sábado, 30 de abril de 2016

Juan Felipe Robledo / La poesía de Jorge Cadavid / Las huellas del pensaminento y el lenguaje de la brevedad

Jorge Cadavid
Bogotá, 2016
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Juan Felipe Robledo
LA POESÍA DE JORGE CADAVID
LAS HUELLAS DEL PENSAMIENTO 
Y EL LENGUAJE DE LA BREVEDAD
La poesía de Jorge Cadavid (1962) manifiesta una vocación por decir lo esencial en un lenguaje austero, creando un mundo que nace de un ojo que se detiene en el detalle amado, y sus versos tienen una acendrada vocación por lo reflexivo y, al mismo tiempo, permiten la creación de un espacio privilegiado para la imagen desnuda, que le da a su mundo poético esa desnudez y encanto propio que los lectores de poesía han valorado en los últimos años.

Jorge Cadavid / Los ojos deseados / Poemas



Jorge Cadavid
Biografía
TRES POEMAS


LA MIRADA SILENTE

Un pájaro
es una hoja

Una hoja
cuyo árbol
no existe.

CARTOGRAFÍA

Una lengua es un mapa:
escribir es trazar un límite en la noche

Pensar supone un paso
intermedio entre un continente
y un mar de tinta.

VISITA EN LA CASA DEL POETA

He abierto las puertas de mi casa
para que las hojas secas me visiten
Ellas me hablan en otro idioma
Quieto como  una piedra
escucho el sonido del jardín
que entona su canto gregoriano
La primera estrella de ámbar
atraviesa mi umbral
He puesto la mesa para sorprenderme
Señor de lo invisible
deletrea la visión del firmamento
come conmigo este pan iluminado.


Jorge Cadavid
Los ojos deseados
Bogotá, Común Presencia Editores, 2011






Jorge Cadavid / Los ojos deseados / Prólogo de Eduardo Chirinos



Jorge Cadavid
BIOGRAFÍA
Los ojos deseados


Prólogo de Eduardo Chirinos


Según Pitágoras y Euclides, el ojo emanaba un haz de rayos que chocaba con los objetos: la realidad podía verse porque era tocada por esos rayos que regresaban de vuelta al ojo. Demócrito, por el contrario, pensaba que las cosas irradiaban imágenes inmateriales que entraban al ojo a través de la pupila. Más conciliadoramente, Platón estaba convencido de que algunos rayos partían del ojo, pero otros partían del sol.

jueves, 28 de abril de 2016

Octavio Escobar / Magdalena, 58 años



Octavio Escobar
MAGDALENA, 58 AÑOS

Santa María,

Madre de Dios,

Ruega por nosotros, 

Los pecadores,

Ahora,

Sobre todo ahora.

Es ahora que te necesito, yo,

Hoy, yo y nadie más.

Hoy.

Y olvídate de la hora de nuestra muerte.

De la mía.

Olvídate, por Dios.

Amén.

Octavio Escobar
HISTORIAS CLÍNICAS
Premio Nacional de Poesía "Obra Inédita" 2016


Octavio Escobar / Francisco, 76 años

Ilustración de Jasón Jaspersen

Octavio Escobar
FRANCISCO, 76 AÑOS

Pese a todos los esfuerzos,

su corazón no late ya contra la página en blanco.


Octavio Escobar
HISTORIAS CLÍNICAS
Premio Nacional de Poesía "Obra Inédita" 2016


Octavio Escobar / Fabio, 56 años



Octavio Escobar
FABIO, 56 AÑOS

Nada humilla tanto como sufrir del colon.
Cambias de gustos, vigilas tus horarios,
te obligas a esconder los cólicos.
Todos los síntomas avergüenzan.
No hay consulta más sucia. Contaminas.
Hasta el más simple de los humanos sabe qué debe hacer, qué yerbas puede tomar, qué
tanto le aprieta la ropa.

Todo el mundo cree que eres un triste caso de fontanería.



Octavio Escobar
HISTORIAS CLÍNICAS
Premio Nacional de Poesía "Obra Inédita" 2016


miércoles, 27 de abril de 2016

Cavafis / El sol de la tarde



Constantino Cavafis
EL SOL DE LA TARDE


Este cuarto, qué bien lo conozco.
Ahora se alquila y también el de al lado
para oficinas comerciales. Toda la casa se convirtió
en oficinas de corredores, de comerciantes, de compañías.

Ah, este cuarto, qué familiar me es.

Aquí cerca de la puerta estaba el canapé,
y delante de él una alfombra persa;
al lado la repisa con dos floreros amarillos.
A la derecha, no, enfrente, un armario con espejo.
En el centro la mesa donde escribía,
y las tres grandes sillas de mimbre.
Junto a la ventana estaba la cama
donde nos amamos tantas veces.

Aún deben estar en alguna parte esas pobres cosas.
Junto a la ventana estaba la cama;
el sol de la tarde llegaba hasta el medio.

… Las cuatro de la tarde, nos habíamos separado
sólo por una semana… Ay,
esa semana se volvió eterna.



Constantino Cavafis / Las ventanas


Constantino Cavafis
LAS VENTANAS

En estos oscuros cuartos donde paso
días pesados, voy de un lado al otro
para hallar las ventanas. – Cuando se abra
una ventana será un consuelo.
Pero las ventanas no aparecen, o yo no puedo
hallarlas. Y quizás sea mejor que no las encuentre.
Quizás la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.




Cavafis / Cuanto puedas



Ilustración de Triunfo Arciniegas


Constantino Cavafis
CUANTO PUEDAS


Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.



Constantino Cavafis / Ítaca





Constantino Cavafis

ÍTACA

Cuando salgas en el viaje hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar riquezas en Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué es lo que significan las Ítacas.

Cavafis / La ciudad


Constantino Cavafis
LA CIUDAD


Dijiste: ”Iré a otra tierra, iré a otro mar,

Debe existir una ciudad mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es aquí una condena,
y mi corazón –como un muerto– está sepultado.
¿Hasta cuándo mi espíritu permancerá en este marasmo?
Donde vuelvo mis ojos, donde miro
Veo las negras ruinas de mi vida, aquí
Donde tantos años pasé y arruiné y perdí”.

No hallarás sitios nuevos, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Darás vueltas por las mismas
calles. Envejecerás en los mismos barrios,
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra parte –no lo esperes–
no hay barco para ti, no hay camino.
Al arruinar tu vida aquí, en este pequeño rincón,
en toda la tierra la echaste a perder.




Cavafis / Capicúa entre la vida y la muerte


Constantino Cavafis

Konstantinos Petrou Kavafis

Capicúa entre la vida y la muerte

Hoy se cumplen 80 años de la muerte del poeta Kavafis y 150 de su nacimiento en Alejandría



El poeta griego Konstandinos Kavafis.
Para cabalistas y especuladores de la numerología, mucha tela donde cortar a la luz de varias fechas redondas. Konstandinos Kavafis nació el 29 de abril de 1863 en Alejandría y murió 70 años después, en 1933, el mismo día y en la misma ciudad. Para cerrar (o abrir) el círculo, y yendo al origen etimológico de capicúa, Kavafis la cuadró a la perfección, esa misma que le obsesionaba en la escritura.
A finales de 2012 y con las miras puestas en este aniversario, el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas publicó una nueva antología bilingüe de Kavafis con un jugoso estudio preliminar de Ilinskaia y las traducciones de Alfonso Silván Rodríguez (Almorox, Toledo, 1948), que ya en 1991 publicara la monumental Obra poética completa del alejandrino (Ediciones La Palma, Madrid) hoy ya un codiciado ejemplar de bibliófilo a pesar de que solo han pasado 15 años. Silván puntualiza: “En cuanto a la responsabilidad contraída por mí en las ediciones, son dos casos muy distintos. Yo asumí enteramente la responsabilidad en la primera. La gestación de la Antología bilingüe es diferente. Se parte de un proyecto conjunto de varias universidades europeas: Ioánnina, Berlín, Nápoles y Granada, para la creación de una Biblioteca de Autores Clásicos Neogriegos”.
A la hora de elegir un poema de Kavafis, el traductor no duda: “Yo salvaría dos, si se me permite. Uno porque es de los que mejor sirven para conocer al poeta, y otro porque es de los que más nos ayudan a realizarnos si le escuchamos. El primero es Cesarión. Creo que ahí se deja sorprender Kavafis en lo más íntimo de su alma y de su método como creador”.
Entonces se adentra en la génesis del poema: “Una pequeña mención atrae su atención cuando ya iba a cerrar el libro de Plutarco. Se refiere a Cesarión, el hijo de César y de Cleopatra mandado asesinar en su temprana edad por Octavio para evitar la posible amenaza a su poder. La acción infame motivada por las especulaciones del poder político, que provoca la desaparición en la profundidad de la historia del ser recreado, admirado y deseado, resucitado amorosamente en el presente, proporciona el contraste que realza el firme donde se asienta el ethos poético de Kavafis”.
El otro poema que motiva a Silván es Ítaca: “Es muy conocido y no voy a extenderme, pues seguro que cuantos lo conocen tienen una percepción muy clara de su mensaje. Otras son las riquezas de la apariencia. Ítaca es lo que es por lo que ha provocado en nosotros. El viaje hermoso, el goce sensible, el conocimiento de lo concreto en su multiplicidad de facetas, de su esencia, despidiendo el engaño. Al final el poema, con todo su dinamismo interno, se contempla verdadero como una escultura clásica griega al aire libre, que necesariamente viene del mar”.
Aquí entra en liza Odiseo: “Quisiera añadir que el tema de la búsqueda del conocimiento asociado nítidamente al mito de Odiseo no procede exactamente de la tradición puramente griega del regreso tal como se refleja a partir de la Odisea, sino de Dante, en el que Ulises continúa su viaje a lo desconocido, algo que estudió Kavafis. Acaba de aparecer el excelente estudio de W. B. Stanford El tema de Ulises [Dykinson, Madrid, 2013]. Ítaca ofrece una curiosa solución optimista, gozosa, contrariamente a la variante peligrosa del conocimiento en la línea del poeta toscano, que termina siendo esencial en este poema, y muy saludable en el universo kavafiano; un tipo de solución que la lucidez, en él siempre presente, normalmente no suele permitirse”.
Kavafis ha superado las modas, incluso la muy rentable vulgarización de icono de literatura gay. ¿Es más interesante el Kavafis político, observador desencantado de su tiempo? Desde el estudio científico, Silván puntualiza: “Él nunca olvidó la elegancia y la dignidad a la hora de evidenciar su homosexualidad, que pueden ser elementos conservadores o integrados, pero son los suyos. Y desde luego jamás hubiera respaldado coartada alguna, ni la hubiera utilizado como recurso de promoción identitario más o menos velado en ciertos círculos, como no lo hace tampoco en el aspecto político, que también a mí me interesa más y donde se muestra muy exigente. Al Kavafis político lo considero menos manipulable y más interesante, porque en ese nivel a fin de cuentas se dirime todo”.
Para cerrar —o abrir— el círculo, como apunta la estudiosa Sonia Ilinskaia, el poema de Kavafis La ciudad (su Alejandría) se yergue como una gigantesca metáfora de universalidad y vigencia.



martes, 26 de abril de 2016

García Márquez / En memoria







Gabriel García Márquez

DOS AÑOS DE LA MUERTE DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

En memoria


Por LEILA GUERRIERO
El País, 19 de abril de 2016 - 17:00 COT
Ilustraciones de Triunfo Arciniegas

¿Se acuerdan? Hace dos años murió Gabriel García Márquez. El domingo pasado tuvimos efemérides. En ocho años vendrán las primeras más impresionantes. Un día después de su muerte las ventas de sus libros se dispararon en Amazon. Todavía no entiendo por qué. ¿Una muestra de arrepentimiento por no haberlo leído, un homenaje póstumo? “Te voy a leer una cosa”, me debe haber dicho mi padre —siempre empezaba así— en la sala de mi casa, y yo debo haberme sentado a su lado, en el sillón verde tapizado de pana, y él debe haberme leído aquello de: “El Coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una cucharadita”. Peregriné a ese sofá noche tras noche hasta que mi padre llegó a ese final incomprensible (yo no sabía que los libros podían terminar así), cuando la esposa del Coronel, que no tiene quién le escriba, pregunta: “¿Y mientras tanto qué comemos?”, y el Coronel responde: “Mierda”. Recuerdo que me quedé esperando que pasara alguna cosa. Pero no. No pasó nada. Y entonces le pregunté a mi padre: “¿Y así termina?”. Y mi padre dijo: “Sí”. Y yo le dije: “Pero termina mal: no termina”. Y él me dijo: “No todas las cosas terminan bien, y algunas cosas no terminan nunca”. Cuando murió García Márquez alguien me señaló que, finalmente, se habían publicado más artículos reivindicando su tarea periodística que su obra de ficción. Es probable que eso sea verdad. Yo, ahora, prefiero prosas más parcas que la suya, imaginaciones menos frondosas. Pero, si no sé de qué está hecho alguien que escribe, sí sé de qué está hecho alguien que lee, y está hecho, en buena parte, de cosas como esas: de tardes de invierno en un sofá verde escuchando la voz de un padre que cuenta una historia que termina mal porque, entre otras cosas, no termina. Supongo que se lo debo.


Dos años de la muerte de García Márquez / El no hacía realismo mágico, sino cosas mágicas






Gabriel García Márquez

DOS AÑOS DE LA MUERTE DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Tras dos años sin García Márquez, su ausencia se siente como un relámpago de frío entre sus amigos


JUAN CRUZ

Madrid 15 ABR 2016 - 17:00 COT
Jaime García Márquez: 
“El no hacía realismo mágico, sino cosas mágicas”

“A mí a veces me da un poco de pudor tener que contar de Gabito… Pero cada día voy sabiendo más de él, no sólo por mí, sino por lo que me dicen. Tú dices que Nelson Noches, su amigo de Aracataca, decía que Gabo se le aparecía por las noches a jugar al ajedrez. Si Gabito no jugaba al ajedrez... Pero si él estuviera aquí me diría 'Ven acá, Jaime, ¿y tú por qué dices que yo no juego al ajedrez?' Él se inventaba mucho, pero mucho estaba aquí, en Cartagena o en la casa de Aracataca, donde nació, lo que pasa es que a la gente le dio por decir que era realismo mágico. ¡Gabo no echaba nunca una mentira, todo lo que cuenta es verdad, nosotros lo vimos! Un día me citó en Barranquilla, y yo me fui perdiendo por esos caminos, hasta que llegué a un cruce y le pregunté a un hombre si iba por el camino correcto. ¡El hombre era Gabito! Con él pasaban cosas mágicas, pero no era realismo mágico, ¡pasaba! Lo que pasa es que él personifica eso de que la realidad supera la ficción, mérito del Caribe.

“Lo que pasa es que nosotros no sabemos convertir todo eso en literatura. Y él agarró los cuentos de la madre, de la abuela, esta cultura, ¡Cien años de soledad es verdad! Él me dijo un día: 'Jaime, todo lo que yo cuento es verdad'. Lo asistía la magia, es cierto; con lo que le sucede a todas las personas él hizo cuentos. Puso de moda nuestras palabras y parecía que estaba inventándolas… Nosotros no parábamos de hablar, en casa, en la calle, es la vida caribe, y Gabito escuchaba. Para él un rincón guapo era una charla en familia. Él era el escuchante feliz… Era un esponja para conseguir información, y tenía una memoria privilegiada.

“Fue mi padrino. Según Gabito, fui seismesino. Era un renacuajo que se iba a morir. Hay tantas historias… Por ejemplo,El coronel no tiene quien le escriba… Ese coronel es mi abuelo, definitivamente. Se pasó toda la vida peleando por una pensión vitalicia… ¿Te acuerdas de lo que dice al final del cuento, ese conflicto sobre matar el gallo y la pregunta de su señora, qué comemos mañana? Y el coronel responde '¡Mierda!', ese es mi abuelo. Esa es una metáfora de la historia de mi abuelo esperando la pensión que llega".

“¿Qué cómo es la vida aquí sin Gabito? No lo puedo explicar, y no lo puedo explicar porque es un sentimiento que aún no he superado. Estoy visitando a un primo que es psiquiatra. Me dice mi primo: 'La única manera de que tú superes esta situación es llorando. Haz el ejercicio, llora. Si lo retienes eso te hace daño'. Pero es un problema que no me pasa sólo a mí. Pero es que si yo lloro se nota más, porque soy el hermanito menor de Gabo. Pues eso es: es un dolor que no acaba, pero es un dolor contradictorio porque me siento orgulloso de que ese hermano de uno haya logrado lo que él obsesivamente buscó. Yo puedo durar días hablando de Gabito. Gabito era la música y no podemos vivir sin música”.

Dos años de la muerte de García Márquez / El último beso de Gabo






Gabriel García Márquez

DOS AÑOS DE LA MUERTE DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

El último beso de Gabo

Tras dos años sin García Márquez, su ausencia se siente como un relámpago de frío entre sus amigos


JUAN CRUZ
Madrid 15 ABR 2016 - 17:00 COT

Juan GossaínFoto de DANIEL MORDZINSKI
El autor de Cien años de soledad murió el 17 de abril de 2014 en México. Lo evocan Juan Gossaín, escritor, periodista, uno de sus más grandes amigos, y su hermano menor, Jaime, que ahora trabaja en la gerencia de la Fundación Nuevo Periodismo que fundó Gabo. Estos monólogos fueron recogidos por Juan Cruz en Cartagena de Indias.

Juan Gossaín 
"En sus libros hay vida y recuerdos"

"¿Sabes qué extraño de Gabo? Que era un factor de unificación de los amigos viejos.Uno no sabe eso cuando los amigos están vivos. Estaba aquí, lo veías, y cuando no estaba también lo veías en los amigos que seguían en Cartagena, pero cuando él venía esto parecía una caja de música, él nos ponía a hablar. Y muerto Gabo es como si nos hubiéramos muerto todos. Yo no he vuelto a ver a los viejos amigos, ni siquiera tengo la pulsión de decir 'voy a llamar a este o al otro'; se fueron todos porque se fue Gabo, es como si nos hubiéramos ido todos con Gabo, eso es lo que más extraño, lo que más me llega…".

“¿Y cómo era? Yo llevo luchando con la gente contra una imagen de Gabo que yo sé que existe, que él buscó sin proponérselo. Es la del arrogante. Y desde que lo conocí, cuando yo tenía 14 años, aquí, en Cartagena, sé que eso no es petulancia ni soberbia: sé que es timidez ante los extraños. Gabo se retraía y la gente lo tomaba como que se distanciaba. Pero cuando estaba solo con los amigos entonces era un bromista. ¿Sabes qué le encantaba? Recordar viejas historias, '¿sabes aquella de cuando en 1959 iba Cepeda Zamudio por las calles de Barranquilla, y apareció una mujer, una putica de la calle…?'… ¡Era feliz! Le gustaba tomar el pelo a los amigos, ponerles apodos. Le gustaba recordar, eso es lo que le gustaba. Se encontraba contigo y te saludaba como si no te hubiera visto en siglos. '¡Ven acá! ¿Cómo era aquel cuento de cuando tú y yo íbamos por el centro de Cartagena…?' Ese hombre era una evocación permanente".

“Yo lo conocí en la puerta de un teatro. Era el primer festival de cine de Cartagena. Él estaba con Ripstein, Lucha Villa, los mexicanos. Ponían la película que hizo con Ripstein, Tiempo de morir. Y en la pantalla dice Juan Sayago el nombre de mi pueblo, San Bernardo del Viento. ¡Di un respingo! Al salir del teatro había un señor con la pierna puesta contra la pared. Era García Márquez. Le pregunté por qué había puesto el nombre de mi pueblo. Elemental, me dijo, 'porque es bonito'. Medio siglo más tarde estábamos almorzando aquí, ya él era un mito, íntimo de reyes y ministros… Entonces le volví a preguntar por qué había puesto en Tiempo de morir el nombre de mi pueblo. Saltó de la silla y me dijo: '¡Otra vez la misma pregunta de aquel día en la puerta del teatro!' ¡Y de nuevo me reprodujo aquella historia de medio siglo atrás! La verdadera gracia de Gabo es que se acordaba de ese y también de todos los episodios de su infancia para poderlos reconstruir y para que fueran alimento de su ternura".

“Por eso creo que el genio de Gabo es el mejor homenaje que la conciencia humana ha hecho al recuerdo, a la evocación. Y no basta con recordar: lo recordaba por el gusto de recordarlo absolutamente todo; y para los detalles nos usaba a los amigos… Por eso desde la primera página del primer libro a la última del último libro lo que hay es una vida, la vida de García Márquez: su pueblo, sus casas, sus amigos, sus parientes, la gente que conoció, la gente que estimó; es decir, recuerdos. Lo único que García Márquez necesitaba para ser un genio era recordarlo y contarlo bien. A eso le ayudó el lenguaje del Caribe. No bastaba con recordar, claro, faltaba esa música, y faltaba quien le ayudara a recordar. Por eso buscaba incansablemente a los amigos. Era el lenguaje de donde ocurrieron las cosas. Por eso suena Gabo a Caribe. Redescubrió el sentimiento, el valor de esta música. El Caribe es el hombre universal que soñaba Aristóteles. El hombre de todos los hombres está en el Caribe. Necesitaba a alguien que echara el cuento y nadie lo contó mejor que García Márquez. La literatura de Gabo en el fondo no es sino la historia mejor contada del Caribe.

“Y, claro, estaba lo que le dio el periodismo. Buscó la fuente siempre, el origen, y eso le sirvió para la ficción y para la realidad. Le dio la exactitud…, pero le sirvió también, en la ficción, para convencer a la gente de que lo que decía era realidad aunque inventara las cifras… Que el lector le crea: esa ambición, y esa manera de lograr la creencia del lector, se la dio el periodismo. El periodismo y el lenguaje de la gente. Por eso, cuando la gente le preguntaba de dónde viene su estilo, él decía: 'De mi abuela'. Ah, y la música, que le vino del origen guajiro de sus antepasados. La brujería, la magia, las leyendas indígenas, las tradiciones… Juan Luis Cebrián publicó hace años un libro en el que estamos Gabo y yo, él tenía 45 años y todo el éxito, y yo era un principiante de 21 en El Espectador… Ahí es donde él dijo aquello que luego quedó canonizado: 'Cien años de soledad es un vallenato de 350 páginas…' Y cuando salió El amor en los tiempos del cólera, aquel memorión me dijo: '¿Te acuerdas de lo que te dije hace años? ¡Pues esta novela es un bolero!".

“¿La última pregunta? No se la hice. Vino a Cartagena, ya estaba enfermo. Preguntó por mí, y me acerqué, trató de hablarme y yo me agaché, era en un almuerzo… Me miró, no dijo nada, me agarró la mano y me la besó. Yo sé que quiso decirme que como había tanta bulla no podíamos hacernos cuentos, y eso fue lo último, un beso en la mano. A los seis meses se murió el amigo más entrañable que he tenido”.