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lunes, 27 de abril de 2015

Oscar Collazos / Borges / Sobre héroes y traidores

Jorge Luis Borges



Oscar Collazos

Sobre héroes y traidores

"El tema del traidor y del héroe"
El tiempo
Jorge Luis Borges publicó en 1944 "Tema del traidor y del héroe", uno de los magistrales relatos de Ficciones. Aunque el autor conjetura que podría tratarse de "Polonia, Irlanda, la república de Venecia, algún Estado sudamericano o balcánico...", sabemos que transcurre en la Irlanda del siglo XIX. Para más señas, "en un país oprimido y tenaz" y en el que la historia tiene de protagonista a Fergus Kilpatrick, "un secreto y glorioso capitán de conspiradores".
Las fechas, la acción y los personajes son imaginarios. También la trama. En el relato de Borges, imaginamos un "país maduro para la rebelión" y un conclave de conspiradores a cuya cabeza se encuentra Kilpatrick. Pero pese a la inminencia del triunfo, se teme que exista un traidor en el interior del conclave. Y es el mismo Kilpatrick -en un juego borgiano que evoca a Chesterton- quien encomienda a James Nolan la tarea de encontrar al traidor.

Las pesquisas conducen a una verdad desconcertante: el traidor es el mismo Kilpatrick. Y Nolan demuestra "con pruebas irrefutables la verdad de la acusación", es decir, que el héroe de los conjurados era el traidor causante del fracaso de muchas acciones. Se ordena entonces condenarlo. Kilpatrick firma su propia sentencia, pero ruega que su castigo no perjudique a la patria.
Puesto que Kilpatrick era idolatrado por su pueblo, no puede aparecer, de repente, como un traidor despreciable. El conocimiento de su vileza minaría la moral de pueblo y conjurados en vísperas de la revuelta. Así que Nolan y Kilpatrick urden un plan: la traición no será revelada pero el condenado deberá morir "a manos de un asesino desconocido, en circunstancias deliberadamente dramáticas, que se grabarán en la imaginación popular y que apresurarán la rebelión".
La fábula de Borges contiene numerosas conjeturas y viene de variadas fuentes históricas. Es muy probable que aquel hombre reacio a mostrar las cartas equívocas de sus ideas políticas prefiriera escribir mejor sobre sus aspectos más despreciables: los métodos que conducen al poder. Por ello habría recordado mejor a Shakespeare que a Maquiavelo.
En 1970, Bernardo Bertolucci llevó al cine una adaptación del cuento de Borges y la tituló La estrategia de la araña. Trasladó la historia de Irlanda a Tara, un enigmático pueblo de Italia, adonde llega Athos Magnani, hijo de un héroe de la resistencia antifascista asesinado en 1936, cuyo nombre es recordado en la estatua que se levanta en la plaza del lugar.
Las pesquisas de Athos equivalen a la investigación de Nolan en el cuento de Borges. Al final, la historia de Fergus Kilpatrick coincide con la del antifascista Magnani, pero la historia oficial ha preservado intacta la memoria del héroe. Revelar la abominable traición que sella la vida de ambos hubiera herido mortalmente la integridad moral de sus causas.
El conservador escéptico que fue Borges coincide con el revolucionario de izquierdas que fue Bernardo Bertolucci. Y es muy revelador que el realizador de cine acepte y recree en imágenes desalentadoras la fábula de un escritor que creyó más en las hipótesis de la ficción que en las verdades de la Historia, de la que descreía, como Valéry.
La coincidencia no es desconcertante. La literatura o el arte no se hacen para complacer la razón de Estado ni para avivar la moral de las revueltas. Hannah Arendt escribió que el artista era el último ser libre de nuestro tiempo. La historia política que "salva" del escarnio a Kilpatrick y a Magnani se opone a la reflexión moral que reconocemos en las grandes obras de arte.


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