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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nuno Júdice / Me obligo a escribir todos los días, como un oficinista

El escritor portugués Nuno Júdice posa en un parque de Lisboa, Portugal, el 18 de noviembre del 2013. / FRANCISCO SECO

Nuno Júdice: “Me obligo a escribir todos los días, como un oficinista”

El catedrático portugués recoge hoy el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el Palacio Real de Madrid

'Devastación de sílabas' es la antología poética de Júdice que ha editado la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional


Nuno Júdice nació en 1949 en Mexilhoeira Grande, en el Algarve, y se aficionó a la poesía, antes de leer, oyendo a los actores portugueses recitar en la radio en su pueblo en los cincuenta. Después saqueó la biblioteca familiar y más tarde descubrió con asombro el verso libre de Álvaro de Campos, uno de los heterónimos de Pessoa. De ahí no salió. Publicó su primer libro de poesía, A Noção de Poema,en 1972. Desde entonces ha escrito, a un ritmo constante y espectacular, más de 30 volúmenes poéticos, una decena de novelas, otra de ensayos y cuatro obras de teatro. Concibe el escribir como un trabajo y cada tarde, cuando ha terminado las clases de Literatura en la universidad y los artículos que le dan de comer, se sienta a una mesa silenciosa de su casa de Lisboa y se pone a trabajar, solo, feliz. Habla poco, siempre en voz baja. Es tímido. Hoy recibe el de manos de Doña Sofía el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y se publica su antología poética Devastación de sílabas, con selección e introducción de Pedro Serra y traducción de José Luis Puerto (editada por Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional)
 Pregunta. ¿Es difícil ser poeta y catedrático de Literatura?
Respuesta. Hay países en los que esa coexistencia es difícil, como en Francia, donde los poetas universitarios, por así decir, no son vistos como “auténticos”. En Portugal, curiosamente, los grandes del XX fueron profesores de Literatura, como Jorge de Sena. A mí me obliga a convivir con la literatura. Aunque muchas veces evito enseñar poesía a fin de no tener que desarmar los poemas en clase para verles las costuras.
P.¿Es verdad que Portugal es tierra de grandes poetas y no tan grandes novelistas?
R. Eso procede, por un lado, de que hasta hace pocos años, solo Luís de Camões y Pessoa, dos poetas, habían salvado las fronteras. Solo Saramago lo ha vuelto a hacer recientemente. Y también de la idea romántica de que la poesía y la saudade caracterizan nuestra identidad.
P. Hay quien añade a esa esencia portuguesa la resignación.
R.Tiene que ver con dos hechos históricos: la Inquisición, que duró tres siglos, y la dictadura, que duró 50 años. Ambos marcaron negativamente la creatividad. Aunque creo que las generaciones más jóvenes se comportan de un modo diferente.
P. Pero usted ha dicho que los portugueses han sido muy tolerantes con esta crisis…
R. Aludía a esa resignación, pero también al hecho de que Europa ha sido durante muchos años el sueño portugués y ahora nos es difícil liberarnos de esa utopía.
P. ¿Y qué debe hacer la literatura frente a todo esto?
R. La literatura portuguesa siempre tuvo que ver con la evolución social del país. Se echa de menos eso. La literatura es la mejor manera de que perduren determinados hechos.
P. Pero los periódicos se encargan de consignarlos.
R. Sí, pero la literatura da una visión personal, subjetiva. Problematiza un acontecimiento, va más allá del registro documental.
P. ¿Y la poesía? ¿Cómo influye esta realidad apabullante que se vive hoy en Portugal?
R. Yo crecí con la dictadura. Y existió, antes de mi generación, una poesía militante, muy política. Nosotros reaccionamos contra eso. Pensábamos que una poesía que nacía en una circunstancia política perdería el sentido una vez desaparecida. Por eso mi poesía, siempre ha tratado de ser algo más universal. Aunque, bueno, es evidente que la realidad tiene que pasar por ahí. Pero siempre busco que el poema trascienda ese puro hecho que lo inspiró.
P. ¿Y por qué tantos poemas sobre la poesía misma?
R. Eso siempre ha estado en mí. Por lo menos hasta el final de los años ochenta. Después mudé algo. Pero siempre me he interrogado sobre qué es un poema, entendiendo como poema ese objeto vivo que perdura en la mente del lector. La poesía que muere una vez leída, esa poesía seca, formal, es un objeto interesante, pero no pasa de eso. El poema tiene que dirigirse al lector como algo esencial y transformarlo, hacerle ver las cosas de otra forma.
P. ¿Cómo decide escribir poesía o novela?
R. Por lo general escribo siempre poesía. Es mi actividad más constante. La novela necesita una historia, un punto de partida con el que seguir. Y, por ejemplo, ahora no tengo ninguno. La novela no es en mí algo natural. En el fondo, en mis novelas hablo de cosas que conozco, son una suerte de memoria ficcionada, de diario novelesco.
P. ¿Cómo consigue escribir tantos libros de poesía?
R. Me obligo a escribir todos los días, como un oficinista. Escribir es mi vida. Me gusta hacerlo, no vivo de eso, pero es mi manera de ser.



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