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lunes, 2 de junio de 2014

Martin Amis / La guerra contra el cliché / 2003


Martin Amis
LA GUERRA CONTRA EL CLICHÉ
2004

Hay un nadador en la bañera



Martin Amis reúne en La guerra contra el cliché las reseñas que ha publicado a lo largo de varios años sobre autores como Cervantes, Joyce, Nabokov o Steiner.

Un joven Amis le reprocha a John Updike que haya seleccionado para un libro de reseñas algunas que merecen el olvido. No es que las reseñas sean malas; es que lo son los libros que las propiciaron. "Por ello", dice. "es inevitable que, a veces, Updike parezca un nadador olímpico en una bañera". La guerra contra el cliché (o el chiclé) recoge cerca de treinta años de la actividad crítica de Martin Amis. En el prólogo parece que trate de captar la benevolencia de sus lectores pidiéndoles que se fijen en la fecha en que fueron escritos sus relatos. Nada de benevolencias. Oblicua proclamación de orgullo. Con 24 años, por ejemplo, coge a Steiner. El Steiner de los artículos en The New Yorker(ahora van a publicarse en español) sobre la partida de ajedrez entre Fischer y Spassky. No llegaría a darle a Amis la condición olímpica. Pero sí que Steiner parece una bañera. Se remite a las pruebas de un párrafo. Un largo párrafo que, a pesar de haber sido extractado, puede entrecomillarse. Es muy representativo, no ya de lo que Steiner escribía en 1972, sino de lo que escribió antes y después. Y lo que dice Amis no vale sólo para los artículos de The New Yorker, sino para el antes y el después: "Es característico de Steiner que haya una chispa de significado en alguna parte de esta variopinta fogata [el párrafo], pero semejantes aprehensiones deben ser evocadas mostrando duda e ironía, y sin buscar protagonismo; todo aquello, en definitiva, de lo que carece Steiner, en ésta como en cualquier otra de sus obras. (...) Ya sería hora de que Steiner dejara de estar cegado a causa de los inmensos dones que ha recibido y se diera cuenta de la importante diferencia entre lo brillante y lo deslumbrante". Por cierto: Amis no parece haber ignorado esta lección que endosa altivo al maestro: a medida que crece, sus artículos van adquiriendo una positiva relevancia mate.

LA GUERRA CONTRA EL CLICHÉ

Martin Amis
Traducción de Francesc Roca
Anagrama. Barcelona, 2003
508 páginas. 19,50 euros

No siempre se desliza como

un nadador olímpico. Son quinientas páginas. Y altas empresas. A veces chapotea sobre los océanos. El Quijote, por ejemplo. Manejar la margarita me aburre / no me aburre -y sobre todo si la maneja un fiero defensor del canon, antirrelativista y antisentimental-, no creo que sea el punto de partida más indicado para un ejercicio crítico. Tampoco sus apreciaciones sobre Joyce y los juegos de palabras cambiarán el mundo. En cambio su pasión nabokoviana se concentra aquí: pediría su permiso, de concesión improbable, para decir que Lolita -la novela, no el personaje: otro permiso improbable- más bien parece un parásito de su ensayo sobre ella.
En medio del presente (advertencia inicial: "Deplorar la actualidad, el presente, es el colmo de la inanidad"), Amis escribe con la misma libertad e impertinencia. O manda escribir a los otros. Así empieza su reseña sobre una biografía de Margaret Thatcher: "Mitterrand pensaba de ella que tenía los ojos de Calígula". Y la de un desternillante manual de Hillary Clinton: "Newt Gingrich la llamó zorra. Ruth Limbaugh, feminazi". Su agudeza es notable cuando se encara con Entre los vándalos, el reportaje de Buford sobre los hooligans y su propio proceso de brutalización. El sospechoso punto de vista de Buford. Se pregunta Amis: "¿Cuántos actos violentos cometió Buford y a quién perjudicó con ellos?".
Jason Cowley, escritor, y editor de The New Statesman, dice en la contraportada de este libro que lo mejor de Amis está en sus ensayos. Es una opinión relativamente extendida. No tengo todos los datos necesarios para opinar. Pero es indiscutible que el Amis de Visitando a Mrs. Nabokov -el anterior recuento que publicó Anagrama en 1995: reportajes literarios tan elegantes como el viejo tenis- y éste del cliché muestran a un escritor tenso y con un pensamiento (muy a lo Austin) sin otro ruido que el de su propio zumbido. Y con una moral sólida. Que amplía el lugar más o menos común de que la escritura es una lucha contra el cliché. Que explicita: "No sólo los clichés de la pluma: sino los de la mente y los del corazón". Es decir: los clichés que las metáforas subversivas tantas veces encubren.





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