lunes, 30 de junio de 2014

John Steinbeck / La serpiente

 

John Steinbeck

LA SERPIENTE


 Era casi de noche cuando el joven doctor Phillips se echó el saco al hombro y abandonó la laguna formada por las aguas de la marea. Trepó rocas arriba y echó a andar por la calle pisando fuerte con sus altas botas de goma. Las luces de la ciudad empezaban a encenderse cuando llegó a su pequeño laboratorio en la calle de las conserverías de Monterrey. Era un pequeño edificio que se apoyaba en parte sobre pilastras al borde de la bahía. Por todas partes lo rodeaban las instalaciones metálicas de las industrias conserveras de sardinas.

domingo, 29 de junio de 2014

Alice Munro / Ver las orejas al lobo


Alice Munro
BIOGRAFÍA
VER LAS OREJAS AL LOBO
Fiona vivía con sus padres en la ciudad en donde ella y Grant iban a la universidad. A Grant la enorme casa con miradores, con sus alfombras llenas de arrugas y sus marcas de taza en el barniz de la mesa, le parecía al mismo tiempo lujosa y desordenada. La madre de Fiona era islandesa; una enérgica mujer de espumoso pelo blanco e indignadas opiniones de extrema izquierda. Su padre era un cardiólogo importante, reverenciado en el hospital pero felizmente sumiso en casa, donde escuchaba extrañas monsergas con una sonrisa ausente. Monsergas impartidas por toda erase de individuos, ricos o astrosos, que incesantemente iban y venían, debatían y consultaban, a menudo con acentos extranjeros. Fiona tenía su propio coche y una pila de jerséis de cachemira; pero no estaba en ninguna hermandad de estudiantes, probablemente por lo que ocurría en su casa.

sábado, 28 de junio de 2014

Sophie Auster / Un justo descubrimiento



SOPHIE AUSTER,

 UN JUSTO DESCUBRIMIENTO ¿MUSICAL O SENSUAL?


Sophie Auster, ¿descubrimiento musical o sensual? Es hija de los escritores Paul Auster y Siri Hustvedt. Nació en Nueva York en 1987. Se la conoce por sus pinitos en la música, el cine y la moda. Ahora es la nueva imagen de Mango (ver foto superior)
Pregunta.— Sophie, en España la conocemos como hija de Paul Auster, pero también como modelo. ¿Le gusta serlo?
Respuesta.— No soy una modelo y nunca me he considerado como tal. Sólo he tenido la suerte y la oportunidad, a través de mi música y actuaciones, de trabajar en campañas. Todas las personas de la moda con las que he trabajado han sido muy divertidas y amables.

Liu Wen / La modelo asiática mejor pagada

Liu Wen, la top asiática mejor pagada

Que una modelo china como Liu Wen sea la tercera en el ranking mundial refleja la enorme influencia que la economía asiática tiene hoy en el mundo.

Liu Wen
Chaleco de Valentino, camiseta de American Vintage, pantalo?n de Zadig & Voltaire, pulseras de Aure?lie Bidermann y anillo de Repossi
Foto: Tetsu Kubota

Sus zapatos eran negros, de tacón mediano, sin nada especial, salvo su tamaño: el 40, un número imposible de encontrar en muchas ciudades chinas, donde las mujeres no suelen calzar más del 37. En Yongzhou no los vendían, así que la señora Liu cogió un autobús para comprarlos en el pueblo vecino. A su vuelta la esperaba una Liu Wen hecha un manojo de nervios. Tenía 18 años y necesitaba aprender a desfilar como fuera: a los pocos días se presentaba a un concurso de belleza que cambiaría su vida.

viernes, 27 de junio de 2014

Ana María Matute / La rama seca


Ana María Matute
BIOGRAFÍA
LA RAMA SECA

1

Apenas tenía seis años y aún no la llevaban al campo. Era por el tiempo de la siega, con un calor grande, abrasador, sobre los senderos. La dejaban en casa, cerrada con llave, y le decían:

-Que seas buena, que no alborotes: y si algo te pasara, asómate a la ventana y llama a doña Clementina.

Ella decía que sí con la cabeza. Pero nunca le ocurría nada, y se pasaba el día sentada al borde de la ventana, jugando con "Pipa".

Ana María Matute / Pecado de omisión


Ana María Matute
BIOGRAFÍA
PECADO DE OMISIÓN

A los trece años se le murió la madre, que era lo último que le quedaba. Al quedar huérfano ya hacía lo menos tres años que no acudía a la escuela, pues tenía que buscarse el jornal de un lado para otro. Su único pariente era un primo de su madre, llamado Emeterio Ruiz Heredia. Emeterio era el alcalde y tenía una casa de dos pisos asomada a la plaza del pueblo, redonda y rojiza bajo el sol de agosto. Emeterio tenía doscientas cabezas de ganado paciendo por las laderas de Sagrado, y una hija moza, bordeando los veinte, morena, robusta, riente y algo necia. Su mujer, flaca y dura como un chopo, no era de buena lengua y sabía mandar. Emeterio Ruiz no se llevaba bien con aquel primo lejano, y a su viuda, por cumplir, la ayudó buscándole jornales extraordinarios. Luego, al chico, aunque le recogió una vez huérfano, sin herencia ni oficio, no le miró a derechas, y como él los de su casa.

Ana María Matute / El niño que se le murió el amigo


Ana María Matute
BIOGRAFÍA
El niño al que se le murió el amigo


Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:



-El amigo se murió.


-Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.



El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. 

Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.



-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.


Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.




MESTER DE BREVERÍA






jueves, 26 de junio de 2014

Ana María Matute / Hace ocho meses que no escribo


Ana María Matute


“Hace ocho meses que no escribo. 

Pero ya, enseguida, me meto otra vez”

Los huesos de cristal. Pero un alma de hierro. Aunque últimamente se le quiebre a ratos por las muchas horas de cama y de hospital, de paredes blancas donde la memoria se niega a fijar recuerdos ni a inventar historias. ¿La culpa?, ¿la última? De una rodilla perezosa que se niega a trabajar, aunque Ana María Matute haya decidido desafiarla calzándose unas bambas tan blancas como sus calcetines. “Piececitos de niña buena”, ríe. De niña, sí, porque la escritora presume de haberlo sido siempre, de haberse quedado anclada en los once años que cumplió cuando se desató la Guerra Civil. Pero, ¿buena? Más bien traviesa y peleona. O “un poco loca”, como dice ella con una carcajada tan cristalina como dulce. Ojalá todas las locuras fueran tan cuerdas. Galardonada con el último premio Nacional de las Letras, inaugurará el próximo lunes, si la salud se lo permite, los cursos de verano de El Escorial.

Ana María Matute / Toda la vida es mágica






Ana María Matute

"Toda la vida es mágica"

La escritora barcelonesa, eufórica tras ganar el Cervantes, 

se convierte en la tercera ungida con el galardón más prestigioso 

de nuestras letras

ELCULTURAL.es | 24/11/2010 


Ana María Matute. Foto: El Mundo
Ya lo advirtió hace unos días Ana María Matute: “Si me dan el Cervantes, daré saltos de alegría”. Al final se lo han dado y si no ha dado los saltos prometidos es porque con 85 años los alardes físicos pueden ser muy arriesgados. Eso sí, la escritora barcelonesa ha llegado eufórica al Hotel Palace de Barcelona esta tarde para expresar a los cuatro vientos “el estallido de felicidad” que estaba viviendo.

Matute, que ocupa el sillón K en la Real Academia Española, ha confesado: "Uno no escribe para ganar premios, habrá quien lo haga, pero yo no entro en esos filos". Y ha añadido: "Uno podrá ser mejor o peor, pero siempre es él mismo. Desde el primer cuento que escribí hasta ahora siempre he querido transmitir la misma sensación de desánimo y pérdida".

Ana María Matute / No hay nada más caro que la inocencia


Ana María Matute

"No hay nada que se pague más caro 

que la inocencia"

La escritora barcelonesa presenta 'Paraíso inhabitado', una evocación de su infancia

 | 17/12/2008 


Ana María Matute, durante la presentación de 'El paraíso inhabitado' en Madrid. Foto: óscar Monzón.
 Lea un extracto

Alberto Ojeda
"Nací cuando mis padres ya no se querían". Esta es la primera línea de El paraíso inhabitado, la última novela Ana María Matute (Barcelona, 1925). Comienza así, con la confesión de Adriana, la protagonista de la historia, una niña que se encuentra en guerra con la realidad.

Agazapada en sus trincheras, que son diversos escondites de la casa familiar y el cuarto oscuro donde la recluyen cuando se porta mal, lucha contra un entorno hostil. Ha llegado a un mundo donde la práctica del amor ha quedado desplazada por la rutina. En esas circunstancias, opta por un repliegue hacia sí misma. La literatura será su mejor aliada, la que le franquee la huida hacia la fantasía.

"Es mi novela más autobiográfica", reconoce Ana María Matute. No en la ausencia de cariño de sus padres. Dice la escritora barcelonesa que ella siempre se sintió "deseada", y que cuando vino al mundo en su casa "tocaron las campanas" como muestra de júbilo. Pero sí tiene en común con Adriana el gusto por la lectura. Y la existencia de un cuarto oscuro, donde debía purgar sus travesuras.

Ana María Matute / Es una mala madre la literatura, pero es única



Ana María Matute 

"Es una mala madre la literatura, 

pero es única"



La escritora habla con El Cultural sobre su vida, 
su oficio de escritora y el Premio Cervantes, 
que recoge el próximo 27 de abril (de 2010)

No vive Ana María Matute en una casita de chocolate. 
“Soy la bruja buena”, se excusa. Vive en un ático. 
En realidad, es un sobreático, pero no tiene aspecto 
de cabaña en el árbol, tan alto como está, aunque sí chimenea. 
En la chimenea, un tronco y restos de ceniza. 
En el suelo, por todas partes, libros. 
Películas, libros, series de televisión 
(sobre un montón,The Pacific), y más libros. 
“Mi hijo está de mudanza”, aclara la escritora. 
“Pero no se va muy lejos, ha encontrado un piso 
aquí al ladito”, dice. Se escucha ladrar a Amelia, 
Ami, la perra de Juan Pablo. “Le puso así 
por la primera mujer piloto. 
A mi hijo le gustan mucho los aviones”.



































Ana María Matute, su flequillo blanco suspendido, sus ojos tristes (“mis pulgas idiotas”, los llama), su eterno desencaje (“siempre estuvieron las niñas y luego estaba yo, no sé qué me pasaba, las niñas y yo éramos dos mundos distintos”, confiesa), sus gnomos (“últimamente hacen travesuras, me esconden las cosas, pero no los regaño porque no se dejan ver”, su mundo (preferiblemente medieval, aunque esté situado en una ruidosa calle, de aceras estrechas y motores furiosos) está amenazado estos días por cuatro páginas en blanco. “El dichoso discurso”, repite sin cesar, casi siempre con voz de bruja mala, como si pisándolo con sus palabras pudiera hacerlo desaparecer. “Anoche escribí dos páginas en la cama, a lápiz, pero tengo miedo de volver a leerlas y que no me gusten”, confiesa.

Ana María Matute / Créanse mis historias porque me las he inventado

Ana María Matute

"Créanse mis historias 

porque me las he inventado"

La escritora barcelonesa recuerda en la entrega del Premio Cervantes 

la guerra, al Quijote y el día que supo que iba a ser escritora

ELCULTURAL.es | 27/04/2011 


Ana María Matute durante la lectura del discurso. Foto: AFP.

Ana María Matute andaba estos días previos un tanto nerviosa. Le daba pánico leer el discurso en la ceremonia de entrega del Premio de Cervantes. "Prefiero escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que pronunciar un discurso" . Pues ya lo ha hecho: con mucha serenidad, sensibilidad y dándole a su intervención un aire de cuento alentado por la magia. No podía ser menos tratándose de ella.


A lo largo de sus palabras ha agradecido la concesión del galardón más importante de nuestras letras: "Nunca pensé que fuera a vivir un día así". Un día lleno de "emoción, alegría y felicidad". Y ha recordado algunos momentos clave en su vida, como aquel de su niñez en que vio una chispa azul saltaba de un terrón de azúcar partido y entonces supo que sería escritora.

A escribir ha consagrado su existencia. "Decía San Juan que el que no ama está muerto. Y yo me atrevo a decir que el que no inventa no vive".Inventar historias es lo suyo, no ha duda, ha inventado cientos en todos estos años, en parte para huir de las crueles realidades que le han tocado vivir, sobre todo la guerra civil. Conoció la muerte cuando era niña: "No con la frase 'el abuelo se ha ido y ya no volverá', sino encontrando un cadáver en mitad de un descampado".

A esos pequeños que se encontraron, "sin que nadie les preguntara nada", con esa España despedazada por el odio los ha denominado "los niños del asombro". Ella pertenece a su infancia truncada, de la que se ha redimido mediante la escritura: "Ha sido mi faro entre tantas tormentas".

A Cervantes, y más concretamente a su personaje más universal y conocido, Don Quijote, también le ha hecho un guiño: fue un "hombre bueno, solitario, triste y soñador", que "creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida". Y por eso se identifica tanto con El Caballero de la Triste Figura, porque ella también se ha inventado la vida. Así que terminó manifestando "un ruego" a los presentes: "Si algún día tropiezan con alguna de mis historias, créanselas porque me las he inventado"







Ana Maria Matute / La cabeza me funciona

foton
Ana María Matute
Foto de Joan Sánchez

Ana María Matute

“La cabeza me funciona: 

la tengo tan mal como siempre”

La escritora se niega a hablar de su próxima novela y confiesa que "desgraciadamente" sigue siendo inocente: "Me la dan con queso cada día"



Tarde de plúmbea solanera en Barcelona. Doña Ana María se acerca sigilosa al sofá. Está escribiendo una novela que se niega a desvelar y mira con tristeza el agua con que los visitantes aplacan su sed. Ella preferiría un gin-tonic…
Pregunta. Digo que la niña que se metía en el cuarto oscuro y era feliz, ahora, al cuarto oscuro en que se ha convertido este país, no sé si le ve la gracia.
Respuesta. No tanto, no tanto. Sobre todo esas pobres gentes desahuciadas, con la abuela a cuestas, no es que no lo haya visto porque esto ha pasado siempre. Sí… Pero yo de política no hablo porque no entiendo.
P. ¿Se puede ser escritor y no tener en cuenta la política?
R. Por supuesto que sí.
P. Lo dudo.
R. Yo siempre he sido de izquierdas, pero no comprometida con ningún partido. Lo que aspiro es al deseo de justicia y a que no me engañen. Ingenua, inocente, soy, pero tonta, no.
P. ¿Sigue siendo inocente?
R. Desgraciadamente, sí, me la dan con queso cada día.
P. Ha llegado a decir que la perdió. ¿En qué momento?
R. Bueno, es una frase. La perdí a la edad adecuada, cuando te dicen que los Reyes Magos son los padres. Me puse a llorar. Creía a los 11 años, pero me entero de eso, encima de la guerra. La perdí todavía más cuando me di cuenta de que el rey mago era yo.
P. ¿Está escribiendo?
R. Sí, lo malo es que lo estoy pasando mal por los vértigos. No se lo deseo a nadie, o bueno, a alguno, quizás sí. No me caigo por voluntad. Pero la cabeza me funciona: la tengo tan mal como siempre.
P. Siempre se le fue un poco. A Dios gracias.
R. Es otra manera de irse.

DNI urgente

Nació en Barcelona el 26 de julio de 1925. Ocupa la silla “k” en la Real Academia Española, y fue la tercera mujer en ganar el Cervantes. Además, tiene el Premio Planeta, el Nacional de Literatura...
P. ¿De qué trata?
R. Uy, no, los libros no se pueden desvelar. Se lo he contado un poco a mi editor en Destino, pero mucho no, porque eso le perjudica. Aborda una confabulación de muchas cosas, que desemboca en la revolución que es la historia… Una tontería esto que te acabo de decir.
P. Puede valer.
R. ¡Cómo te pareces a un exalumno mío estadounidense! Pero no puedes ser él, claro.
P. No, señora, no soy.
R. Estoy muy vieja.
P. Pero presumida.
R. Tampoco. Hombre, me gusta ir arregladita.
P. Ya que no me quiere contar sus libros, cuénteme su vida.
R. Jooo. He tenido una vida muy intensa, he conocido gente muy interesante, un poco mejor que todo el mundo. He viajado mucho, sobre todo con mi segundo marido.
P. ¿El bueno?
R. El bueno, el bueno.
P. ¿El malo la tenía medio atada a la pata de la cama?
R. No es que me tuviera atada, es que con él no era posible nada. No hacía nada.
P. ¿Era un cara?
R. Buenooooo. Sí.
P. Vamos a ponerle a caldo.
R. Es que ya se ha muerto… Era poeta. Usted, de todas formas, pregunte por ahí, que ya le contarán. Tenía su gracia, su aquel, muy atractivo, con un mundo muy personal, muy culto, pero muy conflictivo, a mí me hizo mucho daño. Era un vago y un borracho tremendo. Bueno, a lo de borracho no le doy yo demasiada importancia. No hay cosa que más me guste que un gin-tonic. Aunque mi hijo me vigila.
P. Menudo momento terrible ese en que los hijos se convierten en padres.
R. ¡Has definido mi situación!
P. Hablemos del bueno.
R. No era español, era francés.
P. Con él, al parecer, tuvo una noche loca en Hong Kong, como una revelación.
R. ¿Dónde has leído eso? Quizá se refiera a que hice el amor con el hombre de mi vida encima del río de las Perlas… Sí, fue con él, es cierto.
P. ¿Después no se ha vuelto a enamorar?
R. Nooooo, hombre.
P. Pese a que me han contado que usted era muy enamoradiza.
R. No, enamoradiza no, aunque tuve muchos novios. Yo era bastante monilla.
P. Y ahora la veo estupenda, estoy por tirarle los tejos.
R. Sí, ya, seguro… Bueno, yo lo que fui siempre es una enamorada de los cuentos, las leyendas. De ahí mi fascinación por la Edad Media. Me decían: pero eso es fantasía. Y yo pensaba: ¡Qué sabrán ellos! Lo malo es eso, que se pierde la inocencia.
P. Vamos por dos. ¿Cuántas pérdidas de la inocencia nos quedan?
R. Varias. De pequeña yo veía cosas extrañas, estatuas que se movían, los niños perciben muchas cosas. Uno que yo conozco inglés, con dos años, que para eso tienes que ser inglés, veía a una lady que atravesaba las paredes. Para él, era verdad. Yo tampoco lo contaba, las guardaba como asuntos míos. No lo compartía.
P. ¿Por miedo?
R. Noooo. Sufría tartamudez de pequeña porque mi madre era muy severa. Pero con los bombardeos, en la guerra, se me pasó. Cuando mi madre decía: ‘¡Ana María!’, temblaba, pero no por ella, por mí, ¿qué habría hecho? En cambio, mi padre era un remanso de paz y alegría. Un mediterráneo que podía haber sido amigo de Ulises, mientras que mi madre, parecía una castellana de esas que podía haber sido amiga del Cid.
P. Cuando empieza usted a contar sus historias, ¿lo hace primero oralmente?
R. No, nunca.
P. Ya lo veo. No me quiere usted decir ni pío de la novela. ¿Lo hace por si pierdo la inocencia?
R. No creo yo que vayas a perder la inocencia si te lo cuento. En todo caso, la recuperarías. Y no hablo de la inocencia idiota, sino de la ignorancia del mal.
P. ¿La pureza de espíritu?
R. Exactamente. La bondad.
P. Esa cosa tan despreciada…
R. Es más rara la bondad que la inteligencia.
P. Sin embargo igual de buena.
R. Sin duda.
P. ¿Pierden la inocencia alguna vez las mejores personas?
R. Siempre queda un reducto de rechazo al mal, te rebelas.
P. ¿Usted lo sigue sintiendo?
R. Desde luego. El mal ahí anda, rondándonos. En Europa, desde siempre. Si en Estados Unidos perdieron la inocencia con la guerra del Vietnam, a lo bestia, nosotros no sabemos dónde anda desde Viriato.
P. Lo bueno es que a usted la gente la quiere.
R. Mucho, me encuentran por ahí y me dicen: ay, he leído todos sus libros. Mentira, pienso…
P. No los ha leído ni usted.
R. ¿Yo? La que menos. ¡Bastante tengo con escribirlos! Ayer tuve un día malo.
P. ¿Por qué?
R. Porque no me salía nada y, ya sabes, empiezas a romper papeles.
P. Se refiere al libro ese que no le da la gana de contarme.
R. No. Piensas: pero dónde vas, vejestorio, estás acabada, métete a hacer calceta. Así me trato yo y con cosas peores. Pero hoy he recuperado la atmósfera… A ver. Cuando pasa eso, es como si se te colocara una piedra dentro del corazón… Qué cursi, ¿no?
P. La pillo, pero bueno… ¿Es feliz?
R. ¿Feliz? ¿Qué es la felicidad? Son momentos. Lo que no existe, creo, es la desgracia continuada, pero la felicidad intensa, como lo que yo he vivido. ¿Todo el rato así? No podría soportarla.



MESTER DE BREVERÍA