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domingo, 13 de enero de 2013

Néstor Sánchez / La leyenda del escritor linyera



Néstor Sánchez, uno de los escritores argentinos más elogiados de la época del boom. Aclamado por Cortázar y Sarduy, en los 70 dejó la literatura y eligió vivir en la calle. Murió en 2003 y hoy es de culto. 


Néstor Sánchez
LA LEYENDA DEL ESCRITOR LINYERA

Por Ezequiel Alemián
Especial para Clarín
11 de enero de 2013

Genio y figura. El escritor, en una imagen facilitada por su hijo Claudio.

No demasiado tenidas en cuenta por la academia, esterilizadas por los medios, las vidas de los grandes escritores regresan siempre a la literatura con nuevos cuestionamientos. Néstor Sánchez fue un gran escritor. Con cuatro novelas publicadas, elogiado por sus pares (Silvia Molloy, Julio Cortázar, Severo Sarduy), traducido en Europa, en los 70 se le perdió el rastro, hasta que en 1982 su hijo recibió de Los Angeles unas líneas: era la dirección de la playa de estacionamiento donde Sánchez dormía, convertido en un linyera.

Criado en Villa Pueyrredón, amante del tango y del free jazz, inspirado por los surrealistas argentinos y admirador de Kerouac y de los beatniks, Sánchez no creía en los argumentos ni en los personajes: “No hay que escribir nada que pueda contarse por teléfono”, decía. Y agregaba: “El ritmo de lo que ocurre es lo que mejor define mi trabajo narrativo. La historia interesa y no interesa, el lenguaje interesa más que la historia”.

Sánchez seguía los códigos del escritor lumpen: no hacer carrera literaria; no presentarse a premios; no trabajar en periodismo ni en publicidad.

Un libro de Osvaldo Baigorria, Sobre Sánchez, reconstruye ese desvanecerse de la vida del escritor. No es una biografía de Sánchez sino más bien la crónica de una inquietud personal. El interés de Baigorria no está en la literatura de Sánchez, sino en eso mismo que en 1998 lo llevó a escribir Anarquismo transhumante, crónicas de crotos y linyeras . ¿Qué es lo que lleva a un hombre a desertar, a abandonar? ¿Por qué se fugó Sánchez? ¿Por qué dejó de escribir?

Hay un nombre que se repite, y es el de Gurdjieff, un místico ruso del siglo XIX que propugnaba la desautomatización y la ruptura de los hábitos como forma de recordarse a sí mismo, ser auténtico, entero, y mantenerse alerta. Existen métodos (Trabajos) para profundizar esa desautomatización, que Sánchez seguía estrictamente, como escribir y hacer todos los gestos cotidianos con la mano izquierda, o caminar durante horas con una piedra en un zapato, para sentir la iluminación del dolor, y luego la iluminación del fin del dolor. La experiencia no miente. No hay que mistificar lo que se experiencia.

Sánchez empezó a leer a Gurdjieff a fines de los ’60. En un viaje a Venezuela se vinculó con la hija de uno de los primeros discípulos, y en Francia con sus seguidores más importantes. Ya había escrito sus primera novelas: Nosotros dos (1966) y Siberia blues (1967). Durante esos años escribirá El amhor, los orsinis y la muerte (1969) y Cómico de la lengua (1973), sus libros más difíciles. Todos fueron reeditados en los últimos años. En 1975, en París, muere su pequeña hija, de pocos meses de edad. Sánchez empieza a tener alucinaciones auditivas que le ordenan caminar sin pausa durante varios días, perdiendo ropa y puntos de referencia. Después está en Los Angeles, después en Nueva York. Convencido de las enseñanzas de Gurdjieff, Sánchez creía que viviría hasta los 300 años.

Recién en 1986, con un pasaje pagado por su madre, vuelve al país. Sólo trae consigo un bolso de mano con un espejito y una navaja para afeitarse. Como si hubiese querido volver a la literatura, retomar un hilo después de tanto silencio, en 1988 publica un libro de cuentos con una fuerte marca autobiográfica: La condición efímera . Y volvió a callarse. Cuando le preguntaban por qué no escribía más, él respondía: “perdí la épica”. Néstor Sánchez murió en 2003.

En su investigación, Baigorria les pregunta a escritores amigos de Sánchez por la influencia de Gurdjieff. Liliana Heer le responde que el Trabajo de Gurdjieff le permitió a Sánchez escribir y publicar por lo menos tres libros: El amhor…, Cómico de la lengua y La condición efímera. Para Hugo Savino, en cambio Gurdjieff le “estragó” el verbo a Sánchez. “Imaginate, un escritor de su estatura, someterse a la violencia de no escribir para dedicarse al Trabajo”, señala.

Baigorria arriesga una tercera hipótesis: Gurdjieff no incitó a Sánchez a dejar de escribir. Le permitió elaborar el duelo por haber abandonado la escritura, algo implícito “en la concepción de Sánchez del arte y de la vida. El abandono, la deserción, configurarían su gesto como artista”, dice Baigorria. Y concluye: “Sánchez perdió la épica, pero no la ética.”

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ficcion/leyenda-escritor-linyera_0_845315627.html


Néstor Sánchez

Néstor Sánchez

Una quimera evanescente

Sobre la base de numerosos testimonios, Osvaldo Baigorria tienta, de manera muy personal, la escritura de una biografía del huidizo escritor argentino Néstor Sánchez
Por Ramiro Quintana  | Para LA NACION


En el principio fue, para Osvaldo Baigorria, una imagen, una fotografía que acompañaba la entrevista a Néstor Sánchez publicada en la revista Cerdos & Peces , en mayo de 1987. En esa fotografía, aparecía un hombre de barba rala que, en contraposición al aspecto de un escritor de entrecasa, era "casi un artesano en feria hippie ". Difícil -si no imposible- no pensar que se trataba de un retrato del propio Sánchez, luego de dieciocho años de itinerancia continua, sobre todo para quienes -como a la sazón Baigorria- desconocían al autor de Cómico de la lengua . Unos cuantos años más tarde, sin embargo, Baigorria se daría cuenta por otro artículo periodístico de que aquel hippie , que aún refulgía en su memoria, no era Sánchez, cuya traza se correspondía, en todo caso, con la de un tanguero. Equívoco mediante, lo que importa aquí es que para ese entonces Baigorria ya estaba bajo el efecto Sánchez.
Ahora bien, más concretamente aquello que estimuló a Baigorria a investigar acerca de Néstor Sánchez (1935-2003) se cifra, como él mismo hace explícito en las primeras páginas del libro, en dos interrogantes que no conducen sino al desvío y, en un sentido amplio, a la pérdida. Baigorria se pregunta, pues, por la génesis de la renuncia de Néstor Sánchez a la escritura y, consecuentemente, por los años que éste pasó como vagabundo, apegado al Trabajo de Gurdjieff, en Nueva York y en Los Ángeles. Si la voluntad de desacato fue, en lo que se refiere al autor de La condición efímera , lo que estableció que vida y obra vibraran como -para decirlo con palabras de H. A. Murena- "un traslúcido entrecruzamiento de acordes", por su parte Baigorria, sensiblemente ejercitado en el ritmo del deambular serpenteante, entiende que la aproximación a la figura fugitiva de Sánchez, el ir tras esa quimera de faz evanescente, se vuelve posible sólo si se toca, si se improvisa encima de él, pero sin recalar en la identificación mimética ni en los remilgos de la hagiografía. Va en pos, entonces, de una coalescencia sustentada en motivos e intensidades, que tienen por raigambre el espíritu nómade, el ir en contra de "la murga", común a ambos. Por eso, Baigorria -oído alerta- dice que escribe con Sánchez. Deriva así su prosa, relampagueante y desamarrada, creando las condiciones para que esa intimidad, esa soledad compartida, se desarrolle, sin importar que eso suponga quedar expuesto al contagio "no de una prosa sino de un aura". "Todo proceso auténtico de escritura es un proceso de pérdida", decía Sánchez. Y Baigorria no puede sino suscribir, detallando que, una vez inmerso en la escritura de Sobre Sánchez , perdió "dinero, ocupación, rumbo, sentido, tierra firme y salud (también mental)". Es que la función creativa, es dable decir siguiendo a Bataille, compromete la vida misma del que la asume. Cuando siente que la empresa lo sobrepasa, Baigorria repite para sus adentros, a modo de amansalocos que lo mantiene a flote, "yo remo", aludiendo al poema de Michaux del mismo título. Nada más pertinente acaso para quien, establecido en una isla del delta del Paraná, ve cómo el terreno en el que está construida su casa empieza a inundarse mientras intenta escribir Sobre Sánchez . La biografía de Baigorria, que incluye también un periplo rico en aventuras por América del Norte, se infiltra tumultuosamente en el cuerpo de la investigación, prolifera en extensas notas al pie que conforman una de las tres secciones del libro, ligando notas propias sobre el diapasón que ofrecen las circunstancias biográficas de Sánchez.






Osvaldo Baigorria hace, asimismo, acopio de testimonios de quienes, en distintos momentos, fueron parte de la vida de Sánchez. De todos ellos, el más conmovedor es, quizás, el de su hijo Claudio, no sólo por el lazo de sangre, sino también porque, a partir de su relato, se atisba la magnitud del -si cabe- despertar metafísico de su padre y cómo éste incidió en el vínculo entre ambos. Tras más de una década de búsqueda infructuosa, Claudio recibe una carta, firmada por una mujer de nombre Cecilia, con la dirección de su padre. Así, se entera de que vive en Los Ángeles y le escribe para saber cómo está. Como respuesta, recibe una parrafada distante y hermética, escrita bajo el influjo de Gurdjieff. Luego del impacto, y para mantener el contacto, Claudio entra en la frecuencia de su padre. Ese intercambio epistolar preludiará el regreso de Néstor Sánchez a Buenos Aires.
Sobre Sánchez es, en suma, un libro hecho de múltiples y luminosas fibras que "hurga en la rajadura de la tela".

http://www.lanacion.com.ar/1544304-una-quimera-evanescente


Sin atenuantes

LA RESURRECCIÓN DE NÉSTOR SÁNCHEZ

Sin atenuantes

Este año se reeditaron sus dos primeras novelas en España y un libro de conversaciones en Argentina. Aproximación a la vida y a la obra de un escritor que siempre vuelve.

Por Gonzalo Leon
Perfil, 21/ 97 / 12



1. La desaparición. “¿Alguien sabe dónde está mi padre?”, preguntaba en 1982 Claudio, hijo de Néstor Sánchez, un escritor de culto que en ese momento ya había publicado buena parte de su obra: Nosotros dos (1966), Siberia Blues (1967), El amhor, los orsinis y la muerte (1969) y Cómico de la lengua (1973). Claudio, quien no tenía noticias de su padre desde finales de 1972, había iniciado la búsqueda de su padre en 1978. La hipótesis de que había sido capturado y desaparecido por la dictadura rondaba su mente. La agente literaria Carmen Balcells entonces respondió a la inquietud de Claudio: “Tu papá desapareció completamente de mi órbita”. En junio de 1982 por fin tuvo noticias de él y, pese a que en 1986 regresó a Buenos Aires y dos años más tarde publicó su primer libro de relatos (La condición efímera), lo cierto es que para la gran masa de lectores es un escritor que desapareció hasta su muerte, en 2003, o si es preciso rectificar, hasta este año, en el que una editorial española reeditó sus dos primeras novelas y hasta la reciente publicación de El drama sin atenuantes: conversaciones de Néstor Sánchez y Carlos Riccardo (Letranómada); además, dentro de unos meses Editorial Mansalva reeditará Nosotros dos y una aproximación a su vida y obra escrita por Osvaldo Baigorria, y no sólo eso, porque para el próximo año su hijo prepara la edición de un libro de cartas.

2. La importancia. A esta altura, con tanta avalancha de publicaciones, se hace necesario consignar la importancia de la obra de Néstor Sánchez, porque para algunos no es más que uno de los tantos epígonos de Julio Cortázar y para otros, como Damián Tabarovsky en Literatura de izquierda, es parte de un contracanon que surgió en los ochenta y que incluye a Héctor Libertella, Fogwill, César Aira, Osvaldo Lamborghini, Manuel Puig, Copi, Néstor Perlongher, Héctor Viel Temperley, Alejandra Pizarnik y Ricardo Zelarayán. Este nuevo canon, según Tabarovsky, “implicó un antes y un después, un corte epistemológico que incluso sirvió para erosionar (ya que es imposible derrocar) al Gran Canon Nacional. Puig sirvió para cargar contra Borges, Lamborghini contra la derecha literaria y Néstor Sánchez para crear una nueva tradición urbana post-arltiana”.


3. Influencias. Basados en el epígrafe de su primera novela y en los comentarios elogiosos del mismo Cortázar en La vuelta al día en ochenta mundos (“Sánchez tiene un sentimiento musical y poético de la lengua”), se siguió insistiendo en lo de epígono. Sin embargo, la influencia de Roberto Arlt es evidente, sobre todo en su primera novela donde aparece nombrado dos veces. Enrique Vila-Matas –quien hace un año escribió que la lectura de Nosotros dos fue decisiva para escribir su primer relato– tiene un miniensayo en donde explica el modo para detectar la estética arltiana en uno de sus aspectos: “Roberto Arlt, al escribir sobre ventanas iluminadas en la alta madrugada, decía: ‘¿Cuántos crímenes se hubieran evitado si, en ese momento en que la ventana se ilumina, un hombre hubiera estado ahí espiando?’. Esto lo escribió mucho antes de que tuviéramos noticia de cierta ventana indiscreta…”. Para comprobar la influencia de Arlt en Sánchez sólo basta leer el primer párrafo de Nosotros dos: “La tarde en que me asomé definitivamente a esta ventana una mujer sola con una malla roja tomaba sol entre las sábanas recién tendidas”. Pero Sánchez es más que Arlt o Cortázar. Como escribe Mariano Fiszman en el prólogo del libro de conversaciones, él era un escritor “muy literario (citas, referencias, máxima atención al lenguaje, escritura poemática), y cuyos libros son una buena muestra de la cultura del momento en que se escribieron”. En su obra ocurre el vagabundeo –en Nosotros dos, por ejemplo, el protagonista recorre desde Villa Urquiza hasta Banfield, pasando por Olavarría, Congreso, Colegiales, Constitución, Caballito; en Cómico de la lengua la acción se traslada a un Estados Unidos irreal –tal como ocurrió con su vida personal–. Los beatniks, los surrealistas franceses, el jazz, el tango, la poesía son sus otras influencias. Quizá de ellos llegó a la conclusión de que, como dice Osvaldo Baigorria, no hay que ficcionalizar, sino más bien “captar el ritmo de lo que sucede”. En palabras de Sánchez: “hay una escritura ficcionalizadora, digámoslo así, que propugna la acumulación de acontecimientos, de pautas, mientras que la verdadera escritura, la mejor orientada, significa un período de pérdida”.

4. Conversaciones (primera parte). Osvaldo Baigorria lleva más de veinte años interesado en la figura y en la obra de Sánchez. A finales de los ochenta una entrevista a él en la revista Cerdos & Peces le llamó la atención al hablar de la conducta del lumpen: “Antes, los que seguían el camino del lumpen tenían las cosas muy claras. El código del escritor lumpen, del poeta, era sencillo: 1) No hacer la carrera literaria, 2) No ganar ningún premio nacional, 3) No hacer periodismo y 4) No hacer publicidad”. En esa misma entrevista contaba cómo había subsistido en Estados Unidos con dos dólares por día. Al igual que Sánchez, Baigorria ha tenido una vida relativamente nómade. Por eso, entre tantas cosas, “mi manera de investigar no tiene que ver con situarme fuera del objeto, porque eso hubiera sido una impostura”. Este autor conocido por el libro de cartas de Néstor Perlongher, Un barroco de trinchera, aclara que lo que está terminando no es una biografía: “Para mí el gran enigma a descifrar de la vida de Néstor Sánchez es cuando renuncia a la escritura. Pero en ese enigma sólo puedo aproximarme, porque él abandona la escritura para dedicarse a una disciplina corpo-espiritual que lindaba con la locura”. El libro de Baigorria es un híbrido: tiene partes de ensayo, de diario de vida, de memorias y de narración. “Si tuviera que llamar esto de alguna manera lo haría como postransbiografía: escribir con Sánchez en vez de escribir sobre Sánchez”.

5. Su misticismo. Néstor Sánchez no fue el primero ni el último escritor o artista seducido por las enseñanzas del ruso Georgi Gurdjieff. Cayeron bajo su seducción escritores como Katherine Mansfield y Rene Daumal, pero también el director de teatro y cine Peter Brook. La principal difusora de las enseñanzas de este “cristiano esotérico” fue Madame de Salzmann, que había conocido a Gurdjieff en el Cáucaso durante la Primera Guerra Mundial. Gurdjieff murió en 1949, por lo que Sánchez no lo conoció directamente; gracias al libro de memorias de Peter Brook, Hilos de tiempo, podemos tener una idea de sus enseñanzas: “En un estado más burdo, todos los argumentos son válidos porque todas las elecciones son la misma. El enigma es cómo descubrir qué puede conducirnos a otro estado, más hondo, más auténtico... El esfuerzo sólo tiene cabida si conduce a un misterio llamado ausencia de esfuerzo…”. El contacto con estas enseñanzas hizo viajar a Brook por Afganistán y Cuba, e influyó en su obra, renovando el teatro de su época con montajes como Mahabharata y Marat Sade. Pero también en el cine se notó esta influencia: el guión de su película Encuentro con hombres notables (1979) lo escribió junto a Madame de Salzmann, y está basado en el libro homónimo de Gurdjieff. Al comienzo de la película hay una secuencia reveladora: un grupo de músicos a los pies de una montaña participa de una especie de competencia, hay personas observando el desempeño de los músicos por toda la montaña, pero la decisión final no la toma ni la gente ni un jurado, sino la naturaleza, o la extensión del eco en la montaña. A diferencia de Brook, Sánchez mantuvo contacto con el hijo de Madame de Salzmann, Michel, quien había creado la Fundación Gurdjieff de Caracas. ¿Pero cómo este escritor se hace seguidor de Gurdjieff? En 1967 Sánchez llega a Lima y acude a uno de los encuentros que lo iniciarían en el aprendizaje de este cristiano esotérico. “Las cosas escuchadas y lo poco leído me dieron una impresión muy grande”, cuenta Sánchez en el libro de Carlos Riccardo. Cuando regresa a Buenos Aires le informan que hay un instructor y la influencia personal de este misticismo pasa a su narrativa, especialmente en El amhor, los orsinis y la muerte (ver recuadro). “Después quemo las naves”, prosigue, “y me voy a Iowa con una beca, que no soportaré. Recalo en Nueva York. Conozco a Nathalie, que es la hermana de Michel”.

6. Conversaciones (segunda parte). Carlos Riccardo es escritor, traductor y fue coeditor de la revista tsé-tsé. Cuando tenía una librería, después de una estadía en México, se encontró entre los anaqueles con Siberia blues. Riccardo recuerda que cuando leyó el epígrafe de Charlie Parker y luego el primer párrafo, no pudo parar. Hoy el libro de conversaciones entre él y Sánchez es una realidad y considera que con él ya pagó una deuda, ya que no quería que apareciera con Néstor vivo; luego, distintas circunstancias volvieron a postergar su aparición. Hoy ya está en librerías y “más que un libro de entrevistas o de diálogos, éstas son parte de las conversaciones que sosteníamos en diversos bares; son, por decirlo así, improvisaciones, en las que tomábamos cerveza, comíamos, hablábamos de literatura, o bueno, yo trataba de hablar de literatura, porque él quería saber qué le había pasado”. Riccardo cuenta que Sánchez sufría mucho con lo que él llamaba “toques”, que era cuando le daba por caminar y caminar sin destino por Buenos Aires. La mayoría de las veces terminaba internado en el Borda. Discrepa con la creencia de que Sánchez no hubiera querido hacer carrera literaria, sí quiso hacerla, “pero se le metió Gurdjieff en el camino, y eso lo jodió. Hubo cosas en las que él creyó, como en este misticismo o en vivir mil años, estoy dando un ejemplo burdo porque nunca me interesó adentrarme en Gurdjieff”. Carlos Riccardo empezó a frecuentar a Néstor Sánchez cuando estaba corrigiendo La condición efímera; por esos años Sánchez quería crear el Grupo de los Diez con una intención que excedía lo literario. Dentro de los aspectos biográficos, le duele que este autor haya tenido que vivir en la calle en París, y concuerda con que era un escritor lumpen: “Es uno de los temas en la vida y en la obra de Néstor y hay por cierto varios elementos que giran alrededor: la presencia del jazz y del tango en su obra y su escritura improvisada o poemática”. La literatura que le gustaba a Sánchez era aquella que no se podía resumir por teléfono, “por eso los libros de Néstor no se pueden contar o resumir, ¡hay que leerlos!”. Según Riccardo, tarde o temprano este libro hubiera salido a la luz porque “Néstor es un escritor de culto que siempre va a encontrar gente que mueva su obra, porque está viva”.



7. El hijo. En 1982, cuando Claudio Sánchez recibe noticias del paradero de su padre comienza a recibir correspondencia de él. Curiosamente las cartas eran instructivas, en cambio las dirigidas a su madre eran explicativas. Pese a retomar el contacto, Néstor Sánchez siempre estuvo convencido de que así como no podía dedicarse a los negocios tampoco podía “formar una familia”, cuestión en la que su hijo ahora concuerda. Quizá la temprana muerte del abuelo de Claudio a los dieciocho años hizo que su padre estuviera en contacto, anticipadamente, con ese hecho inevitable, que él consideraba “antiético”. La imposibilidad de formar una familia, pese a tenerla, y la inminencia de la muerte, y combatirla, son algunas de las paradojas de su vida. Claudio Sánchez piensa que la muerte de su abuelo liberó a su padre en algún punto: “Es muy difícil que un porteño considere que tiene que irse para siempre de Buenos Aires, tienen que darse coordenadas muy fuertes para que eso suceda”. El verbo ir o irse está conjugado en la obra de Sánchez de distintas formas: siempre hay un personaje en un andén, que ya se fue, que está a punto de irse o que sencillamente desapareció. “Sé que en un momento sintió que debía salir al mundo”, dice Claudio, pero además su padre rompió con el barrio: “¿Sabés lo que es para un porteño romper con su barrio?”. 



Pese a lo que se cree, Néstor Sánchez no era de Villa Urquiza, sino de Villa Pueyrredón. Más allá del barrio, la voz de Sánchez es tan singular, que para su hijo llegó a ser algo tangible, ya que él digitalizó en CDs los casetes de las conversaciones entre su padre y Carlos Riccardo, y por mucho tiempo “consumió su voz”. Quizá por eso quiere que se conozca la obra de su padre, porque, tal como adelanta, hay más: nada menos que un libro con unos inéditos en preparación. Concluir que hay Sánchez para rato no sería novedad; decir que siempre estuvo tampoco; porque eso es precisamente lo que hace un escritor sin atenuantes: perdurar más allá de la muerte.

http://www.perfil.com/ediciones/2012/7/edicion_696/contenidos/noticia_0001.html



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