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lunes, 12 de abril de 2010

Raúl Gómez Jattin / El esplendor de la mariposa / Jorge Cadavid

Raúl Gómez Jattin




Raúl Gómez Jattin
EL ESPLENDOR DE LA MARIPOSA
Los poetas —amor mío— son unos hombres horribles
Por Jorge Cadavid

Esplendor de la mariposa
Raúl Gómez Jattin 

Editorial Magisterio, Santafé de Bogotá, 1995, 69 págs.

El suicidio del poeta siembra siempre la inquietud en el rebaño. La pequeña colmena se siente transgredida. Los miembros de la colonia buscan afanosamente posturas más cómodas: se emiten comunicados, se hacen reseñas necrológicas, notas de prensa. Las profesiones de admiración y afecto aparecen e intentan opacar el gesto público del impertinente. Los más atrevidos se animan a discutir o a poner en tela de juicio la decisión del desertor —un error o acaso un accidente—, pero en el fondo y oscuramente sienten algo de envidia.
Y es que, mirándolo bien, para la mayoría de nuestra sociedad literaria y extraliteraria la sola presencia de una figura como la de Raúl Gómez Jattin (Cereté, 1954-Cartagena, 1997) incomodaba. Un poeta en estado puro, un místico en estado salvaje, un loco —espejo de una sociedad enferma, "cárcel de salud"—, no es, por cierto, la figura más deseable. Eso fue Raúl Gómez Jattin ante todos: un marginado (suicidado de la sociedad).
Hoy día, es casi un lugar común referirse al mito decimonónico del "poeta maldito". Es necesario también etiquetar al marginado, nadie traga a un poeta libre: "Muere a los 52 años, el único verdadero poeta maldito que ha dado la lírica colombiana", decía una de estas notas, firmada por Óscar Collazos. "El poeta en medio del incienso de sus aduladores contribuía a confirmar este cliché con una actitud marginal que lo erigió en el ‘poeta maldito’ de la clase media intelectual", afirma Carlos A. Jáuregui, aunque el mismo Raúl con sorna declarara: "Soy el único poeta maldito que se acuesta temprano".
En el fondo de esta actitud vital, irónica y crítica que Raúl Gómez Jattin asume, subyace una postura ética: el haber borrado o querido borrar la distancia que la sociedad obliga a establecer como "norma" entre la poesía y la vida. Al respecto Cobo Borda sostiene: "Fue un poseído de la poesía y por lo tanto un hombre que entregó su vida a ella". Toda la obra de Raúl Gómez Jattin, en efecto, fue la búsqueda de ese fundamento: trasponer la vida a la escritura, trasponer la escritura a la vida.
A los ojos de la crítica —y está bien que así sea—, el debate de la locura, las drogas, la homosexualidad, el suicidio de Raúl, es secundario y superfluo a los efectos de la lectura de su obra, ya que el "sujeto textual" (Raúl poeta) —aquél que se va construyendo como un efecto de la escritura— es quien debe tomar el crítico en cuenta, evitando identificaciones simplistas con el "sujeto biográfico" (Raúl persona).
En tal sentido, la locura-suicidio es el destino final de su voz lírica y, por tendencia natural —pero errónea—, tendemos a confundir la persona poética con el creador real, atribuyendo al ser de carne y hueso las notas del mito personal que todo poeta crea a partir de su arte, en el caso de Raúl imponiendo su destino artístico al remiso y muchas veces mezquino campo de la realidad.
Los poetas —Amor mío— son
unos hombres horribles unos

monstruos de soledad —evítalos
siempre— comenzando por mí.
Los poetas —Amor mío— son
para leerlos. Mas no hagas caso
a lo que hagan en sus vidas.
Unas cuantas colecciones de poemas que caben en un volumen breve: Retratos (1980-1983), Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986), Del amor (1982-1987), Hijos del tiempo (1990), Esplendor de la mariposa (1993), y un libro inédito que será editado póstumamente con versos recuperados de aquellos manuscritos que dejaba a sus amigos y en la Escuela de Bellas Artes, dan la medida vital y creadora de Raúl Gómez Jattin, para quien se mezclaron de manera indiscernible en su escritura: la verdad de la vida, el apunte confesional, la verdad del lenguaje, el vislumbre alucinado. En una tenaz y ardiente tarea de desgaste amoroso, sensorial, emocional y psíquico, logró preservar la pureza de su escritura.
Misticismo vacuo el de Raúl Gómez Jattin en un mundo donde no sólo los dioses y Dios han huido, sino que el brillo de la divinidad se ha extinguido de la historia del hombre. Es el tiempo de la penuria del que hablaba Heidegger. La inversión de Raúl Gómez Jattin nos conduce a la hondura de un hombre solo, símbolo de todos, que "nos representa con su sensibilidad dolorosa como un parto", arriesgándolo todo en este "juego peligroso" de la escritura, jugándose el recinto del ser (el lenguaje, diría Hölderlin; el verbo encarnado, diría Artaud).
Dios —escucha a Raúl—
Soy un devorado por el amor

Soy un perseguido del amor
La poesía de Raúl Gómez Jattin renuncia a la rigidez, al excesivo formalismo, a la elocuencia retórica poco expresiva de nuestra poesía, afirma William Ospina. Los poemarios Retratos y Amanecer en el valle del Sinúson indudablemente los textos centrales en su peregrinaje poético, por la elementalidad y transparencia líricas, por haber encontrado su propio lenguaje, mezcla de vocablo universal y popular, de tono cotidiano y clásico. Los dos siguientes, Del amor e Hijos del tiempo, son claramente de exploración y búsqueda. Del amores un libro sin tapujos, donde el erotismo es llevado a sus extremos. Poemario de indagación, pero una indagación más personal que poética, una búsqueda más allá de la poesía aunque quien la realiza sea ya un gran poeta. Documentos confesionales, testimonios de un misticismo exuberante, de un panteísmo alucinado. El aporte significativo de este texto en el rescate del valor poético del vocablo "vulgar" —que no riñe con lo sublime—, de la palabra "obscena" (si entendemos etimológicamente la palabra como lo ‘fuera de escena’, lo oculto). En Hijos del tiempo, Gómez Jattin ensaya con formas clásicas para contarnos la historia desde el mito. Para este propósito recrea un tono borgiano, según Nicolás Suescún: "De cierto sentimentalismo y algo de esnobismo, que no afecta, sin embargo, el lirismo viril de sus demás poemas". Tanto Del amor como Hijos del tiempo son los libros más experimentales e irregulares en la obra del poeta de Cereté.
En algunos textos del Esplendor de la mariposa, el poeta vuelve a esos destellos, a esa zona iluminada donde las palabras adquieren una potencialidad significativa inagotable. Es el retorno a la lírica pura, de temperamento reflexivo y aguda conciencia crítica, es el vértigo por la palabra diáfana. El resultado es una poesía de gran equilibrio y de profundo buceo anímico-existencial:
Tengo en la cabeza
un pájaro celeste

que anida en esta prisión
Tengo en este pájaro
un ardiente corazón
Tengo en ese corazón
una frágil esperanza
de volar hacia Dios
                                                 [Pájaro]
Los rasgos estilísticos más significativos de estos textos del Esplendor de la mariposa son:
— Cultivo de una nueva brevedad, que equivale a una intensificación expresiva del poema.
— Lenguaje místico, descarnado, reducido a un exiguo número de palabras verdaderas y esenciales.
— Simbología forjada en la exploración individual, poesía depurada en la vigilia.
Escritura filtrada, sin dispersión de metáforas ni acrobacias verbales. Raúl Gómez Jattin entiende el poema como un acto de pureza, una síntesis:
Si quieres saber de Raúl
que habita estas prisiones

lee estos duros versos
nacidos de la desolación
poemas amargos
poemas simples y soñados
crecidos como crece la hierba
entre el pavimento de las calles
                                                   [Retrato]
Esplendor de la mariposa es un texto con estructura de diario. Dos temas-ejes fundamentan su desarrollo: la conciencia de exiliado de la realidad y la levedad del espíritu que se niega a las ataduras terrestres. Este poemario significativamente fue dedicado a la memoria de Luis Carlos López, autoexiliado como él. En los siguientes versos inéditos de Raúl Gómez se definen, de alguna manera, ambos escritores:
Cartagena Por tus calles angostas
transitó aquel poeta de sonrisa

torcida y malestar citadino.
Don Luis Carlos López Escauriasa
estás muerto y yo le escribo
a tu poema ambiguo agradecido
por toda tu maldad y todo tu
                                     / realismo
[...]
Único entre nosotros: sonreído
y desgarrado nos sigues
alegrando y doliendo a la vez.
Al final de su producción, Raúl Gómez Jattin hará un balance de sus versos y de su vida, con un tono bíblico que nos recuerda a su maestro Whitman. Con esa propensión a la lucidez (a la autocrítica), con el alma alerta, dudará de su esencia y lo dirá cantando:

He recorrido hospitales mitigando
                                 / la locura

[...]
Ahora —sin ella— escribo estos
                                     / versos
y no sé si he ganado o he perdido
No sé, si tú —lector— notarás
                              / este cambio
y lamentarás que mi verso se haya
                                      / vuelto
reposado y tranquilo


Ojalá que natura de mí se haya

                                 / apiadado

y no eches de menos
el fervor de otros días.
JORGE H. CADAVID
Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998 




1 comentario:

  1. hola, desde hace mucho busco poder leer el esplendor de la mariposa, pero no lo encuentro en ningún lado, me podrías ayudar?

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