñador sostenga que todos tenemos potencial artístico. Aunque cree firmemente que disociar las artes y el Arte (él no hace distinción) de nuestras actividades ha empobrecido nuestras vidas. “Si el calificativo bellas aplicado a las artes transmite una cualidad de pureza que las distingue de las artes aplicadas, cabe preguntarse de qué impureza adolecen estas últimas”. ¿La falta de un propósito espiritual? Tampoco le interesa a Glaser la defensa del arte como expresión del artista: “Miguel Ángel no pintó el juicio final para expresarse. Lo pintó porque el papa quería aterrar a los fieles de la congregación”. Así, Glaser cree que el arte no busca reflejar ni la expresión ni el mundo de un autor sino, como escribió Horacio, “enseñar y deleitar”. El arte como trabajo (Art is Work) y el dibujo como pensamiento (Drawing is Thinking) son dos de sus lemas —ambos titulan un capítulo del libro—. “Cuando miro algo, no lo veo realmente hasta que tomo la decisión de dibujarlo. Dibujar algo con humildad permite que la verdad aparezca”, sostiene.
Desde ese ideario, el legendario ilustrador ofrece algunos consejos: “Nunca intento hacer el trabajo de dos semanas en un día”, dice recurriendo a la tríada imposible del “bueno, bonito y barato” para asegurar que es imposible conseguir más de dos de esos atributos a la vez.
Hijo de emigrantes judíos húngaros, nacido y crecido en Nueva York “un lugar en el que lograr cosas”, Glaser asegura que lo verosímil está siempre ligado a un momento cultural concreto.
Alejado del nacionalismo
Y defiende que “estar alejado de cualquier clase de estrechez identitaria nacionalista permite una mayor apertura a una gran variedad de influjos”.
En las conversaciones más recientes (2008) el diseñador acusa a Internet de erosionar la cultura: “Destruye las prohibiciones sobre lo que puedes y no puedes hacer cuando una cultura se define principalmente por lo que no puedes hacer”.
Aunque sabe que la mayoría de las personas rechaza las experiencias poco familiares (comemos siempre lo mismo, vemos siempre los mismos programas de televisión), afirma que somos más listos de lo que pensamos. Por eso llama a mejorar la calidad de la información que se difunde —”una tira cómica puede tener un efecto social más profundo que una obra de Picasso”—- al tiempo que defiende que el arte nos hace más atentos: “nos ayuda a sobrevivir estimulando nuestra atención”. “El arte es una forma de meditación tanto para quien lo crea como para quien lo contempla”.

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