Milo Manara / "El erotismo ha perdido el rol libertario y de liberación de las mentes"
Milo Manara Foto VICTÒRIA ROVIRA /
Milo Manara: "El erotismo ha perdido el rol libertario y de liberación de las mentes"
El dibujante italiano ha creado a las más bellas mujeres (casi siempre semi-desnudas) y es la estrella de la feria Cómic Barcelona con su sensual versión de 'El nombre de la rosa'. "Es como estar frente a una catedral", compara.
A sus espléndidos 80 años, Milo Manara tiene algo de filósofo, de humanista. Los antiguos griegos ya hicieron del eros uno de sus temas favoritos de discusión y Manara lleva décadas dibujando un erotismo que va más allá del sexo: su categoría es la de la belleza (sobre todo, de la mujer). Leyenda del fumetto italiano, Manara se pasea por la feria Cómic Barcelona con un elegante traje y una camisa blanca de botones negros. Acaba de lanzar el cierre de su adaptación gráfica de El nombre de la rosa (Lumen y, en catalán, Norma), que Umberto Eco publicó en 1980. Esa novela tan erudita como su autor, plagada de alocuciones en latín (Manara las mantiene), teología medieval, debates filosóficos y referencias a Aristóteles se convirtió en un best seller mundial con más de 50 millones de ejemplares vendidos. Pero incluso en este thriller ambientado en una abadía medieval, entre monjes y sin apenas rastro de personajes femeninos, el italiano desliza a sus bellísimas chicas Manara.
¿Qué significa recuperar a Umberto Eco, uno de los grandes intelectuales que unió alta cultura con la más popular? De hecho, era un gran admirador suyo...
Bueno, antes que nada, yo hice este trabajo porque me lo propuso La nave di Teseo, que es la editorial fundada por Umberto Eco, y por la insistencia de sus hijos. Conocí personalmente a Eco, pero tuvimos una relación muy limitada y esporádica. En realidad, la anécdota más importante tiene que ver con su hija. En la época en que publicaba en la revista Linus la directora me dijo que a Carlotta Eco le gustaría tener un dibujo mío. Le regalé una tira de Giuseppe Bergman, el personaje que estaba dibujando entonces. No pregunté la edad de la chica y le regalé un dibujo un poco erótico... Tampoco demasiado, eh, pero cuando al cabo de un tiempo me encontré con Eco me reprendió por haberle regalado ese dibujo. Lo hizo de una forma muy paternal...
¿Cuántos años tenía su hija?
¡Aún era una adolescente! Y todavía guarda el dibujo. Fueron los hijos quienes me convencieron para afrontar este trabajo gigantesco. Porque El nombre de la rosa da miedo: es como estar frente a una catedral [el libro tiene más de 700 páginas] y tener que quitar casi todo pero dejando en pie los cimientos para que no se derrumbe.
La película de 1986 de Jean-Jacques Annaud marcó el imaginario popular: Guillermo de Baskerville tiene el rostro de Sean Connery y el novicio Adso es Christian Slater. Sus personajes son muy diferentes...
Es una gran película, pero es la visión de Annaud, no la mía. Busqué dar una lectura visual más fiel al texto original. Para mí, El nombre de la rosa también es también una novela de formación, la del joven Adso. De hecho, en un apéndice del texto, Eco escribe que el primer título que había pensado era Adso de Melk. Con su fina ironía añade que el protagonista de las novelas de Conan Doyle no es Sherlock Holmes, sino Watson. El verdadero protagonista es Adso.
Eco dedica 15 páginas a la escena de sexo entre Adso y una campesina. Usted también aprovecha la única escena erótica de la novela...
¡Ya había salido de mi territorio contando las historias de los monjes! Eco le dedica mucho espacio a este encuentro, que está extraordinariamente contado, es bellísimo. Gráficamente busqué restituirlo con el lirismo y el erotismo que le dio Eco: utilizó las palabras del Cantar de los Cantares para describir a esta muchacha, esta visión, esta epifanía...
Ella parece una diosa...
¿Quién es esta criatura bella como la luna, resplandeciente como el sol, terrible como un ejército en orden de batalla? [recita el Cantar de los Cantares e incluso se sonroja un poco] Esta es la descripción de un muchacho frente a una mujer desnuda. Nunca he leído una más extraordinaria.
¿Cómo ha cambiado el erotismo desde que empezó a dibujar en los 60? En aquella época era transgresor y liberador pero, ¿hoy?
Ha perdido completamente el rol libertario y de liberación de las mentes -la mía, la primera- que tenía cuando empecé. En aquellos años hubo un gran movimiento popular que liberó las relaciones personales y las estructuras sociales. Políticamente quizás no fue tan importante, quizás incluso empeoró, pero socialmente cambiaron muchas cosas. Desde el punto de vista cultural soy un sesentayochista. No llegué al 68 por la vía política sino por la cultural, como muchos otros. Entonces teníamos en las manos a Kerouac: En el camino, Los vagabundos del Dharma, Los subterráneos... Nos abrieron los ojos a otra realidad. Todos los poetas de la generación beat, incluso el Ulises de Joyce, los Beatles, los Rolling Stones... Fue un terremoto cultural. ¡Y cuando Mary Quant puso de moda la minifalda! El erotismo se insertaba justo en esa corriente de renovación, en la liberación sexual. Y yo me desaté con el erotismo, liberándome, primero, a mí mismo y luego, liberando también mi oficio, sin tener ni la intención ni la conciencia de hacer algo revolucionario.
Ahora prácticamente no se habla de erotismo...
Nunca la pornografía había sido tan fácilmente accesible, hasta para los niños. La elaboración cultural del sentido está completamente ausente. Porque el erotismo es eso: una elaboración cultural. Aunque también me parece que está ausente de las relaciones entre las naciones: se hace la guerra, se disparan unos a otros... No hay diálogo. El 7 de octubre, Ucrania, Irán... Todas las tragedias a las que estamos asistiendo están basadas en la ausencia total de elaboración cultural de las relaciones. Nosotros tenemos una cultura y el homicidio, el asesinato, el disparo, el cañón son la negación de la cultura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario