sábado, 28 de febrero de 2015

Triunfo Arciniegas / El país de las bellas durmientes

Village of the Sirens
Paul Delvaux

Triunfo Arciniegas

EL PAÍS DE 

LAS BELLAS DURMIENTES 

  S

alí a recorrer el mundo porque mi novia quería un unicornio. Rosario de los Vientos del Norte Torrealba y Castillo, de buena familia y poca plata, leía libros raros y se le había metido la idea del unicornio entre oreja y oreja. Por culpa de uno de esos libros raros la conocí, en el Parque de las Gardenias, a la sombra de un matarratón, en Málaga. La curiosidad me llevó a preguntarle qué leía. Ya no recuerdo el título ni el autor. Todavía no era mi novia cuando empezó a contarme la trama, con tantos detalles que nos sorprendió la lluvia y la invité a un café en La Gata Parda. Mientras hablaba se hizo de noche. Pasó la lluvia después de seis tazas de café y tres visitas al baño, dos suyas y una mía. Rosario se quedó mirándome a los ojos y dijo: “Te conozco de alguna parte”. Quiso que la acompañara a su casa. Por el camino me acordé de la billetera y dejé a la mujer hablando sola en una esquina. Encontré la billetera en la mesa de la cafetería y volví corriendo. Supuse que no me había demorado porque Rosario seguía en la esquina hablando del mismo libro. Debí huir pero el hilo de las palabras me arrastró hasta su casa. Me presentó a la madre, una anciana medio sorda y bastante loca, comimos y vimos la telenovela de las nueve, y Rosario, que casi era mi novia, todavía hablaba del libro. Me pareció que estaba bien que leyera pero no tenía necesidad de memorizarse todas las páginas.

viernes, 27 de febrero de 2015

Triunfo Arciniegas / Las razones del lobo

Los ojos del lobo
Ilustración de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas

LAS RAZONES DEL LOBO



  N

o eran buenos buenos tiempos. Mi novia se fue a Nueva York, el gato se perdió y me pidieron el apartamento. Tres pérdidas en una sola semana. Me fui a vivir solo en el centro, en un hotel de mala muerte. Regalé unas cosas y boté otras. Llegué a La mitad del cielo con una sola maleta y una máquina de escribir algo desbaratada.
Me encerré tres días. Dormía y comía, comía y dormía, nada más. Salí a comprar libros. De pronto se me arreglaba el ánimo. La plata no era mucha pero, regateando, conseguí unas maravillas en San Victorino.  Entré a Los tres mirlos y pedí una taza de café en la mesa del fondo, donde nadie me molestaría, una precaución innecesaria: nadie me molestaría en esta ciudad espantosa.
Empecé a leer La casade las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata. Me habían hablado bellezas de esa novela y, no más en el primer capítulo, supe que tenían razón. Pedí otra taza de café.

jueves, 26 de febrero de 2015

Triunfo Arciniegas / Caperucita Roja


Monica Bellucci

Triunfo Arciniegas

CAPERUCITA ROJA 

E

se día encontré en el bosque la flor más linda de mi vida. Yo, que siempre he sido de buenos sentimientos y terrible admirador de la belleza, no me creí digno de ella y busqué a alguien para ofrecérsela. Fui por aquí, fui por allá, hasta que tropecé con la niña que le decían Caperucita Roja. La conocía pero nunca había tenido la ocasión de acercarme. La había visto pasar hacia la escuela con sus compañeros desde finales de abril. Tan locos, tan traviesos,  siempre en una nube de polvo, nunca se detuvieron a conversar conmigo, ni siquiera me hicieron un adiós con la mano. Qué niña más graciosa. Se dejaba caer las medias a los tobillos y una mariposa ataba su cola de caballo. Me quedaba oyendo su risa entre los árboles. Le escribí una carta y la encontré sin abrir días después, cubierta de polvo, en el mismo árbol y atravesada por el mismo alfiler. Una vez vi que le tiraba la cola a un perro para divertirse. En otra ocasión apedreaba los murciélagos del campanario. La última vez llevaba de la oreja un conejo gris que nadie volvió a ver.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Julie Maroh / El azul es un color cálido / Algunas páginas


Julie Maroh
EL AZUL ES UN COLOR CÁLIDO



















Julie Maroch / El azul es el color más cálido




Julie Maroch
EL AZUL ES EL COLOR MÁS CÁLIDO

No deja de ser esperanzador aunque anecdótico en estos vertiginosos y turbulentos tiempos que al Cómic actual –y a todos- le ha tocado vivir, que una obra que en su momento pasó bastante desapercibida en nuestro país tenga una segunda oportunidad de llegar al gran público gracias al efecto altavoz que su premiada adaptación cinematográfica ha tenido. Y un motivo a la reflexión que sea a toro pasado cuando divulgadores y críticos nos rindamos a las excelencias de “El azul es un color cálido” de Julie Maroh y editada por Dibbuks, que recibiera en 2011 el Premio del Público de Angoulême y cuya adaptación cinematográfica del 2013, “La vida de Adèle”, dirigida por Abdel Kechiche, recibiera la Palma de Oro del Festival de Cannes

“El azul es un color cálido” narra la larga, hermosa y triste historia de amor de Clementine y Emma, desde que se conocen de jóvenes hasta su fin, a través de los diarios de Clementine, descubriéndonos el despertar a la madurez y la aceptación de su sexualidad de la joven en un camino que no siempre resulta fácil.
Julie Maroh, cuyo estilo de dibujo y el suave trazo de sus figuras evocan el costumbrismo de Possy Simmonds, sorprende por la madurez y habilidad de su propuesta para su corta trayectoria, construyendo una exquisita y cautivadora “love story” que funciona gracias a la sensibilidad que derrocha la autora para aprovechar los recursos del cómics para desarrollar una narración atractiva y sólida basada en unos personajes cuyas reacciones resultan creíbles y conmovedoras.
Maroh aprovecha el socorrido recurso de la narración interpuesta mediante la lectura del diario de Clementine por parte de Emma para presentar mediante una larga y efectiva elipsis las experiencias de Clementine en su gris vida de adolescente reprimida en la que la única nota de color es el pelo teñido de su amada. En ese sentido, resulta muy atractivo cómo la autora otorga un papel protagonista al color como recurso narrativo y leitmotiv, especialmente al azul que da hilazón a la obra pero ahondando en un significado completamente distinto al que le diera Miller cuando puso de moda este recurso en su recomendable “Sin City", sirviendo esta vez de contraste esperanzador para "iluminar" el gris y marrón mundo adolescente de la atormentada Clementine.
Por otro lado, y al igual que hiciera Vivés en su celebrada “Amistad Estrecha”, Maroh no tiene ningún problema en mostrar el sexo explícito de las protagonistas presentada de un modo bello y elegante y sin caer en la zafiedad, como una consecuencia lógica más en el desarrollo de la obra en el que sin duda es el clímax de la historia.



“El azul es un color cálido” es una magnífica y sensible historia de amor que poco tiene que envidiar de la no menos recomendable pero mucho más (re)conocida “Píldoras Azules” de Frederik Peeters, con la que comparte idénticos objetivos y una amplia variedad de recursos aún cuando los estilos de ambos autores difieran. Un estupendo tebeo que he de reconocer me ha emocionado.



El azul es un color cálido / La vida de Adele



“El azul es un color cálido” y “La vida de Adele”: 

Cuando el arte genera arte.

maroh-azul-color-calido“La vida de Adele” ha sido sin duda una de las grandes sorpresas cinematográficas del pasado 2013. Se trata de uno de esos raros films donde el consenso entre una amplia mayoría de crítica y público llega a unas cotas máximas. Difícil ponerle “peros” a una película intensa y emocionante como pocas que, alcanzando las tres horas de duración, se hace corta.
Dirigida por el realizador franco-tunecino Abdellatif Kechiche, e interpretada por la ya consagrada Léa Seydoux y por ese gran descubrimiento que es Adèle Exarchopoulos, la película logró la palma de oro en el pasado Festival de Cannes, además de haber conseguido muchos otros premios y reconocimientos.
Ha sido tal el (merecido) éxito conseguido por este film, que quizá se ha perdido un poco de vista la obra en el que está basado. Y es una lástima porque el cómic que inspiró “La vida de Adele” es igualmente brillante. Por eso, aprovechando que hemos tenido la noticia de que se ha reeditado de nuevo, hemos querido hablar de él aquí.
Escrito y dibujado por Julie Maroh (Lens, 1985), el título del cómic, “El azul es un color cálido”, hace referencia al tinte de pelo que lleva el personaje de Emma, interpretado en la gran pantalla por Léa Seydoux, aunque éste sea, en realidad, uno de los pocos puntos en común entre la historia que encontramos en la obra gráfica y su adaptación al cine. Y es que una de las grandes sorpresas con la que nos hemos topado aquellos que nos hemos acercado al cómic después de haber visto la película es que el primero difiere considerablemente del film. Incluso podríamos decir que su final es radicalmente opuesto.
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Una de las viñetas de “El azul es un color cálido”
Con todo, la esencia del relato que se nos muestra en la película estaba ya en la obra gráfica de Maroh. “El azul es un color cálido” nos cuenta la historia de Clementine (Adele en su traslación cinematográfica), una adolescente proveniente de un entorno rural que se muda con su familia a la ciudad y se integra en un instituto donde no tiene problemas para adaptarse. Un día se cruza por la calle con una chica que lleva el pelo teñido de azul (de allí, como ya hemos apuntado, se deduce fácilmente el título del comic). Clementine queda prendada desde un principio de esta joven algo mayor que ella, cuya imagen tiene un halo de misterio. Su vida da un vuelco completo a partir de ese instante: su relación con su familia, amigos o compañeros de estudio, se trastorna al descubrir su sexualidad. La pasión se instala en su vida a través del fuerte vínculo que establece con Emma, la chica del pelo azul, auténtico leit motiv del comic. Pese a esa conexión, las dos jóvenes se encontrarán con múltiples dificultades que lastrarán la posibilidad de dar rienda suelta a sus sentimientos. Como ya hemos mencionado, la historia que se nos explica en la novela gráfica es bastante distinta a la del film, especialmente su final. No daremos aquí detalles de ello para evitar el spoiler, aunque la conclusión del cómic es conocida desde la primera página por el lector y se desarrolla todo a partir de una estructura de largo flashback. De todas formas, los puntos cardinales en que se sustenta la narración sí son parecidos.
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Otro de los dibujos de “El azul es un color cálido”
Julie Maroh cuenta su historia utilizando un trazo delicado y, al mismo tiempo, muy expresivo. En buena parte del comic no hay apenas apoyo textual y el color se aplica solo en algunos momentos, de manera que los tonos grisáceos dominan la mayor parte de la estética de la novela gráfica salvo por el azul del pelo de Emma o por algunos objetos puntuales. Sin duda, los contrastes que se generan de esta manera son uno de los grandes hallazgos del cómic que resulta, desde un primer instante, muy reconocible para el lector. Además, la autora utiliza el color, o la ausencia de éste, con una lograda intención poética.
“El azul es un color cálido” muestra de forma casi naturalista lo que acontece en la vida de la protagonista. Así, somos testigos de las vicisitudes del personaje de Clementine sin que sobresalga demasiado un aspecto de otro, aunque la clave de la historia esté en su relación con Emma. De la misma forma que ha ocurrido con “La vida de Adele”, se ha puesto mucho el acento en las explícitas imágenes sexuales del cómic, pero Maroh sortea la morbosidad fácil y consigue elevar esas viñetas a un plano emocional, algo que, casi milagrosamente, Kechiche también logra en su film donde no hay apenas diferencia (insistimos, en el plano emocional) entre ver a la protagonista comiendo con fruición unos spaghetti, discutiendo acaloradamente con unas compañeras de clase, bailando con unos amigos en una fiesta de cumpleaños, o practicando sexo pasionalmente con Emma.
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Fotograma de “La vida de Adele”, adaptación cinematográfica de “El azul es un color cálido”
Quizá la mayor distinción de fondo que existe entre el cómic y la película es que el primero subraya algo más el asunto del respeto a la diferencia como uno de los temas clave que pone en cuestión la historia, mientras que en el film se pasa por encima de ello de forma más superficial, probablemente porque las intenciones creativas de su director son otras. La película en cambio, desarrolla con mayor profundidad la dinámica de relación entre Adele y Emma, algo que, tratándose de una pareja homosexual, no estamos muy acostumbrados a ver reflejado ni en el cine ni en otras disciplinas artísticas.
En definitiva, “El azul es un color cálido” es un sensible canto al amor y la tolerancia de una gran belleza formal, y que, como simiente de esa fabulosa película que es también “La vida de Adele”, se nos muestra como un excelente ejemplo de cómo al gran arte es capaz, en ocasiones, de generar gran arte.
Ricard.
Os dejamos con un video-montaje donde vemos al completo “El azul es un color cálido”:

Y el tráiler de “La vida de Adele”:




El azul es el color más cálido / Represalia contra la poesía

El azul es el color más cálido

Represalia contra la poesía


Azul é a Cor Mais Quente / Represália contra a poesia



Irán paraliza la difusión de la obra de Sepideh Jodeyri por haber traducido al persa el cómic 'El azul es un color cálido', una historia de amor entre lesbianas



    Viñetas de la versión persa de 'El azul es un color cálido', de Julie Maroh.

    Sepideh Jodeyri (Ahwaz, Irán, 1976) es poeta, traductora y represaliada. Tras la revolución verde iraní de 2009 en la que se implicó activamente —aquel movimiento ciudadano contra las anómalas elecciones presidenciales que dieron la victoria a Mahmud Ahmadineyad— dejó su país en uno de esos éxodos forzados por el temor a que la disidencia se cotizase cara. Ahora se va su poesía. O mejor dicho, la destierran. Y no porque rime mal sino porque Jodeyri tradujo al persa el cómic El azul es un un color cálido (Dibbuks), una historia de amor juvenil entre lesbianas que se ha publicado en una docena de idiomas y que se adaptó al cine en La vida de Adèle, palma de Oro en el Festival de Cannes en 2013.

    El pasado 28 de enero, el editor de Jodeyri en Teherán la telefoneó para anunciarle que el acto previsto al día siguiente para promocionar su último poemario, And Etc., había sido cancelado. Cuando ella inquirió la razón, el editor la invitó a navegar por las webs de medios conservadores. “Y me encontré artículos radicales escritos contra mí. Eran especialmente críticos por el hecho de que una instalación oficial (un museo) acogiese invitados para analizar los poemas de una autora que tenía un historial de apoyo al movimiento LGBTQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y Queer)”, explica Sepideh Jodeyri por correo electrónico desde Praga, donde reside junto a su familia.


    Aquellos medios recriminaban al nuevo ministro de Cultura haber permitido la publicación de la obra y exigían la suspensión de la presentación. Según Jodeyri, “los servicios de inteligencia intervinieron de inmediato y cancelaron el acto; el director del museo fue despedido y el Ministerio de Cultura ha cuestionado a mi editor y le ha reclamado la licencia de mi libro”. A partir de ahora And Etc.no podrá distribuirse, tampoco nadie se atreverá a publicar otros títulos suyos. “Incluso los medios reformistas de Irán han retirado las entrevistas que había concedido sobre mi nuevo libro de poemas, y lo mismo ha ocurrido con las críticas literarias sobre mi trabajo. Parece que tanto mi pluma como mi nombre han sido prohibidos en mi tierra”, lamenta.
    Irónicamente el arrinconamiento público de Jodeyri castiga la traducción de un cómic que ni siquiera circula por Irán. La versión en farsi de El azul es un color cálido se publicó en París. “Pero ahora sé qué vengativos son los fundamentalistas iraníes. Han esperado hasta que mi editor en Irán quiso promover mi último libro de poemas, y entonces ¡atacaron!”.
    La ofensiva contra la traductora alarmó a Julie Maroh (Lens, 1985), la autora del cómic, que aireó el hecho en su web. “Dada la situación y lo lejos que ha ido, no hay duda de que ella habría estado en prisión si estuviese en Irán ahora”, cuenta por correo. “Es un hecho terrible que hace que la gente viva con miedo, y nadie debería aceptar vivir así”.



    martes, 24 de febrero de 2015

    Rafael Chirbes / En cuanto te descuidas, te han trincado

    Rafael Chirbes
    Poster de T.A.

    Rafael Chirbes
    BIOGRAFÍA

    Allá arriba, el escritor total

    "En cuanto te descuidas, te han trincado". La frase sale de la boca aparentemente serena pero volcánica de Chirbes



    "En cuanto te descuidas, te han trincado".
    Es, o debería ser, la frase del día, del mes, del año en el ámbito de la cultura española, "ese invento del Gobierno" que diría San Rafael (Sánchez Ferlosio, entiéndase), de esa dantesca marca españa(mejor así, con minúsculas) tan amiga de mentiras y planicies disfrazadas de solemnidad, tan de camarillas, tan de endogamias, tan de envidias y promiscuidades de cartón piedra en cenáculos y guateques, en privado, y luego tan cobardica y chivata en el espacio público, que también -sobre todo- son los medios de comunicación.
    La frase sale de la boca aparentemente serena pero transparentemente volcánica de Rafael Chirbes, que se acaba de llevar dos noticias, una buena y la otra mala, aunque son la misma, o sea, el Nacional de Narrativa. La mala: la preocupación por el y ahora qué más digo yo en las entrevistas, si ya lo he dicho casi todo. Y la buena: la evidencia de que a nadie le amarga un dulce en forma de 20.000 euracos, y menos que a nadie a alguien que como Chirbes vive allá, monte arriba, a caballo entre dos casitas algo vetustas y muy inquietantes, entre naranjas y libros, apagando clandestinos fuegos de brasero (uno puede dar fe de ello: cinco horas echando agua al contenedor donde los rescoldos porfiaban en su misión, que no era otra que alertar a los guardias o a los bomberos, para tragedia de Chirbes, que iba y venía con la manguera como alma que llevaba el diablo: anótese que el periodista había ido hasta el remoto Beniarbeig para entrevistarle por su novela titulada... Crematorio).

    Rafael Chirbes / La gran novela de la crisis en España

    Rafael Chirbes
    Fotografía de Albert Olive
    Poster de T.A.

    Rafael Chirbes

    BIOGRAFÍA

    La gran novela de la crisis en España


    Un empresario ligado a la construcción cierra su empresa y se enfrenta a un embargo

    Este es el telón de fondo de 'En la orilla', la nueva novela de Rafael Chirbes

    Tras retratar en 'Crematorio' la especulación inmobiliaria, llegan los escombros.


    JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Valencia 2 MAR 2013 - 22:08 CET


    Rafael Chirbes obtuvo el Premio de la Crítica en 2008 por la novela 'Crematorio', luego convertida en serie de televisión. En la imagen, el escritor en Valencia. / JESÚS CÍSCAR
    "La gente dice que va a pasear por el campo y lo que hace es caminar entre escombros. Miras a los lados del tren y ahí los tienes: váteres, cañerías, ladrillos”. El tren del que habla Rafael Chirbes es el que le ha traído hasta Valencia. Nacido en Tavernes de la Valldigna en 1949, vive en Beniarbeig, un pueblo de Alicante, y es imposible oírle hablar de los escombros que ve desde el cercanías y no pensar en los que llenan su nueva novela, En la orilla, que Anagrama publica la semana que viene. Escombros reales y personales: los que produce el cierre de una carpintería que, arrastrada por la codicia de su dueño y por la crisis de la construcción, pone en la calle a cinco empleados cuyos hijos tienen cuatro problemas: desayuno, comida, merienda y cena. Amarrados a los 400 euros del paro, a la beneficencia y a una rabia que crece —“vosotros lo tenéis todo, yo tengo una escopeta”—, sus voces se alternan con la del jefe, Esteban, consagrado a sus 70 años a camuflar el embargo de la empresa y a cuidar de su padre. Los obreros ven difícil llenar la nevera; el patrón, llenar lo que le queda de vida.

    Rafael Chirbes / En la orilla / Reseña de Luis García Montero

    Rafael Chirbes

    EN LA ORILLA
      LUIS GARCÍA MONTERO 28 DIC 2013 - 01:17 CET

      La realidad existe mientras se cuenta. Los hechos no son un escenario objetivo, sino el resultado de un orden y de una construcción. El instante puede ser muy orgulloso en nuestra sociedad, puede identificarse con un cuerpo deportivo, convertir en imperio la fugacidad de una mercancía, pero resulta incomprensible en sí mismo, no está operativo si no se reconoce en un pasado, es decir, en un modo de intuir el futuro. La realidad es inseparable del sentido.
      Rafael Chirbes es uno de los novelistas españoles que mejor cuenta la realidad porque lleva muchos años persiguiendo su sentido. Los lectores hemos celebrado el poder de la ficción, la palabra directa, la mirada certera y seca sobre los personajes y las historias, a través de libros como La buena letra (1992), La larga marcha (1996), Los viejos amigos (2003) o Crematorio (2007). La intimidad de los personajes, el decorado de las vidas privadas y las historias públicas se tejen en un universo narrativo que ordena e interpreta ese argumento llamado España. La dimensión ética perfila la mirada y el vocabulario de Chirbes. Su poder es inseparable de la búsqueda de sentido, de la lucidez.
      Quizás podemos situar este sentido en la conciencia de que la Transición no fue en realidad el paso de una dictadura a una democracia, sino la época en la que pasamos de los códigos económicos y vitales del subdesarrollo a las conductas del capitalismo avanzado. Una mutación antropológica. La prepotencia del lujo, encadenada siempre al imperio del instante, no dudó en traicionar los viejos ideales y devorar la memoria al mismo tiempo que cancelaba el futuro como lugar solidario. Los jóvenes rebeldes se iban vendiendo al poder, mientras el dinero lo corrompía todo. Y la mirada de protesta solo encontró en ese camino, ya que todas las banderas se acomodaban a la mentira, las complicidades de la enfermedad. El deterioro del cuerpo ha ido ocupando un lugar decisivo en las narraciones de Chirbes porque la voluntad de maquillaje perpetuo acaba derrotada por la ley implacable de los años y la biología.

      Rafael Chirbes / Premio Nacional de Narrativa

      Rafael Chirbes 

      gana el Nacional de Narrativa por ‘En la orilla’


      El escritor valenciano suma otro premio, después del de la Crítica, a su gran novela sobre la crisis

      "Mis personajes de la novela son afectados por la política de este país. Todos mis personajes me lo tirarían a la cabeza"




        El escritor Rafael Chirbes. / JESÚS CÍSCAR
        ¿El perro Tom, Liliana, el oportunista Francisco, Justino y el estafador Pedrós le tirarían a la cabeza a Rafael Chirbes el premio que le acaban de dar? Él cree que sí. Diecinueve meses después de que los trajera a este mundo, en una réplica de la España de la crisis bajo el título de En la orilla (Anagrama), la novela sigue su larga marcha de premios. Solo que este último es el Nacional de Narrativa (dotado con 20.000 euros) que le produce a Chirbes (Tavernes de Valldigna, Valencia, 1949) sensaciones encontradas. Por un lado, se siente orgulloso por tratarse de un galardón que representa la narrativa de su país; pero, por otro, confiesa por teléfono con voz tímida pero segura: “Me produce cierta desazón, porque no me gusta nada la política que se está haciendo en este país, como lo referido a los presupuestos y el poco apoyo a la Cultura”. Y, encima, sabe que sus personajes son víctimas de esa política de España. Por eso aventura un pronóstico: “Todos mis personajes me lo tirarían a la cabeza”.
        Dice que el Gobierno y la política le escribieron la mitad de la novela, porque “el desastre lo han hecho ellos”, y él se ha “limitado a escribir y contar ese desastre”.

        lunes, 23 de febrero de 2015

        Edward Hooper / Night Shadows



        Edward Hooper
        NIGHT SHADOWS

        Un hombre solo con sombrero camina por una acera amplísima, (posiblemente de una ciudad moderna), hacia una luz que está en la esquina de la calle, fuera del cuadro. Es de noche. La esquina parece desierta como si fuera de madrugada. Delante de la luz hay un poste o algo que proyecta la sombra en diagonal. El hombre parece que vuelve a casa de noche, solo.
        Nadie como Edward Hooper para dibujar la soledad. Este artista Norteamericano del siglo XX, fue un hombre atípico que tuvo que convivir con ilustradores de enorme éxito comercial como Howard Pyle o J.C. Leyendecker, pero él aborrecía el comercio asociado al arte, aunque también despotricaba del dibujo, que consideraba un arte menor, a pesar de que cuando fue acusado por un crítico de hacer dibujos mediocres solo para subsistir, los defendió con toda su fuerza.
        Este grabado a la punta seca, como la mayoría de las imágenes del autor de New York, tiene una particularidad que pocas imágenes poseen. Nos da que pensar, nos hace reflexionar de una manera que no consiguen la mayoría de las imágenes clásicas. Quizá tras el autor exista una vida sórdida y soterrada, o unas melancólicas sensaciones sobre el mundo moderno, (que él mismo siempre negaba), y quizá no tiene ni siquiera que saber el autor que esas sensaciones son plasmadas en el dibujo para que provoquen efectos en el espectador.
        Pero lo cierto es que sus escenas desiertas, la dureza de sus imágenes vacías, la soledad que invade cada uno de sus cuadros y de sus dibujos son consustanciales a su obra y compartidos con la literatura de Faulkner, y pueden llegar a mostrarnos más de lo que ha conseguido nuestra civilización sobre el individuo, que la descripción enciclopédica más extensa y completa.