
Hendiduras y fronteras en la ficción: una conversación con Valeria Luiselli
SERGIO MURO
Los fronterizos cruzan entre países, y tal vez, idiomas. Es un estado, o ritual diario, de idas y vueltas: hacia un trabajo, a visitar familia, o el regreso a casa; una exofonía, metafóricamente, en donde uno adopta un léxico nuevo para observar, entender, y sobrevivir. Se enfrentan muros — ríos, casetas, inspecciones, líneas imaginerías delineadas en un mapa — o la extranjería. Esta forma de vivir produce una erupción, o quizás, una sensación de vidas paralelas, siempre mirando hacia el futuro y el pasado, al mismo tiempo, como Jano en la mitología romana. A pesar de eso, ¿Cómo encuentra uno estabilidad, o un núcleo, cuando estamos partidos en dos?
Valeria Luiselli lleva más de veinte años pensando en fronteras y en las múltiples vidas de los exilios. En su libro más reciente, Principio, medio, fin, la narradora y su hija se encuentran en Sicilia buscando un nuevo comienzo. La novela enlaza mitología, geología, historia, y observaciones cotidianas para darle luz a momentos dolorosos, brillantes, y también, alegres, con la claridad y profundidad que nos da Luiselli en todas sus obras.
Es un libro en donde, seguramente, los lectores encontrarán temas relativos a nuestro presente. Luiselli hace un viaje temporal y espacial dentro de la narrativa para desenterrar y examinar preguntas eternas y cosmogónicas de nuestra civilización; y, justo cuando estamos pasando por momentos de crisis a niveles nacional e internacional, Luiselli nos da la perspectiva necesaria para afrontar esas situaciones difíciles— igual, con un humor presente en la cultura mexicana.
Fue un gran placer y privilegio hablar con Luiselli por teléfono sobre la novela, su proceso, la literatura, el sistema opresor de la migración, y nuestra conexión a la frontera. Esta entrevista fue editada.
El Alboroto: La novela empieza con la narradora pensando en cómo reinventar una familia con su hija después de un divorcio. Es muy interesante ver las diferentes variaciones y combinaciones de la familia en tus obras, desde Los ingrávidos (Sexto Piso, 2013) hasta el presente con Principio, medio, fin.
Valeria Luiselli: La familia siempre ha estado en el núcleo de mis preocupaciones, como estructura social, psíquica, y cambiante — el espacio de intimidad que compartimos con otros, donde nace el lenguaje mismo, con el cual nos enfrentamos después con el mundo. También, el léxico familiar, como el corazón mismo, a partir del cual generamos una relación lingüística y afectiva con el resto del mundo.
El Alboroto: Tiene sentido. En la novela, la hija le hace preguntas a su mamá de la familia, el azulejo de Proteo, y presentimientos y predicciones. ¿Podrías hablar de la importancia de los hijos como protagonistas?
Valeria Luiselli: Hablando justamente de esto mismo, ese lenguaje se reinventa continuamente con la presencia de los menores. Es decir, cuando nos vemos en obligación de explicar una palabra, o más allá de la palabra. Un conjunto de conceptos que puedan dilucidar una idea. Ese esfuerzo que tenemos hacer constante — que debemos hacer constantemente — de renovar el lenguaje, repensar las palabras, y volver a darles un significado. Son los hijos, o los menores — no necesariamente los hijos propios, sino los hijos en un sentido más amplio y metafórico — quienes nos obligan a estar re-imaginando constantemente el mundo y el lenguaje.
El Alboroto: Si, creo que se refleja en cómo la hija es tierna e inocente, pero también desafía a la mamá. ¿Crees que esa forma de interrogación está más cercana a la voz de un escritor?
Valeria Luiselli: Si, totalmente. Creo que es la voz del escritor, pero de un sentido muy particular. Me gustaría más pensar que es la voz del extranjero y del recién llegado. Los ojos, la mirada, y la escucha de la persona que se siente ex-ligeramente en la lengua, ligeramente extranjero en ese nuevo mundo y observa con una atención muy particular.
Hay una forma de mirar — una mirada extranjera — que no es la mirada extractiva del turista; no es la mirada que quiere una experiencia, sino, la mirada que busca decodificar, entender, y por ende, observar. Creo que los niños, los escritores, y los extranjeros nos encontramos en un mismo espacio de observación.
El Alboroto: Totalmente, y pienso que esa mirada está presente en la manera en cómo la narradora observa. Hay una línea en donde ella dice, “La ficción tiene origen en las semillas de las pequeñas cosas cotidianas.” ¿Cuál fue la semilla de esta novela?
Valeria Luiselli: Creo que, en los procesos de escritura, hay varias semillas que uno riega por el camino. Y, luego, hasta se te olvidan, y de pronto, crecieron. Vuelves a ellas y dices, “Ah, claro. Aquí fue el origen.”
Me di a la tarea, no hace mucho, de volver a mis notas del 2019, para entender un poco donde empezó esto. Con qué preguntas y observaciones. Por ahí, di con una nota, en donde le había estado leyendo a mi hija— tendría, tal vez, unos diez u once años. Estaba ella pasando por un periodo de insomnio y ansiedad infantil-preadolescente. Me puse a leerle mitos griegos y del origen del universo en la noche, pensando que todo eso le ayudaría a dormir mejor. [Risa] Tal vez, es mala idea, en realidad, leer mitos griegos para dormir. Pero bueno, uno hace lo que puede, ¿no?
El Alboroto: Claro, si.
Valeria Luiselli: En alguna de esas lecturas, me preguntó mi hija una pregunta enorme, que yo nunca me había hecho y que me dejó muy destanteada y deslumbrada: ¿Por qué en todos estos mitos de origen, hay siempre algo que se rompe? Siempre hay algo partido en dos mitades. Hendido en dos.
La verdad, no le supe responder bien. Y, allí, con esa tremenda pregunta, empezó una búsqueda, en donde iba y venía entre escalas diferentes de la pregunta. Una escala enorme, cosmogónica, digamos, de origen del universo y los mitos. Pero, también, de la escala diminuta: las pequeñas vidas humanas, en donde parece ser el caso, que, en los principios, hay algo roto. Tanto en el sentido biológico, de cómo se da a luz a un bebe— la mujeres literalmente nos partimos en dos para poder dar luz — pero, también, en un sentido, tal vez, más metafórico; de tantas veces en nuestras vidas que debemos de empezar otra vez tras una pérdida, rompimiento, o algo que se diluye.
El Alboroto: Con esa pregunta enorme, ¿sabías qué estabas empezando un proyecto nuevo?
Valeria Luiselli: Si. Tal vez, hay como una intuición subconsciente o consciente. Para mí, los procesos de escritura, de ficción, suelen ser muy largos. Me toman varios años.
Los libros que he empezado de cero, y solamente con una pequeña constelación de preguntas que me van guiando, son: Los ingrávidos, Desierto sonoro (Vintage Español, 2019), y Principio, medio, fin. Esos tres libros se escribieron a lo largo de cinco o seis años, cada uno. En donde, durante varios años, yo estuve solo tomando notas. Sin saber nada, nada, nada. Ni quienes eran los personajes, ni cuál era la historia, ni que iba a pasar. Era solo una acumulación de apuntes y notas. Después de estar acumulando observaciones, entonces, sí puedo desplegar todos los mosaicos sobre una mesa, y empiezo a jugar con la forma. Allí, emerge la trama, como consecuencia de estar jugando con pequeños pedazos de cosas y ver cómo se comunican mejor esas cosas. Sobre todo porque (la trama) no es un motor para mí, sino una emanación, o una consecuencia; lo que resulta un motor en el proceso de escritura son, más bien, estas grandes preguntas o constelaciones de preguntas que quiero explorar.
El Alboroto: Me impresiona como esas constelaciones se forman en una narrativa más grande, y cómo utilizas el fondo en una escena, en donde se revelan elementos más filosóficos y políticos. Un ejemplo en la novela es cuando la madre e hija van al mercado y ven los pósters atacando a los migrantes. ¿Cómo encuentras el balance entre los temas y la narrativa personal?
Valeria Luiselli: Creo que mucho surge en el diálogo y la tensión que genera un diálogo. En donde un personaje se ve confrontado y cuestionado por otro; no se valen las respuestas simples; una respuesta abre otra pregunta; y la respuesta final es solamente un principio de reflexión. El diálogo es importante, porque es una manera de no adueñarse de ninguna respuesta, sino de dejar que las preguntas se vuelvan más complejas. A raíz de que haya dos voces contrapuestas.
El Alboroto: Tiene sentido, y creo que esta novela está en conversación con los temas presentes en Desierto sonoro y Tell Me How It Ends (Coffee House Press, 2017). Me hace pensar en cuando la narradora pregunta, “¿Qué es lo que determina que una mente quiera y pueda seguir un hilo conductor de principio a fin?” Y bueno, ¿crees que el tema de la migración seguirá como un hilo conductor en tus proyectos?
Valeria Luiselli: No lo sé de antemano, porque no es que me proponga un tema único. Las preguntas que me vengo haciendo, después de veinte años de publicar y escribir, están relacionadas con formas de los desplazamientos; los exilios; las diásporas; la migración; y las fronteras.
En este libro, mi foco se desplaza hacia otra gran frontera: Sicilia. Es un lugar de llegada, de muchos barcos— la gran mayoría de los barcos de migrantes del mediterráneo. Como he trabajado mucho en esos temas, me han invitado, varias veces, a congresos y charlas; también, he ido a la isla con familia. Llevo mucho tiempo yendo, y desde la primera vez que fui, dije, “Este lugar es muy raro. Me recuerda a México, pero es Europa. Pero, también es África.”
Sicilia es una frontera, en un sentido, en muchos sentidos— primero que nada, es una frontera tectónica. Debajo de Sicilia, se encuentran la placa tectónica africana con la placa tectónica europea. Allí, chocan las dos placas tectónicas. Es una frontera geológica. Eso se expresa en el muy complejo sistema de volcanes que tiene la isla; en donde uno siente, todo el tiempo, que estás en el origen del mundo, viendo estas erupciones volcánicas constantes. Pero, también, sientes como que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina.
El Alboroto: Fascinante.
Valeria Luiselli: Luego, por otro lado, es una frontera histórica, porque llegaron a esa isla, básicamente, todas las culturas del mediterráneo; las culturas del Oriente Medio; de las regiones levantinas; de todo el norte de África; y desde el norte de Europa. Han estado ahí los griegos; los romanos; los normandos; los vándalos; los cartagineses; y los fenicios. Todos dejaron una huella. Entonces, es una frontera, en donde, arquitectónicamente, se leen las muchas capas fronterizas de la historia.
Y, por último, es una frontera geopolítica. A principios del siglo veinte, un enorme número de italianos salieron de Italia, por la pobreza — la mayoría de Sicilia — hacia nuestro continente: las Américas. Entonces, fue un terreno de exploración fascinante y muy importante, en términos de mi interés por la frontera.
El Alboroto: ¿Cuándo empezó tu interés en las fronteras?
Valeria Luiselli: Fue muy impresionante la primera vez que vi la frontera de México y Estados Unidos. Era muy pequeña; seguro, tenía unos tres o cuatro años.
La mitad de mi familia materna vive en Tijuana— tengo mucha familia en el norte. Ahí, se casaron mis papás, y pasamos las Navidades en los noventa. Siempre. Me acuerdo, luego de aterrizar en Tijuana, a lo largo del camino del aeropuerto a casa de mis tíos, manejaba a lo largo del muro. El muro de los noventa y los ochenta era muy distinto, como una lámina de aluminio. Del lado mexicano, todo el camino estaba repleto de cruces blancas. Pregunté de niña, “¿Qué son esas cruces?” Y me dijeron la verdad: “Son cruces conmemorando a mexicanos que trataron de cruzar del otro lado y murieron.” La imagen se me quedó tatuada en lo más profundo del alma.
El Alboroto: Me imagino.
Valeria Luiselli: Toda mi infancia transcurrió en enormes saltos. De cultura a cultura, país en país, lenguaje en lenguaje. Crecí los primeros años de mi vida en Costa Rica; luego, en Estados Unidos; después, en Corea del Sur, donde había una sensación tremenda de extranjería y no hablaba ni inglés ni coreano; y de ahí, nos fuimos a Sudáfrica.
Tengo la sensación de haber vivido muchas vidas. [Risa] A veces, no tengo la sensación de haber sido una sola, sino, muchas, múltiples vidas. Creo que la combinación — de esa presencia de la frontera Tijuana en mi consciencia, y, por otro lado, la experiencia repetida de la extranjería — me ha colocado en el lugar en donde he tenido que estar para escribir desde una mirada de extranjería perpetua, y con un interés en qué es esto que son las fronteras.
El Alboroto: Entiendo, totalmente. Así fue mi experiencia, también, creciendo en los dos Laredos. Y, cuando fuiste por primera vez a la frontera, ¿cambió mucho tu pensamiento o sentido de México?
Valeria Luiselli: Si. Nació, por primera vez, ahí, una sensación de un nacionalismo muy feroz. I understood, for the first time, we were the underdogs. Que nuestra gente era tratada, siempre, como si éramos de segunda o octava en este país. El tipo de tristeza y enojo que se genera ese tipo de injusticia, pues, uno va encontrando la manera a lo largo de una vida, de hacer algo con eso. No solo cargarlo como rencor, sino, tratar de entenderlo y trabajar con eso. De manera fructífera — más profunda e intensa — y en que uno va generando comunidad. Involucrándose en construir, y no en solo internamientos que erosionan.
El Alboroto: Estoy de acuerdo. Hablando de esos espacios liminales, ¿Fue la novela escrita al mismo tiempo en dos lenguajes?
Valeria Luiselli: Si. Terminé el manuscrito, primero, en inglés. Pero, no podría decir que lo traduje al español. Lo escribí en los dos, algunas partes muy al mismo tiempo. Hay días en que escribo mejor en español, y hay días en que fluye mejor en inglés. It’s a beautiful chaos, but not always beautiful, actually. [Risa]
El Alboroto: Si, definitivamente. ¿Has encontrado beneficios o enfrentamientos trabajando y pensando en diferentes lenguajes? Quizás, te ha revelado algo al mezclarlos.
Valeria Luiselli: Si. Sin duda, he tenido varias experiencias, en donde obligarme a mí misma, o simplemente, ponerme a jugar en dos idiomas, me abre los ojos ante cosas, que, en solo un idioma, no puedo ver. La experiencia más clara de eso me ocurrió con Tell Me how It Ends. Escribí un primer ensayo, más corto, para Freeman’s Journal. Se lo di a mis editores en español, pidiéndoles que ayudaran a encontrar a un traductor o traductora para publicarlo en español. Y, me dijeron, “No, lo tienes que escribir tu.” Es más, me hicieron sentir súper mal. Me dijeron que, ¿cómo había yo decidido escribir en la lengua del imperio?
[Risa]
Les dije, ‘Bueno, está bien. Tienen toda la razón. Lo voy a reescribir yo en español.’ Y cuando lo reescribí, el ensayito se duplicó en profundidad. In both scope and depth. Porque ya no estaba yo solo dialogando con el aparato masivo y opresor del sistema migratorio estadounidense; ahora, tenía que también dialogar con otra comunidad lingüística, y otro sistema jodido y opresor: el sistema migratorio mexicano con los centroamericanos. Entonces, de pronto, ese ensayo se convirtió en un libro con una mirada mucho más amplia, histórica, y hemisférica. Ese cambio no hubiera podido ejecutarlo, yo creo, yo misma en un solo idioma; era necesario pensar en dos idiomas para ampliar. Hay algo en dejarse empapar por otras lenguas y culturas. Quizás permiten una variabilidad y una flexibilidad distinta.
El Alboroto: De esa manera, ¿Sientes alguna presión en balancear tu foco entre estadounidenses y Latino América?
Valeria Luiselli: Claro. En esta última novela, también, hay un injunction hacia la xenofobia europea, con respecto a la migración que llega a Europa.
Pero, también, todo depende del libro que esté escribiendo y que generó. Tell Me How This Ends, claramente, era un libro donde tenía un objetivo: denunciar un modelo obsoleto de migración. En donde, claramente, las normas vigentes no estaban considerando la gravedad de una diáspora de niños que estaban buscando asilo. Y, al denunciar las injusticias de ese sistema— la violencia brutal de México y la violencia histórica de Estados Unidos frente a centro América.
Entonces, ahí, mi público fue tanto latinos— para nosotros entender, más amplia y más hemisféricamente, nuestro conundrum con este país. Pero, también, mi público lector, quería que fuera el público anglosajón estadounidense, que, por amnesia cultural, histórica, o ignorancia, no entendía todas las capas históricas de esa migración que estaba llegando en esos años. Entonces, en ese caso, había un proyecto, una visión, y un objetivo.
Pero, en una novela, esas cosas se difuminan mucho. Creo que no sería para bien de un libro tener muy en mente el público o lector exacto. Puede una novela también denunciar injusticias. O reflexionar sobre temas históricos que se repiten, como la migración, o la violencia hacia a las mujeres. Pero, no es que tenga en mente un público preciso. Y, sobre todo, no es que jamás tenga en mente un objetivo. El objetivo de una novela siempre es más interno, menos externo. Tiene más que ver con producir un mundo: una sensación de tiempo, relaciones humanas, diálogos, emoción, y pensamiento.
El Alboroto: Absolutamente. Por cierto, hay un pasaje tan impactante, a la mitad de la novela, en donde se contextualiza la violencia de los hombres hacia a las mujeres. ¿Hay alguna conexión a nuestro presente en el cual estabas pensando al escribir esa escena?
Valeria Luiselli: Si, estaba pensado en muchas cosas. Había leído Las mujeres troyanas de Séneca, y me había impactado mucho una escena, de hace miles de años, de mujeres que estaban a punto de ser traficadas como esclavas sexuales. Me molestaba mucho la idea de que el traficante de estas mujeres era Ulises de La Odisea. ¡El gran héroe de la civilización occidental! Así, como, ¿cómo? ¡¿El gran héroe es un traficante de esclavas sexuales?!
Y, sigue siendo un problema enorme. Como sabes, México es el país con más feminicidios y maltrato de mujeres.
El Alboroto: Lamentablemente, así es.
Valeria Luiselli: También, en esos años, había estado dando clases sobre violencia contra las mujeres, y habíamos estado leyendo, con mis alumnas y alumnos, mucho sobre ciudad Juárez. Leímos 2666 de Bolaño; los artículos tremendos del brillantísimo Sergio Gonzalez Rodriguez; y Estilo de Dolores Dorantes, en donde la voz narradora es una voz colectiva de mujeres muertas. Asesinadas en Juárez. Entonces, estaba pensando en esa voz colectiva de mujeres.
Y también surgieron LASTESIS: un grupo de chilenas y magníficas lectoras de una de las pensadoras feministas más interesantes de América latina, Rita Segato. (Segato) también ha escrito mucho sobre Juárez y sobre violencia en todo el continente. Y, bueno, tenía todo eso en la cabeza.
No se habla de la violencia que la narradora misma vivió, pero está presente en las reflexiones. No se convierte en el carril central de la novela; sin embargo, tiene una erupción, en ese fragmento al que te estás refiriendo, y se da en una voz colectiva. Es el único fragmento, en toda la novela, escrito en un ‘nosotros’— perdón, en un ‘nosotras’. Todo lo demás está escrito en primera persona.
El Alboroto: Tiene un gran efecto al leerlo. Hablando de las épicas, ¿Qué significado tienen esas obras para ti, como lectora?
Valeria Luiselli: Mi relación con el mundo antiguo — tanto griego, como romano, y lo que, a veces, llamamos ‘canon’ — es una relación complicada. Hay mucho de que enojarse cuando uno lee; hay mucha violencia, misoginia, y nacionalismo del mal.
Al mismo tiempo, mi relación con la complicación no es una de evasión, sino de confrontación. Creo que no nos hacemos, a nosotros mismos, ningún favor ignorando que existe un pasado, lleno de injusticias y errores; nos conviene mucho leer las cosas. Entenderlas. Disfrutarlas, y tirar el libro a la pared cuando no. Pero, hay que discutir con esas cosas.
El Alboroto: Definitivamente, y darle una nueva perspectiva.
Valeria Luiselli: Si. Cuestionándolas desde nuestro presente. Y, tratando de entender la perspectiva del pasado. Pero, tratar de entenderla no significa adoptarla.
El Alboroto: Claro. La novela se enfoca en las relaciones entre madres e hijas, las historias que heredaron. ¿Hay algún linaje de escritoras o escritores con quien quisieras estar en conversación con este libro?
Valeria Luiselli: Qué interesante pregunta. No necesariamente un linaje vinculado por los temas, sino, vinculado por la mirada y la manera en que se pone atención a las cosas y al mundo. Me interesan escritoras como Rachel Carson, que escribe sobre el mar de una manera totalmente novedosa, en donde no pone a los seres humanos en el centro, sino, en donde realmente se observa la naturaleza; Nellie Campobello, que es capaz de narrar la violencia, pero desde una ventana, con una mirada infantil; y escritoras contemporáneas, como Samanta Schweblin, que es capaz de, a través de mostrar cosas muy oscuras con extrema lucidez, cuestionar estructuras de nuestro presente a través de la tensión que genera en sus relatos. Me gustan estas escritoras, por cómo observaban al mundo con sumo cuidado e interés, pero también, con mucho juego e imaginación.
El Alboroto: He notado que esa observación es tan importante en tus libros. Me encanta como, a veces, no nombras a los personajes. Los identificas por la familia o un título. ¿Qué gana o pierde uno en abstraer un nombre en la literatura?
Valeria Luiselli: Bueno, en esta novela, si tienen nombres. Se revela casi al final.
Pero, hay algo en no nombrar. Me permite una distancia exacta. Mucho de lo que escribo empieza por las observaciones de mi mundo cotidiano. Entonces, me resulta raro bautizar a mis personajes, sea con los nombres de mi familia o con nombres totalmente ajenos. Hay algo en nombrar a través de las relaciones, y no desde la individualidad, que me ayuda a explorar mejor esas relaciones.
El Alboroto: Ah, me hace pensar en cómo la narradora está escribiendo un libro dentro de la novela, pero no quiere categorizar lo que está escribiendo. Ella refleja, en una escena, que quizá está escribiendo un ensayo con un principio y fin. ¿Crees que hay una frontera en la literatura contemporánea en donde uno debe de cruzar para llegar a algo más verdadero o autentico?
Valeria Luiselli: Que bonita pregunta. Definitivamente. En mi caso, predeterminar un género se me hace imposible, porque no me es posible predeterminar nada cuando estoy apenas embarcándome. Ni siquiera sé, a veces, en qué idioma voy a escribir, el género, o lo que vaya a pasar. (risa) No se nada. Pero, me gusta, a pesar de que es difícil. A veces, pasa uno o dos años y sigues sin saber. Puede generar frustración, y piensas, ‘Bueno. Ya abandono el proyecto, porque sigo sin entenderlo.’ Pero, lo que me resulta muy bonito de ese proceso, tan variado y cambiante de la escritura, es: cierta persistencia y paciencia permite que algo emerja en algún momento. Permite que, de pronto, las cosas vayan tomando forma, y te sorprendan. Y, para mi, el reto está en producir un tipo de escritura, en el día a día, suficientemente flexible, como para dar espacio a que eso suceda. Esa metamorfosis, para que el texto vaya un poco a la manera de Proteo: cambiando de forma.
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