viernes, 31 de enero de 2014

José Emilio Pacheco / La materia deshecha



José Emilio Pacheco
LA MATERIA DESHECHA
       
Vuelve a mi boca, sílaba, lenguaje
que lo perdido nombra y reconstruye.
Vuelve a tocar, palabra, el vasallaje
con tu propio fuego te destruye.
Regresa, pues, canción, hasta el paraje
en donde el tiempo acaba mientras fluye.
No hay monte o muro que su paso ataje:
lo perdurable, no el instante, huye.



Ahora te nombro, incendio, y en tu hoguera
me reconozco: vi en tu llamarada
lo destruido y lo remoto. Era



árbol fugaz de selva calcinada
palabra que recobra en su sonido
la materia deshecha del olvido.



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José Emilio Pacheco / Aceleración de la historia

Escher

José Emilio Pacheco
Aceleración de la historia

Escribo unas palabras
                                        y al mismo
ya dicen otra cosa
                                 significan
una intención distinta
                                       son ya dóciles
al Carbono 14
                         Criptogramas
de un pueblo remotísimo
                                            que busca
la escritura en tinieblas.








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José Emilio Pacheco / Literatura y realidad


José Emilio Pacheco

Literatura y realidad

El tremendismo de la realidad,
Su incurable tendencia
Al melodrama y a lo absurdo.
La realidad es psicópata:
Jamás se compadece de sus víctimas.
Hace trampa al jugar con la esperanza.
Todo lo escribe mal con letras chuecas.
Llenas de errores de sintaxis.
Ignora el ritmo, el tono, la armonía.
Confunde los papeles asignados.
Olvida lo que dijo en la otra página.
Debería entrar en un taller literario,
Aprender cuando menos rudimentos
De verosimilitud, coherencia y orden.
Sin embargo posee en alto grado
Una virtud artística suprema:
No se repite nunca,
Siempre es nueva,
Siempre nos deja con la boca abierta.


José Emilio Pacheco
Como la lluvia
Editorial Visor, colección Palabra de honor
Madrid, 2009





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José Emilio Pacheco / Caverna

Ojos
Matatlán, Oaxaca, México, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas
José Emilio Pacheco
Caverna

Es verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece
Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados 
cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte
Aquí sabemos lo que sabe la muerte
La piedra le dio vida a esta muerte
La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte

De "Islas a la deriva, 1973-1975"






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José Emilio Pacheco / Copos de nieve sobre Wivenhoe


José Emilio Pacheco

Copos de nieve sobre Wivenhoe

Entrecruzados
caen,
se aglomeran
y un segundo después
se han dispersado.
Caen y dejan caer
a la caída.
Inmateriales
astros
intangibles;
infinitos,
planetas en desplome.





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José Emilio Pacheco / Traduttore, traditore

Obra de Ernesto Bertani

José Emilio Pacheco
TRADUTTORE, TRADITORE


Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero
Los náufragos
Aprendieron la lengua maya
Hicieron vida con la tribu
Gonzalo
Tuvo mujer y engendró hijos
Jerónimo
Exorcizó todo contacto rezó el rosario
Para ahuyentar las tentaciones
Asceta
Roído por la fiebre del misticismo

Llegó Cortés y supo de los náufragos
Gonzalo
Renunció a España
Y peleó como maya entre los mayas
Jerónimo
Se incorporó a los invasores
Sabía la lengua
Pudo entenderse con Malinche
Que hablaba
Maya también y mexicano

A estos traductores
Debemos en gran parte el mestizaje
La conquista y la colonia
Y este enredo
Llamado México
Y la pugna de indigenismo e hispanismo.




José Emilio Pacheco / Alta traición

Paloma
Xalapa, México, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas
José Emilio Pacheco
Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
     es inasible.
Pero (aunque suene mal)
     daría la vida
por diez lugares suyos,
     cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
     fortalezas,
una ciudad deshecha,
     gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
     montañas
-y tres o cuatro ríos.







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José Emilio Pacheco / A quien pueda interesar


José Emilio Pacheco
A quien pueda interesar

Que otros hagan aún
    el gran poema
los libros unitarios
    las rotundas
obras que sean espejo
    de armonía

A mí sólo me importa
    el testimonio
del momento que pasa
    las palabras
que dicta en su fluir
    el tiempo en vuelo

La poesía que busco
    es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida







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José Emilio Pacheco / Antiguos compañeros se reunen

High Risk, 1994
 Ernesto Bertani
José Emilio Pacheco
ANTIGUOS COMPAÑEROS SE REÚNEN

Ya somos todo aquello
contra lo que luchamos a los veinte años.


jueves, 30 de enero de 2014

José Emilio Pacheco / Una obra siempre abierta


José Emilio Pacheco, 

una obra siempre abierta

El director del Fondo de Cultura Económica recuerda la manera en que el escritor mexicano dedicó toda su vida a la literatura




José Emilio Pacheco visto por Loredano.
Desde que hace casi sesenta años, a los 16, empezó su actividad literaria, José Emilio Pacheco no paró de escribir, editar, traducir, ni dejó de producir ensayo, poesía, novela, cuentos. Tampoco dejó de leerlo todo.
No tendría él más 22 o 23 años, en los primeros sesenta del siglo pasado, cuando lo conocí -yo de estudiante, unos años menor- en el décimo piso de la rectoría de la Universidad Autónoma de México, donde ya escribía para la Revista de la Universidad, de la que era secretario de redacción, brillantes crónicas literarias derivadas de sus acuciosas lecturas de lo más actual o lo más trascendente de la literatura nacional e internacional. Eran la primera expresión de la que sería su columna Inventario, que publicó en la revista Proceso hasta la víspera de su muerte. Y ésta fue precisamente un texto dedicado a la muerte del poeta argentino Juan Gelman.
Y entre su muerte y la de Gelman, parecerían quedar ilustradas sus tajantes afirmaciones hechas hace unos años al poeta Hernán Bravo Varela sobre la fugacidad y la devastación del paso del tiempo, que está en el centro de la poética: “Estamos aquí porque desaparecieron los que estaban antes. Nos vamos para que otros ocupen nuestro lugar”. O, más coloquial o proféticamente, al saber de la muerte de otro allegado, Pacheco respondía que en ese momento no pensaba : “Qué alivio, me salvé, al menos por ahora no fui yo”. "Al contrario, decía, tengo la certeza de ser el próximo en la lista”.
La de él fue una vida dedicada palmo a palmo a la literatura. Autor de uno de los más altos legados de las letras mexicanas, su obra --que incluye todos los géneros-- es una obra abierta. En efecto, si en vida del escritor, su obra se mantuvo abierta a la re escritura a que la sometió hasta su último aliento, esa obra también ha estado y permanecerá abierta a las lecturas más diversas de generaciones de lectores del mundo hispano.
Por ejemplo, su novela Las batallas en el desierto ha conectado por décadas con los lectores de todas las latitudes del libro en español. Desde los contemporáneos de José Emilio, como yo, hasta nuestros hijos y ahora nuestros nietos, nos hemos encontrado en sus atmósferas, no importa si lo leemos en la capital mexicana o en Madrid, en Monterrey o en Barcelona. Una lectora española le señaló conexiones con la serie de tele de su país Cuéntame como pasó.
Su trabajo periodístico solía rebasar los lindes tradicionales de ‘lo cultural’. Hace ya más de 40 años, como jefe de redacción de La Cultura en México, el suplemento que dirigía Fernando Benítez en la revistaSiempre, me pidió una colaboración sobre el ataque de un grupo paramilitar a una manifestación estudiantil, el jueves de Corpus de 1971. Y la revisión que hizo de este y otros textos dedicados a aquel episodio me dejaron en claro que había leído hasta la ultima crónica de las secciones policiales sobre el hecho.
Hace pocas semanas lo saludé en el acto por los 70 años de El Colegio Nacional, donde leyó un discurso a la vez sólido y emocionado. Me pidió que le enviara copias de las reediciones de su obra, tanto del Fondo de Cultura Económica de México, como de la filial española. Seguro pensaba reescribirlas para los nuevos lectores que seguirán leyendo sus nuevas ediciones.
* José Carreño Carlón, es director general del Fondo de Cultura Económica




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FICCIONES

DE OTROS MUNDOS

Poemas

PESSOA


José Emilio Pacheco / Abrir caminos en la selva

José Emilio Pacheco
Casa de La Moneda
Santiago de Chile, 2004
Foto de Cristina Larraín
Pacheco: Abrir caminos en la selva

La poesía de José Emilio Pacheco es impecable, tallada con la materia de las palabras duraderas



    Pacheco, junto a la reina Sofía, el día de la entrega del premio Cervantes en 2010. / ULY MARTÍN
    Quienes contemplamos la escritura desde la atalaya de la edad sabemos muy bien que una cosa es la creación literaria y otra el mundo literario. Sin embargo, a veces, como un milagro que da alegría, ambas visiones se funden intensamente y entonces nuestro gozo es mucho, abandonamos el pesimismo y damos por bien utilizada la vida que plenamente hemos dedicado a la literatura. Ésta es la primera idea que me viene a la cabeza cuando me comunican la muerte del poeta mexicano José Emilio Pacheco, pues esa fusión ideal entre obra y vida se dio durante mi último encuentro con este poeta en la Feria del Libro de Guadalajara de 2011, en México, cuando él presentó la edición de mi Obra poética completa.
    Confluyeron muchas sintonías vivenciales en aquel acto, pero sobre todo la de ver la gran sala llena de público, que yo pensaba que se debía, claro, a la presencia de José Emilio y no a mi libro. Nada nuevo, por otra parte, si tenemos en cuenta el respeto y el fervor que en América se tienen hacia la poesía y los poetas. Poesía y vida, por tanto, en plenitud, fundidas, como debe ser, y aunque él hubiese llegado a la sala sentado en una silla de ruedas, señal de que su salud no iba bien. Pero enseguida se puso de pie y la presencia de su esposa Cristina, muy popular periodista y escritora, y de su hija Laura Emilia afervoraron el ambiente.
    La segunda idea que viene a mi cabeza, tras su muerte, es más sustancial y menos personal. Me refiero a que a la poesía de José Emilio Pacheco le estuvo destinada la difícil tarea (y el don) de abrir nuevos caminos en la rica “selva” de la poesía latinoamericana del siglo XX, repleta de grandes maestros, y no pocos de ellos de México (López Velarde, Gorostiza, Efraín Huerta, Paz, Sabines, por citar sólo las corrientes más fértiles). ¿Cómo abrir, pues, nuevos caminos después de ellos?
    Lo cierto es que la poesía en español que nos llega de América sigue siendo llamativa y de un alto “voltaje” expresivo, incluso la de los más jóvenes; pero a Pacheco le tocó abordar el reto de vivificarla en la encrucijada de la década de los 50, en un libro como Los elementos de la noche o, luego, con El reposo del fuego. Su arte poética descrita ya en aquel tiempo en solo dos versos (“Tenemos una sola cosa que describir:/este mundo)” recuerda la sentencia del poeta sufí, aquella de que el mundo es una realidad absoluta y no local o sectaria.
    De ahí la carga intelectual, culta, que ya entonces aportó a sus poemas, el anecdotario universalista de éstos, pero también ese lenguaje enriquecido, tan propio de aquellos países, que tiene siempre presente a la naturaleza como maestra (en su caso con la presencia notable y sabia de los animales). La suya es, sobre todo, una poesía burilada, de ejemplar concisión, pero no hay que olvidar esa riqueza verbal, nacida del ingenio no de la mera retórica, que al final expresará incluso mediante el poema en prosa (La arena errante).
    “Escribir es tarea de Sísifo. No hay obras acabadas, sólo obras abandonadas”, escribió en una nota que él puso a uno de sus libros (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 2004); volumen que él me regaló durante una de sus varias estancias en Salamanca, ciudad donde era y es muy querido. Su poesía, pues, como un gran reto superado. Impecable, concreta, tallada con la materia de las palabras duraderas. Esas que nunca se olvidan, pues nos hacen sentir y pensar. Y siempre con la emoción contenida, inteligente.
    Cuatro poemas:
    • Tacubaya, 1949, (de Irás y no volverás).
    • Fin de siglo (de Desde entonces, II).
    • Las dos primeras estrofas y la última del poema 'Caín', (de Miro la tierra).
    • Rubén Darío en el burdel (de La arena errante).
    Antonio Colinas es poeta.

    José Emilio Pacheco / La poesía del Tiempo


    José Emilio Pacheco: la poesía del Tiempo

    Una mirada analítica sobre la creación de José Emilio Pacheco

    Un autor que investiga y hace historia sin perder la tensión lírica y un agudo sentido de la responsabilidad civil




    José Emilio Pacheco. / AFP


    1. “Escribir es vivir en cierto modo”
    José Emilio Pacheco nació en Ciudad de México el 30 de junio de 1939 y  murió enla misma ciudad el 26 de enero de 2014. En afortunada síntesis, el crítico mexicano Adolfo Castañón escribió que “Pacheco encarna ejemplarmente entre nosotros a esa especie, acaso en extinción que es la del hombre de letras, la del virtuoso polígrafo que cultiva el poema, trama novelas y cuentos, elabora traducciones, practica la crónica y el ensayo, investiga y hace historia sin nunca perder la tensión lírica y un agudo sentido de la responsabilidad civil, que infunde toda su obra, y en particular su poesía, un filo crítico y autocrítico que lo hace entrañable y le abre las puertas de la gratitud al dar voz a los que no la tienen" .
    Como narrador, fue autor de cuentos y novelas, entre ellas la muchas veces editada Las batallas del desierto, una hermosa novela de iniciación. Su labor crítica se desarrolló por decenios en una obra en marcha que él no permitió editar como libro, la célebre secciónInventario del semanario Proceso, que mezcla reseñas con memorias, traducciones con notas sobre clásicos mexicanos y universales, en fin, una obra múltiple que llega a incluir ficciones y fragmentos de obras de teatro. Su trabajo de traductor incluye versiones de los Cuatro cuartetosde Eliot, De profundis de Oscar Wilde, Cómo es de Beckett, Un Tranvía llamado deseo de Tennessee Williams y Vidas imaginarias de Marcel Schwob. Su labor de crítico incluyó la ejemplar Antología del modernismo y en la edición y estudio preliminar de El cerco de Numancia de Cervantes.

    Siempre corregía, inlcuso lo publicado, inconforme siempre con la última versión, nunca definitiva, en una actitud que revela una profunda humildad ante el texto y un sentido de obra en marcha, inconclusa y perfectible
    Pero la parte central de su obra, la que lo convierte en “poeta y escritor”, según la contradictoria y ya establecida fórmula de las enciclopedias que divide el oficio entre el género y una de sus especies, es su trabajo poético, que se ha reunido completo en tres ocasiones, una en 1980, otra en el año 2000, con el título de Tarde o temprano que luego en 2010 fue ampliada, y que incluye más de doce volúmenes que cambian cada vez que se reeditan debido a la costumbre que tenía de excluir poemas y de corregir cada vez los ya publicados, inconforme siempre con la última versión, nunca definitiva, en una actitud que revela una profunda humildad ante el texto y un sentido de obra en marcha, inconclusa y perfectible.
    Su trabajo poético le valió un reconocimiento creciente y varias distinciones consagratorias entre los que enumero, además de los premios Cervantes y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, varios que tienen el denominador común de su importancia y de llevar el nombre de poetas: premio José Asunción Silva (Bogotá, 1996), Octavio Paz (México, 2003), Ramón López Velarde (Zacatecas, 2003), Pablo Neruda (Santiago de Chile, 2004), Alfonso Reyes (Monterrey, 2004) y Federico García Lorca (Granada, 2005).
    2. “El tiempo que destruye todas las cosas”
    El tema más notorio en la poesía de Pacheco es el tiempo. Sus críticos han resaltado y sus lectores lo notan de entrada. Los mismos títulos de sus libros apuntan a este asunto central. Baste recordar que las compilaciones de su poesía reunida se llama Tarde o temprano y tiene libros titulados No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Desde entonces y Siglo pasado.
    La obra toda de José Emilio Pacheco está dominada por un pesimismo irredimible, por una conciencia de la destrucción. Oigamos un poema deIrás y no volverás titulado Contraelegía:
    Mi único tema es lo que ya no está.
    Sólo parezco hablar de lo perdido.
    Mi punzante estribillo es nunca más.
    Y sin embargo amo este cambio perpetuo,
    este variar segundo tras segundo,
    porque sin él lo que llamamos vida
    sería de piedra.
    Esta conciencia del daño que el tiempo hace a todo incluye también al poeta, a la conciencia del poeta, a su desolado conformismo. Dice en un breve poema de Desde entonces titulado Antiguos compañeros se reúnen:
    Ya somos todo aquello
    contra lo que luchábamos a los veinte años.
    Aquí se ve cómo uno de los grandes talentos de Pacheco era el poema corto. No tiene desperdicio. Es afilado, agudo, penetrante, redondo y todo eso lo convierte en memorable.
    3. “Ha sido la realidad lo que ha pasado”
    Hay otra constante en José Emilio Pacheco, otra constante inscrita en el tiempo que todo lo abarca y lo destroza: su crítica de los poderes, su permanente e insoslayado enfrentamiento con la violencia del poderoso, con la máquina de guerra del que mande. La historia es una sucesión de atropellos y de asesinatos. En Fray Antonio de Guevara reflexiona mientras espera a Carlos V dice el poeta:
    Vamos de guerra en guerra. Todo el oro
    de Indias se consume en hacer daño.
    La espada
    incendia el Nuevo Mundo.
    La cruz
    sólo es pretexto para la codicia.
    La fe
    un torpe ardid para sembrar la infamia.
    4. “Especies en peligro (y otras víctimas)”
    La antología titulada La fábula del tiempo, publicada en 2005 por Ediciones Era y preparada por un muy apreciable poeta mexicano, Jorge Fernández Campos, él dice:“tal vez José Emilio Pacheco en esencia es un gran fabulista” y no en vano lo dice, pues escrito en su “tema de temas”, el tiempo, a lo largo de todos sus libros aparece en reino animal, hasta el punto de que otro poeta mexicano hizo una selección temática de poemas de Pacheco: pájaros, peces, ballenas, hormigas, zopilotes, langostas, hormigas, moscas, caballos, cerdos, monos, halcones, ratones, grillos, sapos, hienas, en fin, cantidades de animales, como elCordero:
    Ocúltate en la zarza.
    Que no te atrapen. El mundo
    sólo tiene un lugar para los corderos:
    los altares del sacrificio.
    5. “La vida jamás estará escrita”
    El último poema de la compilación de Tarde o temprano del año 2000,sobre su poesía reunida, parece una coda demoledora sobre sí mismo. Se titula Despedida y dice:
    Fracasé. Fue mi culpa. Lo reconozco.
    Pero en manera alguna pido perdón o indulgencia:
    Eso me pasa por intentar lo imposible.
    El otro hilo conductor de la poesía de José Emilio Pacheco es la poesía sobre la poesía, la autocrítica –que abarca a la persona y a los poemas-, los poemas sobre poetas, los poetas inventados, cuya obra y cuya biografía él mismo escribe. Estos últimos son Fernando Tejada y Julián Hernández. Hernández es demoledor y termina un poema, Arte poética II, enunciando una ley inexorable:
    Escribe lo que quiera.
    Di lo que se antoje:
    de todas formas vas a ser condenado.
    (*) Darío Jaramillo es poeta y narrador colombiano.