domingo, 4 de mayo de 2008

Con guión de Jean-Claude Carrière, 'Memoria de mis putas tristes' de García Márquez será llevada al cine

Gabriel García Márquez
Ilustración de Triunfo Arciniegas

Con guión de Jean-Claude Carrière, 'Memoria de mis putas tristes' de García Márquez será llevada al cine

El guión de la cinta ha sido escrito por el francés Jean-Claude Carriere y será dirigida por el danés Henning Carlsen.


EFE
Acapulco 2 JUN 2006 - 18:34 COT 
La novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes, será llevada al cine en una coproducción mexicano-danesa que se filmará en 2007 en Cuba. El guión de la cinta ha sido escrito por el francés Jean Claude Carriere y será dirigida por el danés Henning Carlsen. Sin embargo, los responsables del film todavía no han dado a conocer a los actores que intervendrán en el largometraje.
Según la productora mexicana Mandala Films, responsable del proyecto, "el mismo García Márquez decidió quien será el director de la película, y así como que se filmara en Cuba por los vínculos que tiene con este país, aunque la historia puede ocurrir en cualquier lugar".
El argumento de Memoria de mis putas tristes gira entorno al deseo de un anciano de "regalarse" el día que cumple los 90 años una "noche de amor loco con una adolescente virgen" 
EL PAÍS

sábado, 3 de mayo de 2008

Carrière dramatiza el debate sobre los indios de Sepúlveda y De las Casas


Jean-Claude Carrière
Barcelona 2005
Foto de Carles Ribas


Carrière dramatiza el debate sobre los indios de Sepúlveda y De las Casas

"Hay que seguir a los que buscan la verdad y huir de los que la encuentran", dice el escritor


ROSANA TORRES
Madrid 22 FEB 2006
Jean-Claude Carrière ha reunido en su obra La controversia de Valladolid las grandes pasiones de su vida: la historia, el cine, el teatro y la literatura. Su versión teatral del debate que mantuvieron Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda, cuando a raíz de la conquista de América discutieron si los indios tenían alma o no, llega al teatro de la Abadía, de Madrid, con dirección de Carles Alfaro y con Ferrán Rañé, impulsor del proyecto, al frente del reparto.

Carrière, conocido por sus trabajos con Peter Brook, Milos Forman o Luis Buñuel, del que fue guionista cuatro lustros, se adentró en este proyecto por encargo de la televisión francesa. Primero tuvo en las manos una novela; después, un guión, y más tarde, la obra de teatro que desde mañana y hasta el 5 de marzo se podrá ver en la Abadía con el nombre de La controversia de Valladolid. Se trata del mismo montaje que se vio en el barcelonés Grec el pasado julio.


Un espectáculo en el que se recrea el debate que surgió en 1550 y que Carrière ha centrado en la discusión entre Sepúlveda, propugnador de la evangelización radical y defensor de la guerra contra los indios, y De las Casas, favorecedor de la causa india y contrario a la esclavitud. El primero contaba con el apoyo de colonos y conquistadores, mientras que el segundo denunciaba los crímenes coloniales.
El origen de este montaje se sitúa en 1990, cuando la televisión francesa le pidió a Carrière escribir una obra de ficción con motivo del V centenario del descubrimiento de América: "No podía soñar con historias de caballerías, ni tan siquiera con un viaje a México, y recordé esta confrontación; la televisión francesa aceptó la propuesta, tuvimos mucho éxito y conseguimos numerosos premios", comenta desde México el escritor, que no quedó tan contento cuando pocos años después varios grupos de teatro empezaron a poner en pie ese guión como si se tratara de teatro.
"Me parecían acercamientos un poco torpes y tomé la decisión de no autorizar los derechos, pero a cambio escribí una obra con el mismo tema y 25 minutos más larga". Su texto, vestido de dramaturgia, se estrenó en 1999 en París y después viajó a México, Colombia, Nueva York, Italia y numerosos países, entre ellos España, con el grupo Rayuela. Ahora ha sido el director Carles Alfaro quien la ha montado con nueve actores, entre los que se encuentran, además de Rañé, Manuel Carlos Lillo y Enric Benavent. "Un trabajo que me ha gustado mucho, no hay nada arbitrario en él. Alfaro ha hecho algo muy especial con el movimiento y los actores son magníficos", señala Carrière, quien confiesa que para él es un placer escuchar La controversia en su idioma original.
El texto de Carrière, del que algunas páginas se han incorporado a libros escolares de Francia y México, fue escrito antes de la guerra de Irak. "Pero siempre hay relaciones entre el pasado y el presente, sobre todo cuando hablamos, como aquí, del problema del otro, que al final siempre es un ser humano como yo, pero que no habla el mismo idioma, no adora a los mismos dioses, no tiene la misma comida".
Para Carrière, De las Casas es un avanzado a su tiempo, mientras Sepúlveda es la tradición, un ser rígido, árido. "Para mí lo mejor sería que el público, al ver esta obra, se encontrara frente a un viejo espejo en el que pudiéramos ver algo de nosotros, porque significaría que hablamos de nuestras raíces, así es como realmente estábamos y quizá como ahora somos...; la obra es un espejo, no está para dar lecciones", dice Carrière, que está convencido de que en La controversia... se ve la postura de algunos americanos: "Lo digo en referencia a su idea del derecho de intervención, de ir a otro país armados porque tienen la teoría de que son bárbaros". El autor no duda de que entre George Bush y Sepúlveda hay mucho en común: "Están en posesión de la verdad, entre ellos hay una relación muy estrecha, pero yo prefiero seguir pensando aquello de que hay que seguir a la gente que busca la verdad y siempre hay que huir de aquellos que la han encontrado".
Alfaro ha pretendido con esta puesta en escena hacer un "ejercicio de voyeurismo histórico" y recrearse en un debate que tuvo tremenda trascendencia.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de febrero de 2006

viernes, 2 de mayo de 2008

Jean-Claude Carrière / Dios y el diablo en la tierra del sol



Jean-Claude Carrière
BIOGRAFÍA

Dios y el diablo en la tierra del sol


MARCOS ORDÓÑEZ6 AGO 2005
La controversia de Valladolid, de Jean-Claude Carrière, que Carles Alfaro ha estrenado en el Lliure con traducción de Simón Morales, enfrenta a fray Bartolomé de las Casas, dominico, evangelizador de las Indias Occidentales y, esencialmente, defensor de los derechos indígenas frente al salvajismo de los conquistadores, con Ginés de Sepúlveda, maestro de lógica, traductor de Aristóteles, gran amigo de Cortés y, por encima de todo, postulador de que el mejor indio es el indio muerto (previa confesión y comunión). Estamos en el convento de San Gregorio, en Valladolid, hacia 1550. El juez es un cardenal italiano, enviado por el Papa para dirimir (en plena noche, a puerta cerrada) si los pobladores del Nuevo Mundo son "auténticas criaturas de Dios o súbditos del diablo". En otras palabras: si tienen o no tienen alma. Durante el primer asalto, fray Bartolomé se gana la inmediata simpatía del público describiendo, con emocionada pasión, las atrocidades de los españoles: anticipándose a Rousseau, proclama que los indios eran pacíficos e incapaces de mentir y "les llevamos la mentira y la muerte en nombre de Cristo". Fray Bartolomé es un hombre de acción, inflamado de santa ira, pero nos olemos que pronto va a caer en las redes del gélido De Sepúlveda, quien no tarda en invocar los evangelios ("no he venido a traer la paz, sino la espada") para justificar la continuada matanza de inocentes que, para él, merecían la muerte por idólatras. Y por ser esclavos de nacimiento pues, de no serlo, habrían ganado. No, Ginés de Sepúlveda, autor del Tratado de las justas causas de la guerra contra los indios, no tiene un pelo de tonto. Ni Carrière, porque si hubiera dibujado un malo al uso (es decir, un oscurantista de manual) no habría combate dialéctico ni tensión dramática. Ya puede fray Bartolomé desgañitarse hablando de la civilización azteca, de sus divisiones administrativas, sus obras de arte, su calendario y su medicina, que el astuto fiscal sacará a relucir los sacrificios humanos y a mostrar, golpe de efecto, la efigie de una serpiente emplumada como ejemplo de arte diabólico. El cardenal, que tampoco se chupa el dedo, no parece muy interesado en arte ni en masacres: en una de las escenas más siniestramente conmovedoras de la obra, se saca de la manga a una familia azteca y a un bufón italiano para averiguar si los indios sufren y, sobre todo, si tienen "la facultad de reír, privativa del hombre". No les voy a contar aquí todo el debate, que es apasionante por su multitud de capas, actualísimo (Guatemala, Chiapas, Perú) y extensivo a cualquier territorio con ocupantes en nombre de Dios y la "guerra santa". En el tramo final, fray Bartolomé se anticipa a la teología de la liberación, exigiendo que la Iglesia reconozca a los indios como hermanos y les sea devuelta su primitiva libertad. De Sepúlveda acaba aceptando que los indios pueden tener alma y que si se hacen cristianos, por fuerza han de dejar de ser esclavos. Tercia entonces un representante de los colonos españoles, recién llegado de México: "Entonces habrá que pagarles por su trabajo. Y eso costará mucho, mucho dinero". Llega, giro inesperado, la solución cardenalicia: echar mano de los negros, que están "mucho más cerca del animal" y suponen una mano de obra "dócil, segura y robusta". La controversia sobre el alma indígena se ha convertido en un conflicto de intereses puro y duro, que culmina, sardónicamente, en el trueque de una esclavitud por otra, con el beneplácito de la Iglesia y el monarca español.



Para mi gusto, Carles Alfaro realiza aquí su mejor montaje hasta la fecha, el más claro, sobrio, tenso y vibrante. Todo está trabajado con una minuciosidad y un buen gusto admirables. Alfaro firma la iluminación, con la tonalidad de los candiles de aceite de la época, y la escenografía, una plataforma circular que gira, casi imperceptiblemente, para "enfocar" cada una de las intervenciones. También hay que destacar el vestuario, como siempre cuidadísimo, de María Araujo. Las interpretaciones son de una gran altura. Ferrán Rañé está soberbio. Sabe que tiene un papelazo y no desaprovecha ni un matiz de su personaje: compone un fray Bartolomé vehemente, rebosante de dolor y de furia, cuya energía justiciera será astutamente utilizada por su oponente, al que Manuel Carlos Lillo imprime una peligrosidad escolástica de inquisidor ilustrado capaz de atar cualquier mosca por el rabo para sostener su causa. Muy bien, igualmente, la sorna florentina, exenta de tópicos, de Enric Benavent como cardenal; la contención expresiva de Quim Lecina (colono); el desconcierto y la dignidad extrema de la familia india (Raúl Cáceres, Abril Hernández, Antonella Gómez, Branco Brizuela); la locura inquietante del bufón (Piero Steiner) y la ingenuidad del prior: Carles Arquimbau da absolutamente el tipo pero debería trabajar un poco más su dicción castellana. La controversia de Valladolid sólo ha estado diez días en el Lliure: se merece una larga gira por toda España y una estancia en Madrid, donde podría obtener un éxito similar al de La cena de Flotats. 
* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de agosto de 2005 
EL PAÍS

jueves, 1 de mayo de 2008

El guionista Jean-Claude Carrière reivindica la figura de su maestro Luis Buñuel


Luis Buñuel
Salvador Dalí

El guionista Jean-Claude Carrière reivindica la figura de su maestro Luis Buñuel

BELEN GINART
Barcelona 16 AGO 2005

"Un maestro auténtico es aquel que, tras su muerte, se queda contigo. Eso es lo que me ha ocurrido a mí con Buñuel", afirma. Carrière consideraba a Buñuel "como alguien de la familia". Lo dice con la absoluta naturalidad con la que habla de cualquier otro asunto, afable y buen conversador. Nada trasluce vanidad en este hombre que en su vasta carrera se ha ganado el mérito de ser considerado uno de los mejores guionistas europeos, con películas junto a directores como Jean-Luc Godard, Louis Malle y Milos Forman, y que ha colaborado estrechamente con el director escénico Peter Brook, como autor, entre otros, del celebrado Mahabharata.
Durante 19 años, el guionista y dramaturgo Jean-Claude Carrière fue colaborador del cineasta Luis Buñuel. Belle de jourLa vía lácteaEse oscuro objeto del deseo y El fantasma de la libertad son algunos de los títulos de la filmografía del aragonés en los que participó. "Comí con él, los dos solos, más de 2.000 veces, más que muchos matrimonios", ilustra el guionista, autor de las memorias del realizador. Para él es un auténtico maestro, hasta el punto de que "antes de tomar una decisión, tanto profesional como en la vida, pienso qué haría él en mi situación", indicó Carrière en una reciente y fugaz visita a Barcelona.




"Un maestro auténtico es aquel que, tras su muerte, se queda contigo. Eso es lo que me ha ocurrido a mí con Buñuel"

A punto de cumplir 74 años, sigue cargado de proyectos. Acaba de terminar una primera versión de un guión junto a Fernando Trueba sobre la vida del artista Aristide Maillol, El artista y su modelo, y ha escrito el guión de la nueva película de Milos Forman, Goya's ghosts, con Javier Bardem y Natalie Portman en el dúo protagonista, que empezará a rodarse en septiembre. "Es la historia de un extremista español que pasa de un lado al otro, siempre en el extremo, y habla de la imposibilidad de mantenerse en el medio", explicó.
El cine y el teatro han sido desde siempre dos grandes pasiones en la vida de Carrière. Pero no las únicas. Su primera vocación fue la de historiador, un amor que mantiene vivo y que aflora de vez en cuando en sus trabajos, como en La controversia de Valladolid, dirigida por Carles Alfaro y protagonizada por Ferran Rañé, Manuel Carlos Lillo y Enric Benavent, que pudo verse el pasado mes de julio en el marco del festival Grec de Barcelona. La obra recrea un debate celebrado en el año 1550 acerca de la legitimidad del papel de los conquistadores españoles en América. Carrière abordó el tema primero como una película para la televisión francesa, que la estrenó en el 92 durante la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento, y la ha adaptado también como novela y como obra de teatro.
El autor se mostró muy satisfecho de las soluciones del montaje que presentó el Teatro LLiure, tanto en lo que respecta al trabajo del director como al de los actores, un oficio que también conoce de primera mano. Acaban de finalizar en París las representaciones de su obra Les mots et la chose, sobre la relación entre un experto en vocabulario y una jovencita, dobladora de películas pornográficas, que acude a él para enriquecer el lenguaje del género.
La capital francesa estrenará a finales de agosto otra de sus piezas teatrales, El circuito ordinario. "Se desarrolla en Checoslovaquia en tiempos del comunismo y gira en torno al arte de denunciar", adelantó.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de agosto de 2005
EL PAÍS