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domingo, 4 de julio de 2010

Robert Doisneu / En blanco y negro





Robert Doisneau
EN BLANCO Y NEGRO

La obra de “Robert Doisneau, el pescador de imágenes”, puede verse por primera vez en España, concretamente, en Zaragoza, en el Espacio para el Arte de Obra Social Caja Madrid, desde el 8 de junio al 27 de julio. Y del 7 de septiembre al 3 de noviembre, en Aranjez. Se trata de 70 fotografías de este fotógrafo que supo detener instantes irrepetibles de la vida cotidiana en ciudades y pueblos franceses. Sus fotografías, en blanco y negro, plasman la identidad de los franceses en el siglo pasado.

El beso del Ayuntamiento

La exposición recoge imágenes del París de los años 50, entre las que se encuentra la famosa instantánea “Le baiser de l’Hôtel de Ville” (conocida popularmente como “El beso del Ayuntamiento”), reproducida miles de veces en postales y revistas. La fotografía muestra, de forma misteriosa, una pareja besándose frente al Ayuntamiento de París. Muchos pensaron que era una fotografía espontánea que el autor había tomado en las calles parisinas. Sin embargo, años después se supo que la pareja estaba formada por los estudiantes de arte dramático, Françoise Bornet y Jacques Carteaud. El artista que les haría anónimamente famosos les descubrió en un café parisiense y ambos aceptaron posar delante de su objetivo dándose un apasionado beso en mitad del tumulto de la ciudad. Convertida en un icono reconocido en todo el planeta, la fotografía fue subastada por su protagonista, adjudicada en 155.000 euros. Doisneau inmortaliza ese beso y fotografía a grandes estrellas y a gente corriente. Su obra muestra las excentricidades de las calles parisienses en una época en que la ciudad parecía un continuo escenario de comedia, melodrama, tragedia y farsa. Por primera vez en España, se puede ver el vídeo “Robert Doisneau. Simplemente Doisneau”, que muestra más de 700 imágenes comentadas por el propio autor.

Jacques Prevert

Robert Doisneau (1912-1994), era un tipo tímido que se levantaba muy temprano y recorría París para sorprender las imágenes furtivas de la calle, escenas inesperadas, convirtiéndose así en uno de los fotoperiodistas más prolíficos y populares de Francia. Es conocido por sus imágenes de divertidas yuxtaposiciones, en las que mezcla clases sociales y muestra las excentricidades de las calles parisinas de mediados del siglo XX. Su carrera empezó a despuntar en 1934, en la factoría de Renault, donde trabajaba como fotógrafo industrial y de publicidad. En 1939, se alistó y colaboró con la Resistencia Francesa. Y, durante meses, fotografió la ocupación y la liberación de París. Poco después ingresó como reportero gráfico en la agencia parisina Rapho, y las revistas Life y Vogue no tardaron en descubrir su talento y rendirse ante su conmovedora visión de París.


Doisneau fue uno de los grandes maestros de la conocida “escuela humanista”, caracterizada por los fotógrafos que, tras la Segunda Guerra Mundial, se empeñaron en mostrar al mundo el lado positivo del ser humano. Sus imágenes le convierten en el fotógrafo de la vida cotidiana y de la gente corriente. Los protagonistas de sus fotografías podían ser un lector anónimo, una señora frente a un escaparate, el andén de una estación, la esquina de una calle o un perro. Sin embargo, también supo codearse con los grandes de su época, y entre sus imágenes más conocidas no faltan retratos de Pablo Picasso, Simone de Beauvoir, o Giacometti, entre otros. 


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Nacido en Gentilly, cerca de París, el 14 de abril de 1912, Robert Doisneau, pasa su niñez y adolescencia en un suburbio parisiense. Comienza a realizar sus primeras fotografías, aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. A los 13 años, ingresa en una escuela de artes y oficios, donde es formado como grabador y litógrafo, oficio en decadencia que Doisneau consideraba poco creativo. Para compensar esa falta de estímulo, a los 17 años comienza a realizar sus primeras fotos con una cámara prestada. En ellas ya se evidencia su talento.


Poco después, es admitido en el Atelier Ullmann, dedicado a la publicidad de productos farmacéuticos. Y comienza a trabajar en un estudio fotográfico, que compra al morir su dueño. En 1931 trabaja con el artista André Vigneau, quien le introduce en el mundo de la fotografía como arte. Y labora, como fotógrafo industrial y de publicidad, en la factoría de Renault de Billancourt, hasta que es despedido por sus repetidas ausencias. Según sus palabras, “desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo”. De los objetos inanimados pasa a las fotografías de gente en París y Gentilly.


Muy pronto, Doisneau se afilia a la Conféderation Général du Travail (CGT) y se relaciona con el Parti Comuniste Français Tras un breve paso por la agencia Rapho (Rado Photo), al estallar la II Guerra Munidal, es llamado a filas pero, con la ocupación de Francia por los nazis, vuelve a la vida civil y colabora con la Resistencia, falsificando pasaportes, permisos de trabajo, documentos para judíos, además de registrar la ocupación alemana. Son tiempos penosos en los que realiza fotografías de científicos por encargo y no deja de retratar la ocupación de París, documentando, en agosto de 1944, la liberación. Es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia.

Picasso

Desde 1945, colabora con Le Point y se integra de por vida en la agencia Rapho, retratando, entre otros, a Pablo Picasso. “Mi foto –declara– es la del mundo tal y como deseo que sea”. Recorre, siempre con su cámara, Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encuentra con Jean Paul Sartre, Albert Camus y Jean Cocteau entre otros. Es su modo de escapar del mundo artificial de “Vogue”. Recorre toda Francia y Estados Unidos con gran éxito, y se le abren las puertas en el extranjero. En 1951, expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Los años sesenta no son buenos para el fotoperiodismo o, al menos, para el reportaje humanista. Doisneau se gana la vida como fotógrafo comercial y publicitario, pero también experimenta con la fotografía periférica y desarrolla una cámara especial para fotografiar objetos cilíndricos o esféricos. En 1979, Claude Nori lo rescate, publicando una retrospectiva de su obra en “Tres segundos de eternidad”. En la década de 1980, recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio y Kioto, además de en Roma y en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


Robert Doisneau

En los últimos diez años de su vida, se produce un resurgimiento del interés del público por el reportaje humanista, por la forma sensible de ver la vida. El estilo de Doisneau comienza a ser revalorizado. “Su obra –íntima, sincera y humanista– se gana la aclamación mundial y lo convierte en uno de los artistas más admirados y apreciados de la historia de la fotografía”. Son sesenta y un años de trabajo artístico, desde el 25 de septiembre de 1932, hasta el 25 de septiembre de 1993, en que toma la última foto. Seis meses más tarde, muere, a la edad de 81 años. Al fotógrafo se le han dedicado más de un centenar de libros y varias películas. Del cartel de El beso se han vendido más de 500.000 ejemplares en todo el mundo.


Sus fotografías en blanco y negro plasman la identidad de los franceses en una Francia de la que, en mi juventud, me enamoré. Robet pasó su niñez y adolescencia en un suburbio de París. La muerte de su madre en 1919, cuando tenía apenas 7 años de edad, y la precaria situación económica que padeció con posterioridad, tal como lo señalan sus biógrafos “seguramente fueron golpes muy duros para la frágil personalidad de un niño”. Sus fotografías de niños, como las que siguen, son tiernas, espontáneas y divertidas.













Nacido en Gentilly, cerca de París, 14 de abril de 1912, Robert Doisneau comienza a realizar sus primeras fotografías aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. A los 13 años ingresa en una escuela de artes y oficios, donde es formado como grabador y litógrafo. A los 17 años comienza a realizar sus primeras fotos con una cámara prestada. En ellas ya se evidencia su talento. En 1931, el artista André Vigneau le introduce en el mundo de la fotografía como arte. Y labora, como fotógrafo industrial y de publicidad, en la factoría de Renault de Billancourt hasta que despedido por sus repetidas ausencias. Según sus palabras, “desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo”. Participa como soldado alistado en la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial. Terminada la guerra, es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia. “Mi foto –declara– es la del mundo tal y como deseo que sea”. Recorre, siempre con su cámara, Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encuentra con Jean Paul Sartre, Albert Camus, Jean Cocteau... En 1950, busca material para cumplir con un encargo de la revista estadounidense, “America´s Life”, interesada en los enamorados de París. De ahí saldrá la serie “Besos” y su obra más significativa: El beso del Hôtel de Ville. Recorre toda Francia y Estados Unidos con gran éxito. En la década de 1980 recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio, Kioto, Roma, Oxford… Su obra –íntima, sincera y humanista–lo convierte en uno de los artistas más admirados y apreciados de la historia de la fotografía.



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