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martes, 9 de junio de 2026

Hustvedt-Auster / Una complicidad amorosa e intelectual

Siri Husvedt, Sophie Auster y Paul Auster, fotografiados en el 2003

 Kim Manresa


Hustvedt-Auster: una complicidad amorosa e intelectual

En el libro de duelo que la novelista ha escrito para llorar a su difunto marido, se siente el dolor de la enfermedad y la ausencia, pero también el cálido abrazo de los restos de una vida en común


Mery Zamora
9 de mayo de 2026

Cualquiera que haya perdido a un ser querido podrá entender el estado de desconcierto, de distracción y desubicación que acompaña a quien se queda en este mundo. Cuando la ausencia es una evidencia y ya no hay esperanza a la que agarrarse, se impone regresar a la rueda de la vida, que nunca ha dejado de girar. No es fácil, entonces, pasar de los cuidados, las pautas médicas y los adioses, a la rutina de la vida anterior. Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) habla de todo esto en las páginas del conmovedor Historias de fantasmas , su libro de duelo tras la muerte de su marido, Paul Auster, el 30 de abril de 2024.




Hustvedt, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, ha indagado a lo largo de su trayectoria en aspectos de la filosofía, la medicina o la neurociencia. Muchos de sus ensayos y novelas reflejan esos campos de interés que la han llevado a ser investida doctora honoris causa por varias universidades europeas. El término de “intercorporeidad”, acuñado por el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, es invocado en este texto para expresar qué le ocurre a un “nosotros” que ha perdido una parte: “Siento a Paul como un boquete en el torso, que va del cuello a las entrañas, como si me hubieran arrancado partes de mí”.

/La autora no oculta las “cosas horribles”, pero tampoco se recrea. Consigue preservar espacios y silencios

Desde ese desgarro que el cuerpo percibe y manifiesta con trastornos varios, la autora estadounidense inicia una especie de diario para ir datando el paso del tiempo, que marcan las estaciones y reflejan los árboles frente a las ventanas de su casa en Brooklyn, y no olvidar la intensidad de los meses finales de su marido, así como episodios significativos de una vida juntos -fueron 43 años-, donde los textos de ambos se iban imbricando. La vida y la escritura van de la mano en esta pareja -Bartleby y la princesa del guisante-, que se pasó la vida dialogando.

Al tomar distancia, el duelo o las reflexiones sobre la pérdida que aparecieron en algunos de los trabajos de Auster adquieren un relieve especial. En su última obra, Baumgartner , que finalizó ya enfermo, el protagonista llora a su mujer fallecida hace nueve años y se preocupa por su legado literario. Husvedt ahora está en esa tesitura.

El libro para su nieto

Paul Auster conoció a su nieto, Miles, hijo de Sophie Auster y de su marido, Spencer Ostrander. Nació cuatro meses antes de su muerte. Sabedor de que el tiempo se le acababa, Auster quiso comunicarse con él y legarle historias familiares, en forma de libro epistolar, para que lo leyera de mayor. Solo pudo completar unas pocas cartas, que firmaba como Papa.
En ellas destaca el amor del núcleo familiar Auster-Hustvedt. Habla de su matrimonio con Siri; de la conexión con su hija y su yerno. Sophie, que se dedica a la música, compuso para él Blue Team -una referencia familiar-, un tema que llegó a escuchar y que quiso que sonara en su funeral.
Con su yerno, fotógrafo, la sintonía también fue total. Trabajaron juntos en el volumen Un país bañado en sangre, donde puso palabras a las imágenes captadas por Ostrander, paisajes del país donde se habían producido matanzas.
A lo largo de estas páginas presenciamos que la escritura funcionó en la pareja Paul/Siri como en los vasos comunicantes. Movidos por el respeto y la admiración que se profesaban, siempre se apoyaron. A ella le costó “liberarse” de la etiqueta de “mujer de”. El feminismo fue otro espacio de encuentro. Como lo fue la política.

La primera parte de este libro, intensa y llena de minuciosas referencias a la enfermedad, diagnósticos y tratamientos contra el cáncer de pulmón nos hace cómplices de ese tortuoso y largo proceso. Nos presenta a un Paul Auster, que supo enfrentarse sereno a su final y que murió donde quería, en la luminosa biblioteca de su casa -En Diario de invierno ya había escrito su deseo de permenecer en su hogar “hasta que te saquen de ahí para meterte en la tumba”. Hustvedt comparte también los mensajes que mandó a los amigos comunes para informarles de la evolución desde “cancerland”, como bautizó esa experiencia.

El volumen va avanzando con referencias a una vida en común, desde los inicios, cuando se conocieron en un recital poético -él, con un hijo y un matrimonio que hacía aguas; ella, una joven y atractiva estudiante de doctorado-, pasando por escenas de intimidad conyugal, su léxico y códigos de pareja, sus amigos -Salman Rushdie y Don DeLillo hasta el final-, la familia con su hija Sophier, su yerno Spencer y el pequeño Miles, y la compleja relación con el hijo anterior de Auster, David, padre de la bebé Ruby, ambos muertos de forma trágica.

La autora no oculta las “cosas horribles”, pero tampoco se recrea. Consigue a lo largo de estas páginas, confesionales e íntimas, preservar espacios y silencios, como siempre hizo la pareja. Comparte correspondencia -sus apasionadas misivas del principio-, las estancias de su casa, y algunos desencuentros. Prevalece la imagen de un matrimonio que creció como un árbol, vivo y adaptativo (“Paul y yo tuvimos un amor duradero”).

/“Siento a Paul como un boquete en el torso, del cuello a las entrañas, como si me hubieran arrancado partes de mí”

Conforme el relato avanza, la escritora se adentra en terrenos más intelectuales, propios de muchos de sus trabajos, con referencias a pensadores y científicos. Se muestra más analítica. Incorpora lecturas, anotaciones, vivencias y sentimientos. Y ahí es inevitable el paralelismo con Joan Didion y El año del pensamiento mágico . Dos bellas obras que desde sus particulares circunstancias iluminan un espacio común, el de la pérdida y el duelo. Aquí con el añadido del relieve y “conocimiento” que tenemos del cónyuge.

“Escribo para aferrarme a ti”, dice Siri Hustvedt, quien agradece haber guardado en una caja etiquetada (PAUL) retazos de su historia compartida. Auster dijo: “Quiero ser un fantasma”. Lo es en la vida de su mujer, quien sintió su presencia el día del funeral, cuando al finalizar, exhausta, se recostó un rato en la cama. Entonces vio a su marido acercarse para comprobar, como hacía cuando ella no se encontraba bien, que descansaba. Un fantasma que de tanto en tanto deja un rastro de olor a humo, del mismo tabaco que fumaba el escritor.


 Historias de fantasmas contiene una preciosa fusión entre la razón y el corazón.

Siri Hustvedt Historias de fantasmas/Històries de fantasmes Traducción al castellano de A. Echevarría/Al catalán. de J. Martín Lloret Seix Barral/Edicions 62, 384/376 págs. 21,90 euros

LA VANGUARDIA


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