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martes, 13 de diciembre de 2022

La poética existencial de Wolf Erlbruch








 

La poética existencial de Wolf Erlbruch 


María Esther Pérez Feria

6 de abril de 2017


«El arte en general para algunas personas, la música, las artes plásticas, la danza, etc… y yo creo que la poesía para todo el mundo, no tienen como única función existir para la contemplación, la escucha o la lectura, sino de igual manera para la creación, y, desde luego, para la creación de uno mismo.» Georges Jean

¿Cuál es el propósito vital de cada ser en el mundo? pareciera ser la pregunta constante en la obra de Wolf Erlbruch, el escritor e ilustrador alemán nacido en 1948, en la ciudad de Wuppertal, quien acaba de obtener el Premio de Literatura en memoria de Astrid Lindgren (ALMA) 2017, por su obra destinada a niñas, niños y también lectores de todas las edades. Cada obra suya puede ser leída como una carta de navegación para explorar nuestra propia experiencia, para adentrarnos en nuestras moradas internas y buscarnos y hallarnos e iluminarnos mediante la experiencia estética frente a sus obras, configuradas poéticamente mediante la imagen figurativa, el juego del color y las texturas, las perspectivas y los planos que comunican una emotividad poderosa; con la palabra que describe, narra o nos hace escuchar preguntas y diálogos diáfanos, crueles, profundos, humorísticos, absurdos o inocentes. Con todo ello, sus obras nos incitan a responder esa pregunta formulada de una y muchas formas posibles e imaginadas en las voces o las actitudes de personajes profundos, entrañables, graciosos o inquietantes. Incluso el estado de desolación en el que se encuentra el sapo al inicio de Los cinco horribles o la advertencia de finitud que encuentra lugar en El pato y la muerte tienen relación con esa pregunta:

«Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño.

—¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La Muerte le contestó:

—Me alegro de que por fin me hayas visto.

Soy la muerte.»

Los libros de Wolf Erlbruch parecen partir de esta premisa común: la búsqueda de respuestas a preguntas fundamentales sobre el propósito vital que nos ha traído al planeta. Preguntas fundacionales que todo ser reflexivo se hace alguna vez sobre su propia existencia y sobre su experiencia con la otredad y el mundo. Y como muchos de los libros que escribe e ilustra este autor son también para niñas y niños, ha creado una propuesta estética en los lindes del libro álbum que ofrece un territorio amplio donde caben muchas lecturas, diversas construcciones significativas desde los más distintos horizontes. Sus obras son hospitalarias tanto para los lectores más jóvenes como para los mayores. Cada lector o lectora podrá elaborar sus propias respuestas a las preguntas comunes y todos hallarán materia emotiva, poética, evocativa y provocadora en las historias, en las imágenes, en las preguntas que ofrecen libros como los que reseño a continuación.

La gran pregunta, México, Ediciones Tecolote, 2005

En La gran pregunta es elocuente el cuestionamiento existencial, ya que es el punto de partida, el argumento, el nudo y el desenlace abierto a la formulación de nuevas y necesarias preguntas. La gran pregunta, que todo sujeto se ha planteado en algún momento de su existencia, se presenta elidida en una voz infantil que no escuchamos, sino a través del eco de las respuestas que ha demandado, tal como se infiere, y que obtiene de los personajes más cercanos en su cotidianidad. La gran pregunta formulada por un niño pequeño, como todos los niños y las niñas que hemos sido alguna vez, y como los de ahora y los de todos los tiempos, recibe tantas respuestas como caben en la complejidad de nuestras vidas sobre el mundo y de quienes nos rodeamos. Los trazos lineales y figurativos con colores ocres y fríos ilustran con emotividad y de manera elocuente las breves y contundentes respuestas que buscan describir pedacitos de lo que representa el sentido de la vida desde distintas perspectivas. Hay respuestas poéticas: “Estás aquí para cantar tu canción”, le dice el pájaro. Existenciales: “Estás aquí, para amar la vida”, le dice la muerte. Respuestas esenciales: “Tú estás aquí porque yo te amo”, dice la madre, entre otras.

 

El milagro del oso, Salamanca, Lóguez, 2002

Después de un largo invierno, el oso despertó flaco, hambriento y curioso. Una vez que hubo comido y engordado nuevamente, pensaba en el grande y fuerte padre oso que podría ser.

“Pero por mucho que pensaba, no se le ocurría qué habría que hacer para convertirse en un padre oso.”

Entonces gritó con su voz más potente para que todo el bosque lo escuchara:

“—¿Puede decirme alguien cómo puedo tener un hijo?”

“Si tú colaboras un poquito, podremos tener encantadores niños osos en la próxima primavera”.

Los cinco horribles, México, Juventud, 2001

El sapo se encuentra sumido en un estado depresivo. Sus amigos, la rata, el murciélago y la araña, no le dan ninguna palabra de aliento, antes bien, se encuentran sumergidos en la misma angustia y desolación. Todo ello debido a un motivo en común: se consideraban a sí mismos feos, ¡horribles!

“El sapo, con sus saltones ojos de color amarillo, se contemplaba en un trozo de espejo. A la pálida luz de la luna, se veía aun peor aspecto que bajo los rayos del sol y se miraba con tristeza las enormes verrugas de la cara. Se encontraba horroroso.”

(Cada vez que leo este inicio y miro la ilustración, imagino al sapo repitiéndose la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?)

Un día, llega una hiena y hace lo que sabe: se ríe de ellos, y los llama “el club de los llorones”. Se integra al grupo porque comparte su fealdad, pero agrega un ingrediente que no conocían los otros cuatro animales: entusiasmo, iniciativa y esperanza. Eso ayuda al grupo a hacer planes para olvidar las penas y para que cada uno haga lo que mejor sabe. De modo que se abre la posibilidad de ver la vida con una mirada distinta y, quién lo sabe, tal vez tener una alegre fiesta cada tarde.

Leonardo, Barcelona, Takatuka, 2008

Apenas abres la tapa del libro, te reciben unas guardas que dan ganas de alejar la mano de inmediato, pues contienen una verdadera jauría de “perros peligrosos” como los que Leonardo pintaba cada mañana, poco después de ponerse a ladrar y despertar a sus padres. La abuela, que ama a Leonardo, lo acompaña con algunos ladridos o gruñidos, aunque le gustaría tener un nieto normal con el que pudiera jugar bádminton. En la calle, a Leonardo le asustan mucho los perros, que hay de a montón. Tanto, que desea convertirse en un perro grande. Un hada se lo concede y los padres tienen que comprarle una casa para el jardín. No obstante, la calle sigue complicada, ahora con tantos niños que lo asustan…

El mundo de Leonardo es un mundo de ensoñación y temores, si bien, arropado con el amor de una familia que comparte y celebra sus juegos, anhelos y eso que llaman crecer.

La pregunta implícita en Leonardo podría ser ¿cómo se conjura el miedo frente al mundo y la vida, cuando crecer es una aventura plagada de riesgos? Acaso vestirse de fiera ayude a ahuyentar a las fieras. Así como Julio Cortázar escribía relatos para exorcizar sus demonios, el pequeño Leonardo dibuja los más feroces perros con rabiosos hocicos punzocortantes, y ladra y aúlla y gruñe cada mañana.

En conclusión, las preguntas de orden existencial son vitales y, aunque a veces duelen, a veces también iluminan y siempre nos ayudan a ser quienes somos. Hay muchas maneras de desvelar sus respuestas, una muy afortunada es con la compañía de libros poderosos, cargados de sentido, de ternura, de humor, de desenfado, de naturalidad, familiaridad e ingenio como los de este autor, pues son obras que se abren a nuestra subjetividad, que nos reflejan, nos contrastan o nos permiten asomarnos a otros mundos íntimos, diversos, de los que bien podría abrevar nuestra construcción de otredad y de alteridad.

En una próxima entrada comentaré sobre los libros ilustrados por Wolf Erlbruch.

Nota: todas las ilustraciones son de Wolf Erlbruch, incluido este autorretrato.



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