domingo, 26 de marzo de 2017

Frida Kahlo / Siempre Frida


Siempre Frida


Nuevas exposiciones evidencian que la fascinación por la artista no para de crecer



'Frida sentada en el jardín', fotografía de la exposición 'Frida Kahlo. Mirror, mirror...'. /FLORENCE ARQUIN
Antes de verla, a Frida Kahlo (1907-1954) se la oía. Carlos Fuentes recordaba el tintineo de pendientes, pulseras y abalorios que precedió a la imponente llegada de la pintora una noche al palco del Palacio de Bellas Artes en México. Nadie quedaba indiferente al magnetismo que irradiaba la mujer del inmenso Diego Rivera, 20 años más joven que él, “una muñeca solo en lo que a tamaño se refiere”, como fue descrita por el fotógrafo Edward Weston.
Casi siete décadas después de su muerte, la fascinación en torno a Kahlo no solo no se agota, sino que crece, dejando a un lado la sombra de su marido. Centenarios, biografías, películas, documentales, óperas e imanes de nevera aparte, la popularidad de Frida escapa a los márgenes de los mapas y los calendarios de efemérides: en 2015, media docena de exposiciones han celebrado distintos aspectos de su legado en Londres, Detroit, Ciudad de México, Fort Lauderdale y Nueva York. Este verano, las aproximaciones a Kahlo incluyen desde la exposición de un puñado de sus cartas a la recreación de las plantas de su jardín, pasando por una conferencia sobre sus problemas médicos a cargo de una reumatóloga.

Exposiciones

Ecos de tinta y papel. De la intimidad de Frida Kahlo. Museo Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo; México DF. Hasta el mes de noviembre.
Frida Kahlo. Mirror, mirror... Throckmorton Fine Art; Nueva York. Hasta el 12 de septiembre.
Frida Kahlo. Art, Garden, Life. The New York Botanical Garden. Hasta el 1 de noviembre.
La fiebre por Frida parece alcanzar un nuevo pico. “Ella mueve muchas emociones en distintos sectores: la mujer engañada, la discapacitada, lo aguerrido de su personalidad a pesar de sus problemas físicos o su lucha política. Y, además, todos nos volvemos confidentes de su vida a través de su obra”, explica por teléfono la fotógrafa Cristina Kahlo, sobrina nieta de la artista y comisaria de la exposición Ecos de tinta y papel. La intimidad de Frida Kahlo. Hasta noviembre, esta muestra reúne correspondencia y fotografías en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo de México.
En esas cartas dirigidas, entre otros, a su querido doctorcito, Leo Eloesser, queda patente el dolor físico que marcó la vida de Kahlo; también la profunda amistad que la unió a la actriz Dolores del Río o al arquitecto Juan O’Gorman. Kahlo llegó a someterse a 30 operaciones y, tras una intervención de columna, su hermana Matilde describe al médico cómo le fijaron las vértebras con hueso y el calvario que padeció. Escribe que el dolor no pudo ser paliado con morfina, pues no la toleraba.


Portada del libro 'Frida Kahlo: The Giséle Freund Photographs'.
Maestra de la autoexposición —retratándose obsesivamente en sus lienzos— y, paradójicamente, del ocultamiento —camuflando bajo las folclóricas faldas las secuelas de la polio que padeció de pequeña y del terrible accidente que sufrió más adelante al quedar atrapada en el choque entre un autobús y un tranvía—, Kahlo fue carne de objetivo durante toda su vida. Cuando murió, se encontraron en su casa cerca de 4.000 fotografías cuidadosamente archivadas.
Antes del boom de los paparazi o de la explosión de los selfies, la icónica imagen que proyectaba Kahlo resultaba irresistible. La lista de fotógrafos que la retrataron arranca con su padre Wilhem Kahlo, e incluye desde Cartier-Bresson hasta Ansel Adams. “Es excepcional cómo encontró la manera de evocar distintas facetas de sí misma ante cada objetivo. Reflejaba lo que cada uno quería ver”, apunta el catedrático Salomon Grimberg, autor del texto que acompaña el catálogo de Frida Kahlo. Mirror, mirror..., la exposición de la galería neoyorquina Throckmorton que, hasta el 12 de septiembre, reúne medio centenar de instantáneas originales de Kahlo captadas por Dora Maar, Nickolas Muray, o Lucienne Bloch, entre otros. Grimberg sostiene que la fotografía fue la entrada de Frida en el mundo de la estética, y se detiene en las imágenes que Lola Álvarez Bravo sacó de la pintora en distintos espejos: “Es como si el reflejo fuese el propio sujeto. Muestran su lucha por mantener su sentido del yo”.

El objetivo de Giséle Freund

Alumna de Theodor Adorno, amiga de Walter Benjamin y miembro de la agencia Magnum, Giséle Freund tuvo un privilegiado acceso al entorno de Rivera y Kahlo. Su trabajo se ha mostrado en el Museo de Arte Moderno de México en julio, y alguna de sus imágenes se incluyen en la muestra de la galería Throckmorton de Nueva York, pero es en el libro Frida Kahlo: The Giséle Freund photographs (Abrams & Chronicle Books, 2015) donde mejor se aprecia su conexión con la pareja de artistas. “Muchas de sus fotos son bodegones de la casa, una especie de retratos de ambiente donde se destila algo genuino”, explica por teléfono Lorraine Audric, especialista en Freund y autora del epílogo del libro. “Son imágenes que no ofrecen respuestas, sino que plantean preguntas, que muestran el arte vernáculo, la magia que les rodeaba”. Y la cosmopolita Freund cayó rendida ante aquello. Como escribió la fotógrafa en un perfil para una revista que se incluye en el libro, Frida “fuma, se ríe, habla con una voz melodiosa y cálida. Toda su personalidad irradia una inteligencia viva, una profunda humanidad y una exuberante vitalidad. Odia todo lo esnob, cualquier cosa falsa, convencional o afectada”.
Su identidad caló —o quizá también se construyó— en un estilo que rebasó el lienzo y cuajó en un rico mundo estético y simbólico. Ahí está su vistoso armario (fotografiado al detalle por la japonesa Miyako Ishiuchi, cuyas imágenes se mostraron este año en Londres), claro, pero también su jardín. Y es precisamente este decorado botánico lo que recrea Frida Kahlo, Art, Garden, Life. Esta exposición del Jardín Botánico de Nueva York es la primera que se ha centrado en la importancia simbólica que tenían las plantas en el arte de la autora. “Esta faceta de su creatividad muestra la inteligencia profunda de la artista, su diálogo con ideas muy complejas como la cosmovisión de las culturas prehispánicas, y el discurso del mestizaje no solo en México, sino en el mundo de los años cuarenta y cincuenta, y, sobre todo, su amor por México y por la naturaleza”, explica la comisaria Adriana Zavala. Junto a la reconstrucción de una parte del jardín de la Casa Azul de Kahlo, se han reunido una veintena de cuadros y obras sobre papel —procedentes en su mayor parte de colecciones privadas— en las que las plantas juegan un papel esencial. “La popularidad de Frida muchas veces tapa su arte y por eso nuestro enfoque no es biográfico”, recalca Zavala. “Pero, sí creo que fue una mujer indomable y eso es muy atractivo hoy. También su política”.
En este aspecto reivindicativo y luchador se centraba el Detroit Institute of Art, donde hasta julio se ha podido ver una exposición (con cerca de 180.000 visitantes) en torno a la estancia y el trabajo de Frida y Diego. En Detroit dejó Rivera algunos de sus monumentales murales y ella pintó Henry Ford Hospital tras su aborto. También esta primavera la muestra Kahlo, Rivera and the Mexican Modern Art exploraba las conexiones de toda una generación en el NSU Museum de Fort Lauderdale de Florida. Ya decía Frida en una carta a su madre en 1930 desde San Francisco que “a las gringas las gusto mucho”. Pues no solo a ellas.

PRECISIONES DE JAIME CHÁIDEZ

Es una nota bien intencionada pero con imprecisiones delicadas. Frida no murió hace 7 décadas, son 60 años de ausencia. Ansel Adams no fue uno de los fotógrafos que buscó a Frida. Las fotografías encontradas (no después de su muerte, sino 5 décadas después) no fueron cerca de 4 mil, sino más de 6 mil. Sin embargo, este material refleja fielmente lo que está pasando en Tijuana.

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sábado, 25 de marzo de 2017

Silvina Ocampo / La hermana menor

La pequeña Ocampo

Una nueva biografía arroja luz sobre la figura de Silvina, brillante cuentista, amiga de Borges y esposa de Bioy Casares

J. ERNESTO AYALA-DIP
5 SEP 2014 - 06:27 COT

Todo el mundo cultural de habla hispana conoce el nombre de Victoria Ocampo. Sabe de su trayectoria vital y literaria. De su amistad con grandes nombres de todas las latitudes de la cultura del siglo veinte. Conoce el nombre de la revista Sur, célebre por sus colaboradores y por el sello personal que aportaba su mentora y dueña. Pero no ocurre lo mismo con una de las seis hermanas Ocampo. Me refiero a Silvina Ocampo (1903-1993), una de las cuentistas más relevantes de la literatura argentina, además de la mujer de Adolfo Bioy Casares durante más de cincuenta años. (Compartió generación con otras conocidas escritoras argentinas: Silvia Bullrich, Beatriz Guido, Carmen Gándara y Marta Lynch). Las hermanas Ocampo fueron inmensamente ricas. Cuando una de ellas heredaba una vivienda, esa vivienda no era un piso sino una finca entera de seis o siete plantas. Sus viajes a Europa duraban meses. Su servicio ocupaba a varias personas siempre muy fieles. Sus segundas residencias eran casonas inmensas incrustadas en la Pampa o situadas a escasos metros del océano Atlántico. Siendo hijas de la oligarquía agroganadera argentina, no siempre les convino esa condición para que se las tratara sin prejuicios de clase o ideológicos: aun cuando fueron radicalmente antifascistas (además, claro, de feroces antiperonistas). La publicación de la biografía de Silvina Ocampo, La hermana menor, escrita por la periodista y escritora argentina Mariana Enríquez (1973), invita a reconsideraciones sobre la figura y obra de esta gran escritora, no siempre tratada con la justicia poética que se merecía.
Silvina Ocampo

El subtítulo de este libro reza Un retrato de Silvina Ocampo. Y lo es. Un amplio retrato donde caben su biografía y la razón de su vida: la literatura, repartida entre novela, cuentos y poesía. El procedimiento de que se vale la autora coincide bastante con el mecanismo del reportaje. Interroga testimonios escritos, pero también acude a los testimonios vivos. Contrasta éstos con acopio de información, sobre todo en los tramos más contradictorios o delicados de la vida de la escritora. La presencia de Bioy Casares es inevitable en casi todo el libro. Puede suceder que el lector de esta obra, por momentos, tenga la sensación de que los temas aparecen y reaparecen repetitivamente. En realidad, no todo lo que se sabe, cuenta o se rumorea sobre la vida privada de los Bioy tiene una única versión. Mariana Enríquez se ve obligada a volver sobre asuntos espinosos. De ahí ese insistir con distintos interlocutores —escritos u orales— en busca de la versión más aproximada a la verdad de lo sucedido. Veamos un ejemplo: un viaje a Europa emprendido en los años cuarenta, acompañados de una sobrina de Silvina Ocampo: mientras un relato dice que la sobrina era una adolescente, otro indica —siendo, parece, el más verdadero— que la chica tenía casi treinta años. La edad es importante precisarla porque lo que se cuenta de ese viaje no es un cuento de hadas.


Silvina Ocampo
Mariana Enríquez también incursiona en la obra de la Ocampo. La parafrasea y la comenta con conocimiento. Y con sensibilidad. Pero el terreno de la ficción también aparece trabado con los aspectos más personales y con los momentos más ingratos vividos con Bioy Casares, un hombre diez años menor que ella y con el síndrome de Don Juan profundamente arraigado y, también, hirientemente escaso de remordimientos. De La hermana menor se desprenden algunas conclusiones. Silvina Ocampo fue feliz escribiendo y siendo plenamente consciente de que lo que escribía era muy bueno, y siendo amiga de pocos amigos, entre ellos, por supuesto, Borges. Queda la duda de si lo fue absolutamente viviendo con un hombre que la compartía con tantas amantes.
Silvina Ocampo

 La hermana menor como un libro revelador en muchos aspectos. Sobre la vida y la obra de la gran escritora que fue Silvina Ocampo. Y también como un texto donde se describe el desmoronamiento físico y material de una familia escandalosamente rica y, a la vez, inmensamente culta, generosa, cosmopolita y amante de su ciudad. Este libro nos obliga a desempolvar algunos de sus más hermosos y extraños libros de cuentos. Volvamos a Autobiografía de Irene, Los días de las noches y esa antología titulada como solo Silvina Ocampo podía titular un libro: Las reglas del secreto.
La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo. Mariana Enríquez. Ediciones Universidad Diego Portales. Santiago de Chile, 2014. Edición a cargo de Leila Guerriero. 216 páginas. 25,70 euros

jueves, 23 de marzo de 2017

Charles D'Ambrosio / Su verdadero nombre


Charles D’Ambrosio
SU VERDADERO NOMBRE
para   P. L. A.

I
El cuero cabelludo de la muchacha parecía chamuscado por el fuego –mechones de cabello rojo pajizo se alejaban serpenteando de su cara y luego se posaban en su piel, adheridos allí por el sudor y el bloqueador solar y por la arena y el polvo del viaje. Por un tiempo su fino cabello había permanecido claro y limpio como el plumón de un pollito recién nacido, pero aumentaba el calor a medida que avanzaban hacia el oeste, hacia una sequía que había durado todo el verano y que había tostado el paisaje, marchitado los pastos y derretido el asfalto entre las expansiones de la carretera, que infiaba como globos los cadáveres de los mapaches, los ciervos y los perros y hacía que todo en la carretera ondulara como un espejismo a través de las olas de creciente calor. Desde que salieron de Fargo había hecho demasiado calor para usar la peluca, que ahora yacía entre los dos, en el asiento, sin haber perdido aún la forma de su cabeza. Junto a la peluca, una bolsa de caramelos anaranjados –sonrisas los llamaba ella– se había desparramado sobre el vinilo. Los cristales de azúcar se habían metido entre las sucias costuras y se le habían pegado al muslo. El piso estaba lleno de envolturas de chicle y bolsas blancas y grasosas, y sobre el tablero de instrumentos, en un revoltijo de vasos de plástico, monedas y cajas de fósforos, había una calcomanía entorchada por el calor. Decía: ESPERE UN MILAGRO.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Maupassant / Bola de sebo


Guy de Maupassant
BIOGRAFÍA

BOLA DE SEBO
    

Maupassant / Boule de Suif (Cuento en francés)

 DURANTE MUCHOS DÍAS consecutivos pasaron por la ciudad restos del ejército derrotado. Más que tropas regulares, parecían hordas en dispersión. Los soldados llevaban las barbas crecidas y sucias, los uniformes hechos jirones, y llegaban con apariencia de cansancio, sin bandera, sin disciplina. Todos parecían abrumados y derrengados, incapaces de concebir una idea o de tomar una resolución; andaba sólo por costumbre y caían muertos de fatiga en cuanto se paraban. Los más eran movilizados, hombres pacíficos, muchos de los cuales no hicieron otra cosa en el mundo que disfrutar de sus rentas, y los abrumaba el peso del fusil; otros eran jóvenes voluntarios impresionables, prontos al terror y al entusiasmo, dispuestos fácilmente a huir o acometer; y mezclados con ellos iban algunos veteranos aguerridos, restos de una división destrozada en un terrible combate; artilleros de uniforme oscuro, alineados con reclutas de varias procedencias, entre los cuales aparecía el brillante casco de algún dragón tardo en el andar, que seguía difícilmente la marcha ligera de los infantes.

martes, 21 de marzo de 2017

Triunfo Arciniegas / Tío Coyote y el hueso de cabra


Triunfo Arciniegas
TÍO COYOTE Y EL HUESO DE CABRA

El rabipelado y el coyote se encontraron en el bosque. El rabipelado estaba contento porque la suerte por fin le sonreía, pero el coyote llevaba casi una semana sin comer y se veía bastante mal.
–Ya se te asoman los huesos, Tío Coyote –dijo el rabipelado–. Con esa pinta nunca vas a conseguir novia.
–Tío Rabipelado, me pondré bien apenas coma –dijo el coyote–. Pero tú seguirás con ese rabo pelado aunque te comas un elefante. Eres el bicho más feo del universo.
–Con este rabo pelado, Tío Coyote, tengo más suerte que tú.
–Algún día serás mi cena, Tío Rabipelado, aunque después vomite.
–No me amenaces, Tío Coyote, y cuida tus pelos.
–¿Quién se atreverá a tocarme un pelo? –dijo el coyote–. Aún no ha nacido el triste rabipelado que me haga temblar.
–Puede que no, puede sí –dijo el rabipelao-. Sé que el hambre te hace decir cosas, Tío Coyote. No soy rencoroso. Más abajo, a la orilla del río, encontrarás lo que dejé de una cabra.
 –Gracias, pero no quiero las sobras de nadie –dijo el coyote.
Y se fue.
–Orgulloso y muerto de hambre –suspiró el rabipelado.
Le chillaban las tripas al pobre coyote.
Miró a todas partes y no vio al rabipelado.
Se acercó al río y encontró el esqueleto de una cabra. Los huesos estaban más pelados que el propio rabo del rabipelado. El coyote maldijo al rabipelado, pero se llevó un hueso a su cueva. Se preparó una sopa, se la comió toda y se durmió.
De pronto oyó un berrido espantoso:
–Beee, beee, vengo por mi hueso.
El coyote despertó como si lo hubiera tocado un rayo.
–Beee, beee, vengo por mi hueso.
El coyote, muerto del susto, sacó el hueso de la olla y lo arrojó a la oscuridad.
–Beee, beee, le robaste la sustancia a mi hueso.
–Perdóname –gritó el coyote.
 –Beee, beee, con eso no basta.
 –¿Qué quieres? –preguntó el coyote.
 –Beee, beee, quiero tus pelos.
 El coyote se arrancó unos pelos y los arrojó a la oscuridad.
–Beee, beee, quiero más pelos.
 El coyote arrojó más pelos.
 –Beee, beee, más pelos.
 El coyote arrojó el resto de sus pelos.
 -Ya no me quedan más pelos –dijo el coyote, adolorido.
 –Beee, beee, quiero que mañana me lleves flores y me pidas perdón.
Al otro día, todo pelado y tembloroso, el coyote recogió flores y buscó el esqueleto de la cabra. Hacía frío y lloviznaba.
–Perdón –dijo el coyote junto a los huesos.
De pronto, de la espesura salió una risa.
Era el rabipelado.
 –Beee beee –gritó.    


 Triunfo Arciniegas
Cuando el mundo era asi

lunes, 20 de marzo de 2017

Alan Sillitoe / La soledad del corredor de fondo / Reseña



Alan Sillitoe
LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO
Por Guzmán Urrero
Son dos metáforas de la época: la Inglaterra de porcelana blanca y los muros de ladrillo de las casas de clase obrera. En La soledad del corredor de fondo (1959), Alan Sillitoe definió el cortocircuito entre ambos mundos, deteniéndose en ese presente feroz de las barriadas, habitualmente dominadas por dos dioses atávicos: la furia y la necesidad.

Antonio Gamoneda / La prisión transparente / Reseña

Antonio Gamoneda

LA PRISION TRANSPARENTE


Nesciencia

En su último libro 'La prisión transparente' Antonio Gamoneda roe el hueso de lo existencial


FRANCISCO CALVO SERRALLER
14 FEB 2017 - 09:36 COT

En su recientemente publicado libro de poemas con el título La prisión transparente (Vaso Roto), Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) se entrega a esa extrema sabiduría invernal del no saber, un ascético ejercicio de despojamiento de todo lo circunstancial y aleatorio, quizás en busca del puro hueso de lo existencial. En este sentido, la prisión transparente es una especie de cárcel del espíritu que se retrae y recoge. La concisa fórmula elegida por este poeta como letanía verbal es un “no sé”, pero que se repite gráficamente en forma vertical, aunque, no pocas veces, en diagonal, lo que produce un efecto visual escalonado, siempre quedando en el aire lo que cada peldaño tiene de ascenso y descenso. Me parece muy importante la incertidumbre de esta conjugación interlineal tan sucinta por lo que tiene de escansión rítmica, que anima esta reflexión extrema sobre lo despojado, y por lo que este intervalo genera de distanciamiento entre la negación y la sapiencia, produciendo de esta manera un mutuo desequilibrio entre ambos términos. Se enclava esta “negación de la negación”, a mi modo de entender, en la médula histórica de la mejor poesía española, entre Juan de la Cruz y Quevedo, ambos ardientes prisioneros de sí mismos en pos de liberadora humillación, que es el retorno a la tierra, lo original del origen.

Willa Cather / La casa del profesor / Reseña


Willa Cather
LA CASA DEL PROFESOR

La grosera invasión del mterialismo


28 ENE 2016 - 20:13 CET
Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU

"En 1923 Willa Cather publica Una dama extraviada (editorial Alba) y en 1925 La casa del profesor; ambas, novelas cortas; en ambas, una Willa Cather en la cumbre de su arte narrativo. Antes de estas dos, en 1918, había publicado una obra maestra: Mi Ántonia (Alba); después de ellas aparecería, en 1927, La muerte llama al arzobispo (Cátedra), otra obra maestra. Estos cuatro títulos colocan a la señora Cather en lo más alto de la narrativa norteamericana del siglo XX. No es casualidad que La casa… y Una dama… tengan un tema en común: la decadencia social de los nobles ideales. El drama vital del profesor St. Peter es que no soporta la grosera invasión del materialismo en la vida norteamericana. Ha publicado con éxito los cuatro primeros volúmenes de su obra magna, Aventureros españoles en Norteamérica, y su esposa le ha animado a comprar una casa nueva y adentrarse en el mundo del éxito y el dinero. Su hija mayor, Rosamond, ha contraído matrimonio con un animoso oportunista que se ha hecho rico al explotar la patente del trabajo de investigación de un alumno de St. Peter, Tom Outland. Tom fue acogido por la familia hasta su muerte en el frente en la I Guerra Mundial. La menor, Kitty, se ha casado a su vez con un hombre con talento al que el éxito le hace perder la exigencia intelectual". 





sábado, 18 de marzo de 2017

Derek Walcott / El amor después del amor

Derek Walcott

Derek Walcott
EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR
Llegará el momento en que, con alegría,
te saludarás al llegar a tu propia puerta
a tu propio espejo
y te sonreirás ante tu bienvenida,
y te dirás siéntate aquí, come.
De nuevo amarás al extraño que tú eras.
Sirve vino. Sirve pan
devuelve tu corazón a él mismo,
al desconocido que te amó toda tu vida,
a quien ignoraste por causa de otro.
Quita las cartas de la estantería,
las fotos, las desesperadas notas,
despega tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Festeja tu vida.


Muere el poeta Derek Walcott, premio Nobel de Literatura



Muere el poeta Derek Walcott, premio Nobel de Literatura


El escritor ha fallecido a los 87 años en su casa de la isla de Santa Lucía tras una larga enfermedad


ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA
17 MAR 2017 - 20:45 CET
"Las biografías de poetas difícilmente son creíbles", escribió en una inolvidable página Derek Walcott, fallecido hoy a los 87 años. Menos creíbles todavía resultarían, en rigor, los perfiles rápidos y apresurados de poetas cuya riqueza, complejidad y luminosidad se vuelven inapresables en unas palabras urgentes que se quisieran mínimamente justas. El caso del propio Derek Walcott, que recibió el Nobel de Literatura en 1992, es un buen ejemplo de ello: no es fácil, no es ni siquiera posible, resumir el sentido de una escritura de largo y muy fecundo recorrido tanto en la poesía como en el teatro, y que incluso en el ensayo crítico mostró una absoluta singularidad. Véase, en este sentido, su libro de 1998 What the Twilight Says (traducido entre nosotros dos años más tarde como La voz del crepúsculo por Catalina Martínez Muñoz), en el que el poeta caribeño examina las obras de, entre otros, Ted Hugues, Les Murray, V. S. Naipaul o Ernest Hemingway.

Marian Cotillard transforma sus labios





Marion Cotillard

Marian Cotillard transforma sus labios

La actriz ha publicado en su Instagram tres fotos con su nueva imagen

EL PAÍS
Madrid
8 MAR 2017 - 04:44 COT






Marian Cotillard siempre se ha mostrado contraria a la cirugía estética por eso ha sorprendido su cambio radical del que ella misma ha presumido en la redes sociales. La actriz francesa aparece con unos labios carnosos que no tienen nada que ver con los suyos naturales. Las tres fotos que Cotillard ha publicado en menos de 24 horas por las que cualquiera diría que ha sido mal intervenida de cirugía plástica corresponden en realidad a una obligada caracterización para su próximo papel en el cine en la película Rock'n Roll.

Marion Cotillard III



LAS MUJEREMÁS BELLADEL MUNDO

Marion Cotillard III