lunes, 31 de octubre de 2016

Tippi Hedren acusa a Alfred Hitchcock de acoso sexual



Tippi Hedren acusa a Alfred Hitchcock de acoso sexual

En sus memorias, la actriz asegura que el director abusó de ella, según publica 'The New York Post


EL PAÍS
Madrid 30 OCT 2016 - 17:02 COT

Tippi Hedren, de 86 años, acusa a Alfred Hitchcock de acoso sexual. Lo hace en sus memorias, a las que ha tenido acceso The New York Post. El libro, que se titula Tippi, sale a la venta el próximo martes. En él, la actriz, que alcanzó la fama mundial gracias a Los Pájaros (1963), asegura que, durante los seis meses que duró el rodaje, sufrió constantes abusos por parte del director, que la intimidó y fue cruel con ella.  

Tippi Hedren / La rubia que escapó de Hitchcock


La rubia que escapó de Hitchcock

Tippi Hedren, abrió la boca para desmitificar a Hitchcock en 'The girl'


ROCÍO AYUSO
Los Ángeles 27 AGO 2013 - 13:34 COT

A lo largo de su carrera, Alfred Hitchcock creó muchas estrellas. Especialmente entre sus actrices, mujeres como Grace Kelly, Kim Novak, Ingrid Bergman, Janet Leigh o Eva Marie Saint. Pero el maestro del suspense también cimentó en esos mismos años grandes pesadillas. Historias de horror como las que contó en clásicos tipo Psicosis o Los pájaros. O como las que le hizo vivir a algunas de sus heroínas, esas mujeres bellas, rubias y de una frialdad particular que tanto le gustaban al director y de las que no sólo se enamoraba la cámara. Sólo una, Tippi Hedren, abrió la boca para desmitificar al maestro del cine. Y su historia finalmente se ha convertido en película gracias a The girl, coproducción entre la BBC y la cadena de pago estadounidense HBO que Canal + 1 (22.30) estrena este miércoles.

Tippi Hedren / Alfred Hitchcock arruinó su carrera, pero no su vida

Alfred Hitchcock y Tippi Hedren en 1963. 

Alfred Hitchcock arruinó su carrera, pero no su vida

La actriz Tippi Hedren ha recordado su traumática experiencia con el emblemático cineasta

Según ella, su empeño en transformarla en "su nueva Grace Kelly" derivó en obsesión sexual

Sus declaraciones coinciden con el lanzamiento de una película que recrea su relación


BORJA BAS
7 SEP 2012 - 18:00 COT



“Arruinó mi carrera, pero no mi vida”. Cincuenta años después del rodaje de Los pájaros, Tippi Hedren exponía ante la prensa su trauma con quien la descubrió, acosó y repudió. La excusa, la presentación, a principios de agosto, del telefilme de la HBO The girl, donde la actriz se ha visto encarnada por Sienna Miller y que se estrenará en EE UU el 20 de octubre. La cinta refleja la obsesión que sintió Alfred Hitch­cock hacia su musa de entonces y el sufrimiento que ella vivió en silencio para evitar perjudicar su propio futuro en el cine. Preguntada por el supuesto amor que el cineasta le profesaba, Hedren reflexionó: “No sé cómo llamar a aquello, pero desde luego no era amor. Cuando quieres a alguien, lo tratas bien. Estamos ante una mente [la de Hitchcock] incomprensible. Era malvado, pervertido, casi hasta peligroso”.

domingo, 30 de octubre de 2016

John Banville: "La novela ofrece un mundo de ficción más verdadero que el mundo tangible"

John Banville


John Banville: "La novela ofrece 

un mundo de ficción más verdadero 

que el mundo tangible"


El escritor irlandés -cuya última novela, La guitarra azul, llega 
esta semana a la Argentina- define la tarea del arte: "Mostrarnos 
lo extraordinario que es lo ordinario"
Débora Vázquez
LA NACION
SÁBADO 30 DE ABRIL DE 2016



"Para escribir me gusta usar esta lapicera fuente japonesa, una Nakaya, hecha a mano, en madera, y un cuaderno para manuscritos creado por el maestro encuadernador Anthony Cains" Fotos: Santiago Filipuzzi.


 Es uno de los prosistas más celebrados en lengua inglesa, nació en Irlanda y se considera a sí mismo un novelista europeo. Escribe policiales bajo el alias de Benjamin Black, aunque nadie ignora quién se oculta bajo ese seudónimo, y por supuesto publica novelas que firma con su nombre y apellido: John Banville (Wexford, 1945). En otra vida intentó ser pintor, fue empleado de Aer Lingus y editor del suplemento literario del Irish Times. Hoy se dedica exclusivamente a la literatura, o lisa y llanamente, como él preferiría decirlo para no pecar de solemne, a escribir bien.

John Banville: “Mi esposa dice que vivir con un escritor es como vivir con un asesino”

John Banville

John Banville: “Mi esposa dice que vivir con un escritor es como vivir con un asesino”

Candidato recurrente al Nobel, el irlandés John Banville es un autor refinado, hipnótico y paciente, salvo cuando se transforma en el vertiginoso Benjamin Black, el seudónimo que usa para escribir policial negro. Dice que la novela debe obedecer reglas populares. Entrevista exclusiva Ciudad X. 


Por Javier Mattio
07/05/2015 12:29




Pocas veces se da la posibilidad de entrevistar a dos escritores en uno: es el caso del eximio John Banville (Wexford, Irlanda, 1945), invitado a la Feria del Libro de Buenos Aires, quien hace un tiempo firma buena parte de sus libros como su alter ego Benjamin Black, el que le da vida a la saga noir protagonizada por el bonachón forense Quirke en la conservadora Irlanda de la década de 1950. Con Órdenes sagradas, el último libro de Black publicado en la Argentina, donde Quirke se entromete en sombríos asuntos católicos –en inglés ya se consigue Even the dead, la siguiente y séptima entrega–, el desdoblamiento comienza a asumir dimensiones que van más allá del pasatiempo: en cualquier momento el doble policial superará en libros al refinado original. Pero nada amedrenta menos al laureado Banville, ganador del Booker y el Príncipe de Asturias, candidato recurrente al Nobel y responsable de una obra soberbia, tan brillantemente inteligente como oscuramente introspectiva, en donde la niebla pulp de Benjamin Black cobra visos metafísicos y fantasmales con referencias profundas a los sueños, el pasado y las alucinaciones: la sustancia que alimenta a Black es la misma que segrega Banville, pero hay un cuidadoso y aceitado colador entre medio.

John Banville / Dublín negro

John Banville

John Banville

Dublín negro

Enric González
3 MAY 2008

Es un maestro de la lengua inglesa en Irlanda, el país de los grandes narradores de historias. Ahora firma con el seudónimo de Benjamin Black El otro nombre de Laura, una deslumbrante novela negra de crímenes, hipocresía y desencanto.

John Banville / El intocable / Reseña de Iñigo Pereyra




John Banville

EL INTOCABLE


Reseña de Iñigo Pereyra

Richard Ford / Mis libros favoritos



Seguro que a muchos de los lectores les suena El Círculo de Cambridge o Los Cinco de Cambridge. Me refiero a un grupo de cinco alumnos de esta famosa universidad británica, que fueron reclutados por el servicio de espionaje soviético en los años treinta. Precisamente, esta historia verídica, es la base de la novela que hoy reseño, escrita por John Banville, flamante Premio Príncipe de Asturias 2014. No nos encontramos ante una novela histórica, pero su base real y algunos acontecimientos históricos, sobrevuelan a lo largo de su redacción. Los nombres han sido cambiados, pero parte de los hechos se basan en experiencias vitales protagonizadas por estos cinco personajes, cercanos en sus años jóvenes a las ideas socialistas, que por diferentes razones trabajaron para la Unión Soviética, hasta bien entrados los años 60.

John Banville / El intocable / Reseña





He de decir que a punto he estado de etiquetar este libro como "biografía", en vez de como "novela", porque el "intocable" del título, el personaje alrededor de la cual gira la historia, está basado, sin apenas algún disimulo, en el espía británico Anthony Blunt, ex-caballero de la Corona Real británica, crítico e historiador del arte experto en Poussin, profesor universitario, conservador de la colección real inglesa de pinturas -y asesor de la reina-, espía a favor de los servicios secretos soviéticos desde los años 30, formando parte de los llamados "cinco de Cambridge", y desenmascarado públicamente como tal por Margaret Thatcher en 1979 (aunque ya había sido descubierto quince años antes). Aparecen también, con otros nombres, personajes célebres de la época -o basados en ellos- como el también espía Guy Burgess, el novelista Graham Greene o el "padre" de la inteligencia artificial, Alan Turing... entre otros cuya auténtica identidad sin duda se me escapa.

sábado, 29 de octubre de 2016

El triunfo de la forma / Reflexiones sobre la obra de John Banville

John Banville

El triunfo de la forma

Reflexiones sobre la obra de John Banville
BIOGRAFÍA

Por Alejandro Nájera


…in literature we move through a blessed
world, in which we know nothing except
through style, and in which everything is
redeemed by style.
Henry James
The thing itself.
John Banville
Comienzo con una anécdota. George Steiner alguna vez afirmó que John Banville es “el escritor en lengua inglesa más inteligente, el estilista más elegante”. Para un gesto de reconocimiento, uno de aparente desaire. Hay que tener sentido del humor –ácido, de preferencia–, un ingenio mordaz, una inteligencia perspicaz y, sí, también cierta dosis de arrogancia, para no tomar en serio los elogios de la crítica literaria, menos aún si provienen de la pluma de una de las autoridades más respetadas. Así es, hay que ser John Banville para comentar, no sin insolencia, que “el viejo Steiner sólo ha dicho eso para demostrar su erudición”. La anécdota, si se quiere, puede ser banal, una de esas cosas que se cuentan en una reunión, con un tono de falsa modestia, para demostrar que uno está al tanto de lo que acontece en el panorama literario actual. Pero no es así. Sin duda hay ironía en sus palabras, de hecho, Banville es asiduo a practicarla, al menos así lo revelan numerosas entrevistas. La ironía es un modo de decir algo con la intención de decir otra cosa, generalmente lo contrario. Acaso el lector ha experimentado un ferviente deseo de objetar contra la escualidez de esta definición. Sin embargo, no es mi propósito realizar, aquí, una exhaustiva discusión sobre la ironía; sólo quiero señalar que es uno de las tantos recursos de un escritor profundamente preocupado por los modos, por las formas.

John Banville / Imágenes de Praga / Reseña de Andrés Barba


Praga

John Banville 

IMÁGENES 

DE PRAGA

Traducción de F. Chueca. Herce. 
Madrid, 2008. 228 páginas, 18’5 e.

ANDRÉS BARBA 
15/05/2008



John Banville
En una conmovedora confesión al comienzo de este libro John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) asegura que, cuando era joven, pensaba que para conocer de verdad un lugar, había que enamorarse de él. Esta joya de libro no es sólo fruto de un enamoramiento obvio por la ciudad de Praga, un enamoramiento del que el autor no siempre sabe dar cuenta (como nosotros tampoco a veces sabemos dar cuenta de nuestro enamoramiento por algunas personas), sino de una meticulosa revisión del género de la literatura de viajes. El mundo anglosajón creó el género, y libros como éste parecen confirmar que su renovación estará también siempre en manos anglosajonas. Banville, con la destreza que ya le conocerán los lectores de sus obras de ficción salta de la biografía a la crónica histórica (especialmente en relación a los acontecimientos de la primavera de Praga), y de ahí al ensayo artístico, centrado básicamente en el análisis de la obra del fotógrafo Josef Sudek. Desde luego este libro no es comparable a una guía azul de monumentos de Praga, pero tampoco es estrictamente una guía sentimental. Su honestidad va más allá y el autor sabe muy bien que podría resolver perfectamente un libro impecable acerca de sus emociones personales en la ciudad de Praga (impecable e irrefutable, como todo lo que es sentimental). Banville se hace aquí una pregunta más angulosa y más difusa: ¿Cómo se puede conocer una entidad tan amorfa y esquiva como Praga? ¿Qué es Praga? ¿Es su esencia inherente a la bonita plaza de la Ciudad Vieja, con sus cafés y su famoso reloj o, todo lo contrario, a los latentes suburbios de hormigón donde la mayoría de los praguenses viven sus vidas decididamente nada bohemias? ¿Dónde, en qué época (y esta pregunta podría ser referida a cualquier gran ciudad) podemos situarnos para encontrar la mejor vista, la más auténtica?


John Banville / Imágenes de Praga / Reseña de Alejandro Aliaga


John Banville
BIOGRAFÍA
IMÁGENES DE PRAGA

Alejandro Aliaga
31 de julio de 2008

“No es necesario que salgas de casa. Quédate en tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar; no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies”. De este modo –a través de uno de los aforismos más reproducidos de los varios que escribió–, Kafka aconsejaba viajar y conocer el mundo. Y por extraño que parezca, décadas más tarde John Banville, lejos de contradecirlo escribiendo Imágenes de Praga, un recorrido por las calles y la historia de la mítica capital checa, parece darle la razón al hijo ilustre de esa misma ciudad. Porque más que un libro “de viajes”, este volumen se compone de recuerdos, revisiones históricas, pequeñas y grandes anécdotas que siempre encubren historias más íntimas, y de todo cuanto el autor de El marcree preciso para rendir un elegante y personal homenaje a Praga, a su Praga, a la ciudad a orillas del Moldava donde, para él, “el silencio es más una presencia que una ausencia”.

John Banville es John Banville

John Banville es John Banville

viernes, 28 de octubre de 2016

John Banville / Imposturas / Reseña


John Banville

IMPOSTURAS

Nicolás Cabral

31 de mayo de 2005

Después de todo, ¿quiénes somos? Señalar, primero, la trivialidad de la pregunta. Afirmar, después, que el principio de identidad es una chapucería metafísica. Citar, entonces, a Pierre Klossowski: "Uno no está jamás donde está, sino siempre ahí donde uno no es más que el actor de ese otro que uno es." Evocar, con una sonrisa, a Rimbaud. Decir, enfáticamente, que la fórmula A = A sólo tiene validez en un universo regido por Dios. Comentar que, como todo el mundo sabe, Él está muerto. Declarar la imposibilidad de seguir el consejo —"Conócete a ti mismo"— del oráculo de Delfos. Agregar que, todas las mañanas, en el espejo aparece alguien distinto. Entonces, con pedantería intratable, recurrir a Heisenberg. Mencionar el principio de incertidumbre. Alegar que, mientras más nos acercamos a nuestro objeto de estudio, más difuso se vuelve su trazo. Ah, la identidad...

Benjamin Black es John Banville

John Banville
Poster de T.A.

Benjamin Black es John Banville


MARCOS GIRALT TORRENTE
3 MAY 2008


Hay novelas que suceden en la mente de sus protagonistas y novelas que suceden en el mundo. En principio no es ésta una clasificación de la que deban concluirse diferencias cualitativas en la capacidad de unas y de otras para aprehender la realidad. Sin embargo, si convenimos que toda peripecia novelística, toda historia en definitiva, reducida a su esencia, da cuenta de una mudanza íntima, es decir, del cambio experimentado por personajes que comienzan siendo de un modo y, a través de una serie de hechos que les afectan, acaban siendo de otro, cabe preguntarse si no implicaría un mayor riesgo o atrevimiento el pretender reflejar esa transformación desde dentro. John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) se ha hecho un nombre, y un nombre que para muchos (George Steiner, por ejemplo) es el del mayor novelista contemporáneo en lengua inglesa, con novelas que transcurren en la mente de sus protagonistas; novelas, como El libro de las pruebas, Eclipse, Imposturas o El mar (Premio Booker de 2005), en las que narradores psicológicamente al límite, en permanente estado de crisis, acostumbrados a descender a diario a las catacumbas de la duda o la culpa, narradores que se ocultan y se pierden y huyen y juegan consigo mismos y con nosotros y nos engañan y se engañan sabiendo que lo hacen, entretejen, desde esa oscuridad en la que están sumidos, desde la misma raíz del dolor o de su propia abyección, el discurso de su cerebro en ebullición, una autopsia en vivo donde lo importante no es tanto el conocimiento de aquello que los ha conducido a ese estado como los infinitos matices, de juicio o de sensibilidad, que el centrifugado especulativo de sus conciencias volcadas sobre sí mismas saca a la superficie.

Benjamin Black / Las novelas negras de Banville

Benjamin Black / John Banville

A su paso por Madrid, para particitar en el certamen Getafe Negro y presentar su nueva novela, John Banville, el mejor estilista de la lengua inglesa, nos deja esta certera recomendación: “Contra la crisis, novela negra”

John Banville (Irlanda, 1945) es el último eslabón de esa prodigiosa cadena de grandes escritores irlandeses que han marcado la tónica de la literatura europea, e incluso de la literatura en lengua inglesa, en el último siglo: Oscar Wilde, Bernard Shaw, James Joyce, Samuel Beckett… A la sabiduría literaria de todos ellos, Banville ha añadido un nuevo ingrediente: su versatilidad, su capacidad de afrontar retos muy dispares, sin sacrificar en ninguno de ellos su enorme nivel de exigencia: ese que le ha llevado a ser calificado por el maestro de la crítica George Steiner como “el mejor y más fino estilista de la lengua inglesa”.

jueves, 27 de octubre de 2016

John Banville / Antigua luz / Reseña



John Banville

Antigua luz

En su nueva novela, “Antigua luz” (Alfaguara, 2012) Banville lleva hasta el límite su idea del pasado como “invención”

Y ningún terreno más fértil, más propicio, para calibrar la certeza de esa idea que el recuerdo del primer amor, el amor adolescente, esa “feliz angustia” que lo altera todo, esa idealización suprema que convierte al objeto amoroso, de carne y hueso, en una diosa a la que se venera sin ninguna restricción.

John Banville / Antigua luz / Muerte en verano


'Antigua luz', la nueva novela de John Banville

Muerte en verano, de Benjamin Black
BIOGRAFÍA



Alfaguara publicará el próximo mes de octubre la nueva novela del escritor británico John Banville, 'Antigua luz'. El lanzamiento será simultáneo en España y América Latina y el libro estará disponible tanto en su edición en papel como en ebook


En 'Antigua luz', Banville narra la historia de Alexander Clave, un viejo actor de teatro que recuerda una fugaz e intensa relación amorosa, en un pequeño pueblo de la Irlanda de 1950, con la madre de su mejor amigo, Celia Gray. 



Acompaña la memoria de aquellos encuentros ilícitos algo más agudo y oscuro, los recuerdos más recientes del suicidio de su hija en la costa italiana. Al recibir una oferta para trabajar por primera vez en cine, en una película acerca de un extravagante escritor y lingüista, descubrirá que este enigmático personaje coincidió con su hija días antes de su muerte. Esta conexión con el pasado le hará buscar los cabos sueltos de su primer idilio amoroso, así como el destino de los integrantes de la familia Gray. 

John Hawkes / La pata del escarabajo / Reseña

John Hawkes

La pata del escarabajo


JAVIER APARICIO MAYDEU 15 OCT 2011


Narrativa. ¡Albricias! Tenemos sobre la mesa una estupenda traducción de La pata del escarabajo (1951), una novela realmente significativa de John Hawkes, tal vez uno de los representantes más modélicos de la narrativa posmoderna norteamericana, con Pynchon y Barth. Hawkes no ha tenido la fortuna editorial de sus colegas, pero resulta esencial para entender muchos de los fenómenos que, nacidos en los laboratorios de la narrativa made in USA, alteraron la ficción contemporánea: la manipulación de las convenciones genéricas (Hawkes contamina y refunde géneros como el western, la novela negra o el relato bélico), la irrupción del absurdo surrealista, la alegoría metafísica en la novela o la impertinente insistencia en que el tema, la trama y otras condiciones de la narración no son más que lastres que la tradición ha impuesto. En los años de la renovación de los lenguajes formales de la narrativa, los años del nouveau roman, del movimientobeat y de los primeros hallazgos de la posmodernidad pynchoniana, entrópica y no referencial, Hawkes, el autor de El caníbal (1949), tiene mucho peso. Ensaya espléndidas mostruosidades narrativas que tienen que ver con la crisis de valores de la posguerra mundial, el ascenso desbocado de la paranoia y de un clima psicótico que su obra refleja con desasosegante nitidez; invoca la autoridad de los surrealistas franceses y de su arte degenerado a la vez que reconoce la influencia que Viaje al fondo de la noche de Céline tiene sobre su obra. Y La pata del escarabajo, suerte de western de la devastación moral, trufado de recovecos anímicos, de atractiva ambigüedad, de un paisaje góticosumamente extraño, visionario, fuertemente onírico, esencialmente mental, en algún sentido cercano a los universos de Gracq o de Buzzati. Con una muerte violenta en el eje de la novela, que fluye a través de un río textual de degradación y de sentido grotesco, los personajes proscritos y marginados de La pata del escarabajo danzan la danza del anacronismo y de la frustración alrededor de la presa de Mistletoe, convertida en metáfora funesta de un mundo real pero tan difícil de aceptar que prefiere el lector pensar que tal vez no es verdadero. Hawkes merece muchos y muy buenos lectores, y esta novela es una espléndida manera de convencerlos.

La pata del escarabajo
John Hawkes
Traducción de Jon Bilbao
Meettok. San Sebastián, 2011
229 páginas.
EL PAÍS


Elizabeth Bowen / La casa en París / Reseña






Elizabeth Bowen




Dos niños, extraños entre sí, se encuentran en una casa en París: Leopold espera a su madre, a la que nunca ha visto; Henrietta espera un tren. En una habitación del piso de arriba, una anciana yace moribunda y su melancólica y frustrada hija, desesperanzada, revolotea a su alrededor, sometida en todo momento al control emocional de su madre.

Walter Percy / El cinéfilo / Reseña


Walker Percy
EL CINÉFILO

Traducción de Marcos Jávega.
Alfabia, 2015. 320 páginas, 20'90€

FRAN G. MATUTE
26/02/2016 


Walker Percy. Foto: Deep South Magazine

En los pasajes finales de El cinéfilo (1961), el protagonista Binx Bolling va con su pareja a ver la película La ciudad frente a mí (Vincent Sherman, 1959). En ella, Paul Newman “es un tipo joven e idealista que se desilusiona y se vuelve cínico y calculador”. Se podría decir, grosso modo, que a Bolling le ocurre como a Newman. Tras combatir en la Guerra de Corea, la vuelta a la vida civil se le atraganta: “toda la gente amable me parece muerta; solo los que odian me parecen vivos”, afirma. El cine parece ser lo único capaz de generar en él cierta empatía. Por este motivo, tiene su lógica que sea en la gran pantalla donde Bolling se tope con un personaje similar a él, minutos antes de que una terrible ráfaga de viento anuncie que algo malo va a pasar. La vida, parece decirnos Walker Percy (1916-1990) en su novela, no puede evitar ser en ocasiones de lo más cinematográfica.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Jenny Saville / La estética de la obesidad




Jenny Saville


Estética de la obesidad


Cuando la pintura se pregunta por la belleza de las mujeres gordas lo que está en juego es una investigación estética que pasa por los materiales, el color, la figura, la composición. Jenny Saville es una de las pintores más inteligentes en estos términos.

Sandra Barba
11 de octubre de 2011
La pintura también se trata de pintura 

Sospecho que el arte feminista empieza a aburrirnos. En ciertas reseñas, en uno que otro artículo, se entreve el fastidio. Aceptemos que hay algo de razón en uno de los reclamos más frecuentes: “no basta con llevar, de las calles a la pintura, los lemas de la protesta, las rimas de la marcha” y concedamos que algún tipo de fraude se comete cada vez que una causa política se trasplanta de manera simplona al arte. Representar la diversidad y reivindicar a las minorías son objetivos legítimos para las instituciones pero quizá sean insuficientes –al menos, por sí mismos– a la hora de decidir cuáles son los cuadros que deben colgar de las paredes de los museos y las galerías. Después de todo, la pintura también se trata de pintura, y no solo de democracia.







Branded
Branded (detalle), Jenny Saville, 1992. 

Las mujeres obesas son el batallón más nuevo en las filas de la diversidad. De unos años para acá, no han dejado de surgir voces que apuntan contra el imperio de la delgadez – empresas como Dove han tenido que redefinir sus campañas publicitarias para acercarse al cuerpo promedio de las estadounidense y ahora se organizan pasarelas de moda alternativas en algunas ciudades. El Fat Acceptance Movement también ha desmentido una de las creencias más arraigadas: el sobrepeso no siempre pone en riesgo a la salud.


Sin embargo, la entrada de las mujeres obesas a la pintura no puede apoyarse exclusivamente en la muleta de lo políticamente correcto. Declarar que “todos somos bellos” es suficiente para las canciones que se vuelven himnos, pienso enBeautiful de Christina Aguilera; aunque también es cierto que las demandas pop suelen rayar en el discurso de autoayuda –en el jingle, la cita célebre o el mantra que apenas consigue levantar momentáneamente la autoestima– haciendo que el eslogan “todos somos bellos” pierda su carga emotiva y, por lo tanto, su efectividad. La pintura, en cambio, no puede conformarse con la retórica. Cuando esta se pregunta por la belleza de las mujeres gordas lo que está en juego es una investigación estética que pasa por los materiales, el color, la figura, la composición. Jenny Saville es una de las pintores más inteligentes en estos términos. Su revisión del cuerpo no se marea en frases pegajosas ni en lemas políticos. 
Estética de la obesidad






Plan
Plan, Jenny Saville, 1993.

Jenny Saville se para frente al espejo y observa la piel delgadísima que pende bajo sus ojos –casi una hoja de papel que podría rasgarse de tan fina. Coloca una cámara en el piso y se fotografía desde el ángulo más desfavorecedor para las mujeres; de abajo hacia arriba y sin sentir vergüenza, Saville estudia el peso de cada parte de su cuerpo. Aprecia que sus mejillas cuelguen. La papada tiene la caída de una tela pesada y cara. Luego se levanta los senos –dos lujosas masas de carne, dos volúmenes que deben pintarse– y repara en el color morado de las venas, que algo tiene de fantasmagórico contra esa piel caucásica y fosforescente de tan blanca. El cuerpo se acomoda en cascadas de bultos y grasa. Los muslos gordos, anchos, rotundos tienen la consistencia de la lecha cortada.


Solo Saville es capaz de hacer de la panza el foco de la imagen. Pero sus pinturas no se asemejan a las fotografías de los cuerpos obesos que ilustran los libros de medicina; tampoco se inspiran en las tomas de frente y de perfil que sirven para promocionar productos dietéticos o aparatos para ejercitarse en casa. No. Para Saville el cuerpo es un material que ofrece una gama de volúmenes, de posibilidades para modelar la carne. No hace falta contener la respiración, fingirse un abdomen liso, contorsionarse para dar con la postura que oculte las lonjas ni perseguir el equilibrio de luz y sombra que disimule el sobrepeso. La estética de la obesidad encuentra en el óleo una pintura cremosa que se regodea en la masa; a cada oportunidad, Saville cita a De Kooning: flesh was the reason why oil painting was invented.







Bacchanal
Bacchanal, Peter Paul Rubens, siglo XVII.
Fulcrum

Fulcrum, Jenny Saville, 1999.
 

Tanto para Saville como para Rubens, los cuerpos son esculturas de carne que apuestan por la monumentalidad. ¿Qué si la cara se hincha? ¿Qué si el cuerpo se desborda ocupando casi todo el espacio del cuadro? No se trata de que haya menos sino de que haya más. Que haya demasiado para entonces apreciar la plasticidad del cuerpo. Mientras que el pintor barroco acomodaba los cuerpos desnudos y gordos en orgías barrocas; la artista inglesa puede apilar las mismas figuras en composiciones grotescas. Hay en ambos un nuevo pecado: la gula de la vista –y el espectador se llena los ojos como el comensal, la boca.






Dove
Campaña Real Beauty de la empresa Dove. 

No se trata de agradar –las mujeres de Saville nunca sonríen. Su pintura no es el paralelo artístico de la campaña de Dove que reunió a las “gordas bonitas” en la celebración de la belleza real para promocionar jabones. Sin decepcionarse por el cuerpo pero, sobre todo, sin proclamas simplonas, los óleos de Saville son una investigación plástica, cromática y compositiva de la obesidad. Y si algo afirman, en su devoción por la materia, es que la carne es presencia.




DE OTROS MUNDOS

DRAGON