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martes, 25 de octubre de 2016

Richard Ford / El observador perfecto


Richard Ford
Poster de T.A.

Richard Ford, el observador perfecto

El estadounidense tiene alma de periodista y vocación de escritor


JAVIER APARICIO MAYDEU
16 JUN 2016 - 18:09 COT






De la generación siguiente a la de John Updike, Don DeLillo o Joyce Carol Oates y de la misma promoción que Paul Auster, Richard Ford tiene alma de periodista y vocación de escritor. Cronista de la vida cotidiana norteamericana, su trilogía El periodista deportivo (1986), El día de la independencia (1995) y Acción de gracias (2006) -y el colofón de las historias que componen Francamente, Frank (2014)- ha hecho célebre a su protagonista y narrador Frank Bascombe, sabiondo, profesional de lo políticamente incorrecto y prodigio de ironía, humor y sensibilidad para retratar sin pudor a tipos anónimos que se ven encerrados en la botella de la vida pero no son precisamente genios. Bascombe se las trae, pero el lector disfruta con su lectura tragicómica del sueño americano y de su repertorio de seductoras convenciones, de las mudanzas constantes al deporte nuestro de cada día. En Mi madre (2010) Ford se convierte en biógrafo de su propia progenitora, viuda de un viajante y una superviviente más en la nómina de personajes a los que el destino les regala una y otra vez sobrados motivos para el desaliento o la frustración.

Canadá (2012) es otro título esencial en la obra del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016. También se sumerge en la supervivencia. Cuenta una historia de desmoronamiento familiar y de grandes esperanzas, una novela de aprendizaje en toda regla, con un adolescente llamado Dell Parsons al que la vida le fuerza a aprender sin que nadie le enseñe. Ford tardó casi dos décadas en ultimar una novela en la que resuenan las peripecias de los héroes de Twain y la voz en primerísima persona del bueno de Holden Cauldfield de Salinger. Canadá es una de las novelas realmente grandes de la narrativa americana del XXI, sentimientos sin sentimentalismo y literatura sin excipientes.

De la condición de escritor de raza de Ford da fe la compilación que Anagrama llevó a cabo en 2012 con el título de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura, un volumen en el que se recogen textos muy valiosos de la bibliografía acerca del oficio de escribir, como “Qué escribimos, por qué lo escribimos y a quien le importa” o “de dónde viene la escritura”. Muchos le consideran un miembro destacado de la feliz secta del realismo sucio, tras los pasos del maestro Carver, pero lo importante es que libros de relatos como Rock Springs (1987) o Pecados sin cuento (2002) resultan modélicos y son pura carne de canon. Ford escribe sobre la América profunda y sobre la condición humana juntando trocitos de su corazón como junta frases reflexionando en voz baja sobre el lenguaje del que siempre está hecha la literatura.

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