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jueves, 20 de enero de 2022

Sonrisas (bergmanianas) de una semana de verano




Sonrisas (bergmanianas) de una semana de verano

La isla de Fårö, donde vivió Ingmar Bergman, se convierte en un lugar de peregrinaje cinéfilo con su festival anual


Jordi Costa
Fårö - 

¿Se puede contar Secretos de un matrimonio (1973) a los niños? ¿Encerraba la imponente figura de Ingmar Bergman a un humorista camuflado? ¿Cuáles son las raíces de la muy particular relación de amor/odio que los suecos mantienen con uno de sus grandes tótems culturales? La respuesta a estas preguntas —y a muchas otras— pudo encontrarse entre el 24 y el 30 de junio en la programación de la Bergmanveckan, la Semana Bergman, el festival que desde 2004 reúne anualmente en la isla sueca de Fårö a cinéfilos de todo el mundo para celebrar no solo la huella imborrable que el director y guionista dejó en la historia del cine, sino también para reivindicar los múltiples rastros de su influencia en el contexto del cine contemporáneo, profundizar en aspectos poco conocidos de la obra del creador de El séptimo sello (1957) y ahondar en las sustanciales aportaciones de sus más fieles colaboradores.

Mia Hansen-Løve y Tim Roth, la semana pasada en Fårö.
Mia Hansen-Løve y Tim Roth, la semana pasada en Fårö.CARLA ORREGO VELIZ



Bergman descubrió la isla de Fårö cuando estaba buscando localizaciones alternativas para su película Como en un espejo (1961), después de que los productores le desaconsejaran rodar en las escocesas islas Orkney, y el flechazo fue instantáneo. El director reconoció el lugar como la cristalización de su propio espacio interior y allí acabaría rodando algunas de sus películas más relevantes —Persona (1966), La vergüenza (1968), Pasión (1969), Secretos de un matrimonio—. Con su variedad de paisajes, su prodigiosa luz —que en la época veraniega solo cede a cuatro escasas horas de noche— y el respeto a la privacidad del maestro por parte de la población local, Fårö se convertiría también en su refugio: su casa de Hammars —la más imponente de las seis propiedades que tuvo en la isla— sirve hoy de espacio para acoger residencias artísticas, manteniendo viva la llama de la inspiración del cineasta.


“El año pasado dirigí mi primera edición del festival y coincidió con la celebración del centenario del nacimiento Ingmar Bergman”, señala Emma Gray Munthe, responsable de la Bergmanveckan. "Sentí mucha presión, porque solo conté con dos meses y medio para elaborar la programación, y, por otra parte, nunca había estado aquí antes. No tuve demasiado tiempo para pensar y me puse manos a la obra de inmediato, pero este año he tenido más espacio para la reflexión y he podido dejar mi impronta personal en la programación. En esta edición ha habido, por decirlo de alguna manera, menos Bergman en la Bergmanveckan, porque este encuentro no va únicamente sobre él, sino también sobre la huella que ha dejado en otros cineastas y artistas contemporáneos”.


Con una programación dedicada a la memoria de la recientemente desaparecida Bibi Andersson, la Bergmanveckan ha querido reivindicar algunas figuras femeninas que las historias oficiales del cine han dejado injustamente de lado. Un documental sobre la pionera Alice Guy Blaché abrió las proyecciones y el catálogo del certamen dedica un delicado tributo a la labor de Alva Lundin, diseñadora sueca de títulos de crédito de más de 500 películas entre 1920 y 1960. Quizá una de las propuestas más heterodoxas de la programación fue la representación teatral de The Children's Scenes from a Marriage, un montaje para espectadores a partir de 10 años que recreaba el clásico de Bergman desde el punto de vista de los hijos de la pareja, que escuchan las discusiones conyugales desde su habitación del piso superior.


Debates sobre el humor bergmaniano y sesiones en el cine privado donde el director solía ver una película diaria a las tres de la tarde —entre ellas, La jungla de cristal (1988), “dado que no era ningún esnob”, apunta Emma Gray— nutrieron la oferta heterogénea de un encuentro que se mueve entre el respeto y el lúcido cuestionamiento del genio. “En el ámbito del cine sueco, muchos consideraron que su figura cobró tal magnitud que ensombreció todo lo que había a su alrededor y, como reacción a eso, se rebelaron contra él”, recuerda la directora de la Bergmanveckan. “Algunos cineastas se consideraron subestimados, porque mucho dinero iba a parar a sus proyectos cuando esa dotación podría haber contribuido a la visibilidad de otros creadores. En las escuelas de cine se dejaron de ver sus películas y empezó a reivindicarse la figura de Bo Wideberg, a quien consideraron como el polo opuesto a Bergman, una suerte de John Cassavetes sueco que apostaba por la espontaneidad y la improvisación frente al modelo bergmaniano. No obstante, ahora muchos cineastas suecos están redescubriéndolo. Es difícil ser profeta en tu propia tierra, pero ahora todo esto está cambiando. Ahora veo a Bergman en todas partes. Hay que tener respeto por su obra, pero también discutirla, diseccionarla”, asegura.


La European Film Academy ha incluido el Bergman Center de Fårö, base de operaciones del festival situado a pocos metros de la tumba del maestro, en su lista de Tesoros de la Cultura Cinematográfica Europea, en la que solo figuran 10 lugares, entre los que hay otro de fulgor bergmaniano: la playa de Hovs Hallar donde se rodó la partida de ajedrez de El séptimo sello. La Bergmanveckan, en definitiva, tiene algo de celebración de culto (cinéfilo) en un lugar sagrado.

Un safari mitómano

Un juego de espejos casi cervantino ha distinguido la celebración de la Bergmanveckan de este año: el festival ha coincidido con el rodaje en la isla del nuevo proyecto de Mia Hansen-Love, Bergman Island, donde Vicky Krieps y Tim Roth dan vida a una pareja de cineastas que se retira al lugar para desarrollar sus nuevos proyectos. La celebración de la Semana Bergman juega un importante papel narrativo en la película, al igual que una de las más populares atracciones de su programación: el llamado Bergman Safari, un tour de más de tres horas a través de míticas localizaciones del imaginario bergmaniano. Ellen Lundkvist, que durante varios años trabajó de guía real de esos safaris, da vida en la película a la chispeante guía de ficción. "La playa de Persona es la joya del recorrido. Ahí fue donde Bergman tomó la decisión de quedarse en la isla para siempre y el lugar tiene una aureola muy especial", apunta Lundkvist.


EL PAÍS


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