sábado, 16 de junio de 2007

Bob Dylan / Como un torrente



Bob Dylan

Como un torrente



DIEGO A. MANRIQUE
Madrid 14 JUN 2007


Con más de 40 referencias oficiales (y centenares de lanzamientos ilegales), el mundo de Dylan puede ser una experiencia intimidante. Se expresa mediante álbumes que graba con rapidez y representan su momento creativo: 
'The freewheelin Bob Dylan' (1963). Repleto de canciones memorables, hechas a palo seco. 
- 'Bringing it all back home' (1965). Da rienda libre a la escritura automática, comienza a electrificarse. 
- 'Highway 61 revisited' (1965). Un Dylan surrealista reinventa el rock con formas -y músicos- de blues. 
- 'Blonde on blonde' (1966). El primer elepé doble de la historia del rock, una extensión perfectamente justificada. 
- 'John Wesley Harding' (1968). Equivalente musical de un daguerrotipo: seco, lacónico, solemne. 
- 'The basement tapes' (1975). Embriagadora selección de grabaciones caseras con The Band, hechas en 1967. 
- 'Blood on the tracks' (1975). Se supone que es la crónica de su amargo divorcio de Sarah Lowndes. 
- 'Desire' (1976) Un sonido cíngaro para deslumbrantes narraciones, siete escritas con Jacques Levy. 
- 'Biograph' (1985). Caja que reafirma la sospecha de que sus archivos son la auténtica cueva de los tesoros. 
- 'Modern times' (2006). Recordatorio de su dominio de los grandes palos de la tradición musical de EE UU. 
* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de junio de 2007

viernes, 15 de junio de 2007

Bob Dylan / El gigante universal

Bob Dylan

El gigante universal


SANTIAGO SEGUROLA
14 JUN 2007



La influencia de Bob Dylan en la música popular apenas admite comparación. Sólo los Beatles se elevan hasta su altura para impregnar casi todas las corrientes musicales de nuestro tiempo. Pero también ellos fueron deudores del nuevo horizonte que trazó Dylan. Si el efecto sobre los Beatles, especialmente en Lennon y Harrison, resulta evidente, su papel referencial se extiende a casi todos los ámbitos de la música, en algunos casos con fechas y nombres concretos. 
Rubber soul. Los Beatles regresan de América. Dejan allí la semilla del pop, pero vuelven con nuevas influencias. La presencia de Dylan no les pasa inadvertida. Son conscientes de las posibilidades del estudio de grabación, de los nuevos registros en las letras, de la aproximación a otras músicas. El resultado es Rubber soul (1965), donde temas como Nowhere man o Norwegian wood remiten a Dylan. 
Mr. Tambourine Man. La confluencia de Dylan y los Beatles produce el pop estadounidense. Los Byrds, recreadores por excelencia de las canciones de Dylan, representan mejor que nadie esa conexión, y probablemente la versión electrificada de Mr. Tambourine man (1964) signifique la conjunción perfecta de todo aquello. 
- El pop inglés. Si los Beatles absorbieron con sutileza a Dylan, otros grupos ingleses lo consagraron como mesías. Véanse Manfred Mann, con sus triunfales versiones de temas con Mighty Quinn, o los Hollies, que fabricaron un álbum completo con canciones de Dylan. 
- Jimi Hendrix. Esta semana se cumplen 40 años del festival de Monterrey, el primer concierto masivo del pop. Hendrix arrolló con su interpretación de Like a rolling stone. Ese mismo año convirtió el All along the watchtower de Dylan en una tormenta de ruido.- Cantautores norteamericanos. De Laura Nyro a Tim Hardin, de Leonard Cohen a Tim Buckley, de Grateful Dead a Neil Young, de James Taylor a Joni Mitchell, de Jackson Browne a Tom Waits, Dylan trazó un camino que ha seguido un ejército de seguidores. 
- The Band. Fue su banda. Nunca un grupo acompañante ha tenido más éxito. Dylan atravesó su música en dos discos esenciales: Music from the Big Pink y The Band. Todo el imaginario americano estaba reunido en esas dos obras. 
- Bruce Springsteen. Born to run (1975) significa para la música de los setenta lo que Highway 61 revisited para la década anterior. En este caso, una epopeya americana de carreteras, cadillacs, ciudades y nuevos héroes. El Boss sigue la ruta de Dylan a la inversa, hasta encontrar a Woody Guthrie y Pete Seeger, primero en Nebraska y ahora en su fascinación por los patriarcas folk.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de junio de 2007

jueves, 14 de junio de 2007

Bob Dylan / Botas de cuero español


Bob Dylan

Bob Dylan

Botas de cuero español

La música y la poesía de Bob Dylan logran el Premio Príncipe de Asturias de las Artes


Diego A. Manrique
14 de junio de 2007

Dinamitó las convenciones de la música popular. Renovó el lenguaje literario del rock estirando sus límites. Fue, a su pesar, profeta de la insurgencia juvenil de finales de los sesenta. Y ayer, Bob Dylan (Minnesota, 1941) fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El revolucionario músico recibe así su último reconocimiento en un país que ignoró su obra en sus momentos cumbres y donde actuó por primera vez en 1984. La familia real se puso en contacto con el músico para felicitarle y comunicarle la concesión del premio. El galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, le será entregado, previsiblemente, en octubre.

Asombro y deleite. El último reconocimiento oficial a Bob Dylan llega de un país que ignoró su obra durante sus años álgidos: en los sesenta, en España apenas se publicaron discos de Dylan. No estaban en las tiendas, no se pinchaban en las grandes emisoras, no existían para TVE. Los derechos de su compañía, Columbia Records, habían caído en manos de Discophon, disquera barcelonesa que no entendía cómo aquello se podía considerar música. No eran los únicos pillados fuera de juego: en una revista musical de la época, se excusaban de publicar la letra de Like a rolling stone por ser, aseguraban, "intraducible".





Más allá de las anécdotas, propias de la autarquía cultural del franquismo, resulta comprensible el desconcierto de la vieja guardia: Dylan no era un cantante más. Hasta su electrificación, en 1965, su música sonaba árida, una guitarra de palo y una voz nasal. Y si se entendía su inglés, el desconcierto aumentaba: podía hacer canciones de amor pero no trataban de dilemas tipo "ella me quiere / ella no me quiere"; de hecho, era capaz de regodearse ante las miserias de antiguos objetos del deseo, como en la catártica Like a rolling stone. Le adjudicaban el papel de cantante protesta pero eso constituía una porción menor de su repertorio.
Tras sus gafas oscuras, Dylan dinamitó muchas convenciones de la música popular. En un momento de candor, él mismo se pasmaba de su brutal impacto: se atribuía el haber hundido Tin Pan Alley, como se conocía al entramado de compositores y editoriales neoyorquinos que generaban el cancionero que animaba Broadway, Hollywood y los clubes nocturnos. Hasta los conjuntos británicos, encabezados por los Beatles y los Rolling Stones, acusaban su influencia: con Dylan, se renovaba el lenguaje literario del rock y se ampliaba su temática. Todo se podía cantar, incluso de la manera más personal y compleja.
El liderazgo social de Bob Dylan en los sesenta no tenía parangón. Gracias a The times they are a-changin o Blowin' in the wind, se había convertido en profeta de la insurgencia juvenil, un movimiento generacional que estallaría en 1968 en Praga, París o México DF. Para entonces, cierto, Dylan ya había renunciado simbólicamente a cualquier papel de portavoz o guía espiritual. Refugiado en una casa de Woodstock, en la zona montañosa de Nueva York, ignoraba al mundohippy y cuidaba de su familia.
Se pueden entender sus últimos 40 años como un constante intento de escapar de aquel personaje de gurú generacional. Nadie, ni siquiera John Lennon, era seguido tan estrechamente por sus adeptos: hasta se fundó un Dylan Liberation Front, que vaciaba su cubo de basura en busca de información sobre un mítico pacto según el cual renunciaba a ser el Lenin del rock a cambio de tranquilidad y -según una teoría delirante- tolerancia para una supuesta adicción a las drogas.
Esa vigilancia desembocó en un antagonismo latente que ha marcado la relación de Dylan con parte de su parroquia. Aparte de su retirada del politiqueo contracultural, se atragantaron inicialmente decisiones como la aproximación a la música vaquera (Nashville skyline, 1969) o al gospel, que comenzó con Slow train coming (1979). Sus vaivenes religiosos, de la recuperación del judaísmo familiar a la integración en una secta fundamentalista, no le impidieron actuar ante Juan Pablo II. Un divertido tema del cantautor vizcaíno Iñigo Coppel, Blues hablado sobre el mayor fan de Bob Dylan del mundo, especula sobre la existencia de "un malvado hermano gemelo", al cual se responsabiliza de discos penosos como Self portrait o Dylan & The Dead.
La relación de Dylan con España ha sido menos estrecha de lo que podría hacer creer la abundancia de títulos con la palabra spanish: sólo Boots of spanish leather se refiere específicamente a España, y lo hace en un contexto doloroso (el abandono de una novia, Suze Rotolo). En 1977, también por motivos sentimentales, se planteó editar un elepé en español, aunque el proyecto -consistía en añadir letras traducidas a las pistas instrumentales ya grabadas- resultó impracticable.
Tardó en debutar en España; su estreno en el madrileño estadio del Rayo Vallecano, en 1984, fue un significativo acto social de la era socialista. Desde entonces, ha venido con regularidad y hemos podido disfrutar del arriesgado placer que supone verle en directo, su especialidad consiste en reinventar su cancionero, no siempre con resultados estimulantes, ignorando al respetable. Una cuidadosa explotación de sus archivos ha servido para recordar sus inmensas aportaciones a la música popular. Ahora mismo, la recopilación de grabaciones con los Traveling Wilburys es número uno en el Reino Unido. Este jugador siempre tiene un as en la manga.Bob Dylan (Minnesota, 1941) fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El revolucionario músico recibe así su último reconocimiento en un país que ignoró su obra en sus momentos cumbres y donde actuó por primera vez en 1984. La familia real se puso en contacto con el músico para felicitarle y comunicarle la concesión del premio. El galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, le será entregado, previsiblemente, en octubre.








AÚN NO HA OSCURECIDO


Bob Dylan (Minnesota, 1941) fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El revolucionario músico recibe así su último reconocimiento en un país que ignoró su obra en sus momentos cumbres y donde actuó por primera vez en 1984. La familia real se puso en contacto con el músico para felicitarle y comunicarle la concesión del premio. El galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, le será entregado, previsiblemente, en octubre.
Caen las sombras y llevo aquí todo el día,
Hace demasiado calor para dormir y el tiempo se escapa
Siento como si mi alma se hubiese vuelto de acero,
Aún tengo las cicatrices que el sol no sanó
Ni siquiera hay sitio suficiente como para estar en ningún lado
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar
Mi sentido de la humanidad se ha ido por el desagüe
Detrás de cada cosa hermosa ha habido siempre algún tipo de dolor,
Ella me escribió una carta y la escribió tan amablemente
Puso por escrito todo lo que se le pasó por la cabeza
No acabo de ver por qué habría de preocuparme
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar
He estado en Londres y también en el alegre París
Seguí el río hasta llegar al mar,
He alcanzado el fondo de un mundo lleno de embustes,
No estoy buscando nada en los ojos de nadie
A veces mi carga es más pesada de lo que puedo soportar
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar
Nací aquí y aquí moriré en contra de mi voluntad
Ya sé que parece que me muevo, pero estoy quieto y de pie
Cada nervio de mi cuerpo está ausente e insensible,
Ni siquiera recuerdo de qué me estaba escapando cuando llegué aquí
Ni siquiera oigo el murmullo de una oración.
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.
Canción del disco Time out of mind, 1997.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de junio de 2007



miércoles, 13 de junio de 2007

Bob Dylan gana el Príncipe de Asturias de las Artes


Bob Dylan

Bob Dylan gana el Príncipe de Asturias de las Artes

El jurado ha premiado al célebre cantautor por ser "faro de una generación que soñó con cambiar el mundo"


Oviedo
13 de junio de 2007

Dylan ha conjugado "la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas" y ha sido "un reflejo del espíritu de una época que busca las respuestas en el viento", ha añadido el veredcto del jurado, leído por el ex ministro de Comercio José Lladó.
Compositor, músico, escritor y poeta, sus letras se conviertieron en un catalizador del malestar social de la Norteamérica de los sesenta y lo coronaron como uno de los referentes de la cultura pop de los últimos cincuenta años.
Su último disco, Modern Times, publicado en agosto de 2006, le ha vuelto a colocar, a sus 65 años, en la cabeza de las listas de ventas en Estados Unidos.
El jurado se ha reunido esta mañana ya ha decidido el nombre del galardonado entre los cinco candidatos que, además de Dylan, han llegado a las últimas votaciones: la pianista portuguesa Maria Joao Pires, los arquitectos Frank Gehry y Rafael Moneo y el músico Andrew Lloyd Webber.
Varios miembros del jurado habían coincidido en destacar la importancia de que entre las candidaturas presentadas este año figurase la del cocinero español Ferrán Adrià, que este miércoles presentará su obra en una prestigiosa feria artística, la Documenta de Kassel (Alemania), una de las citas más importantes del arte de vanguardia.
El jurado del Premio de las Artes, el segundo que se falla en esta edición tras el de Cooperación Internacional, concedido al ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, comenzó sus deliberaciones en Oviedo presidido por el ex ministro de Comercio José Lladó.
Más de 50 aspirantes
Al galardón concurrían 58 candidaturas, después de que a las 51 remitidas a la Fundación Príncipe de Asturias se sumaran otras siete planteadas por los miembros del jurado.
Entre los candidatos se encontraban el cineasta Milos Forman, la cantante Cesaria Evora, los arquitectos japoneses Fumihiko Maki, Arata Isozaki y Tadao Ando, el cantautor español Joan Manuel Serrat y el compositor italiano Ennio Morricone, los cineastas Clint Eastwood, Emir Kusturica, Fernando Trueba y Víctor Erice, el músico brasileño Caetano Veloso, la actriz Irene Papas, o el escritor Fernando Arrabal.
Además de Lladó, del jurado forman parte también el cineasta José Luis Garci; el ex director general de Bellas Artes Benigno Pendás; la directora de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial Rosina Gómez Baeza; la filósofa Amelia Valcárcel; el director del Teatro Real, Miguel Muñiz, y los periodistas Beatriz Pécker, Juan Carlos Laviana, Fernando Argenta, Fernando Delgado y Jordi García Candau.
Almodóvar, último premiado
El director del cine español Pedro Almodóvar fue el último galardonado con este premio, con el que también han sido distinguidos a lo largo de las veintiséis ediciones concedidas hasta ahora Woody Allen, Miquel Barceló y Paco de Lucía.
Los ocho Premios Príncipe de Asturias, que tradicionalmente entrega Don Felipe de Borbón durante una ceremonia que se celebra en el Teatro Campoamor de Oviedo, están dotados con 50.000 euros y con la reproducción de una estatuilla diseñada por Joan Miró.