Páginas

lunes, 7 de septiembre de 2026

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías / Federico a las cinco


Homenaje a Ignacio Sánchez Mejías, 1933


LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS

Federico a las cinco

La editorial El paseo reedita el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca, enriquecido por las glosas de Andrew A. Anderson, Georges Didi-Huberman, Luis Francisco Esplá, Laura García-Lorca, Pedro G. Romero, Alberto González Troyano, Belén Maya, Luis Pérez-Oramas, Antonio J. Pradel, Francesc Torres y Nöel Valis.

La ficha

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Federico García Lorca. Edición de José Javier León. El Paseo. Sevilla, 2026. 136 págs. 20,95 €

Un doble proceso, activo en las últimas décadas, ha trastocado la figura poética de Lorca en términos poco favorables para la consideración de su obra. Uno primero ha sido la fijación casi exclusiva del poeta en la hora de su muerte, desplazando su excepcional ejecutoria poética hacia un segundo plano. Otro segundo, de mayor importancia, ha resultado de la frecuente minusvaloración de su primacía lírica, transformada en un mero ejercicio de bisutería literaria, brillante pero desdeñable. Ninguno de estos procesos es inocuo. Si bien es cierto que basta una lectura al azar para comprender que nos hallamos ante uno de los grandes poetas del XX. El Llanto por Ignacio Sánchez Mejías nos permite, además, la inmersión en un mundo, el mundo de la tauromaquia, hoy objeto de debate. De ahí la doble pertinencia de este volumen, donde a la reedición de una las grandes elegías de la poesía española, se unen once glosas que aclaran aspectos y revelan hechos que ayudarán a comprender, de modo más exacto, el sentido y el valor del Llanto.


Las glosas que acompañan al Llanto exceden, ineludiblemente, el ámbito de la poesía.


Es de particular interés, a este respecto, la Introducción de José Javier León, ya que en sus páginas se anticipan muchas de las cuestiones a las que aludirán las glosas y que exceden, ineludiblemente, el ámbito de la poesía. Glosas que tratan de la originalidad del Llanto en distintos ámbitos y aplicaciones, en el caso de Didi-Huberman y de Pedro G. Romero; glosas que buscan una aproximación lírica al poema y al contenido luctuoso que en él se encierra, como en Belén Maya, Laura García-Lorca, Luis Pérez-Oramas, Francesc Torres y Nöel Valis. Y glosas que adquieren su particular relieve, tanto por la mirada antropológica de Andrew A. Anderson, como por las apreciaciones taurinas y biográficas de Luis Francisco Esplá, Alberto González Troyano y Antonio J. Pradel. En lo que respecta al texto de Anderson, se trata de una aproximación al milenario vínculo de la cultura mediterránea con el toro; vínculo que llega a la moderna erudición, a la poesía de vanguardia y a la hora cenital de la tauromaquia, uno de cuyos representantes será Sánchez Mejías. Es, sin embargo, esta primacía taurina, acrecentada acaso por el talento poético de García Lorca, aquello que aclara la precisa inteligencia de Alberto González Troyano, según conjetura verosímilmente en “El poder de la literatura”. Fue la excepcionalidad del Llanto, al decir de Troyano, la que convirtió la ejecutoria de un torero notable en un hecho superior, de impronta mítica. Una impronta que, sin duda, vino apoyada en las propias facultades literarias y en las calidades humanas del torero, pero cuyo amonedamiento como héroe intemporal se debe -“¡Eran las cinco en todos los relojes!”-, al conjuro de esta elegía mayúscula, de quebrada emoción, donde se recoge el trance de su muerte.

También resultan de extraordinario interés las apreciaciones del torero Luis Francisco Esplá, por cuanto en ellas se clarifican ciertos versos del Llanto, a la luz de quien ha conocido los quirófanos y la apresurada coreografía clínica -enfermeros, curiosos, cirujanos- de las plazas de toros. La poética de la muerte, la intensa y viva carnalidad que Lorca otorga al deceso de su amigo, quedan explicadas por Esplá con medida y solemne sencillez. De igual modo, admiremos la reconstrucción que hace Antonio J. Pradel del pormenor humano del Llanto. ¿Fue Lorca a visitar a su amigo a la clínica del doctor Crespo en la calle Goya, muy cerca del domicilio del poeta -Alcalá 96- donde se escribió, verosímilmente, el poema? ¿Estaba ya fuera de Madrid como sostiene Morla Lynch? ¿Acompañó su cuerpo inerte en el Sanatorio de Toreros, como testimonia Juan Ignacio Luca de Tena? Del poema se induce con evidencia la estrecha amistad del poeta con el torero y con su pareja extramarital, la artista Encarnación López Júlvez, la Argentinita, a quien Lorca dedicó el poema. De los testimonios reunidos se extrae también el conocido terror de Lorca a la muerte. Es así como al doble paralelismo entre el Llanto... y la Elegía a Ramón Sitjé de Miguel Hernández y las Coplas a la muerte de su padre de Manrique, se suma este temor lorquiano a la extinción de su amigo (“No te conoce el niño ni la tarde / porque te has muerto para siempre”) como un eco anticipado e incrédulo de la suya propia. Qué inmensidad de poeta, devorado por la estupidez humana. Atendiendo a sus propios versos: “Tardará mucho en nacer, si es que nace, / un andaluz tan claro, tan rico de aventura”.


DIARIO DE SEVILLA





No hay comentarios:

Publicar un comentario