jueves, 9 de octubre de 2014

Federico García Lorca / Romance sonámbulo



Federico García Lorca
Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre el mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera flota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
Pero ¿quién vendrá? ¿Y por donde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No veis la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento verde ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.




Federico García Lorca / La casada infiel


Federico García Lorca
LA CASADA INFIEL


Y que yo me la lleve al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua 
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo, el cinturón con revólver
Ella, sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la lleve del río.
Con el aire se batían 
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Amelia Castilla / Un poema de García Lorca en una caja fuerte


Federico García Lorca


Un poema de Lorca en una caja fuerte

Los escritos de Ramírez de Lucas no se digitalizaron pese a aprobarse en el Parlamento




Carta de Federico García Lorca a Ramírez de Lucas
La noticia dio la vuelta al mundo. Poco antes de fallecer, el crítico de arte, Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid 2010), legó a su familia para que lo publicase la documentación que acreditaba su relación con Federico García Lorca y que incluía una carta, un poema inédito y un manuscrito en el que vertió su drama personal: los avatares de un joven enamorado de un escritor en la cima del éxito. Cualquier novedad relacionada con la vida y obra del poeta granadino salta todas las alarmas del público y de los estudiosos de su obra pero la crisis editorial, la indecisión política y la división de una familia que no sabe qué hacer con esa herencia relentizaron que esos documentos se hicieran públicos. La carta que escribió Lorca desde la Huerta de San Vicente y el poema inédito dedicado a “Juanito” o “el rubio de Albacete” se guardan a buen recaudo en una caja fuerte. Han transcurrido cuatro años de la muerte del destinatario de la misiva, en la que el poeta le pedía que fuera fuerte y tratara de convencer a sus padres para que respetaran sus ideas, pero pocas cosas se han movido desde entonces. Durante meses, los documentos fueron analizados por expertos y hubo ofertas económicas para publicarlos pero no llegó a cerrarse ningún contrato. La crisis económica y la situación del mercado editorial tiraron por los suelos los adelantos lo que obligó a la familia de Ramírez de Lucas a replegarse en espera de mejores tiempos. Fuentes próximas a la familia, que delegó ofrecer su versión a este periódico, aseguran que aunque lentamente los papeles podrían estar moviéndose de nuevo.

Amelia Castilla / Las lágrimas de Federico García Lorca


Federico García Lorca

Las lágrimas de Lorca a su último amor

El poeta granadino dedicó unos dibujos a Juan Ramírez de Lucas hasta ahora inéditos


Un dibujo de Federico García Lorca para Juan Ramírez de Lucas.


El periodista Juan Ramírez de Lucas proyectaba publicar los dibujos que conservaba de su relación sentimental con Federico García Lorca como complemento de un poemario suyo, pero falleció antes de llevarlo a cabo. Su delicada salud pudo más que el peso de los recuerdos que le habían acompañado durante casi 70 años. La última carta del poeta, la poesía y sus cuadernos de notas podían resultar altamente comprometedores, pero el uso de los dibujos no tenía por qué resulta chocante, en un profesional que vivió entregado al mundo del arte. Conoció a Picasso y a Dalí y tenía una buena relación con César Manrique, Antonio López y Miró. Para el autor de Doña Rosita la soltera, el dibujo constituía una forma íntima de comunicarse. Con la misma pluma con la que derramaba versos, completaba su visión dramática, una metáfora, un estado de ánimo o un símbolo. Para un creador tan versátil, capaz de componer o de interpretar al piano algo que acababa de escuchar, el dibujo era un complemento artístico. Y, seguramente, en alguno de esos contextos fueron realizados los bocetos que ahora saca EL PAÍS a la luz, como las lágrimas del dibujo de esta página.

Amelia Castilla / La última carta de García Lorca

Federico García Lorca
La última carta de García Lorca

EL PAÍS saca a la luz la misiva dirigida desde Granada a su novio, Juan Ramírez de Lucas

Querían viajar a México pero el asesinato del poeta lo impidió


Fragmentos de la carta de Federico García Lorca.

“En tu carta hay cosas que no debes, que no puedes pensar. Tú vales mucho y tienes que tener tu recompensa. Piensa en lo que puedas hacer y comunícamelo enseguida para ayudarte en lo que sea, pero obra con gran cautela. Estoy muy preocupado pero como te conozco sé que vencerás todas las dificultades porque te sobra energía, gracia y alegría, como decimos los flamencos, para parar un tren”. Sobre la cuartilla blanca, fechada el 18 de julio de 1936 en Granada, Federico García Lorca trataba de consolar a su enamorado Juan Ramírez de Lucas.
La pareja se encontraba llena de ilusiones y de proyectos. Lorca había decidido aceptar la invitación de Margarita Xirgu para viajar a México pero quería marcharse con el estudiante de 19 años, que soñaba con ser actor y que ya había hecho sus primeros pinitos en el Club Teatral Anfistora. La complicidad era mutua pero necesitaban la aprobación del padre del muchacho, un reputado médico albaceteño. El poeta había cumplido 38 años pero a su amante le faltaban dos para alcanzar la mayoría de edad. Podrían haberse fugado. Seguramente Lorca tenía los contactos necesarios para que pudieran salir de España con papeles falsificados pero se negó a hacerlo. Ramírez de Lucas debía convencer a su familia para marcharse juntos pero las cosas no estaban saliendo bien: “Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón”, prosigue el poeta.
Los tres folios, escritos a mano, con palabras subrayadas y alguna tachadura, llegaron a su destino cuatro días después, antes de que se cortaran las comunicaciones entre la zona republicana y la nacional. Ese mismo día se conocía el alzamiento franquista, la sublevación militar no tardaría en convertirse en guerra civil y empezaba el reinado del horror.


Juan Ramírez de Lucas.
El valor documental de estos folios, junto con el poema, los dibujos y los cuadernos, en los que Ramírez de Lucas cuenta sus recuerdos sobre la relación de ambos, deberá ser determinado por los historiadores pero para eso hace falta que los herederos den el visto bueno a la publicación. Hermanos y sobrinos se debaten sobre qué hacer con los documentos, que ya han merecido el interés de un gran sello editorial. Para los partidarios de sacarlos a la luz se trata de una cuestión de tiempo pero otro sector de la familia se niega a utilizar el histórico material. La trascendencia de los documentos podría ser de enorme importancia, puesto que aportarían nuevos datos sobre los últimos días del poeta.
La resonancia internacional de lo publicado estos días por EL PAÍS, con una reproducción de un poema de amor inédito de Lorca dedicado a su novio, ha sido enorme, como casi todo lo que se relaciona con el poeta español más traducido de todos los tiempos. Desde Nueva York, Laura García Lorca ultima los detalles técnicos de una exposición sobre el poeta que se realizará en la Biblioteca Municipal, cuanta cómo ha sido requerida por algunos de los periódicos más prestigiosos para hablar del tema. Y lo mismo Ian Gibson. Ayer mismo, desde un tren camino de Córdoba, el biógrafo más conocido de Lorca destacaba la importancia de que afloren nuevos documentos y de que se remuevan las vías de investigación sobre el escritor. En su opinión, los documentos deberían publicarse cuanto antes para ser estudiados.

Manuel Francisco Reina / Es hora de descorrer este velo de silencio

Manuel Francisco Reina: 

“Ya es hora de descorrer este velo de silencio”

El autor de 'Los amores oscuros', la novela que recrea el amor entre Lorca y Juan Ramírez de Lucas, reclama que la Ley de Patrimonio Histórico Artístico sea extensible a documentos



Manuel Francisco Reina, autor de 'Los amores oscuros'. /LUIS MAGÁN
Cuántas familias han destruido cartas, fotografías y documentos históricos importantes... La dura posguerra española, donde el pánico a ser detenido y encarcelado no animaba a guardar recuerdos comprometedores en ningún escondite. Sorprende que Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917- Madrid, 2010), el hombre que compartió la vida de Federico García Lorca durante casi dos años, tuviera el arrojo de conservar los documentos que le unían al poeta, entre otros la que quizás fuera una de las últimas cartas que escribió Lorca o el romance en que desvelaba sus sentimientos más íntimos.
Los documentos en poder de los herederos de Ramírez de Lucas, con las anotaciones realizadas por él mismo sobre la vida de ambos y sus ideas políticas, ayudarán enormemente a conocer nuevas cosas sobre García Lorca. El escritor Manuel Francisco Reina (Jerez de la Frontera, 1974), autor de Los amores oscuros, la novela en la que recrea la relación de la pareja desde que se conocieron la tarde que los presentó Pura Ucelay —“¿Oye, de dónde sacas tú a unos hombres tan guapos?”— hasta la muerte del periodista a los 93 años en Madrid, lleva dos años enlorcado.

La pista de Agustín Penón / Juan Ramírez de Luca

Federico García Lorca
Ilustración de Menchu Gamero

La pista de Penón

Las anotaciones del investigador señalan que parece que la última ilusión amorosa de Federico fue un muchacho con un gran atractivo


Agustín Penón investigó el asesinato del poeta durante 1955 y 1956. En Granada y Madrid se entrevistó con testigos de lo sucedido durante la guerra y muchos amigos de Lorca. De entre su minuciosa documentación quedaba el rastro de una conversación con Pura Ucelay, directora del Club Teatral Anfistora: “Oye, Pura, ¿de dónde sacas tú a unos hombres tan guapos?”.
Las anotaciones del investigador señalan que parece que la última ilusión amorosa de Federico fue un muchacho con un gran atractivo. “Se llamaba Juan Ramírez, era de Albacete y pertenecía a una buena familia. Federico estaba loco por él. Le prometió que lo haría un gran actor, que lo llevaría al extranjero, a todos los teatros, que se le aclamaría en el mundo entero. Inmediatamente le pido a Pura si habría una posibilidad de que pudiera conocerlo, sería importantísimo para mi trabajo poder saber a través de él los últimos y más íntimos sentimientos de Federico. Pura no me da ninguna seguridad, aunque me dice que lo intentará. Quizá de algún modo quiere proteger la intimidad de ese muchacho que no era un homosexual declarado. Me pregunto entonces si fue un nuevo amor lo que demoró su partida hacia Méjico…”.
Penón volvió a Nueva York con toda la documentación en una maleta. Durante años lo papeles permanecieron guardados. Se negó a publicar el contenido de sus investigaciones. Sabía que ponía en peligro la vida de muchas personas. Años después William Layton entregó todo ese material a Ian Gibson. En Agustín Penón diario de una búsqueda lorquiana, Gibson recogió casi textualmente las anotaciones sobre el último amor del poeta. También Marta Osorio realizó una edición sobre Penón en la que reitera esas palabras.


Federico García Lorca / Dibujos


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Federico García Lorca

DIBUJOS


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27



los putrefactos


martes, 7 de octubre de 2014

Federico García Lorca / Aquel rubio de Albacete


Federico García Lorca
Aquel rubio de Albacete

Juan Ramírez de Lucas enamoró a Federico García Lorca el último año de su vida

Aquel joven de 19 años pudo ser el inspirador de los encendidos ‘Sonetos del amor oscuro’



Dibujo de juan Ramírez a los 18 años, realizado por Gregorio Prieto

¿Qué tamaño debe tener el amor para ser amor? ¿Quién inspira una obra y cómo se forja el personaje que evoca un sentimiento? Beatriz Portinari o Felice Brauer vivían en la mente de Dante y en la de Kafka. Sabemos que los sonetos de El rayo que no cesa no iban dirigidos únicamente a Josefina Manresa, la mujer de Miguel Hernández; que Maruja Mallo y María Cegarra también fueron musas del poeta y eso no modifica su valor literario; al contrario, añade datos para la construcción de los parámetros de la intraliteratura. La vida sentimental de Federico García Lorca podría equipararse con alguno de los dramas que escribió. El amor que no pudo ser recorre la obra del autor de Bodas de sangre, pero la pasión, convertida en luz y en armonía, se desborda en sus Sonetos del amor oscuro, unos versos cuya redacción comenzó en 1935, meses antes de ser asesinado, y que permanecieron inéditos durante casi cincuenta años, dos fechas significativas en la novela negra en que se ha convertido su vida, pero conocemos realmente quién los iluminó.
La historia nunca acaba de escribirse y ahí radica uno de sus atractivos. A la antología poética de Lorca ahora le falta un romance ocasional y con aire popular. Está escrito en redacción primera y única, probablemente con un lápiz azul y rojo de dos puntas: “Aquel rubio de Albacete / vino, madre, y me miró. / ¡No lo puedo mirar yo! / Aquel rubio de los trigos / hijo de la verde aurora, / alto, solo y sin amigos / pisó mi calle a deshora…”. Hace dos meses no se conocía este poema, escrito en el reverso de una factura de Academia Orad del 1 de mayo de 1935 y dedicado a Juan Ramírez de Lucas. Hasta hace un par de meses, los estudiosos de la obra lorquiana señalaban a Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca, con el que el poeta vivió una relación sentimental frustrada, como el gran inspirador de los Sonetos del amor oscuro, pero la última carta de la que se tiene constancia de Lorca, un poema inédito y el testimonio del crítico de arte Juan Ramírez de Lucas, que obra en poder de su familia, sugieren matizar determinados aspectos: ¿Rodríguez Rapún fue el gran inspirador o hubo más musas?

Juan Ramírez de Luca / La cantidad de veces que lo he visto

Juan Ramírez de Luca

Juan Ramírez de Luca

“¡La cantidad de veces que lo he visto!”

Los veteranos de la prensa descubren que su compañero de avatares fue el amante de Lorca


“¡La cantidad de veces que lo he visto!”. El mundillo periodístico madrileño, especialmente los más veteranos, desayunó ayer con la sorpresa de descubrir que Juan Ramírez de Lucas, ese crítico de arte y arquitectura, tan reconocido también por sus propios compañeros, había sido la gran pasión amorosa de Federico García Lorca. Con toda seguridad, a casi ninguno se le había pasado por la cabeza que esa persona, con la que en un tiempo se cruzaban casi a diario en ruedas de prensa y presentaciones, pudiera tener una historia oculta tan luminosa y dramática a la vez.
“Era muy culto y muy atractivo, de joven debió ser una belleza. Tenía encanto, sentido del humor y simpatía. Aun jubilado se le veía por muchos sitios. Era una de esas personas inquietas que no se retiran nunca. Acudía con regularidad a exposiciones y conferencias”, contó un excompañero. Otro periodista destacó su importancia como pionero en la crítica de arquitectura, de los primeros en su época, que no siendo arquitectos escribía crónicas. Le gustaba mucho hablar de las casas ecológicas. Era tan riguroso como fiable”.
Trató a la mayor parte de los pintores de su época y fue el que montó la primera exposición de Antonio López, pero la gran pasión de Ramírez de Lucas fueron el arte popular y la pintura naíf, a su juicio injustamente valorados históricamente como artes menores. Gracias a su profesión tuvo ocasión de viajar por todos los continentes, situación que aprovechó para reunir una de las colecciones de arte popular más importantes de España. Allá donde iba volvía con las maletas cargadas de objetos tan curiosos como valiosos. En una entrevista, concedida a un periódico de Albacete, contaba cómo en los años del telón de acero descubrió en un mercado soviético, entre frutas, patatas y coles, unos juguetes de madera que lo volvieron loco. Se los llevó todos. Cuando abandonaba el país, la policía los descubrió, guardados en una maleta: “Es que tengo muchos sobrinos”, le respondió al policía, que no entendía dónde iba con aquellas baratijas.
Entre otros objetos, Ramírez de Lucas coleccionaba belenes, máscaras y juguetes antiguos. A su muerte donó una parte importante de su impresionante colección al Museo Municipal de Albacete, su ciudad natal con la que siempre mantuvo cierta relación.
Julia Saénz-Angulo, vicepresidenta de la Asociación de Críticos de Arte, asociación a la que pertenecía Ramírez de Lucas, lo calificó como un “excelente” poeta.


García Lorca / Querido Juan, es preciso que vuelvas a reír

Federico García Lorca

“Querido Juan, es preciso que vuelvas a reír...”


Una carta y un poema simbolizan la pasión de la pareja



Lorca, en la Huerta de San Vicente, 1935. / FUNDACIÓN 
Los recuerdos no curan las heridas pero ayudan a mitigar la nostalgia. Tras confirmarse el fusilamiento de Federico García Lorca, Juan Ramírez de Lucas guardó como oro en paño los restos en papel de aquel amor de juventud que le habían arrebatado. La última noticia del poeta llegó en forma de carta a la casa de los Ramírez de Lucas, en Albacete, cuatro días después del alzamiento nacional.
Datada el 18 de julio de 1936 en Granada, la misiva salió en el correo antes de que se interrumpieran las comunicaciones. Lorca la escribió el día de San Federico, una fecha señalada para su familia, acostumbrada, como en casi toda Andalucía, a festejar los santos más que los cumpleaños. Impregnada del olor que había dejado una flor del jazmín de la Huerta de San Vicente, oculto entre los folios, el mensaje de Lorca incidía en que Juan Ramírez de Lucas debía ser fuerte y tratar de convencer a sus padres para que respetaran sus ideas. Se trataba de su familia, las personas más importantes de su vida junto con los amigos. “Conmigo cuentas siempre. Yo soy tu mejor amigo y te pido que seas político y no dejes que el río te lleve. Juan: es preciso que vuelvas a reír. A mí me han pasado también cosas gordas, por no decir terribles, y las he toreado con gracia”, se lee en uno de los párrafos. Precisamente como “amigo”, Federico le aseguraba que siempre estaría a su lado. Se despedía deseando que todo acabara felizmente sin hacer ninguna referencia a la situación política.

Juan Ramírez de Luca / El amor oscuro de García Lorca

Federico García Lorca
Juan Ramírez de Luca

El amor oscuro de García Lorca

Durante toda la vida, Juan Ramírez de Lucas calló su apasionada relación con el poeta, truncada por una familia conservadora y por el asesinato del escritor



El crítico Juan Ramírez de Lucas, fotografiado junto a su colección de objetos de arte popular.
Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010), periodista y crítico de arte, no quiso llevarse a la tumba su secreto. Guardó silencio durante más de 70 años, con todos los recuerdos (dibujos, cartas, un poema, su diario…) de su tragedia sentimental ocultos en una caja de madera. Sin embargo, antes de fallecer, entregó a una de sus hermanas su legado para que se hiciera público. Pese al férreo silencio que mantuvo en vida, apoyado por los propios amigos de la pareja que respetaron su intimidad, Ramírez de Lucas no quiso que la memoria de su gran amor de juventud, el poeta Federico García Lorca, se perdiera para siempre.

Dalí y García Lorca / Cartas de seducción

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Salvador Dalí y Federico García Lorca

Dalí y Lorca, cartas de seducción

Un estudio reúne por vez primera la relación epistolar entre el pintor surrealista y el poeta

Es una mezcla de amistad, literatura, arte y flirteo


“Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (...) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (…)”. Así de apasionado escribe Salvador Dalí en el verano de 1928 a su íntimo amigo Federico García Lorca. Era algo más, “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”, aclararía el pintor en 1986, en una carta al director publicada en EL PAÍS y dirigida a Ian Gibson, al que acusa de subestimar sus relaciones con el poeta, “como si se hubiera tratado de una azucarada novela rosa”.
La relación entre estos dos genios se dio, con altibajos, entre 1923 y 1936, y dio pie, colaboraciones artísticas aparte, a un intenso epistolario, una particular conversación iniciada en 1925 y que, por vez primera, puede leerse en su conjunto en Querido Salvador, Querido Lorquito (Elba), gracias a la labor del periodista Víctor Fernández.
Tan hábil como meticuloso, Fernández (que ha recuperado la erudita edición de las cartas de Dalí que anotó el estudioso Rafael Santos Torroella) ha reunido además la correspondencia que Lorca mantuvo también con el padre y la hermana del pintor, Ana María Dalí, y con Lidia de Cadaqués, extravagante personaje que se creía la reencarnación deLa ben plantanda de Eugeni d’Ors. Tampoco es tanto epistolario. De la cartas del pintor al poeta aún han sobrevivido una cuarentena; de las de Lorca a Dalí, apenas siete. Fernández cree que la explicación a la diferencia aparece si se busca a la mujer. En este caso, a dos: “Una es Ana María, que vendió mucho material de archivo de su hermano tras la Guerra Civil; la otra es Gala, que por celos destruyó otras muchas; entre los papeles de García Lorca ha sido hallada una anotación que reza: “Gala no me gusta”; luego se sabe que Lorca era uno de los temas no gratos en casa de los Dalí cuando estaba Gala; entre los papeles del pintor hay cartas de Lorca recortadas con tijeras; a esa documentación tenía acceso poquísima gente, entre ellas la mujer del pintor”, sitúa Fernández.