En una entrevista concedida poco después de recibir el Premio Nobel, Anne Carson reiteró: « Lo fascinante de los griegos son los pequeños momentos de semejanza que nos ofrecen, insertos en una increíble alteridad, en un vasto panorama de extrañas creencias sobre el mundo». Así, algunas de sus obras, más que otras, están marcadas por una influencia clásica. Consideremos, por ejemplo, *Autobiografía de Rojo* (1998, traducida por Vanasay Khamphommala, L'Arche, 2020), *Hombres en su tiempo libre* (2000, traducida por Fabienne Durand-Bogaert, L'Arche, 2020) y *Norma Jeane Baker de Troya* (2019, traducida por Édouard Louis, L'Arche, 2021).
Una de las obras más exitosas de la poesía contemporánea, su Autobiografía de Rojo, es una novela en verso que Alice Munro, Michael Ondaatje y Susan Sontag aclamaron con entusiasmo tras su publicación. Narra el amor desenfrenado de Gerión, un monstruo de alas rojas, por Heracles, su ruptura, su inesperado reencuentro… El libro establece así un escenario antiguo para pasiones modernas, y Gerión no es solo el personaje de Estesícoro, el poeta griego, sino también un joven estadounidense, enamorado de la fotografía, consumido por su deseo hacia este Heracles «mujeriego».
Esta “biografía” de Gerión expresa una de las ideas fundamentales de Carson sobre la identidad, presente desde Eros el Agridulce. La existencia, un estado siempre incomprensible, no puede abordarse a través de los acontecimientos de una vida, pues es más bien una dinámica de pasiones, afectos, relaciones intensas y formas individuales de sentir y ver. La existencia, tanto la nuestra como la ajena, solo puede, por lo tanto, comprenderse como una serie de fragmentos dispares, discontinuos y heterogéneos.
La colección de prosa y poesía Verre, ironie et Dieu (1995, traducida por Claire Malroux, Corti, 2004), Plainwater (1995, sin traducir), The Beauty of the Husband (2001, sin traducir) y, especialmente, la gran elegía a su hermano muerto, Nox (2010, sin traducir), plasmaron por escrito lo fragmentario que la autora reivindica como concepto y como forma literaria.
Nox es quizás la obra que establece de forma más espectacular la fragmentación y la disparidad. El “libro” se presenta como una pequeña caja (¿una tumba?) que contiene un leporello (un “acordeón”) de papel de 26 metros de largo en el que, junto al estudio de una elegía de Catulo, se reúnen los elementos que la escritora “posee” sobre la vida de su hermano, fallecido en Dinamarca en 2020 tras una desaparición de más de dos décadas: recuerdos de momentos pasados, conversaciones, fotografías siempre rasgadas o subrayadas, dibujos, reflexiones…
En Nox, además del éxito de un enfoque fragmentado, moderno pero a la vez tradicional, de la forma que se remonta al siglo XX , lo que llama la atención es el aspecto conmovedor del lamento y la fluidez deliberada de ciertas afirmaciones que imitan la inestabilidad de las cosas: « Quería llenar mi elegía de toda clase de luz, pero la muerte nos vuelve tacaños. No podemos decir nada más, pensamos, está muerto. El amor no siempre puede cambiar las cosas. Las palabras no pueden añadir nada. Haga lo que haga para evocar al chico alegre que era, sigue siendo una historia banalmente extraña. Y entonces empecé a pensar en la historia ».
La presentación distante de su intimidad, ya sea triste o irónica, es un aspecto atractivo de Nox, como en otras colecciones, pero puede importar menos a algunos lectores que las posiciones feministas de Carson, expresadas, en voz baja o no, en Autobiografía de Rojo , "El ensayo de cristal" y "El género del sonido" de Cristal, Ironía y Dios , "Charlas breves" de Plainwater, Norma Jeane Baker de Troya , Antigonick (2012, traducido por Édouard Louis, L'Arche, 2019)... Allí se escucha el rechazo a la esencialización, el gusto por la fluidez, la oposición a las normas.
¿Y qué mejor manera de oponerse a cualquier imposición externa y autoritaria que a través de la literatura? Anne Carson, que no se deja limitar a lo político, lo íntimo, la erudición… ni a nada más, que siempre está ahí cuando uno lo espera, ha optado por escribir en compañía de los autores del mundo antiguo, pero también, y esta compañía es numerosa y diversa, con un sinfín de autores, grandes o menos conocidos, de todos los siglos: Zeami Motokiyo, Emily Brontë, Gertrude Stein, Marcel Proust, Émile Nelligan… que dejan elegantemente una huella penetrante en sus páginas.
¡Qué buena compañía! Y, como dicen en inglés, "dime con quién andas y te diré quién eres ".
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