miércoles, 13 de julio de 2016

Pedro Guerra / “Los isleños nos las ingeniamos cuando las cosas van mal”


Pedro Guerra

Pedro Guerra

“Los isleños nos las ingeniamos cuando las cosas van mal”



Isleño de Güímar, Tenerife. Es el autor de 'Contamíname', un himno del mestizaje cultural. Ahora vuelve con dos discos, con su música y con versos de Rubén, Rimbaud, Sabina…


Tiene usted cierto aire de muchacho desamparado. 
Es verdad que hay algo de apocamiento, de introversión. Cada vez menos.

Quizá es el carácter isleño, lo que dice Gerardo Diego en un poema que usted canta: “esa pavorosa esclavitud del isleño”. 
Puede que sí. Los canarios tenemos una parte muy sociable; pero la isla funciona en dos sentidos, las ganas de expansión que da un entorno cerrado, pero ese mismo entorno imprime un carácter retraído, celoso de su intimidad.

El hombre es una isla, dice John Donne. 
Absolutamente. El soneto de Gerardo Diego trata de este tema, aunque habla del sueño y el insomnio. Cada uno de nosotros actúa como una isla, nos cuesta salir.

Salió muy joven. ¿Cómo fue ese choque entre la frontera del mar y el continente absoluto? 
Llegué a Madrid hace 23 años, con 28. Ahora ya he vivido dos mitades de mi vida en la isla y en el continente. Entonces conocía poco más que lo que pasaba en las islas. ¡Aquí había cuatro millones de habitantes…! Hacía frío, pero pronto sentí el calor que da encontrarse con gente.


Y fue muy cálida la acogida. 
Venía a buscarme la vida; nunca pensé que ese calor fuera tan rápido. Empecé en Libertad 8 y a los tres meses se llenaba de gente para escucharme. ¡Un año y medio todos los martes! No quiero quitarle mérito a mis canciones, pero algo estaba pasando.

¿Qué pasaba? 
La crisis de los 90 no fue como la de ahora, pero también fue bastante potente. Entonces había ganas de esta música más tranquila, la sociedad quería verse reflejada otra vez en letras que fueran como cartas. La gente ya no reclamaba el pop de los 80.

¿Qué venía a decir? 
Venía a contar cosas de tipo social, político, de relaciones humanas, de pareja. Indagar en la condición humana. Conocernos a nosotros mismos. En soledad. En desamparo.

¿Cómo ve ahora al ciudadano Pedro Guerra?
Soy sereno, tranquilo; me indigna lo que pasa, pero siempre he manifestado mi indignación con serenidad. La crisis ha afectado mucho a los valores. Se ha perdido una batalla grave: gente que se ha quedado al margen. Digo en una canción que el tiempo lo cura todo, “pero no del todo”. No puedes quedarte veinte años igual, pero aunque se pase página las cosas no vuelven a ser iguales.

¿De qué se puede pasar página? 
De todo, pero no del todo. Un conflicto no puede durar toda la vida, un rencor no puede ser eterno.

A usted parece que lo quiere todo el mundo… Ahora colabora, en su disco a partir de versos de Sabina, con Víctor Manuel, con Ana Belén, con Milanés, con Silvia Pérez Cruz, con Silvio, con Miguel Ríos, con Serrat… ¿Hay tanta camaradería como parece en el oficio? 
A nivel particular sí se produce esa camaradería; en México todos cantan con todos; yo tengo buenas relaciones con muchos, pero creo que la generación que me sigue mantiene una camaradería más fuerte entre ellos… Tengo ego, pero en su justa medida, me llevo bien con todo el mundo; hago proyectos a los que puedan venir muchos. Y ahora veo que parece que hay otra vez un momento de camaradería.

¿Acaso porque el oficio se siente amenazado? 
Está amenazado el oficio de los músicos y la cultura en general. El 21% del IVA es una aberración. La crisis ha afectado a la red de teatros que se había creado a lo largo de los 80 y 90. Llegábamos a cualquier público, había auditorios, casas de cultura… Con la crisis ya no puedes volver a esos lugares, están deteriorados, se caen. La realidad complica la pervivencia de la música; va mejorando, pero sigue complicada.

¿A qué le ha obligado ser isleño? 
Esa conciencia de aislamiento enseña a buscarse las castañas del fuego. En Cuba no sólo viven en una isla: viven bloqueados. En 1989, cuando fui, vi cómo hacían antenas caseras con un colador. En Canarias no hemos vivido esa situación, pero Madrid imponía su distancia. A Cuba no llegaban libros; si llegaba uno de García Márquez lo leían quinientos. Los isleños nos las ingeniamos cuando las cosas van mal. Estamos al lado de África, camino de América… Somos mestizos, nos llega información e influencia de todas partes. Fundamental.
Estamos contaminados, como decía usted en su célebre canción. 
¡La canción contamina mucho! Ese concepto lo puede entender un canario como nadie.


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