domingo, 10 de marzo de 2019

Don Winslow / Algunas alegrías lectoras



Algunas alegrías lectoras

Winslow me parece un maestro, uno de esos gigantes literarios que reducen a añicos el género

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
1 MAR 2019 - 13:19 COT

El entusiasta descubrimiento de Don Winslow por Antonio Muñoz Molina, tal como refería la pasada semana en su columna vecina, me sorprendió leyendo el tremendo, adictivo, fascinante centón (958 páginas) La frontera (HarperCollins),última entrega de esa trilogía (admite lectura independiente) a cuyas dos anteriores, El poder del perro (2005; en DeBolsillo) y El cártel (2015; bolsillo RBA) se refería el autor de El jinete polaco. De entrada, y para mojarme como si me hubiera caído vestido en la piscina, les diré que Winslow me parece un maestro, al menos por esos tres libros, que son los únicos de su extensa producción que he leído. Uno de esos gigantes literarios que reducen a añicos el género en que las editoriales inscriben sus libros para, pura y simplemente, regalarnos gran literatura. AMM mencionaba a propósito de Winslow —del que Oliver Stone llevó al cine (2012) su novela Salvajes (2010)esa “ambición tolstoiana” que convierte el relato novelesco en toda una visión del mundo. Winslow ha contado como nadie el complejo universo fáctico y moral del narcotráfico mexicano y, de paso, de las circunstancias, económicas, políticas, sociales, en que se han enmarcado sus sucesivos avatares. En La frontera, el libro más salvaje y descarnado de la trilogía, retoma al ya maduro Art Keller, ahora máximo responsable de la DEA —y después de tantas batallas, un luchador cansado, como el Smiley de Le Carré—, para intentar poner freno a la lucha por la sucesión de Adán Barrera, su némesis en los libros anteriores. La guerra más cruel estalla entre Los Hijos, vástagos de una generación que fundó el imperio y lo dividió en taifas de la droga, y cuya estela de caos y miedo asumen con tanta o más ferocidad en su despiadado delirio de poder. Pero Sinaloa y los demás cárteles rivales no pueden subsistir sin Wall Street y sus representantes en la esfera política de la nación más poderosa: el libro de Winslow, de lectura febril y fraseo eléctrico y preciso (a pesar de que en la traducción se pierda la fuerza de las jergas del narco), pero exigente y nada lisonjero, termina siendo una especie de alegato político en el que las fronteras físicas y morales tienen como referencia ineludible a Trump y la más “rabiosa” actualidad. Si no quieren pasarlo mal (¡y tan bien!) navegando por este libro salvaje y caudaloso, no cometan el error de comprarlo. Y si lo hacen, más vale que lo empiecen cuando no tengan que poner el despertador.


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