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jueves, 18 de marzo de 2021

Petro / Él mismo lo dice

Petro según Matador



Él mismo lo dice

Lo que propone Petro ya se ha hecho en otros lugares y el resultado siempre ha sido el mismo fracaso


Gustavo Duncan
16 de marzo de 2021

En la entrevista que le hizo a Petro, Vicky Dávila no guardó ninguna de sus prevenciones contra Petro. En determinados momentos de la entrevista pareciera que Vicky aprovechara la situación para descargar su aversión, como si el hecho de ser la directora de uno de los principales medios del país le otorgara el beneficio de poder recriminar públicamente a su entrevistado. Fue la oportunidad de decirle que hizo parte de una organización de hampones y de restregarle otros tantos adjetivos.

Pero al margen del estilo periodístico emocional, a ratos visceral, de Vicky, hay un claro mensaje en las respuestas de Petro que hace temer por el futuro de la democracia, las libertades y la estabilidad económica de Colombia. Uno corre el riesgo de volverse repetitivo al reiterar en sus columnas del riesgo que significa que Petro gane las elecciones, pero es que el mismo Petro dice que si es presidente, va a tomar una serie de decisiones que no dejan lugar a márgenes de interpretación sobre el escenario en que nos encontraríamos después del 2022. Y, en los pocos temas para los que no tiene una respuesta concreta sobre las decisiones que va a tomar, hace una serie de insinuaciones que no dejan lugar a dudas de hacia dónde va.

De hecho, en la entrevista Vicky no le preguntó nada nuevo. Se trataba de que Petro, una vez más, despejara dudas sobre temas sensibles por todo lo ocurrido en América Latina durante las últimas décadas, en que líderes populistas de izquierda quebraron las instituciones para mantenerse en el poder y, en el caso de Venezuela, llevaron el país a una ruina sin precedentes en la historia del siglo XX. Y en vez de despejar dudas, las ahondó.

Al margen de si es de derecha, de centro o de izquierda, hay que reconocer que el discurso de Petro plantea una ruptura de la democracia.

Nadie sensato puede cuestionar que la colombiana sea una sociedad profundamente desigual y que gran parte de la concentración de la riqueza del país sea producto de los privilegios y ventajas que otorga el Estado, desde contratistas corruptos y burócratas sin méritos hasta grandes empresas que se aprovechan de una competencia no tan libre. Sin embargo, eso es un escenario un millón de veces mejor que el edén económico que ofrece Petro.

El sueño de pequeños y medianos propietarios felices, de una banca pública que se traga a la privada, de emisión relajada de dinero y de eliminación de la minería llevaría a una de las peores pesadillas de pobreza que pueda conocer el país. La desigualdad dejaría de ser un problema porque la gente estaría más preocupada por la subsistencia y por salvar sus ahorros de la inflación. Lo que propone Petro ya se ha hecho en otros lugares desde hace más de cien años, y el resultado siempre ha sido el mismo fracaso. Al menos debería aprenderles a Correa y Evo, que propusieron grandes avances en infraestructura y no espantaron la inversión privada. Pero, todo lo contrario, en sus intervenciones públicas Petro se muestra progresivamente más amigo de una intervención del Estado en la economía.

Más preocupante es cuando Petro responde a la pregunta de si su proyecto es mantenerse indefinidamente en el poder. Antes, al menos decía que estaba en contra de la reelección, así admirara a Chávez. Ahora no fue capaz de contestar a la pregunta de Vicky de si entregaría el poder a los 4 años. Se salió por la tangente al responder que Uribe fue quien se reeligió. Que Uribe haya puesto contra las cuerdas la democracia no exime a Petro de la responsabilidad de hacerlo.

Es apenas lógico que en una democracia los partidos políticos quieran mantenerse en el poder y tener mayorías en el Congreso, lo malo es cuando lo hace un caudillo, no un partido, y cuando se hace para cambiar las reglas del juego que garantizan el pluralismo. Ya hablan abiertamente de décadas en el poder como el período necesario para transformar el país. En cualquier lugar del mundo eso ya deja de ser una democracia.



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