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sábado, 5 de junio de 2004

Paisajes del poeta Ovidio en el destierro

El paseo marítimo de Constanza con el edificio del Casino, que se sitúa en la misma orilla del mar Negro. REINHARD SCHMID


Paisajes del poeta Ovidio en el destierro

Una ruta por La Dubruya, la región rumana donde desemboca el Danubio



César Antonio Molina
5 de junio de 2004

Augusto lo expulsó a los confines del imperio, a Constanza, junto al mar Negro, una zona de pantanos y barro donde el autor de 'El arte de amar' pasó con amargura la última década de su vida.


Desde Bucarest hasta Constanza, un recorrido de apenas 200 kilómetros por una complicada carretera, se atraviesa la Dobruya, una de las regiones rumanas. Las más conocidas son: Moldavia, Transilvania, Bucovina; además de las otras más ignotas, como Crisana, Banato o Maramures. 

La Dobruya está situada al suroeste, entre el curso final de la desembocadura del Danubio y el mar Negro. Tierras bajas, repletas de marismas, que desembocan en las playas y los acantilados y que atesoran, sumergida, la historia de dacios, tracios, getas y otras tribus, además de griegos, romanos, bizantinos y turcos que también la invadieron en el siglo XV y permanecieron en ella durante cuatro siglos. La ciudad de Medgidia, entre Cernavoda y Constanza, fundada en el siglo XIX por el sultán Abdul-Medgid, aún conserva parte de su estilo oriental pespunteado por los alminares.

A este desierto acuático, a estas tierras embarradas, a estas soledades fue mandado al exilio por Augusto el poeta Ovidio. Aunque el escritor se queja amargamente en las Tristes y las Pónticas, el castigo impuesto por el emperador fue pequeño si lo comparamos con los impartidos por aquellos tiempos y que tan magistralmente narró Robert Graves en Yo Claudio. ¿Cuál fue la culpa de Publio Ovidio Nasón? El Arte de amar fue prohibido y retirado de las bibliotecas públicas por contravenir los principios morales establecidos por Augusto. Pero además debió añadirse algún otro motivo que incluso era desconocido para el propio reo. ¿Presenció alguna escena inmoral de Livia o Julia, esposa e hija de Augusto? ¿Conspiró Ovidio junto a Fabio Máximo para devolver el derecho de sucesión a Agripa Póstumo, nieto del emperador? O quizá asistió a los cultos prohibidos neopitagóricos. Ovidio no sólo no parece saberlo (aunque confiesa que sus ojos vieron "un crimen sin quererlo"), sino que una de sus mayores obsesiones es preguntar el porqué. Augusto le conservó la vida, los bienes, la ciudadanía. Cuando Ovidio abandonó Roma, en el octavo año de nuestra era, tenía 65 años. Cuando murió en Tomis, en el año 18, había cumplido ya los 75.
Ovidio emprendió su último viaje desde Roma a Brindisi. Allí embarcó hasta Grecia atravesando a pie el istmo de Corinto. Luego reembarcó en Cenereas; bordeó Troya, en la actual Turquía, y llegó al puerto de Cerinto, en Samotracia. Atravesó el Helesponto o estrecho de los Dardanelos, cruzó la Propóntide o el mar de Mármara y entró en el Ponto Euxino o el mar Negro llegando al puerto tracio de Témpira. En Samotracia, la actual Bulgaria, estuvo hasta la primavera. Luego continuó a pie y reembarcó en el golfo de Tinias camino de su destino final, Tomis, hoy Constanza. Ovidio pasó así de manera tortuosa y prolongada por las futuras Italia, Grecia, Turquía, Bulgaria y Rumania.

Al occidente del mar Negro

Tomis estaba en la provincia romana de la Moesia, en los confines del Danubio, en la desembocadura del "Histro de siete brazos". Era la frontera del imperio. Había sido una colonia griega fundada por los jonios de Mileto en el siglo VII antes de Cristo. Era la ciudad más importante de la margen occidental del mar Negro o Escitia Menor. Ovidio la describe como un paisaje desértico, una estepa sin agua potable y pocos alimentos, helada y en permanente pie de guerra contra bárbaros hostiles. "Aquí el campo no produce frutos, ni dulces racimos de uvas; no verdean sauces en sus riberas, ni encinas en sus montañas. Ni el mar merece más alabanzas que la tierra: sus aguas, privadas de sol, están siempre hinchadas por el furor de los vientos. Adonde quiera que mires, se extienden llanuras sin cultivar y vastos labrantíos que nadie reclama".
Ovidio, a lo largo de los años se fue encariñando con el lugar y sus gentes: "Ellos prefieren que yo me marche, porque ven que lo deseo: pero por propio interés desean que me quede aquí. Y no me creerás, hay decretos públicos que me elogian y me eximen de impuestos. Y, aunque a los desgraciados no conviene la gloria, las ciudades vecinas me otorgan el mismo privilegio", le escribe a Grecino. Finalmente le comenta a Tuticano: "Me es querida Tomis, que a mí, que estoy exiliado de mi patria, me ha mantenido hasta hoy su fiel hospitalidad".
El nombre de Tomis procede de la leyenda de los argonautas. Medea, locamente enamorada de Jasón, se fugó con él. Para que su padre, Eetes, rey de la comarca y poseedor del vellocino de oro, no pudiera alcanzarla en su persecución, asesinó a su hermano Absirte y lo fue despedazando para que así su padre se detuviera recogiendo los trozos. La pobre Medea fue una víctima de Juno y Minerva, dioses protectores de Jasón, quienes le inocularon esa pasión. Tom significa cortar las manos y la cabeza en un peñasco. Los bizantinos la llamaron Constantiana, y, a pesar de que los turcos volvieron a rebautizarla, Constanza sobrevivió hasta nuestros días. Estamos, pues, en la Cólquide, donde se encontraba el vellocino de oro y adonde Jasón llegó en la nave Argos para robarlo siete décadas antes de que tuviera lugar la guerra de Troya.

La cercanía de Estambul

Entro en Constanza en medio de una gran tromba de agua y en una especie de pequeño obelisco tapado por una vegetación salvaje leo la distancia que, en millas, hay desde aquí a otros puertos del propio mar Negro o del Mediterráneo. A Odesa hay 175 millas, 399 a Sebastopol, 193 a Estambul. Constanza es el puerto más importante de Rumania y una de las principales ciudades del país. El paseo marítimo, las playas, el puerto deportivo y comercial, los hoteles y comercios, la zona industrial que antes se dedicaba a los astilleros, textiles e industrias alimentarias, todo parece abandonado. Las grúas del puerto son como brazos muertos que se mueven de aquí para allá. Tampoco se divisan grandes e interesantes edificaciones, que las hubo, pues fueron destruidas para levantar otras más populares y amorfas durante la época de Ceausescu.
La estatua de Ovidio es el omphalos de la ciudad. Su inauguración, en el año 1887, no sólo significó el homenaje a uno de sus más importantes habitantes, sino también la restauración simbólica de la occidentalidad frente a la orientalidad otomana impuesta durante siglos, que sumió a la ciudad en una gran decadencia y llegó a deshabitarla, pues a mediados del XIX sólo contaba con 2.000 almas. La estatua de Ovidio significaba la latinidad. Y fue también un escultor italiano quien la ideó y armó, Ettore Ferrari, de Sulmona (al este de Roma, donde nació el poeta). Está levantada sobre un amplio y alto plinto. El poeta es una esbelta figura togada. Su rostro meditabundo apoya la barbilla sobre la mano derecha. Dice a los pies del monumento: "Bajo esta piedra yace Ovidio, el poeta. / De los amores delicados, vencido por su talento. / Oh, tú que te paseas por aquí, si es que has amado alguna vez, / reza por él, para que le sea leve el sueño".

Orfebrería helenística

El Museo de Historia Nacional y Arqueología está en la plaza de Ovidio. Es muy interesante, pues contiene muchos objetos de valor de las épocas grecolatinas. Las piezas de orfebrería helenística son magníficas, así como las esculturas griegas anteriores al nacimiento de Cristo y las romanas posteriores. Las estatuas de Pontos, el dios del mar Negro que simboliza las puertas de la ciudad, y de la Fortuna, otro de los dioses protectores de Tomis, se mezclan con la serpiente Glyko, un animal fantástico esculpido en mármol azulado que tiene una cabeza de mamífero (perro o antílope); orejas, cabellos y ojos humanos; cuerpo de serpiente y cola de león. La escultura del caballero tracio se alza hacia adelante y su manto flamea al viento. Hay también una interesante sala dedicada a Ovidio y su época. La gran importancia arqueológica de esta ciudad se completa con otros dos espacios fundamentales. El parque arqueológico y el edificio del mosaico. El parque se levantó junto a uno de los muros defensivos de la ciudad construido por los romanos en el siglo III. En torno a este espacio fueron apareciendo columnas, capiteles, sarcófagos, ánforas y demás utensilios de la vida cotidiana. El edificio del mosaico, que también está al aire libre, sólo levemente cubierta la parte de las teselas, fue descubierto en el año 1959 bajo la vía férrea y la estación del tren al llevarse a cabo obras de remodelación urbanística. Abarca un espacio de unos 2.000 metros cuadrados, de los que sólo se conservan en buen estado unos 600. Las teselas tienen siete colores distintos y su decoración es geométrica y floral. Son 74 diferentes símbolos. Impresiona no sólo la extensión de esta obra de arte primorosa, sino también la modernidad abstracta de esas composiciones y la mezcla de colores para representarlas. Está datada en el siglo IV. Aquí mismo también hay una gran muestra de lápidas con inscripciones griegas y latinas.
En el Museo de Arte nos plantamos en la contemporaneidad de la pintura rumana del siglo XX al contemplar las obras de Grigorescu, Aman, Petrascu o Luchian. Pero estas aguas oscuras, amenazantes, muertas, del mar Negro, tienen varios museos dedicados a mostrar su flora, fauna (Ovidio escribió también un poema dedicado a los peces del mar Muerto titulado Holientica) e historia. El Museo de la Marina, el Museo del Mar, el Acuario o el Delfinario. Junto al Museo del Mar está el faro genovés. Una torre de luz alzada por este pueblo navegante, luego arruinada y vuelta a levantar a finales del siglo XIX para conmemorar la ruta marítima que este pueblo italiano abrió durante los siglos XIII y XV. No es muy alto ni ancho, sino más bien una columna que sostiene a la linterna.

Un casino en el litoral

Muy cerca, contemplando el mar, hay otra de las múltiples estatuas del gran poeta nacional Eminescu, realizada por O. Han. Pero de entre todos los edificios que alberga Constanza, el antiguo casino es como un diamante en medio de tanta construcción sin personalidad. Fue alzado a comienzos del siglo XX, mezcla de joya barroca y rococó, muy parecido al de Niza. La mezquita de Mahmudiye, levantada en el siglo XIX sobre otra del XIV, tiene un alminar decorado con arabescos. La catedral e iglesias ortodoxas griegas son de finales del XIX, al igual que la iglesia católica, que ostenta una torre o campanario románico.
Constanza está rodeada de lugares recreativos e históricos. Mamaia es una gran playa al norte. En Mangalia, al sur, están las ruinas de la ciudad griega de Callatis. Histria es otro centro histórico y arqueológico capital. Toda esta zona está repleta de aquellas ciudadelas defensivas levantadas por los romanos como frontera del imperio a lo largo del Danubio y del mar Negro. Y muy cerca de Constanza también se encuentra, en Adamclisi, el Tropaeum Trajani, el monumento que levantó Trajano en conmemoración de la victoria sobre los pueblos bárbaros (dacios, sármatas y tracios) capitaneados por Decébalo, en el año 101 de nuestra era. Excavado en el siglo XIX, se reconstruyó totalmente a mediados del XX. Las metopas y algunas otras piedras originales pueden contemplarse en el Museo Arqueológico de Bucarest y en el del mismo Adamclisi.
Rica en historia, bella en paisaje, entre Oriente y Occidente, buscando de nuevo su futuro, así es Constanza, donde yacen los huesos de uno de los más grandes poetas de todos los siglos.
César Antonio Molina (A Coruña, 1952), periodista y poeta, es director del Instituto Cervantes.




GUÍA PRÁCTICA


Datos básicos
Prefijo telefónico: 00 40.
Moneda: leu (un euro equivale a 39.950 lei). Población: Rumania tiene 22 millones de habitantes.
Cómo ir
- Constanza se encuentra a 215 kilómetros al este de Bucarest (en coche, un viaje de unas dos horas y media).
Tarom (915 64 18 83). De Madrid a Bucarest, ida y vuelta, 450 euros. El precio incluye el viaje en autobús de Bucarest a Constanza.
Iberia (902 400 500 y www.iberia.com). Ida y vuelta a Bucarest desde Madrid, en junio, a partir de 381,22 euros.
Información
Oficina de turismo de Rumania en Madrid (914 01 42 68
y www.rumaniatour.com).
- www.mtromania.ro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de junio de 2004




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