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lunes, 11 de enero de 2021

Fran Lebowitz / "No siento ninguna pena por Melania Trump"

Fran Lebowitz
Foto de Brigitte Lacombe


FRAN LEBOWITZ: "NO SIENTO NINGUNA PENA POR MELANIA TRUMP"

Hablamos con la escritora, que visita España con motivo de la exposición sobre su amigo, el fotógrafo Peter Hujar, y David Wojnarowicz, organizada por la Fundación Loewe en el marco de PhotoEspaña.

Paloma Rando
28 de junio de 2018


En la veintena, cuando comenzó a escribir, Fran Lebowitz (Morristown, 1950) imaginaba así el inicio de su día perfecto: “Mi forma preferida de despertar es teniendo a cierta estrella de cine francesa susurrándome suavemente a las dos y media de la tarde que si quiero llegar a Suecia a tiempo de recoger mi Nobel de Literatura, tengo que pedir ya el desayuno”.

Cuarenta años después no tiene el Nobel, no sabemos si consiguió hacer realidad lo de la estrella francesa y este día lo ha comenzado concediendo entrevistas a diferentes diarios y revistas españolas. Se ha convertido en una escritora cuya fama es inversamente proporcional al volumen de su obra, compuesta tan solo por dos libros, Metropolitan Life (1978) y Social Studies (1981) , dos antologías que recogen algunos de los textos que escribió durante los setenta. Entonces, además de escribir una columna en la Interview de Warhol, se dedicó a los oficios más diversos para llegar a fin de mes. “Trabajaba lo justo para poder pagar el alquiler y entonces paraba. En cuanto reunía los 121 dólares que necesitaba, paraba. Lo que quería era salir, no hacer nada. Para que surjan ideas es muy importante salir con gente, hablar, sentarse en bares, fumar. Esta es la historia del arte ”.

Salir con gente, hablar, sentarse en bares y fumar no son solo sus actividades preferidas, sino probablemente aquellas a las que les ha sacado más rédito. La primera, porque salir con gente en el Nueva York de los setenta si uno tenía cierto ojo traía garantizado consigo relacionarse con algunos de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Entre ellos, hoy cabe mencionar a Peter Hujar, el fotógrafo cuya obra llega a Madrid acompañada de la de su pupilo y pareja David Wojnarowicz, de la mano de la Fundación Loewe , que ha sido la encargada de traer a Leibowitz por primera vez a España.

La segunda, porque Lebowitz se ha convertido, gracias a su elocuencia, su agudeza y su visión particular de casi todo, en una oradora implacable que se gana la vida hablando. Sus primeras intervenciones televisivas las hizo frente a David Letterman y hoy se la puede ver con cierta recurrencia en el programa de Jimmy Fallon y en el de Bill Maher, además de en un buen puñado de vídeos subidos a YouTube de charlas suyas en actos de muy distinto pelaje. ¿Temas? Casi cualquiera. “Empieza con un asunto y ella lo convertirá en un riff, como un músico de jazz. Es el tempo, la historia que cuenta, los remates, las pausas, es como la música”, así describió su capacidad su amigo Martin Scorsese, que en 2010 le dedicó el documental Public Speaking . Es fácil, al sentarse frente a ella, fantasear con decirle: “Tócala otra vez, Fran”.

Fran Lebowiz



Su anterior viaje al extranjero fue a Australia y usted lo definió como una pesadilla por la duración del vuelo. ¿Qué le animó a venir a Madrid?

Lo primero, que está mucho más cerca. Solía pensar que viajar a Europa era un vuelo largo, pero ahora me parece que es como ir a Boston. Nunca antes había estado en Madrid, y nunca habría pensado “ojalá pudiera ir a Australia”, pero hay muchas cosas en Madrid que siempre he conocido, así que es una oportunidad genial para mí.

No sé si lo sabe, pero en los ochenta Pedro Almodóvar creó un álter ego, un personaje femenino [Patty Diphusa] que utilizaba para escribir textos autobiográficos. Él ha contado que ese personaje estaba basado parcialmente en usted. Quería replicar su tono amoral e ingenioso.

No tenía ni idea. Él es uno de mis directores de cine favoritos, no solo de los directores vivos, sino de toda la historia del cine. No recuerdo cuándo fue, unos años atrás, cuando hizo aquella película de la gente que trabajaba en aquel avión [Los amantes pasajeros]. El estreno en Nueva York fue en el Lincoln Center. Fui con un amigo y cuando nosotros entrábamos en el recinto, él salía. Lo reconocí inmediatamente, pensé: “¡Oh, Dios mío, es Almodóvar!”. Él me dijo: “Mi sueño siempre ha sido escribir como Fran Lebowitz”. Y yo le contesté: “El mío también”. Y esa ha sido la única vez que he coincidido con él.

Fran Lebowitz, 1974
Photo by Peter Hujar



Peter Hujar le hizo en 1974 esa famosa foto en la que usted está tumbada sobre la cama, solo cubierta por las sábanas. ¿Puede recordar el momento en el que se hizo? 

Ni siquiera me di cuenta cuando hizo esa foto. Todo el mundo cree que era mi apartamento, pero era la habitación de mi hermana pequeña en casa de mis padres. No recuerdo cuándo la hizo y ni siquiera la había visto hasta hace poco, pero más o menos hace cinco años la gente me empezó a llamar por esa foto. Me decían: “Lena Dunham ha tuiteado esta foto tuya”, así que alguien me la enseñó en su teléfono, porque yo no tengo ninguno de esos aparatos modernos. Me enteré de que la foto estaba expuesta en una pequeña galería del Soho, así que fui a visitarla y todo el mundo creía que era en mi apartamento. Peter venía mucho a casa de mis padres, se quedó a dormir algunas veces. No le recuerdo haciendo esa foto, pero siempre llevaba su cámara colgada, así que creo que tuvo que venir a la habitación y preguntarme si podía sacarme la foto. La gente me dice que es imposible salir así recién despierto y siempre les respondo que cuando tienes 24 años es posible.

¿Qué consejo le daría a la Fran Lebowitz de entonces?

“Tienes que pensar más en el dinero, Fran”. Mi problema es que odio el dinero, pero me encantan las cosas. Es una combinación horrible. Me encantan las cosas, me encanta la ropa, me encantan los muebles. Y si te gustan las cosas, debería gustarte el dinero. Si odias el dinero, deberías odiar las cosas, pero yo no soy un monje budista.

Antes mencionaba a sus padres, ¿le animaron ellos en algún sentido a convertirse en escritora? Lo digo porque uno de sus mantras consiste en que hay que desanimar a cualquiera que tenga ambiciones artísticas.

Mis padres nunca me animaron a ser escritora, tampoco me desanimaron. Lo que la gente no parece recordar, incluso la gente de mi edad, es que de las chicas entonces no se esperaba que hicieran nada. Simplemente no me prestaban ningún tipo de atención. La gente me pregunta a menudo si mis padres querían que fuera escritora. No. “¿Entonces qué querían que fueras?” Una esposa. Así nos criamos las chicas en los años cincuenta. Yo conté que quería ser escritora a los seis o siete años y no dijeron nada. Si hubiera sido un chico, me lo habrían prohibido. El reverso de no ser tomada en serio es que tampoco te prohíben nada deliberadamente. De las chicas se esperaban muchas cosas, pero ninguna profesional: casarse y tener hijos. Y todo lo que mi madre me aconsejó fue sobre eso.

En los setenta usted empezó a escribir una columna en la revista Interview y al mismo tiempo trabajaba como taxista para poder pagar el alquiler. ¿Qué echa más de menos, conducir un taxi o escribir una columna?

(Ríe) Ser taxista es una de las cosas más horribles que he hecho nunca. Tuve millones de trabajos de ese tipo cuando era joven. También fui asistenta. Pero la realidad es que odio todos los trabajos. Sinceramente, no me gusta trabajar. Así que no importa qué clase de trabajo sea, soy muy vaga, no me gusta trabajar. Nunca he tenido algo parecido a un trabajo realmente interesante, pero creo que tampoco me gustaría. A lo largo de mi vida he conocido a mucha gente que no tenía por qué trabajar, pero trabajaba igualmente, y que siempre se excusaban diciendo: “Hay que hacer algo”. No, yo no haría nada.

Ahora que Interview ha cerrado temporalmente, y Graydon Carter se ha marchado de Vanity Fair USA, ¿cree que esto es el fin de una era para las revistas dedicadas a la cultura y a la celebridad?

Creo que, como seguramente tú también sabes, ahora no es un buen momento para el negocio de las revistas. El sector no tendría que haber llegado hasta esta situación después de todos los avisos que ha estado recibiendo de otros sectores. Aun así, las revistas no funcionan como los periódicos. No recuerdo el dato exacto, pero creo que ahora mismo la edad media de la gente que lee periódicos en papel es de 55 años. Si la edad media de la gente que come manzanas fuese 55 años, nadie plantaría un árbol. A la gente joven le gustan las revistas, lo sé porque no paran de dármelas. Me envían revistas e incluso empiezan sus propias revistas, pero creo que los dueños de las revistas no están prestando la atención adecuada a lo que está ocurriendo.

En Metropolitan Life usted incluyó un texto suyo titulado “Ropa con fotos o textos en ella: sí, otra queja”. ¿Qué piensa de la chaqueta de Melania?

Independientemente de su intención, que es difícil de entender, ha ido más allá de cualquier límite. Pero para mí, peor que el hecho de que llevara esa chaqueta es que sea primera dama. Lo peor no es lo que dice o lo que lleva, lo que es inconcebible para mí es que él sea el presidente de los Estados Unidos. Muchas mujeres que conozco sienten lástima por Melania Trump. Yo no. No siento ninguna pena por ella. Esto es algo que ella ha elegido.

Creo que a veces se la trata con condescendencia.

Sí, la gente dice “Oh, pobre Melania”. Adivinad qué podría haber hecho en lugar de casarse con él: podría haber trabajado.

¿Cree que se utiliza demasiado alegremente la palabra con efe, y por la palabra con efe me refiero a “fascismo” hoy en día? ¿O cree que realmente estamos asistiendo a un nuevo auge del fascismo?

En Estados Unidos estamos más cerca de ello de lo que lo hemos estado nunca, no en el tiempo que llevo viva, sino en toda su historia. Las situaciones nunca son análogas, pero alrededor del mundo estamos viendo mandatarios autócratas y la democracia se está desgastando. Esto es algo que se podría parar. Pero para ello es necesario que la gente haga algo más que quejarse. En Estados Unidos el número de gente que vota es realmente pequeño. Debería votar mucha más gente y hacer algo más que votar. Uno de los grandes problemas de Estados Unidos es que la política se ha convertido en un entretenimiento, así que la gente piensa que no ha leído lo suficiente, ni ha tuiteado lo suficiente, ni ha visto lo suficiente. Y eso es hacer nada al respecto. Eso es entretenerse.

A pesar de no haber ganado el Nobel de Literatura, ¿ha conseguido de algún modo esa manera perfecta de despertar con la que soñaba?

Para mí, la mejor manera de levantarme es no hacerlo. Mi día perfecto es de noche.

VANITY FEAR


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