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miércoles, 14 de enero de 2015

Arturo Pérez-Reverte / El siglo XVII en la mochila

Capitán Alatriste


El siglo XVII en la mochila

Pasear con Pérez-Reverte era como ir ahora con una de las 'celebrities' de la tele o con los actores que luego han dado imagen a las películas que proceden de sus textos


Arturo Pérez-Reverte era un reportero que aparecía por la Feria del Libro de Madrid con su mochila y miraba firmar a sus colegas. Era como un espadachín nostálgico en medio de los cuchillos literarios.
Rafael Conte, en este periódico, le dio la bienvenida como novelista. Cuando publicó La piel del tambor(1995), la novela en la que la Iglesia se encuentra con el enemigo informático, sus libros ya tiraban mucho más que lo que él (y sus editores) hubieran imaginado nunca; esa novela, en concreto, salió a la calle con 250.000 ejemplares.
Ya pasear con Pérez-Reverte, aquel antiguo solitario, era como ir ahora con una de las celebrities de la tele o con los actores que luego han dado imagen a las películas que proceden de sus textos. Johnny Depp y Roman Polansky, que hicieron El club Dumas en cine, eran en Toledo menos codiciados, para los autógrafos, que el autor del libro, y eso en este mercado es tan raro como un perro verde.
Con esa fama encima, aquel muchacho de la mochila, que tuvo a su lado a una editora excepcional, Amaya Elezcano, llegó un día con unos manuscritos que a los editores le parecieron eso, un perro verde.
Él es muy plástico explicando, como si estuviera poniéndole voz a las escenas de la tele, de modo que enseguida que empezó a contar cómo era Alatriste a los que lo escuchaban en la editorial Alfaguara se le empezaron a meter cifras en la cabeza, hasta que uno dijo: tiremos 150.000. Y llegaron enseguida a los 250.000. Fue el preludio de un éxito en el que al principio no creyó ni él.
El primer título de la docena que concibió desde el principio lo hizo con su hija Carlota, entonces una jovencísima estudiante. Los que lo conocen saben que su obsesión por la historia (El capitán Alatriste es siglo XVII puro) lo debió llevar a contarle a Carlota qué fue ese tiempo de espadachines.
Nada más afrontar lo que más le aterra de su trabajo como escritor (responder a los periodistas), dijo qué quería hacer: “Recuperar sin alharacas un siglo que no es ni tan abyecto como se dice ahora ni tan maravilloso como se decía durante el franquismo”. Ahora Alatriste va con Pérez-Reverte como si fuera una lección de historia en su mochila.



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