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domingo, 20 de marzo de 2011

Rosa Montero / Lágrimas en la lluvia / Replicantes en el siglo XXII



Rosa Montero

Replicantes en el siglo XXII


Narrativa. No sé a ustedes, pero a mí solo conocer el título de la nueva novela de Rosa Montero (Madrid, 1951) se me hizo la boca agua. Evidentemente, todos pensamos en Blade Runner. Y cuando vamos por la mitad de la lectura, aparece el homenaje y el reconocimiento de la deuda. Hay un comentario sobre la escena famosa y se presentan las imperecederas palabras del replicante interpretado por Rutger Hauer que dan título a la novela y reflejan "la inconsistencia de la vida". Pero lo que ahí se explica es también el propósito de la autora: mostrar el proceso real de la muerte. En la película, según Montero, el retrato de esos replicantes es blando; ella quiere añadir dureza y profundidad psicológica. No desea mostrar esa muerte romántica e idealizada del androide muriendo simplemente con una leve inclinación de cabeza. Montero lo sabe bien, eso no es morir. Morir es un proceso dramático y devastador, que acaba después de meses de agonía y angustia. El segundo propósito es dar el protagonismo absoluto a una replicante (vean, de paso, cómo esta palabra es magnífica, resonante, y mediten cómo se ha enriquecido su significado por la repercusión que ha tenido la película). Bruna Husky, la rep detective (rep: abreviatura de replicante), sufre, como todos sus congéneres, el estigma de tener una vida limitada a 10 años. Su vida está marcada por ese dolor mental, moral y sentimental. Vive "abrumada por la conciencia de la muerte" y en su cerebro se formula cada día y cada hora una persistente letanía que expresa el tiempo que aún le queda. "Cuatro años, tres meses y veintitrés días". Y un día menos cada día. Si ustedes leen el capítulo que va de la página 280 a la 307 (no hay numeración) verán completo uno de los ajetreados días de esos tiempos en la vida de Bruna. Verán también la actuación del policía Paul (amigo o enemigo ¿quién puede saberlo?) y de otros importantes personajes. Comprobarán también el brillo de las virtudes narrativas de la autora. No habría sido posible mantener con tanta intensidad la atención del lector sin su talento para mantener un ritmo sostenido, saltar de una escena a otra con un pequeño giro o equilibrar los contenidos de cada capítulo.


Lágrimas en la lluvia

Rosa Montero
Seix Barral. Barcelona. 2011
477 páginas. 20 euros
Libro electrónico: 13,99 euros
A Rosa Montero no le resulta extraño el género de la ciencia-ficción, pero en esta ocasión lo ha abordado con mayor ambición y amplitud. Situando la historia a principios del siglo XXII, un siglo, pues, de margen, ha podido ofrecer el mundo de aquel momento como el resultado de una larga evolución, lógica pero no inevitable aunque sí plausible, del momento actual, acentuando con naturalidad los aspectos que le interesan y añadiendo, claro está, una gran dosis de imaginación y, al mismo tiempo, integrar en la narración retazos de la historia del siglo XXI, presentado como un siglo devastador y sanguinario, más todavía que el siglo XX. Esto le permite ofrecer un panorama muy crítico de la acción política, de la vida intelectual y de tantas otras cosas que el resultado es un mundo futuro que nos recuerda poderosamente el nuestro. En la construcción de ese escenario, algunos elementos al margen del argumento principal son innecesarios, incluso distorsionantes (por ejemplo, la idea de que hay que pagar el aire respirable no es coherente), pero otros, en cambio, pequeños detalles captados como al azar (la idea de un borrador selectivo de memoria, por ejemplo), constituyen, por el contrario, brillantes hallazgos y algunos como la pequeña figura en marfil de un hombre con un saco que aparece en el momento preciso son pinceladas que enriquecen y dan sentido al argumento principal. El resultado global es la presentación de un mundo completo y denso que toma un apabullante aire de realidad. La emoción prende y atrapa desde el primer momento y seguimos con pasión la investigación criminal de la detective Bruna, los indecisos movimientos de esos dos hombres poliédricos que la pretenden y los personajes secundarios que nunca se sabe bien qué pretenden. Ahí está también lo básico de una novela negra.
El enfrentamiento entre humanos y replicantes pone de manifiesto lo que más interesa: la fragilidad de unos y de otros, es decir, de nosotros todos, seres humanos destinados a la muerte y cuya esencia fundamental es la memoria, frágil, deshecha a veces, dolorosa, pero que funda nuestra identidad. Por eso a los reps se les dota de memorias falsas para otorgarles la ilusión de una vida más larga y completa. El comercio de memorias, "memas", la existencia de escritores dedicados a confeccionarlas, las memorias artificiales que permiten añadir otra vida a la real (un rasgo metaliterario: la vida es caótica, las memorias fabricadas, ordenadas) sirven para precisar el tema grande e importante: nuestra identidad. Por eso, Bruna nos inquieta tanto cuando muestra sus dudas: "Yo no soy mi memoria".


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