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domingo, 14 de abril de 2013

Elecciones en Venezuela / Maduro podría lamentar su victoria


La Biblia de Hugo Chávez

El Socialismo del Siglo XXI querría ser la codificación doctrinal de la religión política del chavismo




Seguidores de Maduro, por las calles de Caracas. / RAUL ARBOLEDA (AFP)ar
El Islam tiene el Corán; las diversas confesiones cristianas, desde el maremágnum de protestantismos al catolicismo uno y trino, cuentan con diferentes recopilaciones de la Biblia; el judaísmo se apaña con el Talmud y la Torá; el Tao, o el camino, hace las veces de Kempis oriental; el marxismo no carece de libro de cabecera, El Capital; y el chavismo, en su afán de perdurabilidad, parece que debería concretar en forma documental ese sugerente eslogan de Socialismo del Siglo XXI, en el que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quería encapsular objetivos, ensoñaciones y proyectos para la refundación del país. Pero a la hora de su fallecimiento, víctima de un cáncer, el pasado 5 de marzo, poco o nada se había hecho o dicho que permitiera hablar de codificaciones. Por ello, ante los comicios presidenciales del domingo, 14, en los que el presidente encargado, el exsindicalista Nicolás Maduro, se enfrenta al candidato de la oposición, el multimillonario Henrique Capriles, veamos si es posible identificar ¿qué es eso del Socialismo del Siglo XXI?
El término fue inventado a fin de los años 90 por un politólogo alemán, Hans Diederich, que asesoró a Chávez al inicio de su mandato (1999-2013), pero que hace ya algún tiempo que ha renegado de denominación tan ambiciosa, afirmando que en su interior no hay nada, a lo sumo la encarnación del capitalismo de Estado. El propio líder bolivariano utilizó por primera vez el mantra socialista, referido a su Gobierno, en enero de 2005, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, para declararse unas semanas más tarde personalmente socialista, con motivo de la celebración en Caracas de la IV Cumbre de la Deuda Social, el programa alternativo a las cumbres de los G-veintantos. Y con una candidez que solo cabe imaginar en quien se sabe sumo sacerdote del culto a su persona, Chávez admitía que la doctrina estaba aún por hacer cuando afirmaba que “aunque hay experiencias, logros y avances, tendremos que inventárnoslo, y de ahí la importancia de estos debates y esta batalla de ideas; hay que inventar el Socialismo del Siglo XXI y habrá que ver por qué vías”. En lo que podría ser un primer aterrizaje de ese objeto volante no identificado, el sociólogo norteamericano Stephen Levitsky decía que era: “un autoritarismo competitivo, que, a diferencia de las dictaduras o regímenes de partido único, es un híbrido; alberga instituciones democráticas que no son solo fachada; medios independientes y de oposición que compiten seriamente por el poder. Pero en cancha desigual, porque tienen menos recursos, menos acceso mediático, y sus líderes sufren diferentes tipos de hostigamiento” (Nov. 2010, La República de Lima). Teodoro Petkoff, director del diario caraqueño Tal Cual y eminencia gris de la oposición, cuenta que la información oficial se facilita, incluso sobre temas protocolarios como son las giras internacionales de Chávez, únicamente a medios afectos. No hablemos ya de quién se beneficia de la publicidad oficial que como el ojo del amo engorda el caballo.
Manuel Alcántara, director del departamento de América Latina de la universidad de Salamanca, subraya que la doctrina chavista “no cuenta con ningún texto medianamente estructurado”, sino que es “una cobertura a la propuesta bolivariana, que engloba viejas ideas con fuerte componente identitario como la patria grande, el anti-imperialismo gringo, el paternalismo de Estado, la mejora de las condiciones de vida de las clases humildes, y el caudillismo mesiánico”. En una primera búsqueda de filiaciones históricas, el analista peruano Luis Esteban G. Manrique, de Política Exterior (Madrid), lo califica de un populismo más cuyas referencias se encuentran en el peronismo y América Latina, en general: “¿Derechas, izquierdas? Yo gobierno con las dos manos, se burló una vez Perón cuando le preguntaron por su ideología”. Y lo que hizo el hoy icono electoral de Maduro fue “reformular para la Venezuela del siglo XXI el viejo modelo populista latinoamericano que se remonta a los años 40 del siglo pasado; del brasileño Getulio Vargas, del que se decía que ‘era el padre de los pobres y la madre de los ricos’; o del colombiano Jorge Eliecer Gaitán, que se declaraba ‘pueblo antes que hombre’. El carácter impreciso de ese populismo ha sido siempre una de las claves de su éxito”.
Alberto Barrera, posiblemente el mejor biógrafo independiente del líder, encuentra las primeras huellas de ese bolivarianismo en una trinidad, repetidamente exaltada por el propio Chávez: “La nuez de la ideología que anima el movimiento es un árbol de tres raíces: Bolívar, su mentor el maestro Simón Rodríguez, y el federalista Ezequiel Zamora”, este último un comerciante de provincias (1817-60) que encabezó una insurrección campesina fracasada en 1846; y a todo ello el líder desaparecido añadía una cuarta pata, aunque menor, la de Pablo Pérez Delgado,maisanta (madre santa), un guerrillero del siglo pasado fortuitamente antepasado del propio Chávez. El biógrafo enlaza, finalmente, todo ello con el legado de uno de los progenitores de la izquierda radical latinoamericana, el guerrillero venezolano Douglas Bravo.
Los medios son, naturalmente, el mayor vivero de opinión sobre el Socialismo y su fundador. Petkoff, que procede también de la izquierda guerrillera, habla desde el desengaño democrático cuando afirma: “Es una afortunada expresión inventada por Hugo Chávez para denominar su proyecto político, que hasta 2005 careció de cualquier definición ideológica. A partir de esa fecha, quizá por inspiración del propio Fidel Castro, comenzó a dar a sus desvaríos esa cobertura, como cabría esperar de alguien que confiesa no haber leído nada de marxismo, de forma que su socialismo consiste en una mescolanza indigerible de simplezas y simplificaciones, a las que atribuye algún parentesco con el pensamiento de Marx, aunque su traducción en la práctica sea un régimen autoritario, autocrático y militarista”. Michael Reid, el latinoamericanista residente de The Economist, cree que “combina marketing brillante con contenido poco definido, y se basa en el control hegemónico de la economía, sin que ello signifique el fin de la propiedad privada, con una distribución de la renta petrolera a beneficio de los sectores más pobres, a través de estructuras partidarias no institucionales”. Eleazar Díaz-Rangel, director de Últimas Noticias, el diario de mayor difusión de Venezuela, está considerado un chavista equilibrado, y coincide en parte con Reid: “Se habla de Socialismo del siglo XXI para diferenciarlo del que hubo el siglo pasado, que fracasó allí donde pudo ensayarse, o donde se ha transformado para evitar su derrumbe. El socialismo venezolano tendrá libertad de prensa, de asociación política, y se mantendrá la propiedad privada sobre los medios de producción no estratégicos”. La Prensa, entre ellos. Elides Rojas, director de la redacción de El Universal, el diario más prestigioso del país, lo ve, en cambio, como “un batiburrillo ideológico, dinamitado por la realidad, con la vieja retórica del comunismo cubano, el autoritarismo de las más atrasadas dictaduras latinoamericanas del siglo pasado, su buena dosis de populismo y demagogia, hipocresía, doble discurso y, lo más grave, una gran corrupción”. En todo ello abunda con su explosivo verbo una de las plumas más cotizadas del país, Milagros Socorro, colaboradora entre otras publicaciones de El Nacional, competencia del anterior: “Es el totalitarismo de siempre, pero entonado con la rima de una supuesta redención de masas. La novedad estriba en el cinismo de sus defensores que aseguran que beneficia a los pobres, aunque haya devastado la economía venezolana y emplazado al país entre los más violentos del planeta”. Maye Primera excorresponsal de EL PAÍS en Venezuela lo ve más como “una estética, que una ideología; un adjetivo para cubrir con una pátina revolucionaria el viejo sistema rentista-petrolero”. Para Jorge Luis Benezra, periodista de Televen, es un apaño de “identidad ideológica con que justificar el poder”. Y Luz Mery Reyes, directora de una web caraqueña, sostiene, mientras navega escrupulosamente entre Scila y Caribdis, que “pretende superar las fallas del socialismo real, con empoderamiento de los menos favorecidos. Mezcla experiencias distintas como los consejos comunales, estructuras que podrían materializar la preponderancia del poder popular. Pero en la práctica sigue enfrentando los problemas del socialismo real desde un sistema capitalista, aunque signado por el dominio del Estado, que se apoya en los ingresos petroleros”.
Juan Carlos Monedero, profesor de la universidad española que ha sido asesor de Chávez, y en 2004 contribuyó a crear el Centro Internacional Miranda, una suerte de laboratorio ideológico de izquierdas, es quien se atreve a pergeñar una cierta definición enumerando lo que considera rasgos esenciales de ese Socialismo: “Es anti-imperialista y contrario a toda colonización económica o cultural; quiere superar el marco capitalista y no solamente corregir sus excesos neoliberales (lo que le aleja de la socialdemocracia del brasileño Lula) ; apuesta por el respeto al medio ambiente como herencia de la Pachamama indígena (cultos precolombinos que adoraban la Madre Tierra), y por la mujer, en los ámbitos laboral, familiar y político; es pacífico pero está armado; distingue entre socializar y estatalizar, y fía en formas populares de gestión económica; entiende que el Estado es solución y problema, con lo que promueve la autogestión del pueblo organizado, superando las limitaciones de la democracia representativa”. Añade con agudeza que el “pensamiento de Chávez lo construyen sus enemigos”, lo que suena como un eco de las palabras del propio líder bolivariano, cuando dijo que él era consecuencia de sus predecesores: la Venezuela rentista del pillaje petrolero.
El Socialismo à la Chávez, tenía inevitablemente que heredar características de su progenitor. Alberto Barrera habla de “político catódico” para subrayar la capacidad de arrastre casi hipnótico del líder sobre todo en los medios audiovisuales. Así, el Socialismo chavista comienza por un eslogan, afortunado como decía Petkoff, donde la referencia al siglo XXI parece excusar de ulteriores elaboraciones, porque es una work in progress. Chávez era un novelista de sí mismo, al que le caería bien la manoseada imagen de Pirandello, con la diferencia de que el autor ya lo tiene, él mismo, y lo que busca es la novela que mejor le siente a su personalidad. Adecuadamente, en este recorrido se ha producido una amalgama de opiniones que, aunque formalmente contradictorias, coinciden en la afirmación simultánea de unos rasgos y sus contrarios. Un Ying y Yan caribeño, que trata de poner en práctica un atractivo eslogan con competencia profesional dudosa, limitación pero no abolición de unas libertades que no son solo burguesas, corrupción que viene de antiguo, y en medio de una inseguridad ciudadana crecientemente atroz.
Monedero, que se encuentra estos días en Venezuela, destacaba, en una recopilación de José Poliszuk, en El Universal, que “la Biblia dice que los profetas te llevan a la Tierra Prometida, pero nunca llegan a ella. Maduro va a tener que manejar con política lo que el presidente Chávez solventaba con carisma”. Lo que va de ayer a hoy.

El fantasma de Chávez preside el final de la campaña electoral venezolana

Maduro asegura que la revolución bolivariana continúa en un gran mitin de masas en Caracas


Luis Prados, Caracas 12 ABR 2013 - 14:03 CET


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Nicolás Maduro, el presidente ungido en su lecho de muerte por el caudillo bolivariano Hugo Chávezc, cerró en la noche del jueves la campaña electoral más corta de la historia de Venezuela, de tan solo diez días de duración, con un gigantesco acto de masas en Caracas. Ante cientos de miles de partidarios vestidos de rojo y acompañado por el exfutbolista Diego Armando Maradona, Maduro, con camisa blanca, llamó a una victoria aplastante, con no menos de 10 millones de votos, en las presidenciales del domingo. “La burguesía cree que la revolución llegó a su fin, que el chavismo se acabó, pero hay Chávez para rato en la historia futura de esta patria libre e independiente, la revolución continúa”, clamó.
El huracán bolivariano estaba programado para coincidir con el undécimo aniversario del golpe de Estado fracasado contra Chávez y el mitin, plagado de jaculatorias revolucionarias, tuvo el carácter de una ceremonia religiosa en la que Maduro fue entronizado como el verdadero y único hijo del “comandante supremo”, del “redentor de los pobres”, del “gigante de los pueblos latinoamericanos”.
El presidente encargado no dejó pasar la efeméride y amenazó al líder opositor, Henrique Capriles, con estas palabras: “Si el señorito se atreve a desconocer los resultados del domingo, llamaré al pueblo y se convertirá en otro Carmona”, en alusión al empresario Pedro Carmona, cabeza visible del golpe de 2002.


REUTERS-LIVE
Asimismo, prometió luchar contra la inseguridad ciudadana, acabar con la corrupción, mejorar las infraestructuras y la situación económica, sobre todo en el sector eléctrico, que prometió declararlo “asunto de seguridad nacional” y “militarizar” todo el sistema.
La marea roja chavista llenó las siete principales avenidas del centro de la capital. Miles de personas y empleados públicos acarreados en autobuses en el mejor estilo del PRI mexicano se concentraron en el centro de Caracas para dar el apoyo de la raza a su candidato. Todos los entrevistados explicaban emocionados su presencia expresando su agradecimiento a la obra social de Chávez y su plena confianza en Maduro. Patria, lucha, revolución y amor al comandante eran las palabras más repetidas así como los eslóganes “¡Chávez, te lo juro, voto por Maduro!” y “¡Con Maduro, el pueblo está seguro!”. Algunas mujeres llevaban un bigote postizo en homenaje al “candidato de la patria” como le llaman los medios oficiales.
Capriles cerró su campaña en el Estado de Lara, en el centro oeste del país. Llamó a los venezolanos a “derrotar la violencia” y a sacar al país adelante con “esperanza, fuerza y valentía”. Prometió la creación de tres millones de empleos nuevos, una subida salarial general del 40% y dijo que el domingo la elección es “entre la vida y la muerte”.
Dada la extrema polarización política que vive el país, la campaña ha sido un intercambio de golpes más que de propuestas entre el heredero del líder bolivariano y el candidato opositor, y una especie de segunda vuelta de las elecciones del pasdo 7 de octubre cuando el oficialismo se impuso por 1,8 millones de votos (cerca de 8 millones contra seis). Ha sido también la primera sin la presencia física de Chávez aunque su fantasma haya estado permanentemente en el primer plano de la propaganda del Gobierno hasta el extremo de convertir los comicios en una guerra santa en honor del “hijo del Cristo de los pobres”. En cualquier caso, como dice el analista Manuel Felipe Sierra, “aunque Maduro haya actuado como un médium del caudillo, la desaparición de Chávez es ya un elemento de distensión y gane quien gane se abrirá una nueva etapa política en Venezuela”.


Vista aérea del mitin de Maduro. / LUIS CAMACHO (AFP)
El recuerdo constante del comandante por parte de Maduro, al que ha citado más de 5.000 veces y ha llegado a aparecérsele como un pajarito es una escena ridícula que dio la vuelta al mundo, podría tener efectos indeseados. Si por una parte, el antiguo sindicalista y exministro de Exteriores, quien nunca antes se ha sometido al veredicto de las urnas, necesitaba concentrar el voto de adhesión sentimental al líder fallecido, por otra la comparación entre los dos hombres y las constantes referencias al pasado juegan en su contra, según los analistas.
“El carisma de Chávez no se reemplaza. Era un encantador de serpientes que cuando hablaba producía un carrusel de emociones. Maduro es el rey del autogol”, afirma el poeta y escritor Leonardo Padrón. Su heredero se ha visto obligado a aprobar en sus primeros cien días de Gobierno dos devaluaciones del bolívar, que ha perdido un 46% de su valor, y sus promesas electorales sobre mejoras en las infraestructuras y servicios públicos corrían el peligro de sonar a críticas al nuevo santón popular. Pese a la demostración de fuerza de ayer, la fidelidad real del votante de simpatía chavista a Maduro es una de las incógnitas de la campaña. En anteriores elecciones, cuando el comandante no era candidato, el voto de sus partidarios bajaba. Esa abstención podría ser clave ahora cuando sondeos internos de algunos institutos de opinión apuntan a un resultado mucho más ajustado del que se preveía.
Si se confirmara esa tendencia será mérito indiscutible de Capriles, que aceptó la candidatura en unos momentos muy difíciles para la oposición tras sus derrotas en octubre y en las regionales de diciembre. En pocos días ha logrado devolver la esperanza a su electorado recurriendo a la munición empleada en las pasadas elecciones –garantía de que conservará las conquistas sociales del chavismo y promesa de una gestión más eficaz-, pero, sobre todo, empleando un tono mucho más agresivo contra su rival e insistiendo en las irregularidades del sistema electoral.
Sus críticas al Centro Nacional Electoral (CNE), integrado por mayoría de chavistas, así como sus sospechas de un posible fraude electoral han sido un tema central de su campaña. Semanas atrás se supo que un miembro del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tenía acceso al sistema operativo de 45.000 máquinas de votación y hay dudas sobre la validez del censo electoral. Capriles ha hablado incluso de que el régimen prepara el llamado Plan Stalin para “torcer la voluntad popular”.


Maradona, en el acto de cierre de campaña de Capriles. / LUIS ACOSTA (AFP)
Estas circunstancias han sembrado la inquietud sobre la posibilidad de incidentes violentos en la noche electoral y en los días siguientes si alguno de los dos contendientes no reconociese su derrota. En ese caso será crucial el papel que adopten las Fuerzas Armadas, garantes del orden constitucional, pero muy ideologizadas en sus niveles más altos.
La violencia política ya ha estado presente en la campaña con el apaleamiento ayer de 14 partidarios del líder de la oposición en la ciudad de Mérida por descontrolados chavistas o días atrás el asalto a tiros y botellazos por otros fanáticos del régimen al campamento de un grupo de estudiantes que realizaban una huelga de hambre en una plaza de Caracas para exigir elecciones limpias. También la violencia común. Además de los asesinatos y balaceras habituales que recogen los periódicos, varias figuras populares en el país han sido víctimas recientemente de secuestros exprés.
La suerte está echada y solo hay una cosa segura: que gane quien gane heredará una complicada situación económica con una industria petrolera en crisis, alta inflación, gran déficit fiscal y deuda pública, apagones y acuciante desabastecimiento de alimentos básicos.



12 Abr 2013 - 8:04 am

Elecciones en Venezuela

Maduro "podría lamentar" su victoria, 

según Washington Post

Según el diario, el panorama de Venezuela no es el mejor 

después de que Chávez dejara un “desastre” en áreas económicas y sociales en el país.

Por: EFE


Foto: Nicolás Maduro / AFP
El presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, "podría lamentar su victoria" en las elecciones del domingo próximo porque tendrá que lidiar con el legado de Hugo Chávez, indicó este viernes en un editorial el diario The Washington Post.
El editorial destaca que las elecciones venezolanas no contarán con la presencia de observadores electorales de la Unión Europea ni de la Organización de Estados Americanos (OEA) y añade que "no es una sorpresa que las encuestas muestren que Maduro ganará esta contienda".
"Y si por azar no gana, es poco probable que el régimen acepte el resultado", agrega el editorial. "El mismo Maduro declaró recientemente que la respuesta sería 'un levantamiento popular'".
"Pero Maduro podría llegar a lamentar su triunfo", advierte el Post.
"Chávez dejó un desastre extraordinario que incluye la inflación galopante, la escasez grave de energía y bienes de consumo y una de las tasas de homicidios más altas del mundo", indica el editorial.
"Las exportaciones de petróleo, que han mantenido el país a flote, están disminuyendo", apunta. "Probablemente ni el mismo Chávez podría haber asegurado la tolerancia de los pobres del país por el duro remezón económico que se avecina. Y Maduro, seguramente, no la tendrá".
El editorial señala que Maduro, un exconductor de autobuses, de 50 años de edad, "obviamente falto de carisma, va a los extremos para vincularse con su mentor, y eso no es una sorpresa".
"Tampoco es una sorpresa, desafortunadamente, la forma en que el gobierno maneja la elección", afirma. "En violación de la constitución venezolana a Maduro se le declaró presidente después de la muerte de Chávez, dándole vastos poderes sobre el gasto y los medios del Estado", añade.
Maduro "ordena regularmente cadenas nacionales de televisión en las cuales él promete que resolverá los enormes problemas del país y lanza vituperios al dirigente opositor Henrique Capriles".
"Las fuerzas armadas y la empresa estatal petrolera, las dos instituciones mayores de Venezuela, se han movilizado descaradamente en apoyo de Maduro", según el editorial.
En contraste "a la campaña de Capriles se le han asignado cuatro minutos de difusión diaria en los múltiples canales de la televisión estatal, y a sus representantes se les ha negado el acceso al centro de escrutinio de votos en la noche de la elección", apunta el Post.  

NICOLÁS MADURO, EL HOMBRE QUE CREÍA QUE LOS PÁJAROS LE HABLABAN

Por: elhilodeariadna


paloma

América Latina, desde el punto de vista mítico, es un territorio mágico, surrealista, onírico, y desde el punto de vista histórico es un territorio que pasó de un Medioevo, traído por algunos españoles salidos de las cárceles y condenados a las galeras por crímenes diversos, a la Postmodernidad. La conquista y la colonia nunca le permitieron dar el paso a la Modernidad, de ahí que hemos saltado de una etapa de oscurantismo, liderada en cierta forma por Cisneros, Inquisidor General de España (1507-1517), a un período conocido como la Postmodernidad. Lo que para la mayoría de los pueblos que hoy habita la región que va del Río Bravo hasta la Patagonia, sólo significa tener acceso a un teléfono celular, pero que sigue ancorado en un imaginario mítico y legendario; producto del sincretismo religioso que surgió de la mezcla del dios del catolicismo, traído por los españoles e impuesto a fuego y espada, entre otros horrores, con los dioses que trajeron los esclavos que venían de África, ese terrible pasado que aún nos cuesta mirar cara a cara, y por supuesto, los dioses tutelares que hacían parte de las religiones prehispánicas.
Nunca, por lo menos hasta ahora, un personaje histórico, como es Hugo Chávez, había sido considerado poco menos que un dios por sus contemporáneos, ni siquiera Simón Bolívar ha tenido ese supuesto reconocimiento. Conocemos muchos personajes legendarios, el Mío Cid es tal vez el referente más generalizado cuando pensamos en un hombre que se bate prácticamente solo contra un ejército y que sale triunfando sin ni siquiera sufrir un leve rasguño.
Pero pasemos a Bolívar. Nadie ha pensado en el Libertador como un hombre elegido por una divinidad determinada, en este caso preciso por el dios de los católicos; pero si se ha hecho creer que Chávez es el elegido para sacar a América Latina de la pobreza ancestral que corroe sus vísceras. Incluso, tuvo el desparpajo de nombrar a su sucesor Nicolás Maduro como su “elegido” para continuar con su supuesta tarea de bienaventuranza.
 Hasta aquí se había tratado de crear la leyenda de un hombre llamado Hugo Chávez. Pero, ¿en qué momento al personaje supuestamente legendario tratan de convertirlo en un personaje mítico? Antes de responder a esta posible pregunta debo aclarar que un personaje mítico es atemporal, ahistórico, al menos en la mayoría de los casos. Ya que Jesús es histórico y sin embargo lo han convertido en el “elegido”, en el hijo de dios. De ahí la importancia del giro que le están dando al personaje de Chávez. Hasta ahora nadie había utilizado el término de “redentor” para referirse a alguien que no fuera Jesucristo, ni siquiera Bolívar tuvo ese honor. Pero Chávez si, algunos lo han llamado el redentor, el que habría salvado a América Latina.
No hay que olvidar que a los pocos días del deceso de Hugo Chávez Frías ya se le había erigido una iglesia, un templo al que van a pedir favores los más necesitados o los que necesitan construir la nueva deidad. Y luego, como si fuese una simple casualidad, Nicolás Maduro dice que estando en el interior de una iglesia, no sé cual, un pajarito le cantó y ese pajarito era Chávez. Si al menos hubiese sido un águila, creo que hasta yo misma habría tenido algunas dudas, pero un pajarito…, si hubiera sido un cóndor, el ave sagrada de Los Andes, hubiera tenido todavía más dudas. Hay que aclarar que  los “elegidos”, en los pueblos mal llamados “naturales”, son los chamanes, y son ellos los que pueden hablar con los animales. Pero aquí el problema no es el tamaño del ave, sino lo que en la religión judeocristiana representa el descenso de la paloma, o sea el descenso del espíritu santo. En otras palabras, Hugo Chávez Frías sería nuestro nuevo redentor, nuestra nueva divinidad, la nueva senda en la cual encaminar nuestros pasos, el nuevo espíritu santo.
Ahora bien, ¿es Nicolás Maduro la persona suficientemente preparada para ser capaz de ganar unas elecciones limpias en la Venezuela pos Chávez? No lo creo, ni siquiera con su argucia de utilizar el mito como un arma ideológica y amedrentadora. Ya veremos el resultado de los comicios el próximo domingo y toda mi suerte para Henrique Capriles, pero sobre todo para el pueblo venezolano.


Imagen de duelo por Chávez


“El melodrama está en la calle”

Tres escritores de telenovelas venezolanos analizan el momento crítico que vive su país y abogan por la reconciliación

“Llegan días feroces. Ahora vivimos una telenovela muy grande que es todo el país. El melodrama está en la calle”, dice en vísperas de las elecciones del domingo, Leonardo Padrón, poeta, guionista de cine y uno de los escritores de telenovelas de mayor éxito en Venezuela, donde el género es más que un arte. Un artículo suyo, publicado recientemente por el dirio El Nacional con el título "Se busca un país" ha tenido una gran repercusión en una sociedad extenuada por la polarización política de los últimos años. “Aquí todos estamos agotados de tanto desencuentro, tanta agresión mutua, tanto reventarnos la madre en el idioma. La calle es un desafinado coro de rencor (…) solo aspiramos a la pluralidad, el bienestar, la conciliación”, escribió Padrón, un hombre de izquierdas, para quien esa Venezuela con la que sueña solo es posible si gana Henrique Capriles, el candidato opositor, ahora que Hugo Chávez, “el gran showman” se ha ido.
El escritor acaba de denunciar ante la fiscalía que durante los últimos cuatro días ha recibido “más de 80 llamadas diarias” al móvil y al teléfono de su casa con amenazas de muerte. “Me decían: Te vamos a quebrar escuálido de mierda, vete de este país. Tuve que desconectar los aparatos para poder dormir”. No es la primera vez que sufre esta clase de intimidación. Hace dos años hackearon su correo electrónico y días después el presentador del programa oficialista La Hojilla, un martillo de disidentes, leyó a cámara varios de su e-mails. “Durante 14 años Chávez construyó un discurso de amor con una gramática del odio”, afirma Padrón, que jamás ha pensado abandonar su país.
Un millón de venezolanos se han exiliado en estos años, entre ellos muchos autores de telenovelas. “Ha sido una diáspora comparable a la de los técnicos de la petrolera PDVSA”, dice el escritor Ibsen Martínez, que vuelve al género después de 20 años con Nora, la emprendedora, un culebrón, que producido por Televén, el Canal 13 mexicano y Telemundo, se estrenará a finales de año, y publica una nueva novela,Simpatía por King Kong. “La telenovela no es una historieta rosa. En América Latina es una metáfora del populismo y tiene un discurso retributivo. Casi siempre el protagonista busca salir de la pobreza sin crear riqueza, recuperando el patrimonio que le han arrebatado. He vuelto a los guiones porque quiero probar como funciona en este contexto de neopopulismo. Ahora tenemos a un heredero torpón (el presidente encargado, Nicolás Maduro) que va a despilfarrar la herencia de su padre (Chávez) y se enfrenta a un galán (Capriles) que corteja a la heroína (Venezuela)”.
La época dorada de las telenovelas venezolanas fue entre mediados entre los años 70 y mediados los 90, su éxito superaba a las de Colombia y México y se vendían con fruición en el mundo islámico. Después el negocio se empezó a venir abajo. Un punto de inflexión, recuerda Padrón, fue en 2007 cuando el chavismo cerró Radio Caracas Televisión y otras 33 emisoras. “Quedó un solo canal y comenzó la pandemia de la autocensura con la entrada en vigor de la llamada ley Resorte (Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión)”.
El nuevo orden dio lugar a situaciones cómicas. Cuenta Padrón, por ejemplo, que en La vida entera hizo decir a unos personajes que volvían temprano a casa por temor a la inseguridad ciudadana. El régimen le obligó a quitar esa frase y la sustituyó por otra en la que los personajes celebraban lo agradable que era pasear de noche por Caracas “donde no te atracan como en ¡Estocolmo!”. En Cosita Rica la experiencia fue contradictoria. “Cree un personaje que era el alter ego de Chávez. Era presidente de una fábrica de perfumes y era dicharachero, prosaico, autoritario. Quise hacer una caricatura y acabó siendo el personaje más popular”. Sin embargo, los intentos del oficialismo en el género como la telenovela Amores de barrio adentro fueron un fracaso.
La comparación de Chávez con su heredero es inevitable. “Maduro ha resultado ser más mediocre de lo que pensábamos. Es desangelado, inseguro y no tiene gracia ni ascendencia dentro del partido del Gobierno porque ninguno de los que ahora mandan la tiene”, afirma César Miguel Rondón, director del programa matinal de radio de mayor audiencia actualmente en Venezuela y también antiguo escritor de telenovelas. Esa circunstancia, apunta, podría tener consecuencias si parte del electorado chavista se abstiene al faltar el comandante.
“En los 100 días de Maduro el deterioro del Gobierno se ha acelerado al tiempo que la desmoralización general del país”, asegura. “Capriles ha sabido frenar la desbandada y la depresión que cundió entre las filas de la oposición tras la derrota del pasado 7 de octubre y ahora corre con el viento a favor, mientras que Maduro ha fallado todos los golpes Va perdiendo en intención de voto uno o dos puntos diarios de la ventaja que tenía.”. Algunos sondeos de opinión telefónicos indican que esa diferencia es ahora de tan solo un 6%.
Los tres autores pronostican un resultado final estrecho, no descartan que se produzcan incidentes -”estamos en un tris de la violencia”, dice Rondón- y esperan que las fuerzas armadas sean imparciales y garanticen el orden constitucional, pero sobre todo confían en que los comicios abran una nueva etapa política. Sin odio, sin amenazas de muerte ni secuestros exprés, donde la violencia del hampa no se confunda con la del poder y donde las discusiones más fuertes vuelvan a ser de béisbol. Quieren recuperar su país.



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