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martes, 12 de febrero de 2013

Slawomir Mrozek / En blanco y negro

Slawomir Mrozek


Slawomir Mrozek, en blanco y negro


Manuel Hidalgo
12 de febrero de 2013

«Suicidio: ocurre cuando alguien se arrima una pistola a la sien en vez del auricular del teléfono». Con esta cita de El elefante terminaba el artículo que escribí hace casi tres años sobre el dramaturgo, cuentista, periodista, guionista y caricaturista polaco Slawomir Mrozek.
Menos de veinte palabras contienen el mundo y el estilo de Mrozek, gran aforista, genial cultivador del humor negro, capaz de volver del revés con un quiebro la lógica ilógica de la cotidianidad, muy obsesionado por la muerte, y también por el suicidio, según se puede comprobar una vez más en La vida para principiantes. Un diccionario intemporal, tal vez el noveno libro del escritor que Acantilado publica desde 2001.
Enseguida, tras la hilarante carta de un joven que se dirige a la reina Isabel de Inglaterra para que lo adopte, el relato de la trascendental confusión que embarga a un individuo por no saber elegir entre el té y el café que le ofrece su anfitriona y una feroz sátira del arte moderno, ya aparecen la muerte y el suicidio unidos en el desopilante cuento de un capitán de bomberos que debe disuadir a un inminente suicida sin creer -por experiencia- que desee suicidarse.
El humor minimalista y puntiagudo del creador de Los emigrantes y En alta mar es literalmente demoledor. Demoledor de convenciones, miserias individuales y colectivas, vicios de la burocracia y del poder estructurado, tontas ideas comunes o no tan comunes. En un universo trágico, emparentado con Kafka, entra la piqueta de un absurdo a lo Ionesco. Sin embargo, con Mrozek pasa algo curioso, casi paradójico: aunque su diagnóstico de la vida es devastador no termina de agobiar. Hay en él, no sé, una especie de piedad y, en definitiva, comprensión hacia sus personajes, hacia la flaqueza de la condición humana y sus realizaciones, que acaba por inducirnos a la compasión y alejándonos de la depresión. ¿Podríamos decir algo así como que su negrura es blanca? No siempre, desde luego, pero el evidente pesimismo de Mrozek no termina de anegarnos.
Los 39 cuentecillos breves de La vida para principiantes están organizados en forma de un diccionario que ordena alfabéticamente conceptos como la anarquía, el cambio, el egoísmo, el idealismo, la libertad, las mujeres, el progreso, la revolución, la verdad y muchos otros que, se supone, se corresponden con los asuntos que Mrozek quiere tratar. El lector sonreirá siempre y dejará escapar carcajadas con venturosa frecuencia, mientras disfruta de las magníficas viñetas del dibujante francés Chaval.
En su esclarecedor epílogo, Jan Sidney recuerda unas palabras de Mrozek en una entrevista de 1995: «No creo que se me agoten los temas, porque no estoy de acuerdo con nada».
¿Musas? El desacuerdo, la disensión, la disconformidad: fuentes seguras de inspiración. Después de mirar atentamente alrededor.



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