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jueves, 5 de febrero de 2026

El caso ‘Hamnet’ o cómo las adaptaciones literarias al cine han vuelto a encender el debate

 


El caso ‘Hamnet’ o cómo las adaptaciones literarias al cine han vuelto a encender el debate sobre la necesidad (o no) de hacerlas

La novela de Maggie O’Farrell ha sido un éxito incontestable de ventas alrededor del globo. La película que lleva la historia a los cines va camino de convertirse también en un éxito de taquilla y en los premios, pero ha dividido a los fans

Se estrenó el pasado 23 de enero en cines y se ha convertido en un pequeño fenómeno en las salas y en las redes. Hamnet copa desde entonces la conversación y no es para menos. El libro de Maggie O’Farrell que adapta ha vendido, solo en España, 200.000 ejemplares lo que da una idea del fenómeno que ha supuesto esta historia que se pudo leer en castellano por primera vez en 2021. Las expectativas sobre la película que ha dirigido Chloé Zhao estaban bien arriba.



Ambientada a finales del siglo XVI, la novela narra la historia de Agnes, una mujer casada con un dramaturgo de nombre William que utiliza una tragedia familiar para escribir su mejor obra. Pero aquí no se profundiza realmente en lo que le sucede a él, que no es otro que William Shakespeare aunque nunca se llegue a escribir su apellido, sino en lo que le pasa a ella, una mujer atravesada por el duelo y la pérdida. La cinta ha llegado a las salas bajo la dirección de la cineasta china y con Jessie Buckley y Paul Mescal en los papeles de Agnes y William. Puro servicio para fans, o eso pensábamos antes del estreno, que ha conquistado a la crítica –el agregador Metacritic la ha nombrado de obligado visionado y suma un 85% de reseñas positivas– y a los premios. Suma ocho nominaciones a los Premios Oscar, once a los BAFTA y Buckley es seria contendiente a hacerse con cualquier galardón a Mejor interpretación femenina que se le ponga por delante, como ya demostró en los Globos de Oroy en los Critics Choice Awards.

Esperadísima por los fans, insistimos, la película de Hamnet ha sido recibida por ellos de modos dispares. La vuelta de la manida expresión el libro es mejor no ha tardado en llegar. Así lo explica la escritora Rosario Villajos: “Habría ido a ver Hamnet solo porque me gustó el libro, y solo por eso ya me complace, pero entiendo que lo que vi en pantalla grande es algo solo inspirado en la novela, te lo dejan bien claro cuando ves que Hamnet y Judith no se parecen en nada. Y además, aquello que yo encontré como puntos fuertes en la lectura, no está en el film”, reconoce la también novelista que publica el 17 de febrero su nueva recopilación de relatos, Cortarse el cabello (Ed. Seix Barral).

“Del libro me gustó que William es apenas una sombra; en la peli, en cambio, tiene demasiado protagonismo y hasta vemos que es el inventor del nado a crol”, reconoce con cierta sorna la autora. Esa escena cruzando el río a nado ha sido objeto de no pocos comentarios en redes sociales por ser ese un estilo que no se popularizó hasta 250 años después de la fecha en la que tiene lugar la acción. “También me gustó de la novela que que Agnes fuera una total analfabeta a la que le cuesta aprender a escribir su nombre, pero aquí no aparece esa dependencia de los hijos para leer las cartas del marido”, apunta. “Me agradó del libro el capítulo que desarrolla muy cinematográficamente cómo llega la peste a Inglaterra. Por eso, no entiendo la elección de convertir esa parte tan gráfica en sombras chinescas. Tal vez optaron por hacer un guiño a quienes hemos leído el libro o quizá la peli busca ser completada con la lectura de la novela. No olvidemos que, aunque Spielberg produzca, Maggie O’Farrell firma la mitad del guion”, puntualiza.

Lo que más ha desagradado del largometraje son algunos dejes que se entienden perfectamente cuando se conoce que Steven Spielberg ejerce como productor. Las huellas de un cineasta más convencional que lo que es Chloé Zhao están ahí. “La última razón por la que no he conectado tanto tiene que ver con que no me gusta que me digan cuándo tengo que llorar. Me sobra la música subiendo, aunque sea de Max Richter, me recuerda a cómo dictaba el creador que la subieran en El Show de Truman”, aporta VIllajos.

La escritora también tiene puntos positivos a señalar en una producción de la que, a pesar de todo, sí ha disfrutado. “El final, que es distinto al de la novela pero resume muy bien la comunión de muchas personas con el teatro, me ha gustado mucho”, reconoce la autora. “También cuando Paul Mescal le cuenta a una semianalfabeta el mito de Orfeo y Eurídice. Quizá si alguien lee mi próximo libro entenderá por qué para mí es la mejor historia del mundo”, apostilla.

La periodista cinematográfica y conductora del pódcast Ni tan malas María Aller se posiciona en un lugar diametralmente opuesto al de Villajos. Apasionada del libro, también lo es de la película. “Chloé Zhao se atreve con un biopic de una eminencia universal, el de William Shakespeare. Porque de primeras Hamnet es eso, una historia sobre el escritor y su pareja, aquí llamada Agnes. Pronto se manifiesta como un estudio sobre la pérdida”, introduce la comunicadora. "La película se adentra, como la novela original de Maggie O’Farrell, entre bastidores, un lugar poco explorado y donde casi siempre han estado las mujeres. Mientras ellos han acaparado el protagonismo –real o ficticio, da igual–, ellas se han colocado a la sombra. Así han quedado opacadas personalidades tan sugerentes como la de esta joven independiente que elabora remedios con plantas”, continúa.


“Agnes (Jessie Buckley) y el dramaturgo (Paul Mescal) van casi a la par. Sin embargo, ella sobresale debido a cómo está escrito el personaje y por la interpretación de Buckley. El rostro de la actriz evoluciona con la historia de la chica: desde la pasión abrupta, pasando por la maternidad juiciosa y acabando en dolor inimaginable. Normal que la actriz esté acumulando galardones”, valora Aller. “Y los que le quedan. Es lo que tiene encarnar la angustia in situ, donde la vida ha de seguir por imposible que parezca, mientras su pareja se vuelca en el teatro”, menciona en referencia a esa ausencia del hogar que resulta no ser tal. “Es el ying y yang del duelo. Lo cultural frente a la naturaleza. La paternidad frente a la maternidad. La coraza emocional frente a la herida que sanar. Vivir después de un determinado suceso o permanecer en el tiempo”.

No coincide la periodista en esa crítica a unas hechuras que algunos han visto demasiado hollywoodienses para una obra eminentemente británica. “En esas dos definiciones de sobrevivir se ha centrado Zhao, y ha salido victoriosa”, valora Aller. “Y dentro de las hechuras de la Academia. Porque por mucho que esté Steven Spielberg en la producción, la película cuenta con personalidad y detalles convincentes como la fotografía de Lukasz Zal o la partitura de Max Richter, al que se le perdona usar su trillado On the Nature of Daylight en el tramo final”, aporta dejando bien claro que sí, Hamnet se ha convertido en una de las películas más polarizantes de la temporada (y, por qué no decirlo, de las que han iniciado uno de los debates más estimulantes de la misma).


VOGUE


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