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jueves, 10 de octubre de 2013

Sexo japonés en el British Museum

Mujer japonesa con cremas
KITAGAWA UTAMARO (1806)
Imaginación y sexo japonés 

en una exposición del British Museum


Una mujer en un juego sexual con un pulpo o una pareja en pleno acto, alguna de las obras que se podrán ver en la muestra


    Pareja amándose en la habitación de la casa de té
    Kitagawa Utamaro, 1806

    La estampa de una mujer en imaginativo juego sexual con los tentáculos de un pulpo, o la de una pareja en pleno acto que muestra sin tapujos sus genitales al artista, ilustran una forma de arte singular en la historia cultural y social de Japón. El arte del shunga, cultivado por los grandes maestros japoneses a lo largo de tres siglos (1600-1900), celebra el goce del sexo de una forma tan explícita que la exposición que le dedica el Museo Británico desde el jueves sólo permite el acceso a los menores de 16 años que vayan acompañados de un adulto.
    La muestra despliega más de centenar y medio de grabados, pinturas e ilustraciones de libros conocidos también como “cuadros de primavera” (esa estación se utiliza a menudo como eufemismo para aludir al acto sexual), refinadas piezas de erotismo que en Europa coleccionaron figuras como Toulouse-Lautrec, Rodin o Picasso.. Esos trabajos procedentes de los propios fondos de la pinacoteca londinense y de otros museos europeos y de Estados Unidos conforman, según los artífices de la exposición Sexo y Placer en el Arte Japonés, “un fenómeno único en la cultura del mundo premoderno por su cantidad, calidad y la naturaleza del arte que produjo”.
    La mayoría de las obras fueron creadas por artistas de la escuela ukiyo-e (“mundo flotante”) para exhibir el placer sexual en todas sus formas, y a menudo lo entremezclan con el humor, como ya hacía la narrativa medieval japonesa. Los avances en los métodos de impresión en el siglo XVII promovieron el shunga entre las clase medias emergentes y, a pesar de las tremendas desigualdades de género, también entre una audiencia femenina. Porque los grabados expuestos en el British Museum se recrean en la sexualidad de todos sus protagonistas -hombres y mujeres son participantes activos-, como recoge entre otras la exquisita serie Poema de la Almohada, del gran maestro Kitagawa Utamaro.


    Las versiones más lujosas tenían sus destinatarios en acaudalados mecenas de unas obras que, a diferencia de la Europa de aquel tiempo, no trazaban una barrera moral entre arte y “pornografía”. Las estrictas leyes del confucianismo regían la vida oficial (las penas contra el el adulterio, por ejemplo, eran muy severas), pero no se entrometían en el mucho más relajado ámbito privado. Las ilustraciones de shunga nacieron ajenas a cualquier censura, y su prohibición formal en 1722 tampoco tuvo un reflejo en la práctica: eran distribuidas por las redes nacionales de bibliotecas y prestamistas de libros, que no estaban reguladas. Eso no significa que Japón fuera un “paraíso del sexo”, pero en esa forma de arte se valoraba que defendiera unos valores generalmente positivos hacia el placer sexual.
    El cambio de actitud oficial a finales del siglo XIX y la introducción de un código penal que prohibía la difusión de material “obsceno” a principios del XX acabaron erradicando al shunga de la memoria popular y académica. Precisamente cuando empezaba a ser descubierto por los artistas de Europa y EE.UU. Gracias al legado del médico y político George Witt, el Museo Británico atesoró una de las más importantes colecciones de fuera de Japón, que ahora se exhibe en Londres hasta el 5 de enero.

    EL PAÍS

    Kitagawa Utamaro

    Historia erótica

    Los secretos sexuales japoneses

    Se le conoce como el "Shunga" a las obras 

    gráficas de Japón que muestran una perspectiva 

    del sexo muy distinta a la que se veía en Europa 

    en la misma época.


    Semana, 7 de octubre de 2013

    Las estampas eran conocidas en Europa; 

    Toulouse Lautrec, Pablo Picasso y Aubrey Beardsley tenían álbumes.


    El término se traduce literalmente como "imágenes de primavera", un eufemismo para el arte erótico que floreció en una época en la que la población de Tokio estaba creciendo rápidamente y el contacto con Occidente estaba prohibido. Las también conocidas como "imágenes de almohada" son estampas hechas con bloques de madera producidas durante los siglos XVI, XVII y XVIII y muestran una variedad de actos sexuales, a menudo con detalles explícitos.

    En la mayoría, las parejas son mixtas, pero también hay algunas escenas con homosexuales, así como representaciones de grupos de personas participando en orgías.

    Las imágenes se vendían a veces en álbumes de 12 ilustraciones, que mostraban una gama de situaciones sexuales. Para quienes las compraban, la ventaja era que no tenían que revelar cuáles dibujos les interesaban más.

    El problema de exhibirlas

    El Museo Británico, en Londres, decidió aventurarse a exponer 150 piezas de Shunga, en lo que se califica como una de las exhibiciones más atrevidas de su historia.

    Debido a su naturaleza explícita, la muestra sólo puede ser vista por mayores de 16 años.

    En el pasado, otras galerías han considerado el Shunga como obsceno y se han rehusado a exponerlo. Sin embargo, en los últimos años se empezó a aceptar como un género artístico sofisticado, que permite vislumbrar la sexualidad en los principios del Japón moderno.

    "Shunga es arte profundo. No es lo mismo que simple pornografía", asegura Aki Ishigami, de la Universidad Ritsumeikan de Kioto.

    Afirma que a menudo las mujeres disfrutaban de las imágenes y que formaban parte del "arte del mundo flotante" que se inspiraba en el llamado "Distrito del Placer" de Tokio, en el que músicos, actores y prostitutas entretenían a clientes.

    A veces, a las jóvenes japonesas les regalaban álbumes de Shunga antes de que se casaran, para darles una idea de lo que les esperaba en la noche de bodas.

    Sin embargo, la historiadora de arte Majella Munro puntualiza que, a pesar de que Shunga jugaba un papel en la educación sexual, ese no era su principal objetivo.

    "Las impresiones Shunga no eran costosas y las compraban coleccionistas de la clase media urbana; son artefactos de la cultura popular de la época", le dice a la BBC.

    "A pesar de que eran baratas, es dudoso que las mujeres tuvieran los medios o la motivación para comprarlas. A veces las compraban los clientes del mundo flotante, como recuerdos de su visita a un mundo de placeres que estaba abierto sólo para que lo disfrutaran los hombres".

    Ropa más que piel

    Para los ojos modernos, las ilustraciones Shunga a veces parecen caricaturas o se asemejan a los dibujos animados contemporáneos manga de Japón, que también son altamente sexualizados. No obstante, rara vez muestran cuerpos completamente desnudos.

    El profesor Timon Screech, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres (SOAS), advierte que el Shunga tiene que ser visto en su contexto.

    "Esa idea de larga data de que la forma del cuerpo humano de alguna manera engloba la perfección viene de un ideal griego que estaba completamente ausente en todos los países del oriente asiático", explica en conversación con la BBC.

    "Es mucho más probable que a la gente le atrajera sexualmente más la ropa fina y bella que la piel... esa piel que los trabajadores dejaban al descubierto en las calles o la que veían en las salas de baños".

    "Si uno podía acariciar una tela asombrosa... eso era excitante. Por eso a menudo los cuerpos están cubiertos con unas telas increíbles".

    Idealizado

    Las primeras imágenes Shunga que llegaron a Reino Unido venían en una carga de un barco llamado Clove, de la East India Company, que retornaba de un pionero viaje a Japón en 1614.

    Traía armaduras y sedas decoradas con oro, que eran regalos del sogún japonés (comandantes militares).

    Parte de la mercancía se subastó, pero la compañía confiscó y destruyó los Shunga, pues los consideró escandalosos.

    Screech, quien escribió un libro sobre el Shunga, señala que las imágenes rara vez muestran compulsión o violación. "El fetiche más preciado parece ser que la persona que lo está haciendo con uno lo quiere hacer", señala.

    En la realidad, la prostitución era generalizada en Edo, como se llamaba la Tokio moderna temprana. Familias pobres le vendían las jóvenes a traficantes sexuales. Las enfermedades venéreas y embarazos no deseados eran comunes.

    El arte de la época -tanto las imágenes eróticas y las representaciones más convencionales de mujeres trabajando como cortesanas- presentan una imagen distinta, según Screech.

    "Todos son bellos o se vuelven bellos. Hay algunas historias de personas vanidosas forzando a quienes las rechazan pero, en la mayoría, el Shunga celebra lo que puede llamarse, anacronísticamente, una especie de amor libre. Algo que sabemos casi con certeza que no existía en ese tiempo".


    IMÁGENES DE PRIMAVERA
    GALERÍA



    shunga 4











    Hokusai Shunga

    Kitagawa Utamaro



    Mujer buceando y pulpo
    KATSUSHIKA HOKUSAI (1760-1849)
    Acto sexual entre un hombre y una Geisha
    NISHIKAWA SUKENOBU (1671-1750)

    Detalle de pareja besándose
    TORII KITONAGA (1752-1815)

    Amantes bajo las sábanas
    SUGIMURA HISEI (1756-1829)






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