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jueves, 27 de agosto de 2020

Annemarie Schwarzenbach / La chica que retrató al ángel

Annemarie Schwarzenbach en el Pirineo en 1933.
Annemarie Schwarzenbach en el Pirineo en 1933. 

Annemarie Schwarzenbach

La chica que retrató al ángel

Breslauer es la autora de la icónica fotografía de la escritora Annemarie Schwarzenbach


Jacinto Antón
1 de noviembre de 2016



Annemarie Schwarzenbach.
Annemarie Schwarzenbach. MARIANNE BRESLAUER

¡Qué hermosa, maravillosa sorpresa la exposición del MNAC sobre Marianne Breslauer! Interesante por tantas cosas, la fotógrafa judía alemana era para algunos de nosotros sobre todo la autora del retrato icónico, seráfico, de una escritora rodeada del aura de leyenda, leyenda a la vez bella y maldita: Annemarie Schwarzenbach. Creadora de algunos de los textos más arrebatadores, melancólicos y desgarradores de la literatura de viajes (y de la literatura en general), la suiza Schwarzenbach (1908-1942), niña bien, lesbiana, antifascista, culta, chic, irredenta adicta a la morfina, voluntarista arqueóloga, paseó su mal de vivre y su agónica hipersensibilidad por una época y unos paisajes que le devolvían la imagen de su alma herida. Sus escritos sobre Persia y Afganistán (que recorrió en 1939-40 con Ella Maillart, que la convirtió en la inolvidable Christina de La Voie cruelle),especialmente, destilan una poesía oscura de una emoción inconmensurable.
Todo lo que ella fue encontró exacta definición en una frase y una imagen. La frase la puso Thomas Mann, nada menos —era amiga de sus hijos Klaus y Erika—, que la describió como un “ángel devastado” (veröderte Engel); y la imagen, Breslauer. El retrato que le hizo a Annemarie Schwarzenbach en 1932 en Berlín no ha cesado desde entonces de dejar mudos a los que lo contemplan. “Ella me provocó en aquel momento el mismo efecto que a todo el mundo”, dijo luego la fotógrafa, “esa extraña mezcla de hombre y mujer. Para mí correspondía a la imagen que me hago del ángel Gabriel en el Paraíso”.

Thomas Mann la describió como un "ángel devastado"

La foto muestra un rostro de una rara belleza embargado por una insondable desesperanza. La propia Schwarzenbach —lo cuenta su biógrafa Dominique Laure Miermont— juzgaba que la foto había fijado de ella “Die dunkle Seite”, el lado oscuro, la cara tenebrosa. “¿Dios no hará nunca la paz conmigo?”, imploraba. Dios ni siquiera la dejó morir bien: tuvo diez semanas de enloquecida extinción tras golpearse en la cabeza al caer de una bicicleta en Silvaplana, cerca de Saint-Moritz.
La exposición del MNAC y el espléndido catálogo que la acompaña nos presentan a la chica que retrató al ángel y que viajó con él al volante por los Pirineos en 1933. Es emocionante recordar que nuestro ángel estuvo en San Cugat, en Montserrat, en Girona, en Puigcerdá, que condujo hasta Andorra, y que se dejó algunas plumas asistiendo a espectáculos de travestís en Barcelona... Breslauer plasmó a Schwarzenbach en ese viaje en toda su fascinante androgínia, con el cabello corto y el mono de automovilista. Ahora, descubriendo las fabulosas fotos de Breslauer, como los autorretratos y la serie del chico del circo, uno se da cuenta de que probablemente el ángel estaba en los dos lados del objetivo: Annemarie y Marianne.

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