lunes, 18 de abril de 2016

Así fue la vida de Mercedes Barcha en Medellín

Mercedes Barcha

Recuerdos de Mercedes Barcha en Medellín y su amor por el escritor

MÓNICA QUINTERO RESTREPO | PUBLICADO EL 17 DE ABRIL DE 2015




Los recuerdos de sor Paula Quintero están resumidos en un álbum miniatura que ella no hizo y que se encontró una vez en la casa de unas tías. Se pone las gafas para mirar. En esa foto recortada, redonda, de dos centímetros de diámetro está Mercedes Barcha. Hay otras, igual de pequeñas.
Sor Paula y Mercedes estudiaron en el mismo colegio, el María Auxiliadora de Medellín, el que todavía queda en el Palo con Cuba.
–Es que yo conocí a Mercedes hablando de un tal Gabito. Yo estaba en noveno, ella iba más adelante, y hablando de amigos y de novios y de fiestas, ella era cerrada hablando de él. Las demás teníamos una conversación más amplia.
Se hicieron amigas por el deporte. Mercedes llegó al colegio con otra costeña, Nidia García, y fueron internas, cuenta la hermana Paula, cuando el colegio no había tenido nunca internado. Era un grupo pequeño. La amistad siguió, porque a ella también la internaron después. Eran tan buenas amigas que su mamá habló con la familia de la que aún no era la novia de Gabo, para que la dejara, de vez en cuando, pasar los fines de semana en su casa. En ese entonces viajar a la costa era díficil y aquí estaba sola.
–No siempre, pero varias veces fue a mi casa, con Nidia. Era una concesión especial, porque usted sabe el miedo que les da a unas hermanas dejar salir a una niña con otra. Mi mamá había hecho acto de presencia y las dos familias estaban de acuerdo. La cuidaban como a una hija, claro. Conocieron un poquito Medellín por eso. Me acuerdo que las llevé a Junín, al Astor. Yo era la guía turística (risas).


Sor Paula Quintero tiene fotos de Mercedes Barcha 
cuando estudiaban juntas en el María Auxiliadora
Eran los años 50. Sor Paula se acuerda de que compartieron tres años de colegio y si sus cuentas no se pierden en el tiempo, Mercedes se graduó en el 52, porque ella lo hizo en el 53. En ese entonces Gabo y su futura esposa no se conversaban, aunque, se ha dicho, se conocieron cuando ella estaba por los 8 y que a los 12 él ya le había pedido matrimonio. Ella estaba muy niña, él no tanto: le llevaba cinco años.
Durante el colegio, la hermana no recuerda que hubiesen cartas o llamadas, solo que ella hablaba de un tal Gabito que era muy inquieto y muy inteligente. No tenían ni idea quién era, salvo que trabajaba en un periódico y escribía crónicas. También que le había dicho que se casaran, pero que ella primero tenía que estudiar. Estaba pequeña para esas lides.
No hubo historias mágicas en esos días, y si bien se vieron, no fue en Medellín. En una entrevista que la Gaba le dio al periodista Héctor Feliciano, se lee que en 1950 se encontraron. El Napoleoncito del general Márquez vivía en Barranquilla y escribía para El Heraldo. “Aunque no revela el nombre de su enamorada se sabe que en La Jirafa, la columna mencionada que publicaba el diario de la ciudad, hablaba de Mercedes cuando, en diciembre de ese año, tituló una de ellas ‘La amiga’. El escrito del joven periodista de 23 años es ya una declaración de amor y una descripción de la adolescente: ‘Creo que antes tenías los pómulos menos pronunciados... Pareces una mujer oriental (...)’. ‘Yo conocía a Alfonso (Fuenmayor), a Germán (Vargas), a Álvaro (Cepeda Samudio) –explica Mercedes. Eran amigos de papá. En ese momento ellos eran unos bohemios locos. Yo, una niña pura. Yo iba al colegio de las monjas en Medellín”.
En esa misma entrevista dice que no sentía nada cuando lo leía. Le gustaba y solo comentaba, “mira lo que escribe Gabito”. Nomás.
En cambio Sor Paula la rememora mencionándolo, no tanto leyéndolo. Se acuerda que un domingo hasta les dijo que se había ido perdiendo entre la niebla.
Gerald Martin, en la biografía que hizo sobre García Márquez, Una vida, expresa que en esa columna se dice que sus protagonistas no se veían desde hacía tres años. “De hecho, 1947 fue el año en que García Márquez se graduó de Zipaquirá, fue a casa a pasar el verano y luego se marchó a la universidad, a Bogotá; después de eso visitó a su familia lo menos posible, y en cualquier caso Mercedes no estaba en Sucre, pues estudiaba en un colegio de monjas de Medellín y únicamente volvía a casa para las vacaciones, al acabar el curso (...). Todo apunta a que antes de que se encontraran llevaba tiempo esperando a que Mercedes regresara del colegio para pasar las Navidades”.
Escribe Gerald que los del grupo de Barranquilla contaron que en el jeep de Cepeda daban vueltas sin cesar y Gabo le pedía a este que pasara despacio por delante de la farmacia, donde ella ayudaba, solo por si de pronto y la veía fugazmente.
“Sea como fuere, en aquellas Navidades de 1950 Gabito finalmente convenció a Mercedes de que le diera una oportunidad y la llevó a bailar a El Prado en varias ocasiones. Ella se mostraba socarronamente ambigua, sin rechazar de plano los avances del joven, y él optó por creer que habían llegado a alguna clase de acuerdo tácito y que tenía posibilidades. Ésta era una situación completamente nueva”.
Es cuando Aida Márquez, la hermana del Nobel, comenta que bailaba con el papá de Mercedes para que Gabito y su chica querida pudieran bailar también. No se acuerda que los amores fueran durante la época de colegio, ni que hubiera cartas. Lo serio, o lo oficial, empezó después.
En la escuela
Mercedes era una buena estudiante, dedicada a su oficio. La hermana Paula dice que hacía unos trabajos maravillosos.
–Tenía una característica, era muy alegre, siendo muy sencilla. No era de una alegría de las que hacen bulla. No. Era deportista, piadosa, una niña suave, delicada, muy buena estudiante, inteligente y consagrada. Era muy simpática, muy amiga de todo el mundo y entusiasta para el juego. A mí siempre me impresionó su sencillez. En general las costeñas son muy vanidosas, apegadas a las joyas, a la ropa, a las cosas, en cambio ella era muy sencilla, muy bien vestida siempre, pero muy sencilla. Una vez le dijo a una compañera, Consuelo Arcila, cuando salíamos de misa, tú tienes vocación salesiana, y sí señora, resultó.
–Y Mercedes, ¿tenía vocación salesiana?
–Ella no. Ella era Gabito.
Después supo que se encontró con su Gabito y que se casaron, tiempo después que se fue del colegio. No la volvió a ver. Cuando García Márquez recibió el Nobel se sintió feliz por ella, y hasta trataron de invitarla al María Auxiliadora, pero no coincidieron, nunca. Sor Paula luego se entró de monja y perdió el contacto. Sin embargo, Mercedes está ahí, en varias de esas pequeña fotos, en blanco y negro, de ese miniálbum. Está en la memoria de los años mozos.
Del resto de la historia entre los Gabos se sabe que tuvieron dos hijos y que fueron inseparables hasta que él se murió. De los detalles de sus amores se sabe muy poco –es su vida privada–, aunque se sabe lo importante: que se quería.

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