miércoles, 15 de julio de 2026

Juan Cruz / El último de los Goytisolo


Luis Goytisolo, en Madrid en 2017.LUCA PIERGIOVANNI (EFE)

El último hermano de los Goytisolo 

Ha muerto Luis, que ha sido el más longevo y también el más diverso. Escribió libros, intervino en películas y en viajes que luego convirtiría en su manera de ver el mundo y la vida



Juan Cruz 
14 de Julio de 2026


Fue durante muchos años el menor de los Goytisolo, hasta que se quedó como el único de la estirpe. En un tiempo, cuando los tres vivían aun, Luis Goytisolo, decía que desde la Academia Sueca les habían avisado de que un día serían, juntos, ganadores de esa gran medalla. Luego Luis se reía, pero la historia tuvo ese momento. El momento de los Goytisolo.

Murió primero José Agustín (1928-1999), el poeta. Juan (1931-2017) murió después. Los tres eran muy distintos, de aire y de vida. Juan vivió por el mundo, y sus regresos a España, a Cataluña, eran parte de sus viajes, siguiendo, por ejemplo, a Susan Sontag. En los tiempos de las guerras en Europa, en el mundo, era su introductora ante las terribles batallas del mundo. José Agustín murió en un accidente terrible, como sucede con las muertes que van más allá de las explicaciones. Había sido, me parece, el más feliz de los Goytisolo, el poeta de las noches y de esos mundos, y en sus últimos años venía a Madrid a encontrarse con amigos, también poetas, que le hacían reír cuando era muy difícil levantarle el ánimo

Y ahora ha muerto Luis, Luis Goytisolo, que ha sido el más longevo y también el más diverso. Pues escribió libros, pero también intervino en películas y en viajes que luego convertiría en su propia manera de ver el mundo, los mundos, y la vida.

Era una vida que a veces utilizó en sus propias ficciones. Pero en persona, es decir, cuando se encontraba con sus interlocutores, siempre estaba pendiente de lo que ocurría fuera del mundo inventado, sobre todo cuando quería salía a encontrarse con el filme o con la escritura. En cuanto a lo que está fuera de la ficción, le pregunté cómo le había afectado la vida. Había sido un joven que miraba y que vivía y le habían sucedido hechos, despedidas, muertes. Así pues, ¿cómo le fue con la vida?

Esto me dijo el más chico de los Goytisolo: “Más o menos como a todo el mundo. Desde el punto de vista profesional soy un desastre en el sentido de promocionarme o de crearme una plataforma. A veces no he contestado a cartas que debía haber contestado, no por falta de ganas sino porque se me olvidaban o quedaban traspapeladas”. Era, por eso, un sabio que caminaba como si estuviera buscando, en la lentitud, lo que se le había quedado pendiente. Siempre pendiente. “No hacía las llamadas que tenía que haber hecho, o no guardaba mis manuscritos, los iba rompiendo hasta que acababa la novela”.

Carmen Balcells, que era la madre de todos ellos, uno por uno, pues cada una de los Goytisolo era un mundo y no tan solo una literatura, le dijo una vez que “estaba loco si rompía manuscritos como los de Teoría del conocimiento”, la última parte de Antagonía. Además, todo lo escribo en manuscrito. A partir de entonces lo conservo todo”

En aquella parte de la conversación Luis Goytisolo explicó que ese descuido había resultado “una tranquilidad absurda”: “Eso no puede ser así, y me ha afectado negativamente como escritor”. Momentos malos de su vida, me dijo, fueron los que pasó en la cárcel, aunque luego resultó que eso le sirvió para la vida literaria y así compensó el futuro. “Otra época muy dura fue la muerte de mi primera mujer; no pude escribir absolutamente nada”.

Los malos momentos. Me dijo, al respecto: “Las heridas, las cicatrices. Queda una especie de punto oscuro que ha cicatrizado pero que tienes presente. Un agujero negro que no sé muy bien lo que es”. Fue un agujero que no afectó a la literatura, porque “en cierto modo estimula con alguna perspectiva o dimensión nueva todo lo que escribes. No creo que sea una experiencia castradora”.

En cuanto a su libro mayor, Antagonía, de 1.112 páginas, ¿cómo había que leerlo? Con su ironía de un muchacho, me dijo el joven Goytisolo: “De principio a fin. Se entiende perfectamente, no es una literatura difícil”.

Entonces estaba feliz con un lugar bellísimo que había descubierto en Tarragona. Le pregunté por el mundo que ahora se parece al de hoy. “Bastante difícil veo la realidad. Pero no soy enteramente pesimista. La gente dice que las cosas nunca volverán a ser como antes, fíjate si no pensarían lo mismo del mundo entero en 1939: termina la guerra española, pleno nazismo en Alemania, Stalin en la URSS, empieza la guerra mundial. Todo el mundo pensaría que las cosas nunca volverían a ser lo mismo y aquello fue bastante peor que lo que estamos viviendo”.

El tiempo vino oscuro, como ahora se ve. Él me dijo: “Quizá volveremos a tropezar con la misma piedra al cabo de unos cuantos años”. 

La piedra está ahora a flor de piel.


EL PAÍS


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