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lunes, 21 de junio de 2021

'Adiós, pero conmigo' / La nueva novela de Juan Diego Mejía


'Adiós, pero conmigo', la nueva novela de Juan Diego Mejía

"Sus libros forman un solo cuerpo, un solo árbol, que va creciendo poco a poco". Reseña. 


Álvaro Castillo Granada
14 de julio de 2021

En esos primeros días de universidad pasaron cosas demasiado rápido y muchas se esfumaron como si nunca hubieran ocurrido. A veces las respuestas pasaban frente a los ojos de uno, pero uno no sabía que eran respuestas porque nunca se había hecho la pregunta. El mundo en ese tiempo era un cementerio de respuestas que murieron por falta de preguntas”. Esta podría ser la mejor manera de acercarse a Adiós, pero conmigo, la nueva novela de Juan Diego Mejía (Medellín 1952): hacerse las preguntas que antes no se formularon.

Hay dos cosas que son muy difíciles de encontrar en la literatura: una voz auténtica y un mundo propio. Cuando se encuentra un autor con estas dos características se puede decir que nos enfrentamos a un escritor. Los libros de Juan Diego Mejía forman un solo cuerpo, un solo árbol, que va creciendo poco a poco: la pequeña historia de unos hombres y mujeres en Medellín que se enfrentan en un momento de sus vidas ante un mundo que cambia y no es posible volver a ser los mismos. Desde su primera novela, A cierto lado de la sangre (1991), esta ha sido su búsqueda: el descubrimiento del amor, la opción por el compromiso y la lucha política, el destino familiar y sus tragedias y miserias, el desarrollo de una ciudad, el paso implacable del tiempo: “(…) Parecía un lugar de otro tiempo donde el aire se movía lento y uno se contagiaba de una sensación de aislamiento del mundo”.


Son historias contadas delicadamente que se van engarzando unas con otras como si fueran (y son) capítulos de una misma gran historia que vamos viendo por etapas, como las ramas que crecen, como una ecuación que unos estudiantes de matemáticas van descubriendo mientras caminan por los pasillos y salones de la Universidad de Antioquia en la década de los ochenta, tratando de entender quiénes son y qué quieren.


Son instantes de seres que se enfrentan al recuerdo de lo que fueron y a la realidad de lo que ahora son para darse cuenta de que, tal vez, lo mejor de su vida ya se perdió irremediablemente en el tiempo y la historia. Narradas por voces que no pretenden explicar sino contar y contarse. Responderse. Este sería, entonces, uno de los placeres de la literatura: darse cuenta de que “(…) El mundo está repleto de señales que se mantienen invisibles hasta cuando alguien las descubre”.

Todo esto en medio de una ciudad que empieza a crecer y a cambiar: arrasando con todo, haciendo tabula rasa del pasado y creando un presente en el cual nos sentimos incómodos. Como si estuviéramos presentes en una fiesta a la cual no fuimos invitados, en la que no queremos estar, no conocemos a nadie y nadie nos está esperando. Es una ciudad que ahora solo habita en el espacio de la memoria. Lo que fue ya no está, ya no es.

La novela de Juan Diego Mejía es esto: instantes del tiempo, fragmentos de la memoria, sombras en el paisaje evocadas y contadas para que no desaparezcan, cuando se empieza a saber que nos sentimos ahogados “en la quietud del tiempo mientras el mundo sigue andando”. Debemos despedirnos de lo que fuimos con el compromiso de no olvidarnos jamás. Solo así podremos seguir armando el rompecabezas del que hacemos parte y seguir escribiendo literatura. 


EL TIEMPO





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