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jueves, 22 de febrero de 2018

Joaquin Phoenix / “Aún me sorprende que mi trabajo conecte con la gente”


Joaquin Phoenix en el pase de gala de 'Don't Worry, He Won't Get Far on Foot'. 

Joaquin Phoenix: “Aún me sorprende que mi trabajo conecte con la gente”

El actor se convierte en el más serio aspirante al premio de interpretación por su labor en 'Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot'


Gregorio Belinchón
Berlín, 22 de febrero de 2018

El martes al mediodía, a mitad de la rueda de prensa de Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot, la película de Gus Van Sant que protagoniza y que le ha traído a la Berlinale, Joaquin Phoenix (San Juan, Puerto Rico, 1974) decidió sentarse de lado y no mirar a la prensa. Ayer por la mañana, al sentarse para charlar con cuatro periodistas europeos media hora, lo primero que hace es disculparse. “Me abruma, funciono mejor en las distancias cortas”, asegura y sonríe. La sonrisa se convierte en carcajada cuando alguien le habla de un posible premio que sumar al que obtuvo en el pasado Cannes con En realidad, nunca estuviste aquí. “Veremos”. Bromea hasta con su barba: “Esconde mi papada”.

Phoenix encarna a John Callahan, uno de los más irreverentes humoristas gráficos estadounidenses, que realizó toda su obra sujetando los rotuladores con dificultad. Vivió más de la mitad de su vida atado a una silla de ruedas, parapléjico por culpa de un accidente de tráfico provocado por su alcoholismo y el del conductor, lanzados ambos a una farra sin fin. Rehabilitado, Callahan se convirtió en un héroe local en Portland, por donde paseaba a la máxima velocidad que le permitía el motor de su silla. “Fue muy frustrante caerme de la silla yendo ni siquiera la mitad de rápido que él”, recuerda Phoenix. “Cuando me llamó Gus, comentando este proyecto que había capitaneado Robin Williams, yo solo pensé en repetir con Gus”, con quien hizo su primer personaje de adulto en la pantalla con Todo por un sueño, hace 23 años. “Estábamos buscando un proyecto en común; el guion era fantástico, bebía de las mismas palabras del libro de John, me emocionó y dije que sí”, recuerda. “Yo no he cambiado mucho. Sigo igual de inseguro, para regodeo de mis amigos, y aún me sorprende que mi trabajo conecte con la gente”.

Phoenix disfrutó mucho descubriendo el humor absolutamente incorrecto de Callahan, que falleció en 2010. “Siento que era su objetivo en la vida, la broma irreverente. Vi muchas horas de grabaciones suyas, fui al mismo rancho donde aprendió a controlar su cuerpo tras el accidente”, asegura. “Construyes pero también resucitas”.




El actor asegura que a él solo le interesa “trabajar en el cine”, porque disfruta “del proceso”, y eso hace que la vida le llevara de encarnar a Jesucristo en María Magdalena a interpretar a Callahan una semana más tarde. “Todos tienen sus problemas. Seguro que Jesús también sufría sus propios conflictos. Al final, en cada película, cada vez que leo un guion, llevo a la misma conclusión para encarar el reto: el personaje es solo un hombre, y debo averiguar qué siente en ese momento”.
¿Rebusca en su interior ecos del personaje cuando lo construye? Phoenix, alcohólico rehabilitado como Callahan, arranca rápido: “Probablemente siempre lo haga”. Y a continuación alaba el coraje del viñetista al encarar sus problemas y sus reuniones terapéuticas, desviando la atención de su propia vida. “Cuando escojo un proyecto, espero que encaje la calidad del guion, del personaje y del director. A veces descubres que la experiencia es una mierda —no digo el filme, sino el proceso—, porque nunca sabes qué va a pasar”. Respira: “A mí lo que me chirría son los tiempos muertos entre películas, porque en un rodaje tengo el día a día muy programado. Acabas y de repente una mañana te levantas y te planteas: ‘Hoy, ¿qué hago?'. Ahora mismo me pasa eso”.
Durante mucho tiempo, su mejor amigo fue el actor y director Casey Affleck, hoy su excuñado y alguien marcado por varias acusaciones de abusos sexuales. Así que Phoenix medita su opinión sobre el movimiento #MeToo. “Hace unos días charlaba con mi madre, que vivió la lucha por los movimientos civiles en los setenta, y le encontraba cierto paralelismo. Es una revolución excelente para nuestra cultura, debemos prestar más atención a nuestros comportamientos, y estoy seguro de que dentro de veinte años celebraremos haber estado ahí y haber formado parte de #MeToo”.


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