viernes, 22 de agosto de 2003

Vivien Greene, viuda del escritor británico Graham Greene

Graham Gereene y Vivien, 1927

Vivien Greene, viuda del escritor británico Graham Greene

Vivien Greene, esposa del genial escritor, inveterado adúltero y torturado católico Graham Greene, religión a la que se convirtió gracias a la influencia de Vivien, murió el pasado martes a los 98 años de edad en su casa de la universitaria ciudad de Oxford, al sur de Inglaterra.
"Es el fin de una era", declaró ayer su sobrina Amanda Saunders al diario británico The Independent, al hacerse eco de esa muerte. Vivien Greene, que nació en 1905 con el nombre de Vivienne Daryll-Browning, ha sobrevivido 12 años a su esposo, fallecido en 1991 y de quien nunca se divorció debido a la fe católica de ambos, pese a que en 1948 se separaron.
Vivien Greene
Greeene fue para su esposa "un hombre frío e infeliz", con el que tuvo "un matrimonio intenso pero desgraciado, que le iba a perseguir en sus últimos años". Así lo definió Vivien en una de sus escasísimas entrevistas, un año después de la muerte del autor de El poder y la gloria, El americano impasible o El tercer hombre, entre otras grandes novelas que se popularizaron aún más al ser llevadas al cine.
En 1926, cuando tenía 22 años, Graham Greene se convirtió al catolicismo, un año después de conocer a Vivien, a quien consideraba como "una católica ardiente", en comparación con la supuesta frialdad del anglicanismo, la religión oficial británica.
Toda la obra de Greene está recorrida por la carga del catolicismo, su reflexión sobre el pecado, el sufrimiento y el mal, y los conflictos espirituales, en una serie de ambigüedades que lo persiguieron también en su vida.
En 1927, Graham Greene y Vivien se casaron y empezaron una vida en común que aunó la pasión por el sexo en casa ajena con los constantes arrepentimientos de él, y en los que la esposa toleró muchas veces relaciones extramatrimoniales de su marido, incluso con prostitutas.
El matrimonio tuvo dos hijos, Caroline (ahora con 69 años) y Francis (de 66) antes de separarse en 1948, un fracaso que reflejó la novela El final del romance (The end of the affair), llevada al cine en 1999 por Neil Jordan.


Después de la separación y mientras la fama de su esposo como escritor se hacía cada vez mayor, Vivien Greene pasó los últimos años de su vida coleccionando en su hogar casas de muñecas victorianas, hasta convertirse en una autoridad en la materia desde el punto de vista histórico, a lo que dedicó dos libros.
Su exhaustiva colección fue expuesta en un museo de Oxford antes de que, hace cuatro años, las miniaturas fuesen vendidas en una subasta. Vivien, hasta el fin de su vida, siguió firmando sus artículos como "la señora de Graham Greene".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de agosto de 2003

sábado, 16 de agosto de 2003

Juan Marsé / Las atracciones de Gal.la Placídia

Descobrir a Gal·la Placídia



MI RINCÓN FAVORITO

Las atracciones de Gal.la Placídia


Juan Marsé
16 de agosto de 2003

Difícil escoger. Hay muchos rincones en mi ciudad y en mi país (y fuera de mi país también) que, por una razón u otra, significan algo en mi vida. Podría hablar de cierto camino al oeste de Sant Jaume dels Domenys que me llevaba a nadar en una alberca entre viñedos con los amigos adolescentes; o del patio trasero en casa de mis abuelos, en L'Arboç del Penedès; o de un repliegue del banco ondulante del parque Güell donde sucumbí a R. L. Stevenson a la edad de 10 años; o de cierto portal en la Rue de Canettes, en París. Pero voy a escoger un enclave barcelonés que frecuento, aunque de forma esporádica, desde muy niño: una esquina, o más bien una hendidura, subiendo por la Via Augusta a mano derecha, donde se ubica una plaza llamada Gal.la Placídia.

Paisaje Urbano - Plaza Gal·la Placídia | ESCOFET

Durante la Guerra Civil, cuando yo tenía cuatro o cinco años y en mi tierna retina acababan de grabarse los bombardeos de febrero de 1938, mi abuelo materno, algunas tardes a primera hora, solía llevarnos a mi hermana y a mí a esta plaza, y juraría que ya por entonces (pero me temo que ahí la memoria arrima el ascua a su inquieta sardina) había en ese rincón predilecto algún artilugio -unos caballitos, tal vez unos simples columpios- para entretener a los críos. Años después, en 1950, mi padre frecuentaba la terraza de un bar enfrente de las atracciones de la plaza, el bar Mirasol. Pero yo entonces era un adolescente, y aquel carrusel con caballitos ya no despertaba mi interés. Lo que me tenía fascinado era un tipo verboso y divertido, de apellido dinámico, Palanca, que trabaja en el bar Mirasol y era amigo íntimo de mi padre. Gracias al Palanca recuperé a los 17 años el rincón de las atracciones. Después, en los años setenta, hice algunas visitas esporádicas con mis propios hijos, cuando estos aún eran pequeños. Y hoy, en 2003, la inercia incombustible de otro niño me devuelve a aquel lugar.

Todo empezó cuando me instalaron el satélite digital y decidí grabar, para mi nieto Guille, de tres años, una serie norteamericana de éxito de los años sesenta, basada en el cómic del superhéroe Batman. El flechazo fue fulminante y todos los días -a la misma batihora, en el mismo baticanal- la fascinación del niño por aquel misterioso y oscuro justiciero fue creciendo hasta límites insospechables. Guille fue poseído por el espíritu de Batman. Dibujarlo en lápices de colores, ceras o rotuladores, modelarlo en barro o en plastilina, trazar la señal con tiza sobre la pizarra, sobre la arena del mar, improvisar capas o recortar máscaras, reproducir escenas y diálogos aun a riesgo de recibir broncas por las réplicas mal dadas, inexactas o desganadas, el caso es que nunca nada parecía suficiente para saciar su sed del mito. Tan intensa era esta pasión que, afligidos, comentamos el asunto con algunos amigos, y recuerdo el sabio consejo que uno de ellos nos hizo llegar por carta: no había nada, absolutamente nada que hacer contra el mito. Batman es más fuerte que la vida. Un buen día, otros amigos nos dieron las señas de un lugar que, aseguraron, colmará los apetitos fantásticos del Guille: plaza de Gal.la Placídia, subiendo por Via Augusta, en un rincón a mano derecha.

Sólo cuando llegamos allí me di cuenta de que era el mismo rincón donde solía llevarnos mi abuelo, a mi hermana y a mí, durante la guerra, y al que luego acudí con mi padre, siendo ya un muchacho, y en el que también había recalado con mis hijos, hace ya más de 30 años. Ahora llego arrastrado de la mano de mi nieto. Veo que aún están los columpios, aunque modernizados, y que en las zonas ajardinadas sobreviven algunos pinos y los enormes plátanos, incluso el bar Mirasol. Y aún estoy tratando de recordar la magia del lugar cuando veo que mi nieto ya ha encontrado su reclamo y se ha encaramado a un siniestro artilugio, una especie de vehículo galáctico, rigurosamente negro, con la silueta de un murciélago en el capó.

En las atracciones de Gal.la Placídia hay un auténtico, un genuino batimóvil, donde -por el módico precio de un euro- cualquier niño como Guille puede alegremente volar a la ciudad de Gotean, y repartir justicia, que buena falta le hace a este puto país. Que lo sepan.


EL PAÍS


jueves, 7 de agosto de 2003

París despide con dolor y canciones a Marie Trintignant

Jean Louis y Nadine Trintignant, en el funeral de su hija,
la actriz Marie Trintignant.
 


París despide con dolor y canciones a Marie Trintignant

Vestidos de blanco por petición de la familia, actores, políticos, músicos y amigos dieron ayer el último adiós a la actriz.

OCTAVI MARTI
7 AGO 2003

París se despidió ayer, por partida doble, de la actriz Marie Trintignant, fallecida el viernes 1 de agosto a consecuencia de los golpes recibidos de su amante, Bertrand Cantat. Por la mañana, en el teatro Edouard VII, en el que ella había actuado recientemente, la familia reunió a sus amigos para un recordatorio privado. Catherine Deneuve, Daniel Auteuil, Patrice Chéreau, Anouk Aimée, Vincent Pérez, Sandrine Kiberlain, Amira Casar, Jane Birkin, Claude Lelouch o Romane Bohringer son algunos de los artistas que acudieron a la cita presidida por los padres de Marie, Nadine y Jean Louis Trintignant, su hermano Vincent, su hijo Roman y su suegro, Alain Corneau. Políticos como el ministro de Cultura, Jean Jacques Aillagon, o como el anterior primer ministro Lionel Jospin, también estaban presentes en un acto en el que el escritor Jorge Semprún dijo: "Nuestra cólera se calmará en la serenidad de nuestra alma y en las lágrimas de nuestros ojos".
El actor Lambert Wilson, colega de Marie en el rodaje deColette, leyó un poema de Ronsard dedicado a "los amores de Marie", mientras el cantante Jacques Higelin, con la ayuda de la actriz y también cantante Lio, insistió: "Si estamos todos aquí es porque somos amigos, porque la vida es hermosa y continúa. Marie está con nosotros y vamos a cantar pensando en ella". Los asistentes, vestidos en tonos claros, corearon con tristeza las canciones preferidas de Marie.
Por la tarde, en el cementerio de Père-Lachaise, en compañía de centenares de ciudadanos, el ministro de Cultura puso un ramo sobre la tumba "en homenaje de la República", a quien "había luchado tanto para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres".
El padre de la actriz, Jean Louis, quiso leer una de las muchísimas cartas recibidas de desconocidos en la que se afirmaba que "no hay que llorar por la que has perdido, sino alegrarte por haberla conocido", pero no pudo acabar la lectura debido a la emoción. La madre, Nadine, evocó los últimos momentos de vida de su hija: "Cuando llegué al hospital y vi que tu hermano lloraba, Marie, supe que era grave, muy grave".
La televisión pública había programado los dos últimos días una serie protagonizada por Marie y dedicada a historiar el combate feminista en Francia entre 1939 y hasta la actualidad. Varias asociaciones feministas también quisieron estar presentes en la ceremonia, con rosas blancas y claveles rojos, en honor de quien aceptó convertirse en símbolo de su combate. Para algunas de ellas, Marie "ha vivido el drama que cada año conoce un millón y medio de mujeres en Francia", refiriéndose a la violencia masculina contra la mujer, pero para otras feministas "no sirve de nada convertir un caso particular en general", porque hay que respetar "la individualidad de cada drama".






CANTAT ACEPTA LA EXTRADICIÓN


Mientras en París la ciudad se despedía de la actriz, en Vilnas el fiscal Ramutis Jancevicius recordaba que no había ninguna razón por la que las autoridades lituanas tuviesen que proceder a la inmediata extradición de Bertrand Cantat, supuesto responsable de la muerte de la actriz. "En mi opinión, una persona que ha cometido un crimen aquí, en Lituania, debe ser juzgada en Lituania". Precisó también: "Aún no he recibido demanda alguna de extradición de parte de Francia". Pero también dijo que "las autoridades del país no han firmado de momento ninguna autorización que permita a policías franceses de la brigada criminal desplazarse a Vilna para interrogar a Cantat y a diversos testigos".
El abogado de Cantat confirmó que el cantante ya conoce la noticia de la muerte de su compañera sentimental. Según el letrado, el músico "es favorable a una extradición rápida hacia Francia". En el breve interrogatorio ante un juez lituano Bertrand Cantat se declaró "dispuesto a pagar su deuda y a asumir todas sus responsabilidades", pero "en Francia". "No tengo nada que hacer aquí, en Lituania".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de agosto de 2003

jueves, 24 de julio de 2003

Siri Hustvedt / Todo cuando amé / Reseña





Siri Hustvedt

Todo cuanto amé

Trad. Gian Castelli. Circe. Barcelona, 2003. 453 págs, 24 euros

JOSÉ ANTONIO GURPEGUI
24/07/2003

“A Paul Auster” reza la dedicatoria de esta Todo cuanto amé y también a Paul Auster dedicó Siri Hustvedt su primera publicación, el volumen Los ojos vendados (1992). 


Ello puede inducir a pensar que Hustvedt toma a Auster como paradigma de la narrativa actual, pero no, las dedicatorias encuentran su sustento en el terreno familiar más que el artístico. Porque Hustvedt tiene su propia voz, y un estilo propio y singular como ya demostró en la anterior El hechizo de Lily Dahl (1996). Esta tercera Los ojos vendados es superior a la anterior pero los nexos entre una y otra resultan, cuando menos, llamativos. En El hechizo encontramos a una joven obsesionada con un pintor en este caso es el profesor y crítico de arte, Leo Hertzberg, quien se siente artísticamente atraído por la obra de un pintor desconocido, Bill Wechsler, con quien llegará a entablar una profunda relación amistosa. También volvemos a apreciar la atracción por narrar escenas cargadas de sensualidad, tragedias familiares, o los “flir-teos” con tramas próximas a la novela negra y escenas escabrosas, que maneja con la maestría de una consumada veterana pese a contar tan sólo con tres títulos.

Como ya se ha adelantado el argumento gira en torno a la amistad entre Leo y Bill. Bill es un pintor que se gana la vida trabajando por las mañanas y dedica las tardes a pintar. Pero la suya es una pintura que no encuentra acomodo en las galerías comerciales, se trata de cuadros de una mujer que titula autorretrato. Leo encuentra por casualidad uno de estos cuadros y lo compra -es el primero que ha vendido Bill- y se interesa por la identidad del autor. A partir de entonces comienza entre ellos una intima amistad, ambos con sus familias veranean juntos en Vermont e incluso Bill compra un apartamento en el mismo edificio donde vive Leo. Ahora, dos décadas después de los acontecimientos -la acción abarca el último cuarto del siglo XX- Leo, aquejado de “degeneración muscular” en los ojos, rememora como fueron aquellos años. él estaba casado con Erica, pero sentía una innegable atracción por Violet, primero modelo y después segunda mujer de Bill. Se había divorciado de su primera esposa, Lucille, cuando su hijo Mark tenía 4 años. Mark había nacido el mismo año que Matt, hijo de Leo y y Erica. Desgraciadamente Matt murió en un estúpido accidente en un campamento de verano y Leo “adoptó” a Mark como si fuera su propio hijo cuando Bill murió de un ataque cardiaco. Pero Mark lleva una vida especialmente turbulenta, las drogas están a punto de causarle la muerte y roba dinero a Leo, pero todo eso no es nada con el asesinato en que se ve involucrado. Y así llegamos a las ocho y media de la tarde del 30 de agosto de 2000, cuando Leo decide “dejar de mecanografiar para sentarme en mi butaca y descansar la vista. Lazlo llegará dentro de media hora para leerme” (450). 

La novela oscila entre dos polos claramente definidos, por una parte un pormenorizado tratamiento de las implicaciones del mundo del arte, por otra una subtrama, que termina imponiéndose, próxima al “thriller” psicológico. Estas dos variantes narrativas a primera vista tangenciales, logran armonizarse de manera que se complementan formando un conjunto armónico, sin disonancias; lo que se traduce en un claro exponente de la habilidad narrativa de Siri Hustvedt. Una autora que, sin duda, tiene todavía mucho que decirnos. 


EL CULTURAL




jueves, 17 de julio de 2003

Muere a los 78 años Celia Cruz / La reina de la salsa




Muere a los 78 años Celia Cruz, la 'reina de la salsa' de Cuba

La cantante, exiliada desde 1960, grabó más de 70 discos y logró varios premios Grammy


El País
Madrid, 17 de julio de 2003

Celia Cruz, considerada como la reina de la salsa de Cuba, falleció ayer a los 78 años en su hogar de Nueva Jersey. El año pasado fue operada de un quiste canceroso en un pecho y luego de un tumor cerebral. Con ella y con Compay Segundo, muerto el pasado domingo a los 96 años, se extingue la época señera de la música cubana. Celia Cruz estuvo acompañada en sus últimos momentos por su marido, el trompetista Pedro Knight.

El matrimonio celebró el pasado lunes su 41º aniversario, pero ella permaneció en cama, ya que había sufrido varias recaídas las últimas semanas. Antes de hacerse pública su enfermedad, Celia había dejado estipulado que, tras morir, su cuerpo fuese llevado a Miami para ser enterrado en esa ciudad, donde reside la mayor parte de la comunidad cubana fuera de la isla, aunque la cantante nunca vivió allí.
Ante su delicado estado de salud, sus colegas exiliados le organizaron un gran homenaje en marzo pasado. Celia (no en vano una de las integrantes del espectáculo Las Estrellas de Fania, que recorrió el mundo y visitó numerosas veces España) apareció en público. También acudió a la entrega de los premios Grammy y a la gala de la compañía teatral Repertorio Español, en Nueva York.
"Nunca habrá otra Celia Cruz", dijo ayer Israel López Cachao, una de las grandes figuras cubanas.
Precisamente ayer, antes de conocerse la muerte de Celia Cruz, la cantante cubana exiliada en Miami Gloria Estefan anunció su deseo de grabar un disco homenaje. "Celia está muy mal", dijo Estefan, "creo que ya estamos en víspera de que se nos vaya". Definió a Cruz como "una mujer increíble, una señora íntegra y profesional, que en el escenario no tiene edad y es embajadora de nuestra música".

Carrera

Los historiadores estiman que la fecha más probable de nacimiento de Celia Cruz es un 21 de octubre de 1924, en La Habana, aunque la cantante mantuvo siempre la incógnita sobre su edad y nunca confirmó esa fecha.
La carrera de la cantante comenzó con la participación en un concurso radiofónico, La hora del té, en el que resultó ganadora. Sus comienzos fueron difíciles, abriéndose paso en salas de fiesta de segunda categoría. No obstante, había estudiado canto y teoría musical en el conservatorio de La Habana.
La oportunidad le llegó cuando Mirta Silva, solista de la orquesta La Sonora Matancera, abandonó la formación y hubo que convocar pruebas para sustituirla. Celia obtuvo el puesto, y empezó a popularizar su grito de "¡Azúcar!". El primer disco lo grabó en 1957, y realizó su primer viaje a EE UU para recoger el primero de la que sería una larga serie de discos de oro y de platino en ese país.
El triunfo, en enero de 1959, de la revolución de Fidel Castro le cambió la vida. Con La Sonora Matancera salió en 1960 para actuar en México y decidieron no regresar a la isla. En 1962 murió su madre en Cuba, pero no se permitió regresar a Celia para el funeral. Llegó a nacionalizarse estadounidense.
Sin embargo, su vida en Estados Unidos no fue fácil al principio. Los ejecutivos musicales no estaban seguros de que la cantante cubana pudiera vender muchos discos. Pero poco a poco logró hacerse un sitio. Y se enamoró del trompetista de La Sonora Matancera, Pedro Knight. En 1966 Celia se unió a la orquesta de Tito Puente, el rey de los timbales. A partir de ahí se convirtió en referencia de la salsa en el exilio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de julio de 2003



miércoles, 16 de julio de 2003

Juan Villoro / Roberto Bolaño, el detective salvaje


Roberto Bolaño

 Juan Villoro

El detective salvaje


15 de julio de 2003


Conocí a Roberto Bolaño en 1975, cuando él vivía en México. Nos encontramos en los jardines de la universidad, durante una premiación de la revista Punto de Partida. Roberto se acercó a Poli Délano y habló con entusiasmo de literatura rusa y la nueva narrativa chilena. Alguien lo felicitó por su tercer lugar en poesía y comentó que, en todo caso, ameritaba una amonestación. Ya había perfeccionado su irónica sonrisa en diagonal, llevaba espejuelos de lector insomne y confiaba sus cabellos a los trabajos del viento.

A los 22 años, Roberto formaba parte de la vanguardia infrarrealista, junto a Mario Santiago, Bruno Montané y otros poetas que tomaron por asalto el palacio de invierno de la cultura mexicana y que, años después, aparecerían transfigurados como "visceralrealistas" en la novela Los detectives salvajes, situada en un México fantasmagórico que el autor recorre con ayuda de una brújula metafísica. Roberto dejó México y cada tanto llegaban rumores que lo convertían en una figura de leyenda. Había tenido los oficios más dispares, conocía París hasta las alcantarillas, se había mudado a Barcelona, cambiaba la poesía por la prosa, ganaba numerosos premios modestos. En 1984, publicó una novela escrita con Antoni García Porta, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. Luego vinieron La pista de hielo y La senda de los

elefantes, pero no fue sino hasta 1996 que llamó la atención de la crítica con La literatura nazi en América, inventivo diccionario de autores infames. A partir del último de ellos, un piloto que escribe poemas en el cielo con la cauda de su avión, concibió Estrella distante, pieza maestra sobre la perturbadora colindancia entre el ultraje y la sofisticación estética. Seguirían, en vertiginosa sucesión, los cuentos de Llamadas telefónicas, Los detectives salvajes, que le valió el Premio Herralde y el Premio Rómulo Gallegos, las novelas breves Amuleto y Nocturno de Chile (renovada indagación de la desconcertante convivencia entre el lirismo y la tortura) y los relatos de Putas

asesinas, entre otros libros. En la valoración de esta galaxia fue decisivo el ojo de la crítica. Acerca de Los detectives salvajes, Ignacio Echevarría comentó que era "el tipo de novela que Borges hubiera aceptado escribir". La frase, que se repite en todos los idiomas a los que se traduce la obra de Bolaño, alude a la novela concebida desde el relato como una entrelazada obra coral.


Cada texto de Bolaño sugiere una experiencia vivida hasta la saciedad; los detalles son exactos y el lector sabe que si se acerca demasiado a esa ventana se cortará con los vidrios rotos.


En una conversación pública con Echevarría, Roberto subrayó su aprecio por la valentía. Alguien le preguntó si podía probar la suya y contestó con una evasiva; no quiso ufanarse de la forma en que sobrellevaba una enfermedad atroz. Con estoicismo, muchas veces con humor negro, se refería a su salud precaria y a su carrera contra el tiempo para concluir el libro de cuentos El gaucho insufrible y una novela aún más titánica que Los detectives salvajes. No sabíamos hasta qué punto escribía bajo la sombra de la muerte, con el callado heroísmo del valiente, y el apoyo a ultranza de su esposa Carolina. Conversador mesmérico, participaba en las tertulias con centralidad y podía revelar minucias inauditas sobre la poesía medieval, los asesinos seriales, los trovadores alemanes o los ideólogos de la falange.


Polemista natural, convertía el afecto en discusión y explotaba con ingenio las posibilidades de la arbitrariedad y el disparate.


Sus llamadas telefónicas podían durar dos horas y tratar de actrices de su juventud en México (Jacqueline Andere, Irán Eory), las proezas de sus hijos o un sueño en el que Carlos Fuentes contaba chistes divertidos. No hablaba por un asunto definido: hablaba por la pasión de hablar, como sus mejores personajes.


Roberto Bolaño nunca pareció necesitar guía ni orientación. Un pionero que despreciaba los mapas. Deja una obra que es un torrente de vida. Otro grande de Chile, Vicente Huidobro, anunció que si alguien levantara su lápida vería el mar. La muerte no conoce el triunfo ante el poeta. Al fondo de esa tumba se ve el mar.


Juan Villoro, escritor mexicano, es autor de Efectos personales o La casa pierde, entre otros libros.


EL PAÍS



sábado, 21 de junio de 2003

Rafael Chirbes / Amor, decoro y confianza

Rafael Chirbes


  • Rafael Chirbes

Amor, decoro y confianza


En su reciente libro de ensayos, El novelista perplejo, Rafael Chirbes expresa su admiración por El buen soldado, de Ford Madox Ford. De esa gran novela el escritor valenciano extrae una sustancial lección, "la falta de fiabilidad de cualquier narrador". Acto seguido agrega que todo narrador debe "ganarse la confianza a pulso". Se hace necesario introducir esta reflexión porque quien la lleva a cabo es el mismo que pone en funcionamiento un problema parecido en su nueva novela. Chirbes, con Los viejos amigos, cierra un gran ciclo temático y estilístico comenzado con La larga marcha y continuado con La caída de Madrid.El problema al que hacíamos referencia antes tiene que ver con la mentira y la verdad, y con los dispositivos narrativos que convierten estos conceptos en la novela en una dialéctica irresoluble. Una dialéctica pletórica de fuerza expresiva, pero también llena de secuelas morales irreversibles. La variedad de voces que componen el tejido argumental de Los viejos amigos, es algo más que la suma de almas y perfiles de una generación confiada en su papel de motor de la historia. Esas voces tienen que lidiar con algo más que con su contemporaneidad, tienen que responder ante sí mismos de todos sus fracasos e imposturas.

LOS VIEJOS AMIGOS

Rafael Chirbes
Anagrama. Barcelona, 2003
221 páginas. 13 euros
Unos amigos se reúnen para festejar un reencuentro a las luces y sombras de sus vidas particulares. Viven en Madrid y en esta ciudad convivieron con sus utopías, con sus desengaños amorosos, con sus actos de renuncia al borde de la ruindad. Escritores fracasados, pintores a los que las cosas no les fueron mejor, galeristas ricas, expertos en infidelidades varias. Detrás ha quedado la era de las promesas sublimes, la movida madrileña, los gobiernos del PSOE, la resaca de borracheras inútiles, el sida y algún hijo que muere empachado de drogas. En Los viejos amigos,Rafael Chirbes ensaya una estructura polifónica, no para transmitirnos ninguna verdad sino para que escuchemos. Cada personaje tiene la oportunidad de contarnos su historia. Y en esa oportunidad está en juego su fiabilidad. Se deberá ganar a pulso que le creamos o no. Mientras esto se decide el lector habrá asistido a una representación de la tristeza humana. Casi al final de esta lúcida y bellísima novela, un personaje, casi ajeno a todo lo que ocurre en ella, ruega porque su mujer esté dormida cuando él regrese de sus copeos nocturnos. Es una autoexigencia de decoro y amor. "Es tan misterioso el ser humano", dice el hombre. Esta muestra de delicadeza humana nos viene relatada indirectamente. Pero por una vez, puede que esta anécdota sea lo más aproximado a una metáfora de verdad innegociable que todos los personajes de Chirbes anduvieron buscando durante toda su vida.



Rafael Chirbes / Las novelas se escriben contra la literatura

Rafael Chirbes

"Las novelas se escriben contra la literatura"



El narrador, que publica Los viejos amigos, critica a una generación, la suya, que se olvidó de la tradición republicana y postergó sus sueños igualitarios cuando llegó al poder. Además, revisa la idea de literatura social y arremete contra la cultura como forma de dominación.


Qué podemos hacer para no morirnos de uno en uno?". Con esta pregunta, que quedó sin respuesta, cerró Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna, Valencia, 1949) la presentación pública de Los viejos amigos,una novela que retrata sin clemencia a una generación que cambió el sueño de la revolución por "las perdices de Zalacaín" y prefirió "curarse con la medicina del olvido en lugar de aprender con el purgante de la memoria".
PREGUNTA. Su generación llegó al poder con unas ideas que quedaron en el camino.
RESPUESTA. ¿Al poder? La mitad de mi generación está por ahí alcoholizada, en los bares, o viendo partidos de fútbol. En La larga marcha, un personaje dice: "Al poder siempre llegan los peores", porque llega el que pacta con el gran hermano, en este caso, el grupo que entendió que lo ineluctable iba a llegar.
P. ¿Por eso se refiere a la transición como una larga traición?
R. Es lo que descubre Max Aub en los sesenta: no hay dos Españas, sólo hay una, la otra no existe. Toda aquella enseñanza de la Institución Libre y los ateneos obreros no nos había llegado. Habían llegado tres poemas de Alberti, pero no esa manera de ver el mundo que no era el crucifijo y el Cara al sol en las escuelas. Aunque recordar esto es crear un problema porque se supone que hemos llegado a un acuerdo y ahora debemos llevarnos civilizadamente. Pero el que ocupó las tierras se quedó con las tierras ocupadas y el que ocupó la cátedra con la camisa azul se quedó con ella. Hubo un pacto para no matarse, pero hay que saber que alguien había perdido.
P. ¿Se abandonó esa memoria?
R. El PSOE se quería ganar a las clases medias provenientes del franquismo, y esa memoria no le servía para nada... hasta que pierde las elecciones. Cuando se descubre que el vaso natural de la otra memoria es el PP se quedan sin referentes porque, como decía Benjamin, la memoria es la apropiación de un hecho pasado. "¿Y ahora?", se dicen. Y empieza la eclosión de la novela de la guerra. Surge el problema de la legitimidad.
P. ¿En qué consiste?
R. La cuestión es: ¿usted de quién procede?, ¿en nombre de quién ostenta el poder? Aznar afirma proceder de ese liberalismo que dice: "En la guerra se mataron los rojos y los azules. Yo soy el centro e inauguro a Max Aub y a Lorca", y la Residencia de Estudiantes se convierte en objetivo privilegiado porque se está saqueando una parte de la memoria que otros han dejado saquear. Los socialistas se lo hubieran impedido uniéndola a su carro triunfal, pero no lo hicieron.
P. ¿Sólo "cuando se perdió el poder, se ganó la memoria"?
R. Sí, se dicen: "Sólo si volvemos a ser los hijos de los republicanos tenemos algo que ofrecer a nuestros votantes".
P. Usted tampoco escapa a la crítica. ¿Sólo se puede escribir contra uno mismo?
R. Tus propios libros terminan contándote cosas que no querías oír. Además, todos mis personajes son yo: egoístas, odiosos, bondadosos...
P. ¿Por qué recurre en Los viejos amigos a una sucesión de monólogos?
R. Porque es una época de dispersión: esa gente vive sola y va a morir sola. No hay un superyo moral que organice todo eso. Ni siquiera me valían los diálogos, porque no hay un proyecto común.
P. Pero lo hubo: la revolución, el fantasma de su novela.
R. Un fantasma idealizado y absurdo.
P. ¿En qué momento se produjo la resignación?
R. Lo he dejado oscuro porque los personajes ven cómo sus proyectos se degradan. Ninguno hace el trabajo que quería. El escritor vende chalets, el arquitecto se rinde a su suegro... Hay un momento en el que se acepta la vida provisional, o sea, no se renuncia a la revolución, pero se dice: "Yo de momento voy a hacer esto otro". El problema es el "de momento".
P. "Lo que sabíamos iba contra lo que necesitábamos", escribe. Lo que desactiva la revolución no es la represión...
R. Es el dinero, el desarrollo.
P. ¿Hay un punto medio entre ser colaboracionista o marginal?
R. No sé. Éste no es un libro de teoría política. Se trata de que cada uno se pregunte dónde está. Contar eso, que la vida no se puede vivir provisionalmente porque uno no se queda embalsamado, sino que se degrada. La vida es muy corta: crees que estás madurando, y lo que pasa es que te estás muriendo.
P. ¿Y qué podemos hacer para no dejarnos morir de uno en uno?
R. Cuando no tienes un proyecto común estás muerto.
P. ¿Por qué?
R. La idea de la muerte se vuelve tremenda cuando no hay continuidad, cuando morir es un acontecimiento, porque en las edades de oro no se moría: quedaba la obra, el trabajo.
P. Se dice de usted que es un novelista social.
R. No sé si social. Lo que pasa es que no me gusta que me engañen. A lo mejor lo que soy es un novelista orgulloso, por ir contra las versiones oficiales.
P. Eso supone creer que las palabras pueden cambiar algo, sin embargo, usted sostiene que la literatura es inane.
R. Tengo una sensación rara, porque sospecho de la cultura como forma de dominación. No como saber más sino como saber más que, como una forma de tapar la boca al otro. Hemos tomado el poder los de la palabra, y los que realmente hacen cosas -casas que no se caen, carreteras que no se hunden- son los que mueven la sociedad, eso sí, al dictado de una serie de señores que nos hemos apropiado de sus cabezas.
P. También es muy crítico con la literatura "ligera".
R. Estoy contra la literatura que te deja feliz contigo mismo y pensando que los demás son menos que tú porque no han leído lo que tú lees, contra la literatura como sofá y como trono.
P. Otra de sus críticas: el arte por el arte es "negocio por el negocio".
R. Esa idea viene de Hermann Broch. El arte por el arte es falta de escrúpulos. Las novelas se escriben siempre contra la literatura, que es lo que hay, lo establecido.
P. ¿Ve demasiada comodidad en el panorama español?
R. Los escritores que han entrado en los grandes grupos han acabado siendo iguales, mirando el mundo desde el mismo sitio. A sus columnas les puedes intercambiar la firma. Hay mucha caridad cristiana, mucho no al chapapote, no a la guerra, no a Aznar. Todo eso lo doy por supuesto.
P. Tan crítico con "los suyos", ¿no tiene miedo de que lo llamen conservador?
R. ¿Conservador? ¿Crees que los del PP se tragan este libro?
P. No lo leerán.
R. Ahí voy. Yo escribo para mi público. Con el señor Fraga, que fue ministro del Interior mientras yo estaba preso en Carabanchel, no tengo ninguna discusión ideológica que hacer. Intento escribir desde donde creo que se puede crear, desde mi generación y desde los que vengan por ahí. ¿De qué vamos a hablar Rato y yo? Tendré que hablar conmigo ¿no?