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lunes, 19 de junio de 2006

Enric González describe Nueva York como una ciudad en perpetua adolescencia

 


Enric González describe Nueva York como una ciudad en perpetua adolescencia

Fermín Robles
Barcelona, 19 de junio de 2006

Para Enric González (Barcelona, 1959), "los libros sobre ciudades suelen ser de dos tipos: embelesadas historias de amor o crónicas tristes de una decepción". Historias de Nueva York (RBA), su último libro, no es exactamente ni una cosa ni la otra. A lo largo de sus páginas no se percibe la desilusión pero tampoco se desprende de su lectura que mantuviera un maravilloso idilio con la Gran Manzana durante el tiempo que ejerció allí como corresponsal de EL PAÍS (entre 2000 y 2003). El volumen contiene todo tipo de curiosidades acerca de "la capital del mundo", desde el nacimiento de la ciudad, hasta la pasión de los neoyorquinos por el béisbol, las peculiaridades de los rascacielos y barrios o el perfil de algunos de sus inquilinos más populares, como el ex alcalde Giuliani o Vincent Chin Gigante, cabecilla del clan mafioso de los Genovese.

"La vida en Nueva York es un deporte de velocidad y reflejos en el que, al final, decide la suerte. Eso tiene que ver, seguramente, con el tipo de personas que atrae la ciudad. Pocos van a Nueva York para retirarse o para llevar una vida tranquila. A Nueva York se va a trabajar y a vivir con la mayor intensidad posible, lo cual acarrea riesgos", escribe el periodista. Ese vigor hace que la ciudad viva una "perpetua adolescencia", lo que se debe, en parte, a los flujos migratorios que la renuevan constantemente, explica González.

Las anécdotas y curiosidades que componen el libro dan idea de cómo es el día a día de la gran urbe, de cómo es el carácter local y qué tipo de personajes recorren sus calles. González reconoce sentir la influencia de Meyer Berger, que durante más de 50 años publicó un reportaje diario en The New York Times. Con excepción de la condena a Al Capone por fraude fiscal, nunca informó sobre aquellos temas que suelen ocupar las primeras páginas de los diarios. Se dedicaba, más bien, a hablar de la gente corriente y a relatar hechos curiosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 19 de julio de 2006.


EL PAÍS

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